Zadar

Tenía muchas ganas de escribir sobre Zadar, pero en el último viaje que hice en avión en las revistillas de dos compañías diferentes hablaban de la ciudad (claro ahora se ha convertido en nueva sede de vuelos baratos) y la ponían como la séptima maravilla del mundo. Sinceramente: no lo es, y más si se está viajando por Croacia y se ha estado en Trogir o Dubrovnik. A pesar de esto, a mi Zadar me dejó muy buen sabor de boca, pienso que es una ciudad que ofrece mucho más de lo que parece prometer, que es auténtica. Pero que nadie vaya engañado, no es una ciudad que te deslumbre así que altamente desaconsejada para el turista que quiera echar fotos e irse.

Realmente nuestra parada en Zadar no estaba prevista, íbamos de Dubrovnik a Plitvice y decidimos que teníamos tiempo para hacer un alto en el camino. La hermana de Mary había estado unos meses antes en Croacia y no hizo muchos elogios de la ciudad, pero preguntando a nuestros caseros de Dubrovnik nos aconsejaron parar sin ninguna duda.

Para que se hagan una idea la carretera al casco antiguo va por algunos barrios donde en las casas todavía estaban reparando fachadas con impactos de bala. Piensen lo que ello implica, porque Croacia es muy turística, a día de hoy prácticamente todo está reconstruido. En ningún momento del viaje da la sensación de que hubiese habido una guerra, salvo cuando llegamos a Zadar (bueno también en algún que otro pueblo que pasamos en la región de Plitvize).

Finalmente llegamos a la ciudad antigua cuyo centro están en una península amurallada. La furgo la dejamos en el parking de la muralla y entramos por la puerta de tierra firme al interior de la ciudad.

Hay un gran contraste entre las murallas y el centro pues éstas son de granito de 1543 mientras que Zadar se caracteriza por el color blanco de sus calles y edificios, probablemente piedra sacada de lo que fue el foro romano. Todo el suelo es de mármol blanco pero la piedra rezumaba un calor extremo en aquel mes de agosto a las 16 de la tarde.

El centro histórico de la ciudad se condensa en el foro romano. Lo primero que hicimos fue visitar la catedral de San anastasia de Zadar del s. XII de estilo románico tardío, donde a Mary y a mí no nos dejaron entrar (por los tirantes). Siguiendo la calle Jurja Biankinija llegamos hasta a una pequeña capilla cerca del final de la península. Y así fue como llegamos hasta el piano de mar que se encuentra al lado.

En el paseo marítimo han construido una serie de canales de diferente longitud de forma que al entrar las olas suena, como cuando alguien sopla por una kena. Fue realmente bonito sentarse durante un buen rato al lado del mar oyendo la música del mar (algo inolvidable y un sonido imposible de describir, parecía que estuviésemos en un sueño) Hacía tanto calor que tan solo pudimos mojar los pies, pero a nuestro alrededor los niños (y no tan niños) se bañaban en el mar (en el paseo han puesto una serie de escaleritas para poder bajar al agua) y los chicos no se lo pensaron, los bañadores estaban en la furgoneta pero ellos se quitaron los pantalones y en ropa interior que se bañaron.

Recorriendo el paseo volvimos al foro, esta vez por detrás de la iglesia de San Donato (que está justo al lado de la catedral) que se ha convertido en símbolo de de la ciudad. Es de estilo prerrománico de principios del IX  de planta circular. Allí han apilado muchos restos arqueológicos de lo que fue en tiempos romanos junto a un pequeño mercadillo donde compramos coral a buen precio.

Decidimos buscar una terraza (hay miles), justo al lado de la iglesia de Santa María de Zadar y ver la gente pasar como ya es natural en nuestros viajes, observar el tiempo y cómo transcurre por la ciudad. Poco a poco el calor se iba levantando y la ciudad parecía salir de su aletargamiento, así que fuimos hacia el sur.

Bien, si leéis algo sobre este lugar normalmente está la frase de: “las cinco principales cosas que ver en Zadar se encuentran en el foro romano” Pues a parte del órgano de mar, lo que más me gustó, NO se encuentra en el foro romano, sino cerca de la plaza de los cinco pozos; el monasterio franciscano situado justo enfrente del la pequeñita pero cuca torre del reloj. Esta parte de la ciudad es más diferente, ya no es blanca y no tiene ese aire veneciano del medievo. La torre de la iglesia se levanta entre palmeras con su fachada blanca y amarilla, realmente es un edificio de estilo colonial entre ruinas romanas (que se encuentran por todas partes de la ciudad como si de un museo al aire libre se tratase) y medievales. Desde la plaza de los cinco pozos se pueden ver las murallas desde arriba con sus torreones y te puedes asomar a la puerta de Venecia decorada con el león de San Marcos.

De ser un asentamiento romano de occidente (como toda la dalmacia) desarrolló su propia lengua del latin y más tarde pasó a estar bajo el mando del venetto para defenderse de las tribus de oriente, es más Zadar fue provincia Italiana hasta que en tiempos de Tito se unió a Yugoslavia y los italianos fueron echados.

Si queréis saber otras opiniones pues bueno, a la hermana de Mary no le pareció gran cosa, ni a Emi ni a N. pero realmente a Mary y a mi sí que nos gustó y lo único que podemos decir de Zadar es que es una ciudad auténtica, una ciudad viva.

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