Narbona

Narbona hace desesperadamente lo imposible para atraer a turistas que pasan de largo por ella, usándola solo como punto para repostar. ¡Que se le va a hacer si la pobre no tiene mucho interés!, más aún si se la compara con sus alrededores.

Narbona ayuntamiento

Aunque tiene playa, que no visitamos. Quizás eso sea un punto a favor de esta ciudad en verano.

Fuimos lo primero hacia el parque de congresos donde encontramos nuestro querido carrefour (para comprar cerveza del norte). Después aparcamos en un gran aparcamiento gratuito al lado del canal del mediodía, y muy cerca del ayuntamiento.

De esta forma lo primero que cotilleamos de Narbona fue el final del canal du midi. Lo habíamos visto también cuando estábamos en Carcassonne, y cerca del pequeño pueblo donde nos hospedábamos.

canal du midi

“Canal du midi”, lo oiréis nombrar y renombrar, y probablemente tenga zonas muy bonitas en el interior. Pero lo que realmente es, es una gran autopista acuática entre chopos. El movimiento de las esclusas es curioso, y quizás lo realmente bello sea navegar por él (incluso así, no creo que sea algo muy fascinante durante más de dos horas)

Volviendo a Narbonne, en general, a nada que se paseamos un poco por la ciudad nos dimos cuenta que podría ser una ciudad francesa cualquiera.

calles narbona

Lo que sí que me pareció chocante y poco propio de Francia es la integración arquitectónica en los alrededores del mercado modernista (donde por cierto encontramos un lugar muy bueno para cenar, realmente bueno) Hay como cuatro o cinco edificios que se ven paredes y trozos de una iglesia o casas super antiguas en donde se han construido tiendas y cosas super modernas, algo realmente chocante y sorprendente.

Lo más notable de la ciudad es el conjunto del ayuntamiento, en forma de castillo fortificado de piedra amarilla del país, y la catedral (por supuesto, todo obra del Viollet-le-duc con su firma inconfundible) que le dan un gran toque medieval. Pero me temo que no se transmite al resto y se limita a estos dos edificios.

Palacio episcopal narbona

Delante del ayuntamiento quedan unos pocos adoquines de la pobre via domitia, calzada romana de las galias, que ha quedado reducida a un pequeño cuadradito donde juegan los niños. Toda la plaza está rodeada de diferentes edificios unidos por sinuosos puentes, con torreones y ventanas ojivales que conforman la mole del ayuntamiento.

No muy lejos, callejeando, se llega a la catedral de San Justo y San Pastor. Aquí el Viollet-le-duc lo vio claro, lo que estaba de moda eran las gárgolas. El exterior es todo profuso en gárgolas, de hecho hasta la lonely planet lo indica; las gárgolas hay que fijarse en ellas.

impacto arquitectonico narbona

Por lo demás pues no dice mucho más de la catedral así que Mary y yo nos quedamos un buen rato estudiándola y discutiendo (porque lo merece de lo rara que es). Lo que ocurrió es que para empezar era un proyecto muy grande, la iniciaron en 1272 y la idea era que fuera más allá de las murallas de la ciudad. Pero llegado el momento no dejaron que tirasen la muralla así que la obra se paralizó, y más tarde llegó la peste negra así que el proyecto quedó parado hasta que en el XIX llegó a manos de le-duc. Así que hay una parte frontal realmente muy muy curiosa si se está interesado en el ¿cómo se hace una catedral?, ya que se levantó en forma de crucero a medio hacer, pero se cerró después para cerrar la nave principal.

mercado narbona

Al lado, entre todos los jardines y el claustro de la propia catedral, se encuentra el palacio episcopal, también de aire medieval, que por un momento confundimos con la parte trasera del ayuntamiento.

L’abbaie de la fontfroide:

abadia de la fontfroideRealmente el tesoro más bonito que esconde (y esto sí que recomendamos como algo que no puede uno perderse en un viaje por el Roussillon) se encuentra a 12 km de Narbona, y es la abadía de la Fontfroide.

Hay que superar dos escollos que tiran para atrás la visita, el excesivo precio de la entrada (pertenece a una familia que rescató la abadía cuando a los americanos les dio por comprar iglesias en Europa y llevárselas a Nueva York, pero bien que explota el negocio) y que la visita solo es guiada y en francés.

Aún así es impresionante e imprescindible. Está magníficamente bien cuidada y conservada, no solo la abadía en sí sino también los alrededores cuidando un jardín a su alrededor, con un río circunvalándola incluso mesas de pic-nic en el aparcamiento.

parque abadia

Según nos contaban de la riqueza y la cantidad de hectáreas de terreno cultivable que llegó a tener la abadía debió ser un auténtico monstruo en la edad media, una auténtica ciudad monacal. De hecho tenían distintas categorías entre monjes estableciéndose una gran jerarquía en la institución.

Se construyó en el siglo XI e inicialmente era benedictina aunque más tarde se convirtió a la orden del cister. Su nivel de riqueza era excepcionalmente grande, a lo que hay que poner en el contexto de que se encontraba en pleno país cátaro así que durante la cruzada contra los albingenses fue un gran bastión católico.

claustro fontfroide

Durante la visita se recorre prácticamente todo, y esto quiere decir una gran cantidad de estancias, menos las habitaciones de hoy en día de los monjes. Esa parte de la abadía también se usa para hospedar a gente, sobre todo gente cercana a la iglesia, y a los diversos actos culturales que se llevan a cabo en la abadía (cuando nosotras la visitamos había un ciclo de canto gregoriano y muchos coros estaban allí hospedados, y durante la estancia todos vestían hábitos monacales lo que le daba al lugar un aire de otro tiempo)

El claustro es verdaderamente espectacular. Con sus glicinas moradas reptando entre las arcadas y colgando en ramilletes, la piedra amraillenta y el torreón del campanario sobresaliendo.

pasillos abadia

Las vidrieras, tanto de la iglesia como del dormitorio nos encantaron y nos parecieron realmente curiosas y exquisitas en el colorido (se podría llegar a pensar que son una obra moderna y no parece que tengan tantos siglos en su haber) Unido a que nuestra visita a la iglesia fue acompañada por el ensayo de uno de los coros de canto gregoriano, lo que le añadió solemnidad y un aire como de cuento. Tampoco os perdáis el detalle de los corazones (símbolo del roussillon) en las lámparas y las rejas.

Más posteriormente, en el XIX, se le añadieron jardines y terrazas, y hasta una rosaleda que suele competir en concursos de flores.

abadia narbona

Y sé que os va a sonar un poco friki pero cuanto más oigan hablar de la región, más irán conociendo a este personaje. Pues en aquel momento de la visita no recuerdo que lo mencionasen, pero preparando esta entrada me volví a topar con él. Sii, por eso este sitio conserva y transmite ese gran aire del medievo único, y es que resulta que en 1843 Viollet-le-duc se preocupó por proteger y restaurar este lugar al que consideraba una joya del arte cistercense.

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