Mykonos Chora

La palabra Chora en griego es el equivalente a polis, sería como el lugar donde se encuentra el asentamiento principal de la isla (y cada isla tiene su Chora). La de Mykonos surgió extrañamente porque en su vecina isla de Delos, un importante centro en la edad antigua, por algún extraño motivo estaba prohibido nacer y morir.

La Chora de Mykonos es realmente bonita, uno de los mejores ejemplos de la arquitectura de las Cícladas. Pequeñas casas de adobe blanco con balcones de madera pintados junto con las ventanas de azul intenso o rojo. Las estrechas calles, con el curioso suelo empedrado de negro que destaca del uniforme blanco de la ciudad, se disponen de forma auténticamente laberíntica de forma que una vez cogida una callejuela nunca se sabe dónde se va a acabar.

He de reconocer que el pasear por la ciudad me produjo un placer infinito, al contrario de lo que me había imaginado por la fama de la isla, todo parecía muy bonito y tradicional. Eso sí si paseas por ella antes de las 11 de la mañana, cuando las tiendas están cerradas, las discotecas silenciadas y la gente en general durmiendo la mona.

A las 11 de la noche estar por Mykonos era toda una auténtica prueba al más urbanita: las calles se estrechaban aún más porque todas las tiendas (una tras otra todo era una marea donde se codean tiendas de super lujo, restaurantes caros, discotecas y joyerías) extendían sus escaparates plegables hacia afuera. Era además un hormiguero humano, tanto más cuando entre tanta gente el intrincado de sus callejuelas solo te podía recordar a los regueros que hacen las hormigas. En ocasiones cerca de los pub las aglomeraciones eran terribles y la música se oía alta desde fuera, dentro eso era rompe tímpanos.

Otra cosa realmente pintoresca es que mientras sigues el caminito pavimentado con piedra negra entre las casitas blancas se encontrarán tanto con grandiosos templos como con pequeñitas iglesias, todas ellas blancas, camufladas entre las demás casas, con grandes cúpulas azules o granates que aparecen en el aire. Lo más increíble aún es que son casi 200 iglesias que hay como setas por la isla. Como fuimos por la mañana muy temprano algunas estaban abiertas y me sorprendieron, puesto que me esperaba una decoración estilo ortodoxo ruso, decoradas profusamente del suelo al techo. Sin embargo las pocas que vimos eran muy sencillas, pero muy bonitas, aunque tenían más bien el aire de antiguas cocinas.

Nuestra exploración de la ciudad empezó en los blancos molinos de viento, que se sitúan en lo alto de una colina en el extremo sur dominando todo. Desde allí las vistas son espectaculares. Pero sobre todo, es que enfrente de estos antiguos molinos se encuentra la pequeña Venecia y la subida al kastro. Es una de las partes más bonitas de la Chora ya que la ciudad se encuentra como en una pequeña península, donde casas de dos pisos estilo veneciano y decoradas con balcones de colores muy brillantes, acordes con el resto de la isla. Están construidas muy pegaditas y casi cayendo en el mar (y sin el casi, en nuestra subida al kastro pudimos comprobar por la parte posterior de estas casas, que las calles entre ellas acababan en el mismo rompiente).

Todo esto forma una imagen única y maravillosa que encanta a todo el mundo por su increíble belleza y su ambiente mágico, claro está que en esta zona también aprovechan los restaurantes más caros para plantar sus terrazas.

Metiéndonos de nuevo en el laberinto 100% peatonal que sube a la colina que forma el antiguo castillo veneciano nos encontramos, casi de casualidad, con la iglesia más bonita e impactante de todas. En lo más alto del todo se encuentra dominando la iglesia de Panagia Paraportiani. Su arquitectura es realmente excepcional, se recorta toda blanca de adobe en el cielo azul y lo que más me sorprendió es que su forma es indeterminada, más bien como si hubiesen hecho una iglesia dentro de una cueva.

Bajando por aquí hasta el puerto (con saludo incluido al pelícano adoptivo que anda por la ciudad) se llega a una de las zonas más pintorescas. Donde descansan las barquitas de colorines de los pescadores, en uno de los espolones del puerto, hay una iglesia cuadrada, angios Nikolaos, con su cúpula azul claro realmente pequeña y bonita, justo en frente el ayuntamiento, y como no también la lonja del pescado. Además en la parte del final del muelle del puerto abundan las típicas tabernas griegas con sus sillas de madera y sus luces colgadas como estrellas a modo de “techo”.

Ojo, aunque en este pequeño puerto hay una pequeña parte donde llegan ferris, no sé dónde van estos, pero no son los ferris que parten hacia Atenas. Nosotras que pensábamos que así era, menos mal que el sobrino de la dueña del hotelito donde estábamos nos acercó, existe otro puerto a varios kilómetros de la ciudad.

En resumen, en mi estancia lo pasé muy bien, tuvimos mucha playa, mucha fiesta, trasnochamos muchísimo (en una discoteca no pararon de invitarnos desde que entramos hasta que salimos) La isla se ha hecho famosa por ser una “Ibiza” griega, destino de hippies ricos, estudiantes, despedidas de solteros y gays. Así que hay que saber a lo que se viene, está especialmente concebida para la fiesta. Aquí no se encontrará un turismo orientado a la paz el candor y la autenticidad de una isla griega, eso existirá similar en otras islas.

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4 comentarios el “Mykonos Chora

  1. Carlos Ho D. dice:

    Ahh, las Cícladas… Uno de esos tantos sitios a los que me encantaría ir. ¿Fuisteis a Santorini?

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