Berna

Es con diferencia la peor ciudad para llegar en coche, en serio no lo hagáis, una auténtica pesadilla. En el 90% de las calles está prohibida la circulación a los no residentes así que el simple hecho de llegar hasta donde uno quiere, o algún punto próximo, se convierte en toda una odisea (y no estoy hablando del centro de la ciudad, sino de la ciudad en general). Es cierto que hay un macro-aparcamiento en la estación, pero nos quedaba lejos de todo. Por suerte tuvimos una alineación planetaria y encontramos sitio cerca del hotel para todo el fin de semana.

Berna es una ciudad por donde verdaderamente da gusto pasear, por sus calles medievales, bajo las viejas arcadas de piedra verde y gris, con los miles de escaparates (atención sobre todo a las tiendas subterráneas que son las que originalmente existían en el s.XIV) Le ha llevado a ser patrimonio de la Unesco.

No se puede decir más de ella, porque simplemente hay que ir allí verla y visitarla. Es la ciudad más suiza de toda Suiza. Simplemente hay que deambular mientras te trasmite su calma y su tranquilidad, su espíritu viejo del 1200. Ver las torres del reloj y la prisión que guardan la ciudad, sus avenidas con tranvías, los tejados de tejas, el antiguo ayuntamiento (muy bonito y antiguo, y la curiosa farmacia que hay justo al lado). También las típicas y famosas fuentes de madera tan coloridas (son unos palos con esculturas pintadas al final de personajes como un ogro comiendose a niños, la justicia, un cazador…)

En una de estas casas vivió Einstein cuando trabajaba para la oficina de patentes. Nosotros no entramos, parecía que estaba cerrado, pero Fu que fue después entró. Realmente es un edificio con muebles antiguos (creo que hay un escritorio que sí que perteneció originariamente a Einstein) y cuentan partes de su vida.

El casco antiguo podría describirse como tres calles paralelas alargadas que van desde el Die Front hasta el Nyddeggbrüke (Puente sobre un gran meandro que hace el río Aar, que parece acunar a la ciudad). Al otro lado del Nyddeggbrüke está el pozo de los osos, pero cuando nosotros fuimos no había ningún oso (no sé si porque era septiembre, o si porque después de muchas protestas finalmente los han trasladado) Como dato curioso diré que aquí hay un parking mucho más barato y sin límite de dos horas donde es más fácil aparcar.

El Matte es el barrio bajo (bajo porque está abajo, justo en el río) y pobre en sus días, que surgió bajo las arcadas de la catedral durante su construcción. Las casas están muy bien conservadas y guarda un aire de pueblo de cuentos. Además es bonito pasear al lado del río, ver como un poco sí que lo han desviado de su curso mediante exclusas.

Directamente se puede subir a la plaza de la catedral bien con un pequeño ascensor o bien (y lo recomiendo) por las escaleritas. Éstas discurren por una ladera que se ha ido escalonando para hacer pequeños huertecitos y es un paseo muy curioso. Y una vez se ha ganado altura llegamos a la gran plaza de la catedral donde se tiene una vista de pájaro sobre todo el Aar (y es un sitio muy agradable para tomarse un café mientras se cotillea, con envidia, los jardines que dan al acantilado de las mansiones vecinas)

La catedral en sí no me pareció una cosa sorprendente, pero quizás fuese porque en la plaza habían montados unos puestos de cerveza a lo oktoberfest, el caso es que el pórtico sí que conserva las pinturas que por ejemplo en el de Lausana o Friburgo se perdieron y que me llaman mucho la atención.

Comer/cenar/salir, la acción se encuentra en la zona conocida como el Die Front (donde comienza el casco antiguo por la parte más alejada del meandro del Aar). En estas calles hay miles de terrazas y restaurantes.

Cerca del palacio federal además en el boulevard, entre todos estos restaurantes, hay muuchos ajedreces gigantes. Las tarde de domingo parece que todos los berneses salen a la calle a jugar (miran como juegan otros en grandes corros y hasta hacen apuestas) El momento crucial en el que nos dimos cuenta de lo pequeña que es Berna es cuando reconocimos de vista, con tan solo un par de días de estancia, a más de la mitad de los que estaban en un grupo atentos al juego, mientras nosotros comíamos en una de las terrazas. Y me temo que ese es el sin sabor que te deja la ciudad, realmente es muy pequeña.

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