Hogenschwangau

Nos recomendaron muchísimo ir a Füssen estando en Munich, y realmente debe de ser un sitio muy bonito, pero no llegamos a llegar. Nos quedamos a pocos minutos de distancia en el pueblo de Hohenschwangau donde se encuentran dos de los castillos relacionados con Luis II de Baviera (también conocido como Ludwig el loco). Había gente del grupo en el que viajábamos que no sabía exactamente qué es lo que íbamos a ver, pero según nos acercábamos con el coche vimos la torre más alta del castillo emocionados.

En sí, Hohenschwangau es un pueblo de cuatro casas tirolesas reconvertidas en negocios. Eso sí son preciosas, con las fachadas decoradas con pinturas y maderitas. Se encuentra al pié del lago Alpsee de color esmeralda, también muy bonito. En lo alto de una de las muchas cimas que lo rodean, había una fortaleza llamada Schwastein donde nació y se crió Luis II “el loco”. El sobrenombre le viene por sus diversas extravagancias, entre otras muchas construir castillos, lo que llevó a la bancarrota al reino.

El castillo de Hohenschwangau se alza sobre el pueblo en la primera de las cimas a la derecha. Es el más antiguo de  los dos y fue construido durante el reinado de MassimilianoII en el 1832. A mí este castillo me pareció realmente bonito, amarillito, con sus almenitas y su puente (un castillo muy tradicional pese a haber sido construido a principios del s.XIX) rodeado de bosque en la montaña.  Hay dos formas de subir hasta él, una por una especie de escaleritas (con vistas al Neuschwanstein) y otra dando un rodeo por la montaña (la pendiente es más suave y vistas al lago Alpsee) pero ambos caminos se encuentran bajo el pórtico principal del castillo. La subida por los dos sitios es impresionante, porque el paraje donde está ubicado es único…

A ambos castillos hay que entrar con una visita guiada, no se pueden hacer fotos dentro y las entradas no son precisamente baratas (que se le va a hacer). Me han contado que, al ser un sitio super turístico, se forman grandes colas y ha veces toca esperar horas hasta tu turno para entrar (porque mira que odio viajar a Europa en invierno, pero algo es cierto y es que no existen las colas ni los demás turistas). En el Hohenschwangau hay entre muchas salas preciosas, varias dedicadas al rey Ludwig II en plan museo y como fue cambiando y volviéndose paranoico. La verdad es que las historias que te cuentan sobre sus excentricidades (como que su guardia fuese vestida con uniforme francés de verano en pleno invierno en los Alpes) y cómo murió (apareció desnudo junto con su psiquiatra en el lago ahogados) te enganchan un montón porque son fascinantes en plan culebrón histórico, no conozco a nadie que después de la visita no haya querido seguir conociendo más cosas sobre su vida.

Claro que al bonito castillo amarillo le quita todo el protagonismo el famosisimo Neuschwanstein (antes de ver cualquier foto ya sabréis cual es si os digo, el de Walt Disney) que se alza justo en frente en una cima más alta. Cuando Ludwig II se convirtió en rey de Baviera mandó construir enfrente el nuevo castillo (de ahí el nombre Nuevo-Schwanstein) aunque como murió en 1886 quedó a medio construir.

El castillo es de cuento de hadas y el entorno es inigualable, rodeado de abetos en la cima de una pequeña colina que hace que tengas la sensación de que está a media ladera de la alta montaña que se alza detrás cuando lo ves desde abajo.

Para llegar a la cima del castillo hay tres posibilidades: andando (la de mochileros), en calesa (la pija) y en bus (pero ojo que el bus no te deja tampoco cerca del castillo, al menos el camino es de bajada porque para cerca del Marienbruke del que luego hablaremos) Por supuesto subimos andando, no es para tanto. Se trata de una subidita que te lleva al patio principal del castillo, a través de las puertas que no son de color gris sino rojo.

Por fuera no tiene ningún tipo de decoración, es un poco una imitación medieval. Pero realmente por dentro es todo ostentación, incluyendo una sala del trono con millones de baldosas decoradas con oro, un baño que tardaba 4 horas en llenarse con una especie de barca-cisne, una gruta artificial, la planta de arriba está llena de frescos representando óperas de Wagner. Para visitarlo van dando turnos para entrar.

Después de comer una Brastwurt en un puestecillo que hay justo al lado de la puerta principal fuimos hacia el Marienbruke. Ya desde la entrada principal lo veíamos a lo lejos, un pequeño puentecito de madera que salvaba un gran desfiladero, por el que caía la cascada de un arroyo hasta la garganta que solo mirarlo de lejos ya daba vértigo. Una vez allí ya os aseguro que no es apto para gente sensible a las alturas, de hecho yo cogí, me asomé, hice la foto de rigor y salí corriendo. El puente se construyó expresamente para poder hacer “la foto” al castillo, si os fijáis podéis ver como los cimientos parecen salir de la misma montaña. Y ese mismo camino sigue unos 3km hasta lo alto de la montaña donde se puede ver el castillo de frente con el lago detrás.

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