Pest

Desconozco el porqué me deprimió tanto Budapest, la encontré gris, triste y fría.

Alquilamos unos apartamentos, de forma que hacíamos vida muy casera; cocinando, saliendo a correr por las mañanas, pasando las largas noches en el salon… Estaban en la centrica y comercial Vaci utca (una avenida peatonal cercana al Danubio) No muy lejos del mercado central de tres plantas, diseñado por Eiffel (ya sabéis mi débilidad por todos los edificios de este arquitecto) Pero ni siquiera esta calle me pareció animada. Siendo realistas, hacía muucho frío y era Diciembre lo que implicaba que a las 3 de la tarde ya era de noche.

En nuestra primera tarde en la ciudad, lo que era un corto trayecto para llegar hasta la basílica de San Esteban se convirtieron en horas andando por calles que no me aportaban nada haciendo zig zag, no dejamos ni una sin andar. Iba con un buen amigo mío pero si a mi me acusan de hacer “turismo salvaje” lo de él es “turismo extremo”. Estoy de acuerdo en que pateando se conoce una ciudad pero eso no era un paseo relajado disfrutando de la ciudad sino más bien algo deportivo. Creo que cogi la tirria a la ciudad, no eran calles especialmente bonitas, más bien grises y decadentes.

En el camino nos encontramos con la sinagoga con su ladrillo rojo y sus adornos de colores. Vale si, la sinagoga me sorprendió, se trata de la más grande y espectacular de Europa. La cosa es que no sé como nos las apañamos para llegar por la parte de atrás con lo que deslució un poco. Se puede entrar, tiene incluso un pequeño museo que días después visitamos.

El camino que quedaba hasta San Esteban tampoco fue directo pero gracias a Dios llegamos a la plaza Erzsébet. Allí habían montado un mercadillo artesanal (donde compré unas joyas magyares muy bonitas para mi madre) y tuvimos el primer contacto con el Kürtö kalács, me dió la vida.

La neoclásica Basílica de San Esteban con sus 96m de gran cúpula se puede ver desde todas partes de la ciudad. Pero su interior vale muchísimo más (ya estaba harta de las fachadas de Pest) Es preciosa, con todo su esplendor en blanco verde y dorado. La cantidad de pan de oro se tal que con solo la luz de las velas las pinturas y retablos tiene una iluminación tan magnífica y natural que ya la quisieran muchos museos. A la tarde siguiente volvimos a la catedral ya que había un concierto de villancicos, y fue algo realmente bonito (aunque me recuerde muerta de frío sentada en la base de una de las columnas)

El parlamento húngaro, de postal sobre el Danubio mirando a la parte de Buda, no queda lejos de aquí pero lo fuimos a visitar otro día, ya que descubrimos que realmente se hacía de noche muy pronto. De todas formas por él pasamos miles de veces, lo vimos desde todos los puntos de vista posible. Es de estilo neogótico como tantos edificios en la ciudad y los ciudadanos de la UE lo visitan gratis en visitas guiadas (incluso cuando fui yo que Hungría todavía no estaba en la comunidad, iba a entrar al siguiente) Pero conseguir una entrada no es fácil, tuvimos que probar suerte varias mañanas. En la plaza que hay delante es donde estaba puesto el mercado de Navidad.

En una de nuestras noches de deambular, en una plaza no muy lejana, pero que no soy capaz de localizar (llena de estatuas que habían tapado con plásticos por el hielo) encontramos miles de puestos también del mercadillo de Navidad pero solo con comida. Allí conocimos a unos Erasmus que nos recomendaron un restaurante genial en el parque de la ciudad al que al día siguiente fuimos: El paprika. La mujer que nos atendió no sabía nada de inglés pero dijo un algo equivalente a “dejadme a mi” y salimos contentísimos.

Para llegar hasta el parque de la ciudad (Városligeti) hay dos posibilidades, y las dos hay que probarlas: o recorrer la avenida Andrássy o coger la linea más antigua de metro, las estaciones son preciosas con ese toque del XIX.

La avenida ya la habíamos recorrido cuando fuimos a comprar las entradas de la ópera o visitar la antigua estación de tren. Está inscrita en la lista de patrimonio de la humanidad, y tiene edificios tan relevantes como el palacio de la ópera o la antigua casa de la policía secreta en la época comunista.

El parque no me pareció gran cosas, en la entrada, al final de Andrássy se encuentra la plaza de los héroes. Es una gran plaza de granito rosa donde unas estatuas enormes de una especie de bárbaros a caballo están alrededor de una columna. Yo lo definiría como exagerado. Al lado empieza el parque con una grandísima pista de hielo (del tamaño de un campo de futbol). Justo detrás hay unos edificios que llaman la atención por su extravagancia. Los construyeron para una exposición y cada uno está hecho en un estilo arquitectónico húngaro diferente (por eso chocan tanto) Salvo uno que es el ministerio de agricultura los demás son museos, y nos acercamos por curiosidad. Aunque el parque es grande el paseo fue casi nocturno y dimos la vuelta hasta llegar al viejo carrusel y el balneario Szénchenyi que vuelven a estar cerca de la entrada

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2 comentarios el “Pest

  1. Patri dice:

    Las noches dándole al Palinka, jeje

    • Jajajaja, ya se me habían olvidado.
      Para el que no lo sepa es un aguardiente de cerezas típico húngaro y la primera noche nos lo ofrecieron en un restauratne pero no queríamos y nos mirarono raro (muy raro, teníamos la sensación de estar haciendo algo mal como incumpliendo un protocolo o similar)
      Luego lo probamos es MUY fuerte, de mínimo unos 50º a 70º

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