Toronto

Sé que mucha gente dice que Toronto es una ciudad aburrida. En general es gente que ha tenido que pasar todo un año en ella. Quizás un invierno aquí sea mortal por definición, pues al menos Montréal es conocidísima por su gran cantidad de oferta cultural.

Sin embargo nosotras la disfrutamos como enanas, nos encantó, pese a que estuvimos poco tiempo y exprimiéndolo al máximo. También dicen de ella que es, a su manera, como una mini Nueva York, y que si no has estado nunca en su gran hermana (como era nuestro caso) te enamorará.

Desde luego que empezamos nuestra exploración por la CN Tower que se levanta al lado del lago Ontario por encima de todos los rascacielos. Tiene tres etapas para subir y nosotras nos contentamos con subir hasta la segunda ya que es allí donde está el suelo de cristal. Eso sí tuvimos que esperar cola de casi dos horas para poder tomar uno de los ascensores que te llevan a toda velocidad hasta arriba. Una vez allí, pues que os voy a contar que la gata (o mejor dicho su vértigo) y el suelo de cristal no se llevan nada bien.

Justo al lado se encuentra el gran estadio de baseball de los Rogers que se puede visitar pero no le veíamos ningún atractivo. Lo que sí que nos parecío atractivo y muy tentador fue el puerto. A parte de bonito para pasear tiene una serie de playas donde descansar. Allí, entre miles de veleros antiguos que se preparaban para la fiesta nacional del día siguiente, nos tumbamos en la playa. Disfrutamos del solete y de un grupo irlandés que estaba tocando mientras observábamos a cientos de personas vestidos de soldados antiguos ensayando para la recreación de la batalla que harían también al día siguiente.

Justo en frente teníamos la decena de islas del lago Ontario frente al puerto de Toronto, convertidas en parquecitos desde donde se tienen las mejores vistas de la ciudad con el puerto en frente y la línea de rascacielos detrás. Se puede ir en ferry pero nosotras no disponíamos de tanto tiempo y teníamos mucho que explorar en la ciudad.

Habíamos pateado gran parte del Old Toronto sorprendidas entre tanto rascacielos y grandiisimas avenidas de vidrio con pequeñas iglesias y algunas casas de piedra, y bonitas plazas (como la del ayuntamiento) Teníamos el síndrome de quien nunca había estado antes en una ciudad con tanto rascacielo, que en vez de mirar en horizontal caminábamos con el cuello doblado hacia arriba completamente asombradas.

Decidimos coger la gran Spadina avenue para llegar al distrito de York donde los barrios se agrupan por conjuntos étnicos. Esta avenida comienza cerca del puerto y recorre todo el downtown.

Paseamos por el fashion distric lleno de oficinas (y algunas tiendas super chulas en sus pequeñas calles perpendiculares), el exótico barrio chino (con sus puertas, dragones, letreros en chino y patos colgando) que hace que de pronto te sientas en otro continente. Este barrio sigue hacia el oeste pero en este punto nos dirigimos hacia el sur para ir a lo mejor de la ciudad, Kensington market.

La chunga lo vio muy claro, “si vamos, tenemos que esperar a que cierren las tiendas” (sabia decisión es lo que pensaron nuestras carteras) Se trata de un barrio de pequeñas casitas de dos plantas en hilera, con curiosos colores y con fachadas decoradas de las formas más extravagantes posibles. En la gran mayoría de ellas, en las plantas bajas hay tiendas geniales con curiosos escaparates, a lo Camdem Town y agradables bares en los jardines (que como no estaban cerrados nos quitaron la frustración de no poder comprar tantas cosas curiosas que no paraban de llamarnos la atención).

Seguimos caminando hasta little Italy donde se amontonan miles de restaurantes super guays para cenar. En todos los rincones abunda la bandera italiana, desde los nombres de las calles hasta en los establecimientos y ondeando en los coches. Después de reponer fuerzas decidimos intentar llegar a high park que nos habían recomendado (a todo esto íbamos andando y obviamente nos quedaba muy lejos)

Después de atravesar todo el Portugal village, un barrio residencial también lleno de casitas pequeñitas y con más portugueses que todo Portugal, llegamos al coronation park. Este parque lo vimos cuando salíamos de la ciudad muy temprano esa misma mañana en el autobús hacia Niagara Falls y pensamos, en ese momento, que jamás lo recorreríamos, pero allí estábamos y todo recorrido a pie. En medio del parque hay una gran puerta (estilo puerta de Brandemburgo) en forma de media hoz llena de banderas.

En este punto decir que estábamos muertas se quedaba corto, volvimos andando arrastrándonos hacia el puerto y nos dedicamos a fotografiar la ciudad por la noche (algo realmente bonito).

Es una ciudad muy agradable, que sorprende un montón por la diversidad y el contraste. Es muy curioso sentirse tan chiquitita entre tanto rascacielos. Nos hubiese encantado dedicarle más tiempo, poder haber visto la casa Loma (una casa museo muy chula), haber visitado las islas y pasado tiempo en high park, pero realmente hay que pasear por sus calles y eso lo hicimos hasta reventar.

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2 comentarios el “Toronto

  1. lidia dice:

    desde ahi se ve torontontero (siii, es mu viejo, lo sé, pero no he podío evitarlo) :))

  2. ser dice:

    kensington market, bonito lugar

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