Parque Nacional del fjordo de Saguenay

El parc national du Saguenay es realmente un área de conservación de 300km2 a ambos lados del fjordo por el que desemboca el río Saguenay en el Saint Laurent. Incluida la propia desembocadura, que forma el conocido parc marin du Saguenay-Saint Laurent donde una gran cantidad de cetaceos vive y cría (para visitar la reserva salen barcos especiales desde Tadoussac y Baie de Sainte Catherine).

Desde estos dos mismos pueblos se puede apreciar la gran belleza del fjordo con vistas a los acantilados, sus bosques de abetos, las profundas aguas del río y por supuesto, los arces, son impresionantes.

En este viaje pensábamos tener de todo, así que fuimos hasta Rivière de l’èternité donde entramos al parque natural para una pequeña marcha por las montañas que terminaría en uno de los acantilados sobre el fjordo.

Desde el centro de visitantes parten muchos senderos con diferentes dificultades, nosotros fuimos por el camino hasta Cap de la Trinité, unos 16 km de recorrido. Este sendero es parte de uno mucho mayor que llevaría varios días de recorrido y acaba en una enorme estatua de una virgen que a alguien se le ocurrió poner aquí en el 1800, en lo alto de un acantilado. Curiosamente, si miran la página del parque está clasificado como difícil, porque tiene una pendiente de subida constante y buena. Pero si uno es aficionado a la montaña no lo es, desde luego que no hay ninguna deficultad técnica.

Desde el aparcamiento hay que bajar al centro de interpretación, donde nos recibieron guardas forestales y nos dieron mapas con la información de los senderos del parque. A partir de aquí hay que bajar (como medio kilómetro) hasta la bahía de l’éternité. En la playa de la bahía nos asomamos por el embarcadero de madera y desde allí, a la izquierda se alza inmenso el acantilado del cap de la Trinité que íbamos a subir.

Seguimos andando por un camino paralelo al fjordo durante un par de kilómetros por una zona muy planita y frondosa donde parece que la vegetación se había desbordado. Los árboles habían hecho una bóveda verde sobre todo el camino y en muchas zonas se puede ver como sus raíces rodean las rocas (un toque muy Lothlorien, que a la chunga le encantó, y eso que la llevábamos protestando obviamente porque la estábamos obligando a un poco de deporte)

Poco después de pasar una gran caverna en una piedra enorme, empieza la subida, en total unos 300m de desnivel, y cuando empieza es constante y no para. El camino está muy bien indicado con las marcas de PR, en algunas zonas son las raíces de los árboles y las piedras las que hacen de escalera mientras que en otras se han construido rampas y escaleras de madera para facilitar la ascensión. En todo momento en las peores zonas hay vayas de madera y unos muy buenos miradores.

En la primera parte de la subida tenemos unas magníficas vistas a la Baie de l’éternité pero justo cuando la pendiente empieza a ser más suave cambiamos de lado del cabo y podemos mirar hacia el interior del fjordo donde hay menos arces y más abetos. Poco después se llega a la zona más alta, al pico del cap de la Trinité y justo en lo alto hay un refugio de montaña. A partir de aquí empieza un suave descenso de 150m hasta el mismísimo acantilado por un camino mucho más angosto que el anterior pero igualmente bien marcado y cuidado.

Se acaba llegando a una pedazo virgen pintada de color blanco reflectante de 8m de alto que domina el río desde lo alto de la pared del fjordo. A la que pusieron el nombre de nôtre dame du Saguenay obviamente. Personalmente creo que este no debería ser su sitio ya que resulta fuera de lugar en un paraje semejante. El camino que dura varios días, según la guarda forestal es su “equivalente al camino de Santiago” así que es normal encontrar gente peregrinando hasta la virgen.

Aquí arriba comimos algunos bocatas y aprovechamos que por una vez en el día había dejado de llover para reptar por las piedras y asomarnos más al borde del fjordo. Intentar ver a las belugas de nuevo (hay una vaya metálica y no hay peligro de caerse pero para bajar hay que reptar un poco por las grandes piedras lisas de granito)

Se van a reír pero yo en el camino de vuelta hice una gran reflexión. Mirando a uno y otro lado del camino no veía más que un mar de verde de un bosque densísimo, los árboles todos tenían troncos muy finos pero estaban extremadamente pegados uno junto a otro, tanto que si me hubiese tenido que meter ahí dentro hubiese tenido considerables dificultades para avanzar campo a través. La pregunta es ¿y por aquí caben los osos? porque en estos bosques hay osos, eso seguro, pero también es seguro que a nada que parpadeen medio bosque se entera porque tienen que tirar la mitad de los árboles para dar un paso.

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Baie de Sainte Catherine

Lo realmente cierto es que Baie de Sainte Catherine apenas es un pueblecito de 4 casas de madera (contadas) y una iglesia, que podría pasar completamente desapercibido en cualquier viaje a Canadá. Pero aquí va la historia de porqué dos veces acabamos aquí:

Para ser fieles a la realidad, ese día hacíamos el trayecto en coche desde la ciudad de Québec hasta Tadoussac y todo nuestro empeño era llegar antes de las 13. A esa hora sabíamos que partía la última zodiac de cuatro horas para ver ballenas. Debido a una gran magnífica noche de parranda salimos muy tarde  tardísimo de la ville de Québec.

Así que volamos por la carretera que es como una auténtica montaña rusa. Recorriendo densos bosques de la bonita región de Charlevoix, bordeando el San Lorenzo, pasando por pueblos de la Canadá más profunda, sus desniveles de más del 30%, sus cambios de rasante increíbles, sus pasos para alces, y sus monstruos de carretera (aunque yo los veía y andaba preocupada por si tenía que adelantarles, ni preocuparse circulan a muchiisima más velocidad que un coche normal).

Se acercaba la hora y casi llegábamos, pero estábamos en el pueblo de antes Baie de Sainte Catherine. Pasado este pueblo la carretera se corta por el fjordo y hay que esperar a coger un ferry para llegar a Tadoussac. Pues bien milagrosamente, y no porque tuviésemos clarividencia, vimos un gran cartel en la carreteraque anunciaba el avistamiento de ballenas. En el embarcadero había un pequeño chiringuito donde las zodiac que salen de Tadoussac, hacían una segunda parada. Bajamos del coche corriendo, preguntamos y un hombre con aspecto de arponero habló con el walkie y nos dijo que nos diésemos prisa dándonos a cada uno chalecos salva vidas.

La segunda vez que acabamos en este pueblo, fue claramente a la vuelta. A Ana se olvidó en el famoso albergue de Tadoussac la sudadera, así que uno de los coches volvió mientras con el otro fuimos de nuevo hasta el pueblo. Esta vez nos dedicamos a explorar “la grandeza” de Baie Sainte Catherine, paseamos por la playa y mirábamos el paisaje. Yo me pregunto aún lo que se convirtió en la frase del viaje: “Pues yo no me imagino esto a -40ºC

Así que voy a contar como es en sí el principal motivo por el que la gente llega hasta allí, la visita al parc marin du Saguenay-Saint Laurent. Este parque se creó para proteger este punto de encuentro de las aguas del estuario del Saint Laurent con las dulces del fjordo del Saguenay. Esta mezcla, junto con las corrientes de agua fría, hace que prospere el krill y se convierta en lugar de migración de grandes cetáceos en verano.

El precio es caro, las cuatro horas de zodiac costaba 62$ por cabeza, con reducción para estudiante. Pero verse ballenas se ven, un montón y muy cercanas (otra cosa es que seas rápido con la cámara para captar el momento) Cuando me propusieron ir a avistar ballenas realmente no me imaginaba que se llegarían a ver tantas y tampoco tan cercanas. Realmetne ha sido una experiencia fascinante, como si estuviésemos viviendo un documental.

Proporcionan un peto impermeable y un abrigo para el frío que a la vez es también el chaleco salvavidas, vamos el típico disfraz de ballenero (en discreto naranja butano) El mejor consejo que os puedo dar para no mojarse demasiado, es no ponerse en la parte de atrás de la zodiac. Hay que sentarse desde la cabina del patrón hacia adelante.

El patrón se marca sus discursos en francés e inglés y luego se van avisando unos a otros de donde están las ballenas, que al parecer siempre vuelven y son las mismas y tienen hasta sus nombres. Además toda esta zona es parte del Parque Natural de Saguenay, está bastante protegida y el paseito a parte de la fauna incluye un pequeño recorrido por el fjordo (y así la chunga ha podido estar un paso más cerca de la meta que se marcó cuando fuimos a Noruega donde dijo que a la próxima iría por los fjordos en crucero de lujo y no usando el ferry).

También hay que decir que S. ha estado varias veces en Tadoussac y ha visto ballenas desde la costa sin necesidad de acercarse, eso sí hay que tener paciencia y quizás pasarse unas 2 horitas mirando el horizonte. El lugar más indicado es el Cap du bon désir aunque esta segunda vez (mientras los “potentados” nos íbamos en lancha ellos condujeron hasta más al norte) no tuvieron mucha suerte. Pero fue en el propio fjordo desde el ferry donde vimos belugas y focas, que son especies que no migran y tienen este enclave como hábitat natural.

Tadoussac

Siguiendo el río San Lorenzo hasta casi su desembocadura en el Atlántico, cuando se une con el río Saguenay se encuentra el pequeño Tadoussac perdido entre los bosques del fjordo. La mezcla del agua dulce con el agua salada crea un entorno ideal para la producción de krill con lo que toda esta zona está altamente frecuentada por ballenas, y lo han convertido en uno de sus principales puntos de atracción. El paraje natural donde se encuentra, es incomparable. Como detalle esta es la región de la “Belle province” más separatista con diferencia, así que mejor que no se te pase por la cabeza intentar hablar otra cosa que no sea francés.

Nuestra noche de parranda por Québec hizo que fuesen las cinco y mucho cuando llegamos a coger el ferry (gratuito y 24h) que une Tadoussac al mundo, porque la carretera se corta allí en medio de la nada. Conseguimos comer en uno de los muchos restaurantes de moteles que abundan allí a pesar de la hora. Bajo una primera impresión de pueblo cutre se esconde un pequeño rincón entre las montañas de pino y arce que respira serenidad y acaba robándote el corazón.

Lo más bonito del pueblo, se encuentra sin dudarlo en el lado que da al fjordo. Desde la pequeña iglesia con el tejado rojo se baja hasta el puerto donde se encuentra de forma majestuosa el hotel victoriano de Tadoussac (también blanco con tejado rojo) construido en el 1864 cuando se empezó a conocer turísticamente por la belleza salvaje del entorno. Y de aquí recorrimos el paseo marítimo, donde echamos el ojo a uno de los mejores bares donde he estado. Realmente muy animado, no recuerdo el nombre, pero es justo enfrente del puerto una casita azul que parece sacada de cuento de marineros. Como es normal en todo Québec tocaban chansoniers y sirven buena cerveza de la zona (con fermentación estilo belga). Pero primero nos centramos en recorrer el paseo marítimo hasta unas escaleritas donde comienza un paseo precioso por el bosque del fjordo adentrándose en el parque nacional del Saguenay. Por este paseo se puede llegar hasta una zona llena de castores, nos contó al día siguiente en el desayuno una francesa que se hospedaba en el mismo albergue que nosotros, pero a decir verdad es que en Canadá te puedes hartar de ver castores (el primero que vimos nos hizo una ilusión bárbara, pero luego te das cuenta que son como ratas grandes que andan por todos lados). Seguimos el paseo hasta acercarnos a unas piedras justo al lado del agua, y allí nos quedamos a disfrutar del paisaje con las montañas llenas de bosques, la calma del fjordo, ver salir la luna y llamar a las belugas (si lo han leído bien, a la chunga le dio por llamar a las belugas a ver si aparecían)

El pueblo en sí tiene poco más, sus casitas de maderita, su correspondiente depaneur (supermercado de toda la vida) justo enfrente de la iglesia más moderna del pueblo, y por supuesto el auberge de jeunesse donde nos instalamos. El sitio más hippie que se hayan encontrado en su vida. Como ambiente un lugar perfecto y muybuenrollista para encontrarte con un montón de gente. Como curiosidad los teléfonos están dentro de los baños y nosotros dormimos en la buhardilla que realmente recordaba mucho a un campo de concentración (y en las paredes había algunos zulos con colchones donde también dormía gente así que al menos teníamos que dar gracias de dormir en literas… aunque la chunga dice que ese día algo le picó este yo creo que es el lado peor del sitio quizás otras habitaciones estuviesen mejor) Por lo demás el desayuno te lo haces tu y está muy bien (uno de nuestros dos M. se hizo los primeros crêpes de su vida… eso sí le costó un buen rato), tienen bar y tienen un gran patio con mesas y hasta un tipi indio en el centro.

Como advertencia final creo que os voy a contar una pequeña anécdota sobre el aparcamiento. En general eso es pleno campo, así que el aparcamiento es donde buenamente puedas, pero justo en la iglesia nueva hay una explanada. Bueno, mira que no serán más de 2km del albergue a este punto del pueblo (es que en Canadá todo es muy extenso y aunque sea un pueblo de 4 casas están bastante separadas unas de otras) pues decidimos llevar los coches hasta allí. Claro luego encontramos nuestro bar en el puerto y allí nos quedamos… cuando volvimos teníamos unas cuantas pintas en el cuerpo como para conducir, así que fuimos al albergue a seguir la fiesta cuando S. y yo empezamos a exteriorizar el mismo pensamiento preocupante. Esa explanada de la iglesia es de pago (existe una pequeña casetita, de la que solo los subconscientes de S. y yo decidieron darse cuenta) Menos mal que (a pesar de nuestro estado convencimos a los demás de mover el coche) fuimos y sacamos el coche de allí (recorriendo los 2km a menos de 20 por hora), al día siguiente había una cadena y nos hubiese sido imposible sacar los coches.

La belle province

Un día de verano nos sorprendió la noticia de que S. se iba a vivir a Montréal. Nos revolucionamos, hombre que si nos revolucionamos, ¡¡pero cómo no íbamos a ir!! Pusimos fecha al viaje (ya le habíamos advertido a S. que no pensábamos plantarnos allí cuando hiciese -40ºC) pero justo la misma semana de febrero en que pensábamos comprar los billetes, por circunstancias de la vida echamos a bajo el viaje.

Pues bien, dos semanas antes de la fecha que pensamos en un principio, todos nos vinimos arriba de nuevo y lo organizamos en tiempo record.

¿Por qué Canadá?

Era otro viaje que no estaba en mi mente, pero ooh Canadá. Combina los paisajes naturales de Noruega, con la inmensidad de américa y la naturaleza salvaje de Eslovenia. La región de Charlevaux, que es la que recorrimos a golpe de canción de Johnny Cash, es tan bonita. Y en concreto en la provincia de Québec las ciudades intentan mantener un aire europeo.

Entre tanto había cosas que habían cambiado, para empezar descubrimos Air transat (ida y vuelta Paris-Montréal me salió por 350€). Además no éramos los únicos visitantes, nos habíamos puesto de acuerdo 6 personas en llegar casi el mismo día.

Yo llegué en pleno 21 de junio, fête de la musique. Durante cuatro días estuvimos en casa de mi amigo en Montréal plácidamente esperando a que llegasen todos, disfrutando de la increíble variedad y oferta musical de la ciudad. Enganchamos con la festividad de Saint Jean (patrón de Québec), para después de nuestro road trip, volver a Montréal justo a tiempo para el festival internacional de Jazz.

Conseguimos alquilar dos coches (tarea complicada porque de ocho personas resulto que solo 3 teníamos carnet de conducir). Tampoco habíamos organizado para nada el alojamiento, teníamos una guía lonely planet y llamábamos a los albergues antes de llegar para saber si tenían sitio.

Nuestra primera parada fue La Ville de Québec. La autopista entre ambas ciudades es increíble y en dos horas y poco se llega (prácticamente una recta interminable, según llegaba a Québec iba pidiendo conversación a los demás para no morirme, encima como no, el coche automático) Allí nos alojamos en el Aubergue internationale de Québec en pleno centro histórico.

A los dos días, seguimos nuestro viaje al norte siguiendo todo el San Lorenzo por la 147. Nuestra idea era llegar a Tadoussac antes de la 13:00 (se tardarían unas 3horas) pero salimos tarde de Québec así que hicimos parada forzosa en Baie de Sainte Catherine desde donde cogimos un barco hasta la desembocadura del San Lorenzo para ver ballenas.

Por la tarde llegamos a Tadoussac, y por querer hacer, queríamos hacer muchas cosas más como ir hasta Trois Pistoles, o recorrer el fjordo hasta Chicoutimi. Quizás si hubiésemos sido más conductores … Pero era la primera vez que llevaba el coche con personas desde mi accidente. El primer tramo Montréal-Québec había sido estresante para mí, y el segundo ya más relajada disfruté mucho de la carretera por lo bonita que es. Pero estaba cansada, apenas había dormido y no me veía conduciendo de noche a Tadoussac. Así que decidimos relajarnos ya que este pueblecito con su ambiente hippie es muy propicio para ello.

El camino nos llevó al parc national du Saguenay al que entramos desde Rivière-Éternité, y buscando un lugar resguardado y caliente después de la caminata (en la que el tiempo no nos acompañó) llegamos al remoto L’Anse Saint Jean a los pies del fjordo.

Esa noche estábamos ya de regreso y nuestro objetivo era llegar a lîle Aux Coudres. Al último ferry (de las 23:30) llegamos, pero una vez allí, imposible encontrar alojamiento (o más bien alguien en alguna recepción) Cuando ya nos habíamos hecho a la idea de dormir en el coche encontramos un motel …

Nuestro viaje de vuelta a Montréal fue muy accidentado, y el tiempo no acompañó nada. No paraba de llover y mis amigos casi tuvieron un accidente por culpa de una furgoneta blanca que circulaba sin luces bajo la lluvia torrencial. Hicimos una parada para ver la catarata de Montmorency (cerca de Québec) y por fin dejamos el coche aquella tarde (misión bastante difícil porque por el festival de jazz habían cortado todo el centro de Montréal)

Dos días después el grupo se disolvió. La chunga y yo cogimos un autobús a Toronto. Lo cogimos ese mismo día, pero era con megabus que si se coge con tiempo tiene muy buenos precios, pero no te aseguran en asiento. A la ida no tuvimos problema, llegamos a las 6 de la mañana y nos fuimos directamente a Niagara Falls.

De vuelta en Toronto pasamos todo el día (turismo muy extremo me temo) hasta la noche que cogimos (o intentamos) coger el de vuelta. Pero un fallo en la organización hizo que en la misma dársena hubiese cola para dos sitios… el caso es que al ser al día siguiente fiesta nacional de Canadá la cola era enooorme, y nosotras nos quedamos en las puertas de entrar al autobus. Por suerte un pequeño contratiempo con la consigna en Berri Uqam (que cierra a las 19h) hizo que nos tuviesemos que llevar nuestras maletas con nosotras (en las taquillas solo se pueden dejar menos de 24h) Y cuando ya nos veíamos sacando nuestros sacos para dormir, ¡fletaron otro autobús! (en el que hubo gente que fue de pié)

De nuevo a las 6 de la mañana estábamos en Montréal, volvimos a meter las maletas en las taquillas (por cierto el personal de estación siempre super amable) Decidimos tomarnos el último día con menos turismo y más de cafés y cañas. Como la ciudad no tiene mucho atractivo, acabamos, de nuevo en el festival de jazz, hasta que por la tarde nos encaminamos al aeropuerto.

Y en nuestra tercera noche sin dormir (en el avión si que fue imposible, por el frío) llegamos a París donde empezaría mi fin de semana … en algún momento, sobre todo al llegar, me arrepentí de no ir directamente a casa, pero después de dormir 7 horas de siesta me sentí como nueva. No fue intencionado, pero después de cuatro días sin dormir, tampoco noté mucho desfase horario.