Geiranger

Geiranger es una pequeña localidad en la provincia de Møre og Romsdal, que por sí misma no diría nada. No sé cuantas personas vivirán, pero se compone de una iglesia chiquitina, 5 campings, varios hoteles y un puerto.

Es en este pequeño puerto donde acaba el Fjordo Geiranger, que forma parte del patrimonio de  la humanidad de la UNESCO desde el 2005 por considerarse uno de los lugares naturales más bellos del mundo.

Ocurre que tiene las paredes bastante verticales y muy altas, llegando hasta los 1000m. Lo que provoca una sensación de inmensidad y asombro. No es para menos, ya que normalmente en un fjordo se alcanza la misma altura que profundidad. Por eso llegan hasta el pequeño puerto cientos de cruceros y grandes transatlánticos diariamente.

Es el conjunto del brazo de mar, las paredes verticales, las montañas de Stryn que le rodean, las mágicas cascadas, las arboledas de las laderas y los picos nevados. Es un lugar único, uno de los paisajes más bellos.

Nosotros llegamos desde Stryn por la carretera 63.  Inmediatamente antes de llegar al pueblo, pasamos por una zona montañosa que a finales del mes de junio seguía muy nevada. Allí se encuentra el monte Dalsnibba (al que se hacen muchas excursiones desde Geiranger).

Al final no pudimos resistir la tentación de parar a jugar un rato con la nieve en pleno verano y como la filosofía del viaje era parar siempre que viesemos un sitio que nos apeteciese, pues paramos junto al lago Djupvatnet completamente helado. El hielo tenía además un precioso color azulado mientras el agua de algunos arroyos que se abrían paso en las montañas caía en forma de cascadas.

Pasado el macizo montañoso el fjordo se abre a tus pies. Por este lado del pueblo se encuentra el mirador Flydalsjavert, y es imprescindible subir hasta el.

Desde aquí se obtiene la mejor vista de la boca del fjordo y además está LA FOTO.  Si googleáis geiranger, encontrareis una famosa foto que hizo turismo de una persona sentada en el filo de una roca, con todo el fjordo debajo.

Pues bien, para hacersela hay que saltarse un par de vallas, el que corre más peligro realmente no es el que está posando, sino el que hace la foto, que se tiene que poner en un pequeño saliente del desfiladero. Por suerte (viva la temeridad) según llegábamos le pregunté a Bea:
Oye yo he visto unas fotos de aquí que sale la gente sentada en una roca…

Y dijo: “Si si, tranquilos que yo sé desde donde se hace esa foto. Mi padre lo preguntó en la oficina de información y turismo, le explicaron cómo llegar pero le recomendaron que no lo hiciese. Por supuesto, subimos saltamos las vallas y la hicimos

Como ya caía la tarde nos dedicamos a buscar sitio donde dormir. No teníamos nada reservado así que fuimos de camping en camping (hay un montón) preguntando si había cavins libres. Al final nos fuimos a una en el margen izquierdo del fjordo menos transitado.

El dueño del camping la verdad no inspiraba mucha confianza ¡era idéntico a Norman Bates!. Lo cual, la verdad, daba un poco de emoción al asunto. Pero a parte de las rarezas del pobre señor, el lugar resultó muy agradable.

Para empezar había algo gratis, no sabíamos muy bien qué (a tanto no había llegado nuestra comprensión del noruego) pero pronto lo descubrimos: ¡unos botecitos para remar por el fjordo!

En ese momento creo que todos vivimos el momento más bonito y nos dimos cuenta de que estábamos viendo algo realmente bello. Serían las 11 de la noche y el sol estaba aún bien alto (parecía mediodía) y estábamos en el medio del fjordo remando, veíamos las cascadas a un lado y al fondo el pueblecito, y hacia arriba girábamos la cabeza para ver el final de las enormes paredes y los picos de las montañas… da igual como lo intente describir, es un momento que hay que vivir.

Al dejar los botes en el embarcadero vimos una estrella de mar (guauuuuuuu peazo anecdota) Lo cierto es que en Noruega hay tanta agua, tanto lago, que no siempre sabes si estás al lado de un fjordo o de un lago, y por otro lado el agua del fjordo es tan tranquila que realmente tienes la sensación de estar en agua dulce y es muy difícil hacerse a la idea de que es realmente el mar.

Al día siguiente nos acercamos al pueblo. Es realmente tan pequeño que ni se nota la afluencia de turistas que supongo aprovechan el bajarse del barco para hacer múltiples excursiones. Para los amantes de los souvenires, aquí hay una tienda… jajaja esto parece una tontería pero en los sitios que estuve en Noruega no encontré más que ésta. Y además pensé “bueno en Oslo habrá más diversidad” pues no.

No nos queríamos ir del fjordo sin hacer la correspondiente visita a las cascadas de las 7 Hermanas. Resulta que nuestra siguiente parada era Andalsnes así que teníamos dos posibilidades, coger un ferry en el geiranger que sería como hacer el crucero por el fjordo, o un ferry en Eidsdal. Al final cogimos la segunda opción porque la primera sale muuuucho más cara. Pero no nos quedamos sin las Siete Hermanas. Según te alejas del pueblo por una carreterita que zigzaguea mucho hay un mirador justo donde el fjordo hace un codo. Desde allí se puede ver el velo de las cascadas con el tremendo salto que tienen.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.