Giza

Giza realmente es una ciudad independiente pero con el tiempo ha quedado como suburbio del gigantesco monstruo urbanístico que es El Cairo.

Es una de las zonas donde se amontonan, en la gran avenida de la pirámide, que es la arteria principal, los hoteles para turistas. Como el nuestro “Les trois pyramides”, buen hotel pero con exceso de decoración, empezando por el exterior. Nada más llegar Lu, que había organizado el viaje lo único que llegó a decir impactada por el rosa chicle y el azul pitufo fue “en el catálogo era un edificio gris” La recepción se superaba, era como entrar a un velatorio. Había un sacrófago dorado sobre una mesa con raso verde. Pero muy correcto, eso si, con buenos servicios y grandes habitaciones.

En esta misma avenida nos dejó nuestro guía por primera vez solitos (por fin). Pasado el primer shock de no haber estado nunca fuera (ya no muy lejos sino simplemente en Italia) para tener aprendidos los fundamentos de cruzar una gran avenida sin ningún paso de cebra, empezamos a sentirnos mucho más a gusto.

Si miro atrás, recuerdo con ternura cómo nos daba, al principio, reparo salirnos de esta gran avenida y callejear por donde no había ningún turista. Íbamos como conejitos asustados (ah la primera vez que sales y todo te parece tan diferente que solo ves peligro)

Pero teníamos que comer. Localizamos un local donde comí el mejor kebab de mi vida, y a pesar de que éramos el centro de atención de todos los hombres (solo había hombres por supuesto) que atentamente nos estudiaban sentados entorno a nosotros, se convirtió en nuestro local favorito en los días siguientes. Además siempre recordaré los videoclips de Britney Spears censurados que ponían por las noches.

Si cuento esto, no es porque no les vaya a hablar de lo imprescindible de Giza, sino porque es muy probable que se hospeden allí y si alguna vez tienen que salir, las calles cerca de la avenida están llenas de sitios como éste.

Por lo demás todos sabemos por qué todo el mundo va a Giza. Allí al final de la gran avenida, entre los más suntuosos hoteles y mansiones (la verdad y apuesto lo que quieran, le harán fotos a más de una) se encuentra la gran explanada, puerta al Sahara y a las pirámides.

Si tienes la idea romántica de que se encuentran en mitad del desierto, mejor que vayas desengañándote. Lo más cercano a la esfinge, cerca de la segunda entrada a las pirámides es un Mc Donnals (con geniales vistas).

No obstante, por mil fotos que había visto, me dejaron con la boca abierta (literal, cuando te das cuenta de que llevas un minuto que se te abrió la boca y no la cierras) Cuando llegas allí ves que cada uno de los bloques de granito con los que las hicieron con más altos que una persona. Son TAN inmensas, mucho más de lo que uno se puede imaginar.

Por un lado están las pirámides grandes que quedan, Keops, Kefren y Micerinos, además rodeándolas hay muchas chiquititas pertenecientes a las esposas de los faraones y muchas mastabas de los nobles.

Se puede visitar una de ellas con la entrada (y eso depende del día, a nosotros nos tocó Micerinos) Ya lo avisan antes de entrar, es una experiencia claustrofóbica donde las haya. Dentro hace mucho calor y en un angosto pasillo (estrecho y bajito) se agolpan pacientemente turistas que como en paso de semana santa van bajando hasta la cámara principal y luego dando la vuelta por el mismo. Dentro el calor, el sudor y la falta de aire son a prueba de nervios.

Lo cierto es que aunque se disfrutan mucho de cerca, para tener una vista panorámica de todas ellas hay que ir (en coche) hasta un mirador justo detrás de la meseta en frente de Kefren y Micerinos.

Al pié de la explanada, mucho antes del templo funerario de Kefren que se conserva delante de su pirámide, se encuentra la esfinge. También erigida en el imperio antiguo, hacia el 3000 a.c que da vértigo con solo pensarlo. Era un símbolo del sol al que adoraban. En su base se encuentran restos del templo que le servía de culto (con un curioso pozo en el que los turistas echan dinero sin motivo aparente) Realmente el conjunto es impresionante.

Después de la visita, y justo en frente de todo el complejo, nos tocó la obligada visita a las tiendas que te lleva el guía. Fuimos a una perfumería y a una tienda de papiros (típico)

El caso es que a los estudiantes de arte les obligan a pintar papiros con reliquias del museo del Cairo y los venden en este tipo de tiendas. Unos amigos tenían conocidos allí en el Cairo y fueron a comprar por su cuenta, no hubo diferencia en el precio de ellos y en el nuestro (que suele llevar el plus del guía). Es más al llegar a casa con un regalo para mis padres, años después cuando mi madre lo fue a enmarcar le felicitaron por la buena calidad del papiro, y le explicaron que volvía gente de Egipto con cosas terribles.

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