Mykonos (playas)

Para los amantes de las tumbonas para el sol, las playas de arena fina, aguas cálidas y la ictioterapia gratuita, desde luego en el mundo existen las playas de Mykonos. Obviamente en el tiempo que estuvimos en la isla no nos dio tiempo a visitar las 24 playas que tiene, pero sí ver algunas de ellas.

Para llegar, desde Chora, la ciudad principal, es realmente muy sencillo pues en la pequeña “terminal” de autobuses (pequeña plaza caótica donde paran todos los destartalados viejos autobuses de la isla en una mezcla de polvo ruido y caos a partes iguales) Salen muchos y muy frecuentemente pero no recorren toda la isla, así que tiene que tener más o menos claro donde desea ir y también hay unos barcos que te llevan de playa en playa a modo de autobús, solo que nosotras no los usamos.

Realmente estos pequeños viajes en autobús te permiten descubrir un poco más la isla, aunque en sí no tiene mucho y en realidad al aterrizar ya te transmitió todo. Es muy curiosa esa sensación porque realmente es un sitio muy árido, la isla entera es como una gran roca en el mar todo marrón sin ningún atisbo de vegetación en la que sobresalen como pequeños champiñones casitas blancas como espolvoreadas por los recovecos y todo ello rodeado por un mar azul, muy azul. Y curiosamente este paisaje, me pareció realmente encantador.

Psarrou:

Como hacía muuucho viento (increíble, la cantidad de viento que hacía) la señora del hotel nos aconsejó que directamente fuésemos a las del sur que estaban mucho más protegidas y que en concreto su preferida era Psarrou. Fue la primera playa que visitamos porque fue la que nos recomendó, para ir a ella hay que coger el destartalado autobús que va a Platys Gialos y bajarse en la penúltima parada (el hombre del autobús suele avisar de todas formas y en cualquier caso ambas están conectadas por un camino que va a media altura del acantilado muy mono y con unas vistas espectaculares) Realmente se trata de una cala muy chiquitita encajonada entre dos acantilados y las vistas son muy bonitas. El agua desde arriba se veía increíblemente transparente y azul.

El problema es el concepto de playa en Grecia, prácticamente toda ella está llena de filas y filas de tumbonas que llegan justo hasta el mismo agua, no hay lugar para pasear o para que los niños jueguen en la playa (personalmente a mi es que el rollo hamaca no me va en la playa pero si se piensa pasar todo el día están bien atendidas y limpias). En Psarrou las tumbonas las llevan dos chiringuitos, los únicos que hay, y que sirven bebidas y lo que pidas directamente en las tumbonas. Pero a la hora de comer, el menú, en plan bufet no nos gustó a ninguna, y encima uno de ellos, el más lejano olía mucho a fritanga y el olor se extendía a las hamacas (no me gustaría estar tumbada oliendo constantemente a comida)

Platys Gialos:

Esta playa es mucho más grande, y al principio temíamos que no hubiese ningún huequito para estirar toallas, pero hay que irse al final del todo y hay todo el espacio del mundo. A la hora de comer es mucho más sencillo porque hay una especie de pequeño pueblo donde hay muchos más sitios donde comer que en la vecina Psarrou. Además guarda una pequeña sorpresa, o bien por las rocas en marea baja o por un caminito a media altura del acantilado de nuevo, se llega a la pequeñísima calita de Agia Anna que se divisa perfectamente desde la gran playa de Platys. Es genial porque es pequeña, sin ninguna hamaca y prácticamente para tí solito, esa parte sí que es un placer.

En todas estas tres playas descubrimos algo curioso de la fauna de las islas cicladas, cuando te metes lo suficiente dentro y te quedas esperando de pie como indeciso, es el momento en el que aprovechan para acercarse decenas de pececitos que te empiezan a morder los pies, lo que hace que la gente salga corriendo. Hasta ese momento todas nos habíamos planteado lo de la ictioterapia pero después de varios chapuzones no estamos seguras de poder aguantar los mordisquitos en los pies más de cinco minutos.

Paradise:

Cada vez que decía que me iba a ir a Mykonos de vacaciones a todo el mundo se le ponían los ojos abiertos como platos y me decían “a Paradise, tienes que ir a playa Paradis…” y allí que fuimos.

Para llegar hay autobús directo cada 30minutos desde Chora. Atravesamos el Camping y casi en primera línea de playa se suceden uno a uno garitos estilo chill out, algunos de ellos muy bonitos, y por último el club Tropicana. Para bañarse, pues aquí si que la ocupación de tumbonas es total, siguiendo la dinámica de las demás playas, pero en esta sí que sí es imposible extender tu propia toalla en la arena, ya que delante, hasta rozar el agua están las tumbonas y detrás las mesas de los pub metidas en la misma playa, así que no hay nada de sitio en la arena. De todas formas da un poco igual porque la gente que viene aquí es por el Tropicana. A las cinco de la tarde empieza un DJ y se monta una fiesta de desmadre absoluto de gente restregándose bailando sobre las mesas y en la playa, estilo las imágenes de la MTV de un spring break. Es decir, sí exactamente es como el Bora Bora en Ibiza solo que, hay que reconocerlo, el entorno de la playa Paradise es mil veces más bonito. De hecho el proceso cerebral fue en mismo en todas, nada más llegar con nuestras toallas preparadas para tumbarnos L. vio el panorama y dijo, en voz alta, yo voy a pedirme una copa. Y como mi madre dice que “donde fueres haz lo que vieres” nos subimos a bailar encima de una mesa.

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