Valparaíso

colinas valparaiso

No sé qué me pasó con esta ciudad. Supongo que como todos, había oído maravillas de ella, gente enamoradísima de sus calles, su color y su arte callejero. Sin embargo, la primera vez que estuve; fui, vi y me dije a mi misma “pufff pues no es para tanto, original sí, pero parece un gran poblado de chabolas” Como algo que en su día fue bello y hoy está en plena decadencia.

cerro alegre

Pero volví a ir otra vez, e incluso una tercera y me di cuenta de cómo habían cambiado mis sentimientos. La segunda vez me descubrí a mí misma deseando llegar, anticipando el momento en que la autopista que va desde Santiago desciende abruptamente. En ese instante el Pacífico se abre a los pies de las montañas repletas de coloridas casitas de uralita.

La tercera vez, se podía decir que de verdad soy una enamorada de sus polvorientas y laberínticas calles.

Creo que es la ciudad más distintiva e intrigante de Chile (Quizás de toda Sudamérica, porque ahora cada vez que me encuentro una colorida ciudad portuaria en este continente inevitablemente pienso con cierta nostalgia “como Valparaíso“)

cerro carcel

Se encuentra literalmente esparcida sobre un anfiteatro de colinas que contornan la gran bahía hasta Viña del Mar. Lo más impactante es justamente eso, la fila de casas que como en un caótico y colorido laberinto caen hacia abajo por las colinas hasta una pequeña franja de tierra antes del mar donde se sitúa el gran puerto.

ascensores valparaiso

Como son muy pocas las calles que llegan hasta lo alto de estas pendientes, a parte de una surtida población de escaleras hay antiguos ascensores de madera que te pueden llevar hasta los mejores miradores.

cerro concepcion

Abajo está lo que sería el barrio del puerto, una serie de calles paralelas con la costa. Se extiende desde la entrada de la ciudad, donde hicieron el nuevo y terriblemente feo congreso de Chile (es impactante de lo feo que es), hasta el cerro Santo Domingo. Es a los pies de este cerro donde se encuentra la parte “más pintoresca” del barrio que no se parece en nada a los de las colinas. Aquí no hay coloridas casas, sino que se mezclan feos y modernos bloques con elegantes casas coloniales reconstruidas, incluso la pobreza parece que se hace más evidente. De todas formas es el mejor lugar para empezar la exploración; ir a la Plaza de Sotomayor donde está la marina, el puerto y el ascensor “El peral” que sube hasta el cerro Alegre.

pinturas valparaiso

O por la Plaza Victoria, donde se encuentra la catedral de Valparaíso. No es que sea muy especial, pero me parece un lugar agradable. Además que cerca de esta plaza empiezan a asomarse las grandes casonas coloniales y se encuentra, en la calle Condell, la casa de comidas J.Cruz, un lugar de visita obligatoria. Era una antigua casa de carabineros donde solo sirven chorrillana. Tuvimos que esperar una buena cola para entrar pero es un lugar tan especial y único (a parte que la chorrillana esta increíblemente buena)

Cerro Santo Domingo

Esta plaza se encuentra a los pies de los cerros Cárcel y Yungay que están rematados en lo alto por un verde y frondoso cementerio. La última vez que visité estos cerros, aunque mucho menos conocidos, me parecieron realmente muy bonitos y nos divertimos un montón callejeando y descubriendo sus pintadas en las hiper-coloridas casas.

pasaje tempelman

El secreto para descubrir el laberíntico Valparaíso es: patear, patear y patear.

Cerros Alegre y Concepción son los más turísticos y conocidos. Siempre he aparcado en ellos el coche sin problemas, sin ser zona de pago, tanto en temporada alta en verano (Febrero) como fuera de temporada (Abril o Noviembre).

cerro concepcion

Por estas dos colinas se extienden los barrios residenciales en un entramado de calles y pequeñas avenidas decoradas con casas elegantes, pintadas de forma brillante y con tiendas de todo tipo de artistas en sus bajos. Algunas mansiones aristocráticas penden elegantemente en los precipicios de las colinas. Crecieron como enclave de los inmigrantes Valparaíso, especialmente ingleses y su influencia se puede ver en muchas casas adornadas con maderas en la fachada.

Desde la parte baja de la ciudad hay dos puntos de acceso, el ascensor de la Concepción (escondida cerca de la torre del reloj Turri en la calle Prat, al que se entra por una puerta muy estrechita) que te sube hasta el Paseo Gervasoni. Y el ascensor el peral, al lado de los tribunales de justicia en la plaza Sotomallor que asciende hasta el cerro Alegre por el paseo Yugoslavo, uno de los miradores de la ciudad.

pinturas valparaiso

Lo  que normalmente hago cuando voy, es andar entre los dos ascensores caminando por estrechas calles y escondidos pasadizos. Visito una y otra vez los lugares más entrañables de estos cerros como la verde iglesia luterana en lo alto del cerro entre despejadas avenidas de casas arco iris, nuestra heladería de confianza, la pequeña y blanquita iglesia anglicana, el pasaje Templeman, el pasaje Bavestrello (el de las hormiguitas en cada escalón) Cada rincón tiene algo que descubrir, hay pintadas en cada esquina, fachada, poste, cuadro de luz, cada tienda tiene un tesoro para tentarte.

pinturas valparaiso

Más a las afueras se nota que las casas de los cerros no están tan cuidadas y remodeladas para convertirlas en hostalitos para turistas. Se extiende un Valparaíso más de sus habitantes pero no por ello exento del colorido, las surrealistas pinturas y los perros de sus calles, lugares maravillosos para seguir errando y descubriendo sus pequeños rincones. En mi segundo viaje descubrí el cerro Polanco, donde está el ascensor Polanco, muy diferente a los funiculares de los otros cerros. Incluso también conduje el coche sin ningún rumbo por los cerros más altos y alejados disfrutando de las mejores vistas de pájaro de la ciudad.

pinturas valparaiso

O el cerro Bellavista, al que me llevaron en mi primera visita y hasta la tercera no he sabido cómo volver hasta él.  Se encuentra por encima del cerro Yunguay y no siendo tan colorido como los otros de los que he hablado es visita obligada. Entre sus vertiginosas bajadas y subidas se esconde (aunque está bien indicada con carteles, la casa está escondida) la casa de Pablo Neruda. La Sebastiana es la casa, de las tres del poeta, que más me ha gustado con diferencia. Esta casa la compartían él y Matilde Urrutia con unos artistas y cada rincón es una maravilla. Hasta que no la visité no me había imaginado lo importante que es poner una barra de bar en una casa, o tener un carrusel en el salón, por no hablar de las vistas al Pacífico.

Cerro polanco

Si le das una oportunidad, Valparaíso te robará el corazón.

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