Trier

A Trier nos llevó el destino: 3 veces, por si con una no hubiese bastado. Nos dejó muchísimas anécdotas.

Trier calle principal

Fuimos a dejar a un amigo desde Orval, y cuando después de una hora en un densísimo banco de niebla llegamos a Larochette descubrimos 100 llamadas perdidas. Su tren no había salido. Al parecer alguien se suicidó y cerraron la estación. Así que deshicimos el camino para recogerle, solo que la policía le estaba interrogando porque un lunático le acusaba de haber robado un guante (ojo solo uno) A la mañana siguiente temprano, volvimos a aparecer en la ciudad alemana. Cruzamos 6 veces la frontera.

Trier porta nigra

Pese a ser una ciudad alemana con placita mona rodeada de palacios muy bonitos, lo que sin duda más destaca de ella y la hace especial son sus ruinas romanas.

Trier Iglesia

Treveris fue la ciudad más antigua de Alemania. En sus dos mil años de historia, llegó a ser capital de la Galia, sede de uno de los arzobispados más influyentes de la edad media y una de las pocas ciudades que elegían al monarca del Sacro Imperio Germánico.

A pesar de todo, es una ciudad pequeña, un poco desconocida… quizás gracias a ello, durante las dos guerras que asolaron Europa no llegó a ser tan destruida como Colonia o Munich.

Al casco histórico se accede por la porta nigra, el símbolo de la ciudad. Yo había visto fotos de esta puerta construida ni más ni menos que por los romanos y pensé que tampoco era para tanto.

Kurfürstliches Palais Trier

Ojo engaña, en persona es impactante, un impresionante mastodonte de puerta de grandes piedras ennegrecidas por el paso del tiempo. Es una puerta de tres pisos con doble arco flanqueada por dos torres, cuadradas en el interior y semicirculares en el exterior. Además hay otra torre de dos pisos que aún conserva adherido parte del ábside de una iglesia, en los restos del claustro está situada la oficina de turismo.

De la puerta sale la calle peatonal que une la muralla romana con la típica plaza del mercado europea. En ella se suceden las tiendas y los almacenes intercalados con curiosos palacetes pintados de alegres colores. Uno de los más curiosos es el palacio de los tres reyes, que hoy en día es una cafetería que mantiene su entrada románica medieval.

casas fachwerk trier

La plaza del mercado curiosamente está dividida en dos. A la que primero se llega es a una plaza rodeada de antiguos palacetes de mercaderes profusamente adornados. Nada más llegar Elsa dijo “con tanto colorido parecen casas de gominola” Creo que en el país de Hänsel y Gretel los palacios con sus colorines, algunos con las características vigas de madera “fachwerk” en las fachadas y sobre todo, la mayoría con las tejas negras redondeadas, hacen que todo parezca de cuento.

catedral Trier

Esta plaza contiene otros rinconcitos que encontramos muy curiosos, como la fuente de san Pedro muy estilo las fuentes de madera de Berna, la cruz del mercado y la iglesia gótica de san Gangolf (Gandalf para nosotros) a la que solo se puede acceder por un pequeño pasadizo que puede pasar inadvertido entre tooodos los edificios que la rodean. No podéis perderos el interior, es precioso, completamente pintada del suelo al techo.

Mercado Trier

Desde esta plaza se pueden ver sobresalir los dos campanarios de la catedral, allí es donde se encuentra la otra plaza del mercado (y donde estaba el mercadillo de navidad típico de las fechas en las que fuimos). Incluso desde fuera se ve que es un mastodonte de catedral con una gran mezcla de estilos y su interior como no podría ser menos es enorme. Parte de ella se asienta sobre una capilla que empezó a construir el emperador Constantino.

Callejeando un poco llegamos hasta el Kurfürstliches Palais, un gran palacio barroco, en tono rosita. Y detrás de él hay otra cosa curiosa de visitar estando en Alemania, unas termas romanas de las que sorprendentemente se conserva bastante.

Iglesia de san gandalf

Además de estos baños imperiales, en la ciudad se conserva unos pocos restos de un anfiteatro romano pero sigo pensando que no deja de ser exótico de visitar tan al norte, y un puente sobre el Mosela.

En general el centro de la ciudad es como cualquier ciudad alemana. Las calles peatonales llenas de tiendas se suceden con edificios muy antiguos restaurados, muy modernos o edificios nuevos imitando palacetes, lo cual me causa cierta perturbación no sé por qué y personalmente no me gusta mucho.

Trier moderno

Si que es cierto que en los paseos por el centro de vez en cuando te sorprenden casas antiguas muy bonitas realmente escondidas, pero para mi gusto lo mejor cruzar el Mosela por el puente de Káiser Guillermo. Al otro lado como si de un pequeño pueblo se tratase se suceden las pequeñas casitas de dos plantas que se reflejan en el agua, incluso una antigua iglesia. Todo trasmite paz y tranquilidad.

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5 comentarios el “Trier

  1. Fue allí donde me enamoré del Weihnachtspyramide enorme en la mitad de la plaza!

  2. Excelente la crónica, casi novelesca con el suicidio…

    Saludos viajeros
    El LoBo BoBo

  3. Tienes que seguir escribiendo jajajajaja

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