Lokrum

En un viaje tan largo e intenso, como el que estábamos haciendo, viene muy bien tomarse un día de descanso. El sitio en realidad, nos lo recomendó nuestro casero, se trata de la pequeña isla situada justo en frente de la ciudad amurallada de Dubrovnik. Es una reserva natural donde muchos croatas van a bañarse.

¿Qué lugar mejor que una isla paradisiaca? Aunque no tenga palmeras (bueno realmente si las hay pero no es lo que predomina) ni playas de arena fina, ni esté en el caribe, Lokrum se acerca bastante a un pequeño paraiso.

Para evitar el angustiante ir y venir de turistas recién bajados de los cruceros por el Mediterráneo, nos levantamos muy tempranito para recorrer, a las 8 de la mañana, las murallas de la ciudad. Hora y media después nos dirigíamos con nuestras toallas y nuestro pic-nic al puerto donde cada media hora salían barcos hacia Lokrum. Durante el recorrido, de unos 15 min, a parte de tener las mejores vistas de la ciudad, tuvimos un buen presagio: casi ningún extranjero a bordo así que la cosa no podía pintar mejor.

Lo primero quizás tengo que avisar de que en la isla no hay nada ni nadie fuera de los horarios del barco. No se puede pernoctar en la isla (ya contaré las razones que dan los locales) y no hay restaurantes ni nada, así que hay que llevarse la comida para pasar el día.

Decidimos, al bajarnos en el muelle, ir justo al extremo de enfrente de la isla… la verdad es que hasta allí nos llevó la inercia, simplemente seguimos a la gente que poco a poco se fue dispersando en los muchos caminos que como un hormiguero se adentran en el bosque.

Ya sabréis que en el Adriático las playas de arena no existen, simplemente hay que acercarse al mar, y en la isla hay zonas con rocas pequeñitas donde cubre menos, rocas grandes donde se han soldado escaleras metálicas para entrar al agua, e incluso pequeños acantilados que invitan a saltar al agua.

Pasamos del camino empedrado a una suave alfombra de acículas de pino muy cerca del olivar de la isla. Allí plantamos nuestras toallas en tumbonas de madera (eran muy baratas, creo que 4kunas por todo el día) mirando al mar a la sombra de los pinos. Nos impregnamos del olor de la resina, el sol y las chicharras… siii ese olor de VERANO. La isla más bonita no puede ser, está completamente llena de pinos, cipreses… y de ¡¡pavos reales!!.

El agua, es la del Adriático, completamente transparente, con un azul inigualable y fresquita. Llevamos el equipo ligero y ninguno pudo resistir las ganas de zambullirse, pues el espectáculo era grande. Vimos bancos de boquerones (o similar) peces enormes, estrellas de mar rojas rojas rojas, alfombras de erizos que variaban del blanco al morado, camarones que te daban mordisquitos en las zonas con marea más baja, y los frágiles bosques de anémonas. Hasta entonces el Adriático no me había impresionado “a nivel de buceo” (sobrevalorado, pensaba, agua muy cristalina pero poca vida).

Aunque estuvimos dormitando, bañándonos, buceando y perreando la mayor parte del día, la isla merece un paseo. En ella se encuentran las ruinas de un convento benedictino de 1023 (el claustro, lleno de palmeras es realmente un lugar muy agradable) Empezaron a plantar, en el huerto del convento, cítricos sobre todo que dieron el nombre a la isla, amargo. Con el tiempo pasaron a plantar plantas exóticas, por ello justo al lado de lo que queda de las ruinas se encuentra el curioso jardín botánico al que con los años se le añadieron nuevas especies.

En la parte más alta de la isla, siguiendo un camino amurallado por cipreses en medio del pinar, se encuentra un fuerte napoleónico de 1806. Fort Royale tiene forma de estrella y desde lo alto (a parte que descubrimos que a ultimas horas de la tarde era un sitio para las parejitas) se puede ver un precioso atardecer con la antigua ciudad de Dubrovnik de fondo.

A las 20:00 tuvimos que coger el último barco de vuelta, nadie se puede quedar en la isla. Uno de los motivos, es que está maldita … Los franceses echaron a los monjes benedictinos y desde entonces se han sucedido las muertes violentas al caer la noche (jejeje, no está mal)

De todas formas antes de irnos visitamos el lago, en una zona de la isla hay una especie de laguna salada (la llaman el mar muerto) entre las rocas donde suele ir la gente que no sabe nadar o que quieren una zona calmada. Según los chicos lo único que no visitamos eran las playas nudistas, hay varias zonas del parque nacional que son nudistas, hacia el sur de la isla.

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2 comentarios el “Lokrum

  1. Maria dice:

    Mis pies :-).

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