Bled

Érase una vez Bled:

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Solo con esta frase se puede comenzar a hablar de este pueblo esloveno en los Alpes Julianos.

Llegar hasta él no es complejo (no ya solo en el sentido transporte sino el enterarse de que existe y las ganas inmediatas que te entran en el cuerpo de ir a verlo) No se trata de ninguna séptima maravilla que tengan escondida los eslovenos locales locales, por el contrario es un punto super turístico desde que la aristocracia europea iba a pasar tranquilas estancias en el lago. Según aterrizás del avión en el aeropuerto de Ljubljana te bombardean con miles de fotos de Bled.

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Por lo tanto está muy preparado, muy bien indicado para llegar, hay miles de hoteles de lujo y muchos campos de golf… y aún así nada le puede quitar su magia. Ese aire de Hanssel y Grëtel de los bosques que lo rodean, de bella durmiente en el castillo del acantilado, o de Rapunsel en el torreón de la isla del medio del lago.

Como Eslovenia es un país muy pequeñito, para visitarlo nos valimos del transporte público. En concreto hay varias opciones para llegar hasta aquí: en autobús (una hora larga) desde Ljubljana (que es por la que optamos), o en tren hasta el pueblecín de Lesce y bajar andando (ojo que son unos 3km) hasta el lago.

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Bled está en una pequeña esquina, esparciéndose alrededor del lago Bled, color esmeralda, de de origen glaciar. El autobús tiene su parada justo al lado de la iglesia del pueblo. La iglesia de San Martin es de un estilo similar al que se encuentran en otros países austro-húngaros, con campanario de teja de pizarra negra muy puntiagudo y blanquita, o de colores pastel en otros pueblos.

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Antes de bajar hacia el lago pasando por los increíbles hoteles y casitas del pueblo, es muy recomendable subir al castillo que se encuentra en el acantilado sobre el lago. Se trata de un castillo medieval como muchos de Eslovenia (como los que hay por la región de Postojna) construido en el 1004 valuarte de los obispos de Brixen. Al igual que en Smarna Gora, la subida a la colina Blejski (esta vez hay escaleras y no hay que reptar por las raíces de los árboles) tiene su recompensa y en la plaza del castillo, a parte de las increíbles vistas sobre el lago y los densos bosques de los Alpes, hay un restaurante chulo (a parte de un museo).

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El paseo por alrededor del lago es otra cosa imprescindible. Existe un camino medio asfaltado alrededor, aunque es más bien tierra compactada. Por este camino uno se ve rodeado de maravillosos jardines, embarcaderos para barcas techadas que pasean a los turistas por el lago, patos, cisnes (como en todo buen cuento de hadas que se precie) y demás.

Alejándose del pueblo se tiene una de las vistas más bellas, con las altas montañas de los Alpes Julianos detrás (cuando fuimos en mayo todavía nevadas) contrastando con el pueblecito chiquitín y de color blanco.

Ya antes de llegar a Bled, sabíamos qué íbamos a hacer en el lago: ¡Alquilar una barquita e ir hasta la isla! de hecho alquilamos dos barquitas de remos. Como era temporada baja (en el pueblo no había nadie) tuvimos que ir hasta una casa y llamar para poder alquilar dos barquitas.

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Echamos una competición para ver quien llegaba antes a la isla, aunque como no había nadie en el lago no teníamos presión por el tiempo. En ella se encuentra unicamente la iglesia de la Asunción, de unos 900 años, que fue residencia de los obispos tiroleses durante al menos 8 siglos. Lev nos contó que para casarse en la iglesia hay que esperar años pero que es un sitio muy popular en Eslovenia.

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Al llegar, después de remar por el agua de azul intenso del lago, se sube a la iglesia por una escalinata blanca enorme desde el embarcadero. Anexada a la capilla se encuentran habitaciones de los monjes y demás estancias. Por cierto que como no podría ser de otra manera la isla tiene leyenda. A la condesa del castillo de Bled se le murió su marido y siempre iba a rezar a la capilla de la Asunción en la isla, así que mandó construir una campana de oro que cuando la fueron a poner se hundió con la barca que la transportaban. Dicen que algunas noches se oye repicar a la campana por debajo del agua.

De vuelta al pueblo, decidimos comprar comida en un super (donde descubrimos una especie de chopez de pollo esloveno que nos salvó del hambre en incontables ocasiones) y merenda-cenar en un jardín al lado del lago en la parte más cercana a la isla.

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Bañarnos aunque el agua invitaba, era principio de mayo y estaba helada, así que decidimos que no. Y simplemente dejamos pasar lo que nos quedaba de tarde hasta coger el último autobús tranquilamente en el pueblo donde parece que nacieron todos los cuentos.

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5 comentarios el “Bled

  1. Carlos Ho D. dice:

    Éste es un sitio que tengo muchas ganas de visitar, pero sobre todo en invierno. =)

  2. Elena dice:

    Últimamente Bled me aparece por todas partes y ahora lo veo también en tu blog, creo que son señales para que piense en hacerle una visita ;)
    No sé por qué pero pensaba que no se podía llegar a la isla, aunque si voy seguro que no cojo la barca de remos, jeje

  3. David dice:

    No sé si nosotros alquilaríamos nuestra propia barca… Cuando hemos cogido alguna en plan en el Retiro, casi hemos llegado a hundir los remos jaja

  4. Aitana dice:

    La verdad es que el sitio es precioso. De película!!!

    El año pasado estuve a punto de viajar a Eslovenia, pero a última hora decidimos cambiar el destino. Con tus fotos vuelven a entrame ganas!

    Gracias por compartir!

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