Oslo

Noruega es generalmente conocida por la belleza de sus paisajes, los fjordos, las montañas… pero su capital no es que se encuentre entre las maravillas del mundo. Es más, tanta gente me la puso tan mal, que cuando estuvimos nos pareció que exageraban mucho. Es cierto que no es un lugar precioso, pero tuvimos que reconocer que era mucho más bonito que algunos otros lugares donde ya habíamos estado (y que por algún extraño motivo a la gente le suelen encantar) como Amsterdam o Berlin.

Para empezar el hostel donde nos alojamos, al lado de la estación y de la céntrica y animada Karls Johans Gate, era genial, con amplias habitaciones, buenas camas y el paradigma de limpieza. Eso sí por la noche esta es la zona de putas, pero aún así se cena bien, y el ambiente no es muy sórdido.

Lo primero que hicimos fue bajar hasta el mar, y justo allí, en medio de tantos barcos de cruceros, estaba con su blanco resplandeciente el edificio de la ópera. Es bonito, muy curioso, se trata de un edificio blanco dentro del agua, al que se sube por sus propias paredes que son unas rampas ligeramente inclinadas. En ese día de verano, aprovechando el sol mucha gente estaba tumbada en estas paredes tomando el sol (y por supuesto les imitamos después del gran trayecto de tren que nos habíamos hecho).

Los edificios que le rodean no son bonitos sin embargo, en fin son los típicos edificios de ciudad, así que el subir a lo alto de la ópera pues no te da unas vistas bonitas, simplemente son vistas. Y hacia el mar se pueden ver las miles de islitas que hay antes de llegar a la capital.

Decidimos recorrer el puerto a todo lo largo, y aunque al principio, pasado el edificio de aduanas, solo estaban los grandes trasatlánticos de los cruceros, luego había un muelle donde un montón de gente se dedicaba a pescar, y el paisaje mejoró mucho. La vista del archipiélago de islas que hay al sur de la ciudad es más bonita. Había muchos veleros antiguos y a la derecha teníamos el castillo y fortaleza de Akershus en lo alto de la colina que le hace de jardín. Se trata de una construcción militar del siglo 1300, aunque el rey de Dinamarca luego la transformó en 1620 en una residencia renacentista. Está bastante bien conservada y en su interior a parte de visitar algunas habitaciones pues hay varios museos (lo cual no es una novedad, porque ya que como no tiene turísticamente hablando muchos puntos de interés lo que hizo esta ciudad es llenarse de museos, si lo que le gusta es el turismo cultural esta es su ciudad, tiene como para dos días solo visitando museos)

Siguiendo por este agradable paseo marítimo llegamos a la plaza del ayuntamiento de Oslo. Desde aquí están los embarcaderos para coger los ferrys que van a las islas, un montón de terracitas (por las que luego salimos por la noche pero solo a ver el ambiente, porque todo era carísimo, en Trondheim la cerveza mínimo 12€) y por supuesto el ayuntamiento en sí. Una mole de ladrillo rojo donde se entrega el premio Nobel de la paz todos los años y que se puede visitar. Sinceramente no, no es un edificio boníto, pero no le voy a negar que sí que es icónico.

Finalmente nos dirigimos hacia el palacio real, donde nos pasamos media tarde remoloneando en su parque para luego bajar por Karl Johans Gate (realmente sí que es la calle con más vidilla de la ciudad) y llegar a la catedral (muy poquita cosa), que fue por lo último por lo que pasamos a pesar de que estábamos durmiendo al lado. En este último paseo es donde se encuentran los sitios más bonitos de la ciudad, el parlamento, la universidad y el mismo palacio real, todo muy neoclásico y amarillito. En resumen no era una ciudad increíble pero sí que era agradable.

Pronto nos dimos cuenta de que la ciudad te sorprendía en cada esquina con alguna escultura, como si toda ella estuviese dedicada al arte moderno cual museo al aire libre. Fue aún más impresionante cuando fuimos al parque Vigeland (usamos el bus para llegar) Se trata de un parque que el ayuntamiento pidió a un escultor (el tal Vigeland en concreto) y se convirtió en una exposición permanente de sus obras. Todo son esculturas de hombres haciendo formas por todas partes, sobre todo lo más conocido es un monolito hecho con las figuras de 121 hombres desnudos. Es curioso y bonito, y en concreto nosotros nos lo pasamos muy bien imitando a cada una de las esculturas y haciéndonos fotos.

Bien es cierto que no le dedicamos el tiempo suficiente, aunque sea pequeñita, al menos hay que dedicarle tres días. Nos faltó, sobre todo, ir a las islitas que hay dejante de la ciudad en las que hay museos (hubiese sido muy bonito poder visitar el museo vikingo ya que durante nuestro viaje no pudimos ver la iglesia en Lesja) porque yo creo que lo de ir a visitar el trampolín olímpico de salto de esquí o el parque de atracciones no merece mucho la pena.

Pd. ¿cómo? ¿y no vas a hablar del grito? Históricamente este cuadro lleva colgado en mi cuarto desde que tenía 17 años. Me hubiese encantado ver una de las tres versiones del original, me hubiese encantado ir al museo de Munch pero después del robo los daños fueron irreparables y no se ha vuelto a exponer. Y no, tampoco nos dio tiempo a ir a ver la galería nacional Noruega donde hay otra de las versiones.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.