Ruta por las abadías wallonas

Cuando por primera vez se me ocurrió la posibilidad de hacer este viaje, lo esbocé con sus paradas sus tiempos y su viabilidad, me emocioné muchísimo. De pronto me hacía más ilusión que viajar, como haría dos semanas después, a Marrakech. Incluso se me aparecían los rostros (llenos de envidia) de personas que sabía que les encantaría haberlo hecho. Desgraciadamente en aquel momento vino una temible y mortal ola de frío por toda Europa, que dejó las temperaturas por Bélgica en unos -10ºC con lo cual imposible hacer nada de turismo.

Un año después, al enterarme de que Fu no había ido nunca a Bélgica y conociéndole como gran amante de la cerveza se decretó que este viaje había que realizarlo sí o sí.

¿Por qué esta ruta?

Se trataba de mezclar el turismo con la gastronomía, en concreto la cerveza belga. Más en concreto la cerveza trapense. Este tipo de cerveza tiene una denominación de origen, Trappiste. Solo se otorga si se sigue elaborando en los mismos monasterios trapenses, bajo el control de los monjes y sus beneficios se destinan a caridad.

En total en el mundo solo hay siete cervezas que lo ostentan que son 3 de Flandes: Westmalle, Westvleteren y Achel (estas las dejamos para otra aventura por las abadías flamencas); 3 en Wallonia: Chimay, Rochefort y Orval y una en Holanda: Trappe. Estas cervezas son generalmente turbias, de muy alta fermentación y deben ser preparadas respetando los criterios definidos por la asociación Trapista Internacional si quieren poder mostrar el logo “Authentic trappist product

Para cervezas que no reúnen estos requisitos se creó otra calificación que es la cerveza de abadía. En este grupo entran, tanto cervezas braseadas en las abadías por los monjes o licencias que comunidades monacales han pasado a alguna brasserie (como Leffe, Grimbergen, Affligen)

Obviamente todas las abadías no podíamos visitar, y teníamos en cuenta que algunas no aportarían nada a nuestro viaje por no tratarse de lugares especiales. Nos centramos en la región wallona y en el camino añadimos algunas cervezas de abadía y algunas brasseries tradicionales:

Volamos a Charleroi con ryanair (por el precio de 23€ ida y vuelta) y allí alquilamos un coche. Según aterrizamos a las 9 de la mañana nos encaminamos, por la N53, hacia el pueblo de Chimay. Después desandamos nuestros pasos para coger la N50 camino a Francia y visitamos Tournai. En esta ciudad no hay ninguna abadía pero cerca, en Pipaix, se encuentra la brasserie Dubuisson una brasserie tradicional belga que habíamos pensado visitar. Pasamos un par de días en Lille, donde no solo visitamos a amigos y familiares sino que también estuvimos en una brasserie tradicional para catar la cerveza del norte de Francia, nos dirigimos a la bellisima ciudad de Dinant donde ni más ni menos que se encuentra nuestra señora de Leffe. Nuestro camino este día siguió atravesando las Árdenas para visitar las abadías de Rochefort y Orval.

Dado que estábamos muy cerca de Luxemburgo nuestro viaje a partir de este punto se tornó un poco más turístico y nos encaminamos hacia el ducado, visitando pequeñas ciudades que parecían sacadas de cuentos. Como no sitio en el albergue de La ciudad de Luxemburgo decidimos pasar dos noches en el albergue de Larochette en medio del bosque. Tuvimos que acercarnos a Trier (3 veces por diferentes motivos) y después nos dedicamos a disfrutar de las pequeñas joyas de la suiza luxemburguesa Echternach y Vianden. Cuando nos dirigíamos para pasar nuestra última noche en un albergue en Maastricht, en el camino antes de salir del ducado, divisamos Clervaux y tuvimos que parar para verlo. Después de un día en la ciudad holandesa volvimos a Bélgica para finalizar el viaje, visitando de propina Hoegaarden donde se encuentra la abadía que da nombre a la cerveza.

En nuestro viaje no solo visitábamos las abadías sino que obviamente hacíamos cata conveniente de la cerveza del lugar. Para ello en casi todas las abadías al lado se encuentra un albergue. Estos albergues aunque modernizados, son tan antiguos como las propias abadías ya que la tradición cuenta que se hacía queso y cerveza para alimentar a los peregrinos y si se fijan todos los sitios por donde pasamos son lugares del camino de Santiago belga.

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