Postojna

Eslovenia es famosa por la región del karst que tiene kilómetros y kilómetros de cuevas bajo su superficie. Hay muchas cuevas, lagos subterráneos, etc que se pueden visitar desde diferentes pueblos pero la más famosa, es sin dudarlo Postojna.

Es un pueblo que se encuentra a unos 60km de Ljubljana y desde tiempos del imperio austrohúngaro era una parada obligatoria en el camino a la costa, con lo que ha pasado a formar parte de una de estas villas dedicadas al turismo desde tiempos inmemorables.

De nuevo cogimos el tren hacia Venecia, pero esta vez nos bajábamos en Postojna. Como teníamos algunos “abueletes” ya en el grupo, la chica de la taquilla nos contó que salía más barato coger el billete de grupos así que preguntad por él (te dan como unos cartoncillos y ese es el billete). Si en nuestro viaje a Trieste, el tren no tenía nada de especial, esta vez los dos que cogimos eran 100% Orient Express. En rojo y dorado, tenía las típicas cabinas de 6 personas con cortinas de terciopelo rojo y por supuesto, el vagón restaurante completamente principios del siglo XX donde desayunamos como señores.

Strassenecke Postojna

Al llegar a Postojna la verdad es que nos asustamos un poco. Prácticametne bajas en medio de las vías, no había un edificio especial ni mucho anden. Fuimos a parar a los restos de una antigua locomotora a vapor (donde por supuesto, no pudimos resistir la tentación de subirnos y monear un rato) Pero la verdad era que por mucho que oteábamos no veíamos señal de población.

Nos pusimos a andar, vimos algunas casitas y ya preguntamos a un viejito (aquí los jóvenes hablan inglés pero absolutamente todos, incluso la abuelita mas abuelita, sabe hablar alemán).

Cuesta abajo, como nos indicó, las casitas empezaron a convertirse en mas o menos calles de pueblo y decidimos parar en un ultramarinos a comprar cosas para los bocatas del mediodía. Por fin llegamos a la plaza del pueblo, donde los edificios son de color blanco y pastel rosa y la iglesia blanca y pastel azul.

Allí nos volvimos a informar por las cuevas y nos mandaron por una carretera (unos 2km nos dijeron) Era sencillo ya que enseguida empezamos a ver explanadas para que los autobuses aparcaran (está todo muy bien pensado) Esa misma carretera (unos 9km más allá) lleva hasta Predjama, un pueblo donde hay un castillo medieval excavado en la roca, pero nosotros no teníamos medios para llegar hasta allí.

La entrada a la cueva (jama en esloveno) es todo un monumento en sí. Subes una escalera, y como excavado en la roca hay una especie de palacete que hace las veces de museo y tienda de souvenir. Al fondo se ve la entrada, que es una pequeña grieta en la montaña que cubierta casi por completo por la hiedra que tapiza la pared de la montaña.

Había mucha gente (muchiiisimos italianos), de hecho unos chicos napolitanos vinieron a revendernos sus entradas (era un colegio y pretendían escaquearse) pero como nos salía más barata comprarla con el carnet de estudiante les dijimos que no.

La visita a la cueva consta de dos partes, y en total se visitan 5km (aunque la extensión es 20km, la más grande de Eslovenia), primero tres kilómetros en una especie de tren (estilo parque de atracciones)

El tren para en un sitio donde se encuentran guías (tienen carteles con el idioma que hablarán, diariamente están el de esloveno, italiano e inglés, pero hay más idiomas solo que hay que consultar los horarios de esas visitas), nosotros nos apuntamos al de francés. La elección del guía francés fue muy buena, porque el grupo éramos nosotros 6 y dos franceses. Así que dejamos pasar a los demás y luego íbamos completamente solos por la cueva.

La visita guiad son unos 2km (unos 90 minutos) por las distintas galerías que se iluminan según se pasa y el paisaje es increíble. Realmente hay formas de estalactitas y estalagmitas muy bellas, y pues bueno, es como todas las cuevas realmente, pero lo que asombra es la inmensidad de la cueva.

Hay salas enormes (otras que han tenido que retocar un poco para la entrada de visitantes) También hay que decir que la cueva recibe visitas desde el siglo XIX (y no de espeologos locos, sino como ya he dicho, es un sitio turístico desde hace mucho tiempo)

Creo que lo más bonito, a parte de las formas que adquiere el paisaje karstico, esta al final de la visita. La cueva tiene una sala que se usa como auditorio para conciertos de música clásica gracias a su excepcional resonancia (aunque no es la única en el mundo en esto. En España, en las cuevas de Nerja se han hecho muchos conciertos)

La otra cosa característica, es el Bicho. En estas cuevas vive una especie de bicho prehistórico, ciego, blanco, como un pez pero ¡¡¡con carita y brazos!!! Han hecho unos estanques artificiales para que la gente les pueda ver, el nombre científico es proteus anguinus.

P anguinus2

Después vuelta al trenecito, que nos dio mucho juego, ya que justo por esa época habíamos descubierto la canción de voy camino a Moria, no paramos de cantarla en todo el trayecto (entre otras frikadas que hicimos mientras visitábamos la cueva… solo os digo que en un momento había una especie de puente colgante para ir de un saliente de la cueva a otro)

Por cierto, en las cuevas hace fresco (no frío) y también son húmedas, vendían unos impermeables pero realmente no hacen mucha falta, eso sí algo te mojas. En teoría está prohibido hacer fotos dentro (por el flash… de todas formas con la poca luz que hay si quieres hacer alguna tiene que ser con trípode)

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