Praga (Staré Město)

La Staré Město es el casco antiguo de la vieja ciudad de Praga, en el lado este del río Moldava. Bloque tras bloque se alzan increíbles edificios restaurados, plazas e iglesias, pero sobre todo los fantasmagóricos torreones negros de picudos campanarios.

Siempre recordaré según llegamos a la ciudad por la noche, nos fuimos a este lado del río a pasear por la rivera. Mirando el barrio de Malá Strana a lo lejos, tuve la mágica sensación de que de pronto el tiempo se había detenido, como si un relog hubiese dejado de hacer tic tac.

Como nuestro hostal (realmente barato a 5€ la noche) estaba a las afueras de Praga, siempre fuimos al centro en metro, y nos bajábamos siempre en la plaza del ayuntamiento donde en un curioso contraste se alzan a un lado el ayuntamiento modernista junto a la gótica negra torre de la pólvora.

De aquí seguimos, inevitablemente, la avenida entre curiosos edificios que tienen desde miles de tiendas de souvenirs, pasando por miniteatros de sombras hasta una academia de catalán, para desembocar en la famosa plaza de Staroměstske namesti. (Me parece una pena que no tuviésemos tiempo para ver el famoso teatro de sombras, los locales abundan)

Podría pasarme una vida sentada en sus terrazas contemplándola. Las casitas colores pasteles se agolpan bajo la sombra de los dos negros y afilados torreones de la iglesia de Týn. Justo en el otro extremo de la plaza se levanta la famosa torre del reloj astronómico, uno de los muchos símbolos de la ciudad.

La primera vez llegué justo cuando daban las horas y me agolpe, como muchos turistas (por ser noviembre, no eran demasiados) para ver todo el mecanismo de figuras móviles que se pone en acción. Esta torre se puede subir, para tener una bonita vista de la ciudad (y sobre todo la plaza) pero es mejor evitar la subida inmediatamente después de que hayan dado la hora porque es cuando más gente hay.

Las intrincadas callejuelas que van de aquí al puente de Carlos IV están atestadas de tiendas de souvenirs y algún que otro teatro, pero merece tanto la pena ver los edificios que hay, coloridos y muy ornamentados, es toda una joya arquitectónica. Fue en estas calles donde una tarde, según había caído la noche, había una banda tocando en frente de nuestro bar preferido. Al acercarnos, resultó ser la banda de nuestra école d’ingenieurs, que estaban haciendo exactametne el mismo viaje que nosotros.

En algún momento algo en mi interior me dijo que tenía que encaminarme al barrio judío, que era algo importante en esta ciudad (recuerdo que este era un viaje sin saber lo que hay que ver en cada ciudad).

Realmente lo primero que me sorprendió según fui hacia el norte, fue que aquí estaban los mejores palacetes del XIX y como en los Campos Elyseos o Serrano con tiendas de las firmas más caras. Mira que en una de mis excursiones por el Hradcany había vuelto por el puente Manesuv que da a esta zona del barrio (a la altura de la impresionante mole neoclásica del teatro nacional) Pero juro que no di con el barrio judío.

Tratándose de la hora de comer perdí todas las esperanzas de encontrar algo barato (además que me quería alejar de los sitios turísticos) Pero quiso la casualidad de que en una callejuela diese con un pequeño restaurante con carta en alemán (al menos esta vez sabría lo que pedía) y con menú a 5€ (al cambio que por entonces nos manejábamos en coronas) con cerveza incluida. Además coincidió que los de la mesa de al lado fuesen españoles, con guía pero sin saber alemán, así que pronto se estableció un intercambio de información y ayudados por el camarero nos enteramos de que estábamos en pleno barrio judío.

A pocas calles de allí se encontraba la casa de Kafka en el callejón de los alquimistas y nos explicaron el sistema de entradas en las sinagogas.

El josejov, (barrio judío) realmente es impresionante, no todas las sinagogas son imprescindibles, pero la española es muy bonita, por ejemplo también está la  Staranová la más antigua de Europa. Algunas tienen historias terribles, la sala de ceremoniasl de la sinagoga Klausen, hace que sea imposible no recordar la novela del Golem, y por supuesto el bonito, a la par que inquietante, cementerio judío hiper poblado de lápidas del s.XV .

Más hacia el sur empieza el Nove Mesto (aunque hoy en día se puede considerar casco antiguo de Praga también) de aquí destacan la estación de trenes, junto al museo nacional, y al lado del río un curioso edificio moderno de Frank Gehry. Sus vidrios y su forma retorcida contrasta con las casas del XIX de piedra pero es bastante fascinante.

Fue en esta zona, con -5º en la calle y yo con 38º de fiebre, donde encontramos nuestro bares preferidos, entre ellos destacamos uno cerca del río. Aunque su interior era de típica taberna con paredes blancas, suelo y mesas de madera oscura, la decoración era un autentico pastiche. Tenías un tapiz bordado de una aparición de cristo junto a un poster de Bruce Lee y un buda, floreros con flores de plástico, cabeza de caza, una biblia, un corán, entre otras cosas. Otro bar que también nos llamó la atención fue el de los caracoles, más bien un garito heavy que tenía acuarios de caracoles enormes.

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