Praga (Malá Strana)

Al otro lado del puente del príncipe Carlos está el barrio de Malá Strana. Aunque está a los pies del castillo y mucha parte de las callejuelas conservan el aire medieval del casco antiguo, en esta parte de la ciudad, los edificios son más señoriales palacios del 1700 de cálidos colores. De forma que las oscuras, ennegrecidas y picudas ornamentaciones góticas de Staré Město dan paso a las blancas y redondeadas formas de los grandes palacetes barrocos.

Como dato posterior, me he llegado a enterar de que el puente del príncipe Carlos mide exactamente medio kilómetro, mi pregunta va abierta a todos los que han estado ya en Praga ¿recuerdan cuantas veces lo cruzaron? total que se resume en la cantidad de kilómetros que uno anda cuando hace turismo.

Con sus calles adoquinadas aunque cerca del río se encuentran los restaurantes más caros (hay un sitio precioso con un antiguo molino de agua y todo).

El centro neurálgico de esta “pequeña ciudad” se situaría en la plaza de Malostranske Namesti donde se situaba antiguamente el mercado y curiosamente como este lado de la ciudad está en la colina que da acceso al castillo pues todo está en pendiente, incluida la plaza misma.

A parte del ambiente, con miles de restaurantes (aunque se nota en este lado de la ciudad otro ambiente, creo más bien que son sitios caros destinados al distrito de las embajadas), se encuentra la iglesia de San Nicolás su cúpula se puede ver claramente desde casi cualquier punto. El interior es puro barroco, con mármoles rosas y grises muy muy muy decorada. Oí a un grupo que iba con guía que el órgano se conserva tal cual y lo llegó a tocar Mozart, es que el año en el que fui era el 5 centenario de la muerte de Mozart así que cualquier excusa era buena para hablar de él.

De aquí por la empinada calle Nerudova se sube hasta el barrio del castillo. Lo bonito de esta calle es irse fijando en todas y cada una de las casas que hay, son preciosas y a ninguna le falta el más mínimo detalle, es más casi todos estos palacios son embajadas o consulados de países. En un momento de la subida, a la derecha hay unas escaleras que son las que hay que coger para subir al Hradcany (es que es muy intuitivo, siempre hay que ir hacia arriba)

En los pies del castillo y muy cerca del río se encuentra el palacio Wallenstein, que realmente lo visitamos justo después de nuestro obligado paseo por el castillo claro. Lo que son realmente bonitos son los jardines del palacio (tanto monumentos como jardines todo barroco, como en general todo lo que hay a este lado de la ciudad). Me parece que hoy en día es la sede del parlamento checo y solo se puede visitar los fines de semana.

Aunque las callejuelas sean menos intrincadas en lo más alto, justo detrás del castillo, se encuentran dos grandes monasterios a los que realmente llegué por casualidad cuando me llamaron la atención por sus campanarios con bulbos acabados de forma picuda, al más puro estilo centroeuropeo.

Al primero que llegué fue al monasterio de Loreto (y me pareció la cosa más coqueta del universo con sus ventanas amarillitas sobre el blanco de las paredes y miles de estatuas pequeñitas adornando las escalinatas) Era un monasterio capuchino que por algún motivo es famoso por tener dentro una reproducción de la casa donde vivió la virgen. Al entrar lo primero que pude visitar fue el claustro, donde en el centro hay unas fuentes monumentales decoradas con relieves de mármol (ven sigue siendo la cosa más coqueta). En la planta superior, que rodea al claustro, no deja de ser interesante ya que se encuentra el tesoro en el que destaca la Custodia de Diamantes que está decorada con 6222 diamantes y que pesa 12 Kg. También es interesante el carrillón con 30 campanas del campanario, que cada hora interpretan una canción.

Inmediatamente al lado, aunque de decoración más modesta está el monasterio Strahovský. Al parecer data del 1140 pero se quemó y lo reconstruyeron de forma barroca que resultó en una gran cantidad de edificios de blanco radiante coronados por dos picudos campanarios de bronce. Aunque incluye dos iglesias, lo que realmente hizo que me acercase a él fue un cartel en uno de sus laterales que ponía biblioteca, y entré por curiosidad. Realmente es el tesoro de este monasterio se trata de la biblioteca filosófica y teológica que tiene varios incunables. La decoración también es impresionante, una parte es de estilo barroco con estucos y frescos y la otra parte es puro rococó (no se lo imaginarían si ven por fuera lo simple que es el monasterio). Además para acabar con mi más sincero deleite también había una gran colección de globos astronómicos y geográficos del siglo XVII.

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