Going to the southside

southside  mapaVolví a aterrizar en Chile… Si os soy sincera, al principio pensamos pasar 15 días en la Patagonia. Pero como no sabíamos que clima nos encontraríamos, optamos por algo sencillo: bajar en coche hasta Chiloé durante 10 días. La primera semana la ocupamos con trepidantes aventuras por la frontera Argentina.

¿Porqué hacia el sur?

En algún sitio leí que si Dios enrollase el mundo como si fuese una pajita eso sería Chile. Después de haber conocido el inmenso desierto en el norte, en es ta ocasión decidimos coger la Panamericana (esta vez toda ella de peaje pero mucho mejor carretera y mucho más cuidada) rumbo a los espesos bosques de Chiloé y la región de los lagos.

Selva patagónica

Antes del viaje, alguien se atrevió a decir que íbamos a la zona más fea de Chile. A ver, impactantes son otras zonas, pero éstas son con diferencia las más bonitas del país. Todo lo llenan lagos, bosques y volcanes en una sucesión de parques naturales. Quizás también las más parecidas a Europa (salvo los volcanes humeantes claro) y por eso no las encontramos tan sobrecogedoras.

Pensábamos salir temprano un viernes de Santiago saltándonos la poco atractiva región central. Encontramos un alojamiento pasado Chillan para pasar la noche.

Granjas de Chillan

“El mirador”, unas cabañas de madera en medio del Chile más rural rodeado de granjas resultó ser un sitio de ensueño donde dio pena pasar tan solo una noche. Los dueños nos contaron que la mayor parte de la gente lo usa para pasar una noche, camino al sur. Pero el sitio es realmente bonito, acogedor (aunque pasados tres días yo creo que sería un poco aburrido si se quiere algo de emoción) Por la mañana buscamos desayuno en las granjas de alrededor. En todas había letreros de “se vende leche (miel, vino, vinagre, mermelada, pan amasado…)” cada una tenía su especialidad.

Al día siguiente, nuestro destino final era Puerto Octay pero sufrimos varios desvíos en el camino.

Salto del Laja

A los pocos kilómetros de coger la Panamericana volvimos a salirnos (un desvío pequeño) al Salto del Laja, una de las cascadas  más impresionantes de Chile. En verano es un típico lugar vacacional, llenas de campings y cabañas, incluso hay montado un parque de atracciones de tiendas de recuerdos (estilo Terni en Italia) Merece mucho pararse un instante y estirar las piernas paseando.

Chiloe

Más adelante elegimos Temuco para comer. Fue una gran idea, es una ciudad fea como ella sola, al salir del coche te invade el olor a leña, pero fuimos al mercado central. En Chile cuando no se conoce un sitio, no se sabe donde comer, lo mejor y más sensato es acercarse al mercado central. Entre puestos y puestos de comida y artesanía hay pequeñas tascas donde comimos de vicio a muy poco precio.

A partir de esta ciudadnos embarcamos en un viaje a través de un territorio histórico que nunca fue español, ni siquiera chileno (hasta el siglo XX) Fue tierra de mapuches que siempre lo defendieron. En el horizonte se levantan uno tras otro los volcanes. Cada uno nos parecía más majestuoso que el anterior.

Llanquihue

Nuestro tercer y último desvío se debió a que nos pistolearon (ejem) Los carabineros, en ocasiones se ponen en los arcenes a medir la velocidad con una especie de pistolas. El problema es que más tarde te para otro coche y te quitan el carnet in situ. Tienes que ir al juez del lugar, estés donde estés, a recuperarlo cuando la policía lo entregue (es un verdadero trastorno) En realidad es fácil de verlos, no se esconden ni van en coches de paisano.

Elise que conducía lo primero que intentó fue pegarse a un camión para que la siguiente patrulla no pudiese darle el alto. Pero pronto descubrimos que se habían situado mal. En una estrategia a lo Mortadelo y Filemón, antes de llegar a la siguiente patrulla, la autopista tenía una salida. Así que fuimos a parar al precioso y bien conservado pueblo de Rio Bueno, para  meternos en la carretera kilómetros más tarde.

Piñones de Araucaria

Desde luego el Osorno es el volcán que más nos impactó, elegante como el solo. Pero al día siguiente, cuando pretendíamos incluso subirlo, se escondió entre una las nubes para no volver a salir. Nos decepcionó bastante.

En vez de ir directamente a Chiloé, recorrimos el lago Llanquihue para ir hacia Puerto Montt y coger el ferry a la isla. Los ferris pasan cada 15 minutos y son rápidos.

Salto del Huilohuilo

Llegamos a Chiloé pasada una hora razonable para comer. Fue así por casualidad que acabamos en Ancud y aunque no sea lo más bonito de la isla se ganó nuestro cariño (y sobre todo estómago). Después pasamos la tarde en Castro, pero por la noche, entre carreteras secundarias y teniendo cuidado con los misteriosos paseantes de la carretera llegamos a Cucao.

No, no nos dedicamos a ver pueblecitos de madera patrimonio de la humanidad. Pasamos las siguientes dos noches en las cabañas del parque nacional y lo dedicamos a excursiones en el Parque Nacional de Chiloé y el más desconocido pero impresionante Parque Tepuheico. El día de vuelta, no queríamos dejar la isla sin volver a pasar por Ancud, comer, ver la ciudad, visitar las pingüineras…

Muelle de las animas

La siguiente parte del viaje se centró en la región de los lagos. Esa noche dormimos dentro de la reserva natural Huilohuilo y los siguientes días en Pucón.

Pucón es para “turistas exploradores” el equivalente a San Pedro de Atacama en el sur. Lleno de negocios de deportes de aventuras, y por las calles de mochileros expectantes. Una parte de la ciudad da al enorme lago Villarrica con playa incluida y al lado se encuentra el pueblo de Villarrica, mucho menos turístico, más familiar y apacible. Alfo llegó a la conclusión que después de haber hecho el cabra loca en Pucón la gente acaba escogiendo Villarrica para pasar sus vacaciones relajados.

Volcanes

Primero estuvimos en Omilen, unas cabañas de lujo a las afueras de la ciudad (que tenían hasta piscina climatizada) y luego improvisamos. Después de presentar nuestra visita al mismísimo cráter del volcán en el Parque Nacional Villarrica pensamos que lo mejor sería disfrutar unos días más en la zona no haciendo absolutamente nada. Así que buscamos otras cabañas, esta vez hacia Villarrica. Dormimos en las boomerang, estupendas y llevadas por una pareja de emigrantes australianos muy simpáticos.

Termas geométricas

El día de antes de tomar los 900km hasta Santiago lo pasamos en las termas geométricas de Coñaripe, y haciendo un asado. Fue tan relajado que el camino de vuelta no se nos hizo nada pesado.

Anuncios

Cruzar los Andes por el paso de los libertadores

Hace unas semanas crucé eCarretera 1n coche uno de los pasos en la cordillera de los Andes. Fueron tantas las peripecias de este viaje que todos mis compañeros sentenciaron que debían ser narradas en el blog. Aprovecho de esta forma para daros cierta información MUY necesaria que no encontré en la red.

Para empezar, en la página del ministerio se informa de que el carnet de conducir español es válido en Chile. Pero ¿Se puede conducir con un permiso español en Argentina?

Busqué en foros de internet encontrando información  MUY contradictoria. La página de la DGT tampoco aportaba nada; “el permiso español es válido temporalmente en Europa y en países que adoptaron los convenios de Ginebra o Viena”  pero no especifican qué países entran en esos convenios. Cuando ya estaba rellenando la solicitud de un permiso internacional encontré una pagina del consulado argentino con un enlace al BOE de 2002:

“la República Argentina y el Reino de España reconocen recíprocamente los permisos de conducir, por lo que el titular está autorizado a conducir temporalmente en el territorio de los mismos”

Carretera 2

Luego NO es necesario el carnet internacional, estando de turismo me valió con el español. Pero si te quedases a vivir tienes que convalidarlo (al igual que te pasaría en Suiza, Francia o Italia).

Lo que sí hizo falta, que miraron mucho y que tuvo que hacer Elise, que fue la persona que me prestó el coche, fue un poder ante notario para poder cruzar con el vehículo. Por último, tuvimos que sacar unos días antes un seguro especial para Argentina (cosas de Chile, hubo varíos accidentes en la cordillera muy MUY feos, así que es obligatorio contratar por días un seguro a terceros) Si alquiláis un coche, tenéis que avisar si pensabais cruzar la frontera para que os hagan el seguro y los papeles necesarios.

Paso de los libertadores

Salimos de Santiago a las 10 de la mañana camino a Los Andes, pueblo que hay antes del paso de los libertadores. Cuando estábamos a punto de dejar la autopista Isra se puso muy muy serio (tuvo que ponerse muy serio para que le tomásemos en cuenta porque creiamos que era uno de sus chistes) y dijo “¡el pasaporte!” Dimos media vuelta.

Habíamos perdido el día. Alfo tuvo la idea de llamar al hotel en el que nos alojaríamos y aunque hicimos la reserva con booking, el dueño super atento, nos la cambió de día sin cargo alguno. Así que desde Santiago, decidimos ir a comer a Valparaíso y pasar la tarde.

Eran las 11 de la noche cuando volvimos a cenar a casa de Elise y nos dijo “¿os apetece ir ahora a la frontera, o mejor a las 3 de la mañana?” (De nuevo pensamos que era un chiste) Su madre había llamado porque se había enterado de que el paso de los libertadores estaba cortado por obras.

El caso es que la frontera de Chile a Argentina solo estaba abierta de 21:00 a 7:00  mientras que de Argentina a Chile desde las 9:00 hasta las 19:00. El que se nos hubiese olvidado un pasaporte nos ahorró la cara de tontos que se nos habría quedado al llegar al paso, y encima pudimos aprovechar el día. Pero eso no arreglaba la situación surrealista de: qué hacer entonces. Al final decidimos dormir algo y levantarnos a las 3 de la mañana para cruzar por la noche la cordillera. Me hizo gracia, porque antes de salir de viaje, lo que nos recomendaba todo el mundo, era que bajo ningún concepto cruzásemos los Andes por la noche, que era muy peligroso.

El camino lo hicimos en unas 2 horas, incluidas las intrincadas curvas que escalan la montaña, sin ningún camión y prácticamente solos. Aunque hubo que sumar media hora que estuvimos parados porque los camiones de la obra se tenían que desplazar por el único carril abierto.

Haciendo amigos

Pero el llegar hasta el paso de los libertadores fue completamente angustioso. En la autopista, antes de llegar al primer peaje de Colina, encontramos una gasolinera que estaba cargando combustible así que no nos dejaron repostar. Según avanzábamos, encontrar gasolineras a las 4 de la mañana abiertas en Chile parecía imposible. Como no nos atrevíamos a subir la cordillera sin el depósito lleno, nos salimos a Los Andes hasta que localizamos una (aunque nos dijeron que a 50km de la frontera había una, y efectivamente estaba abierta, pero no quisimos arriesgarnos)

Pagamos el peaje en el lado de Chile y la carretera empezó a subir a oscuras por las 25 curvas cerradas que llevan hasta la cima. En muchas zonas no había ni siquiera carretera y había que ir por el arcén de ripio.

Paso de los libertadores

Al llegar a lo alto en una garita un carabinero nos pidió únicamente el seguro del coche. Lo examinó y nos dio un trocito de papel mugriento sellado que casi perdemos. Pues ese papelito que es solo un trocito de papel, sin nada escrito, es importantísimo. Pasamos el túnel del Cristo redentor y llegamos a la aduana, donde pasamos por 4 garitas (2 de Chile y 2 argentinas) hasta que todos los papeles estuvieron sellados (incluido el pequeño trocito de papel mugriento) Pasado Puente del Inca, hay un control de la gendarmería donde me pidieron el papelito mugriento para poder continuar.

La vuelta a Chile también fue tremenda. En Uspallata nos avisaron que si el tráfico era alto cerraban el paso allí mismo a las 17:00. Salimos con tiempo, llegamos a las 18:00 al peaje que hay en el lado argentino, antes del túnel del Cristo redentor. Los gendarmes me dejaron pasar, pero ya estaban cortando el paso.

Curvas del paso de los libertadores

En la frontera me dijeron que era el último coche, pero que el galpón estaba lleno, así que si no entraba dentro antes de las 19:00 nos quedaríamos fuera a pasar la noche. Creo que me metieron miedo a propósito porque dos minutos después ya estaba yo dentro aparcada y haciendo los trámites fronterizos.

Al pasar a Chile, (cosa que no se hace para ir a Argentina) tuvimos que declarar no llevar nada vegetal ni animal, al igual que cuando llegas en avión, y nos revisaron todo el coche. Ya sabíamos que iba a pasar, pero mi abuela me había pedido una hoja de los viñedos y por suerte no encontraron. Fue un trámite muy rápido y salimos antes que otros coches.

Atasco en el paso

Cinco segundos después  estábamos parados. Un camión había volcado en las famosas curvas. Kilómetros y kilómetros de camiones detenidos durante horas. Solo había un carril y por él tenían que remolcar al camión averiado. Aprovechamos para hacer amigos mientras que atardecía en las montañas y nos intentábamos comunicar con la familia que en Santiago nos esperaba para cenar.

El problema fue que cuando se abrió al tráfico, la cola de camiones era inmensa e imposible de adelantar puesto que al llegar a la zona de dos carriles, miles de camiones y coches estaban detenidos en el otro carril esperando para pasar hacia Argentina cuando abriese ese lado de la frontera.

Unos camioneros muy majos que Alfo había conocido nos dijeron con sorprendente exactitud que llegaríamos sobre las 23:00 a Santiago.

Toconao

Campanario ToconaoToconao es un pueblito muy pequeño en el desierto de Atacama, a pocos kilómetros de San Pedro de Atacama.

Generalmente se visita, o al menos nosotros lo visitamos, cuando fuimos a las lagunas altiplánicas.

Sorprende que, mientras San Pedro se encuentra como en un oasis rodeado de árboles y vegetación, Toconao se encuentra realmente en pleno desierto donde no hay nada más que piedras y aridez. Como esos paisajes lunares que atravesamos mientras recorríamos la Panamericana.

Y debido justo a esto, me sorprendió mucho más descubrir en la entrada al pueblo la quebrada del Jere que baja desde la cordillera hasta el salar de Atacama. El río Jere circula por un estrecho cañón, de forma que en el fondo del mismo se ha formado una gran arboleda, con un camino, mesitas para pic nic, las fotos que he visto en internet son realmente bonitas, como un lugar agradable para hacer una pequeña excursión.

Llamas

Porque lo cierto es que cuando nosotros fuimos y debido a las lluvias que se estaban produciendo (hacía 8 años que no llovía y se trata del desierto más árido del planeta, eso sí que es tener puntería) el río se había desbordado por completo de forma que desde lo alto del cañón podíamos observar algunas pequeñas puntitas de los árboles completamente cubiertos por el agua.

A parte del valle del Jere, que me pareció un sitio interesante para hacer una pequeña y agradable visita. El pueblo en sí es pequeño, no es gran cosa pero es uno de los pocos pueblos altiplánicos de la cordillera de los Andes que está bien conservado.

Garganta del Jere

Hay restos arqueológicos datan este lugar como asentamiento humano desde hace 12000 años. Aunque sus calles no digan mucho sobre todo si las comparamos con las de San Pedro, tan solo son hileras de casitas bajas de piedra.

Aunque también sea un pueblo que vive mucho del turismo transmite más bien una sensación de pueblo rural y agrícola. Me recordaba, de hecho, al pueblo de mi padre en Jaén con sus casitas blancas las mulas y los puestos de chuches (claro que en Toconao sustituyen las mulas por las llamas y los cáctus que crecian en algunos rincones de la calle o los patios de las casas)

Calles de toconao

Hablando de cactus, se utilizan mucho desde decoración hasta arquitectura pero tradicionalmente se usaban para colocarse (solo hace falta pasarse por el museo de Gustavo le Paige en San Pedro) En concreto al alucinógeno lo han bautizado como San Pedro, es un cactus bastante carnoso que ya los indios pre-incas usaban para colocarse. Nos contaron que más de algún turista tuvo un muy mal viaje por comerselo crudo, hay que cocerlo antes.

Cactus San Pedros

Volviendo al pueblo, recuerdo que lo que es bien bonita es la plaza de armas donde se encuentra la iglesia. Datan de los primeros tiempo de la colonización española.

El campanario se encuentra en medio de la plaza separado de la iglesia. El interior de ésta sorprende mucho por la decoración, desde los ornamentos (puertas, ventanas e incluso escaleras de caracol) hechas con madera de cactus hasta las muñecas que usan como imágenes o las flores y el colorido del altar.

Nos contaron además, que en un par de días después de nuestra visita se iba a celebrar el carnaval (era febrero) y que el de este pueblo tenía mucha fama entre los demás pero aunque nos recomendaron que nos acercásemos a ver las carrozas, no pudimos por la cantidad de cosas que queríamos ver en este viaje.

Calles Toconao

Probablemente sea una tontería pero es cuanto menos curiosa y divertida. Al salir del pueblo, en la carretera principal, hay una señal (justo antes de llegar a laguna Chaxa) que delimita el trópico de Capricornio y también señala por donde discurría el camino Inca (parte de un sistema de caminos que se construyó durante el imperio Inca, y en esta parte cruza el desierto por una gran llanura y se servían de los volcanes para conocer la situación exacta)

La cordillera de la Sal

Una visita obligada desde San Pedro de Atacama es el explorar esta pequeña zona desértica y montañosa que se encuentra a unos escasos 4km del pueblo, en concreto los llamados valle de la luna y valle de la muerte.

Valle de la luna (3)

Como repito en todas las entradas relativas a este viaje, fuimos con un tiempo excepcional, invierno boliviano, y tuvimos la suerte de que el cielo siempre estuvo nublado (no se podían ver los volcanes de los Andes en el horizonte y cuando llovía todo se convertía en fango peligroso, peeero el desierto es más llevadero sin sol)

Esta excursión es típica de hacerla alquilando unas bicicletas en el pueblo, aunque también hay agencias que te llevan en furgoneta. Pero hasta el propio Pancho nos contó la misma experiencia que muchos otros, que 2 litros de agua se quedan MUY cortos bajo el sol y vuelves al pueblo hecho una piltrafilla. Así que si lo hacéis de ese modo ¡¡llevad mucha agua!!

Cuevas valle de la luna

Otra cosa importante que hay que tener en cuenta si se hace en bicicleta (o si vas con coche propio) veréis carteles que dicen “área de peligro, campo con minas”. Temiendo una invasión peruana, Pinochet llenó el desierto del norte del país con minas, que no se han quitado aún. Haberlas las hay y no son meigas, así que es importarte NO SALIRSE DE LOS CAMINOS.

Para entrar al valle de la luna, que es una zona protegida, hay que pagar en la entrada  que está cerca de la carretera que va a Calama. Lo primero que se hace es entrar a una especie de museo donde te explican la orografía del terreno y su evolución que dió lugar al desierto más árido del mundo. Además te dan un casco con linterna para que pueda uno meterse, si quiere, en las cavernas de sal. Por todo lo demás la visita va por libre.

roca del coyote

El desierto de Atacama es un desierto perfecto, tiene dunas de arena fina, valles espolvoreados de sal, cual pastel, géiseres que brotan de las entrañas de la tierra, volcanes en el horizonte, esculturas construidas durante siglos por la erosión, geoglifos, extensas llanuras como espejos de sal…

Nada más entrar en el valle de la luna empezamos a recorrer un cañón donde el suelo era blanco, como si la sal rezumase. Observando más atentamente las paredes y el suelo vimos que estaban hechos con preciosos cristales de halita mezclados con fina arena rojiza, y en las paredes se habrían grandes cuevas. La primera y más grande que nos encontramos tenía unas paredes hecha de grandísimos cristales hexagonales. Dado un momento nos encontramos con una pequeña pared, que decidimos saltar y seguir por otra gruta más elevada hasta que nos cansamos y dimos media vuelta.

Valle de la luna (1)

Volviendo atrás sobre nuestros pasos, siguiendo una carretera muy ancha, vimos como cambiaba el entorno y de los angostos cañones y grutas pasamos a ver un paisaje más afectado por los vientos y la erosión que ha dado lugar a curiosas formas a las que se les ha ido dando nombre.

Cerca de uno que se llama el circo (imposible de equivocarse cual es con su aspecto de cráter lunar) se extiende una gran y única duna de arena fina. Subimos hasta la cima y desde allí recorrimos hacia el valle de la muerte por un estrecho camino en la cima de las montañas rocosas haciendo cuerda. El paisaje que se extiende por el horizonte y a tus piés, es excepcional. También el viento que azotaba allí arriba.

Siguiendo por la carretera grande, volvimos a llegar a una zona donde la sal volvía a emerger. Se conoce como las tres marías ya que hay tres piedras verticales en medio de una gran explanada de sal, curiosamente esculpidas. Aquí hay una vieja mina de sal, y aunque es un punto característico del valle, a mi no me pareció tan interesante como el maravilloso paisaje del que disfrutamos en la gran duna.

Valle de la muerte (2)

Pasada la llanura de la paciencia, (lleníiisima de minas antipersona) llegamos al cañón que lleva al valle de la muerte. En verdad a algunos turistas les cuentan una milonga, de muertes, sol, sed, hambre… Por aqui nadie viajaba, si el camino inca está al lado y va por lo llano ¿quien iba a bajar por un cañón a un sitio que está lleno de rocas y picos? El padre belga Gustavo le Paige fue el que le dio el nombre La vallée de Mars (porque se parece, con su color rojizo al planeta) pero la gente no sabía francés, claro y eso les sono a muerte y acabó llamandose así.

Valle de la muerte

Así que seguimos bajando por el cañón de profundas paredes rojas hasta un mirador donde se extendían dos paredes de dunas de arena fina mientras que en el fondo los accidentes eran realmente tortuosos. En estas dunas si que se permite pasear por ellas, en la del valle de la luna no, y muchos vienen para hacer sand-surf en ellas.

De vuelta al pueblo, muy cerca de él, paramos a hechar el último vistazo desde un mirador desde el que se puede ver todo el valle de la luna. Al peculiar sitio que recuerda a los dibujos animados del “coyote y el correcaminos”, lo llaman la roca del coyote.

Salar de Atacama

En algún sitio leí que el tesoro más bonito que esconde San Pedro de Atacama es el salar.

Se encuentra a menos de 50km de San Pedro y se trata de la quinta mayor salina del mundo. El desierto de Atacama realmente tiene bastante cantidad de aguas subterráneas pero debido a los volcanes de la zona este agua está muy mineralizada y se formó el salar.

En un blog de viajes (en concreto uno escrito por un  francés) leí que si no sabes bien español es extremadamente imposible llegar, que intentan de todas las maneras que contrates un tour. Es cierto que San Pedro vive del turismo, pero realmente muy rudimentario debe de ser tu español para no conseguir llegar aquí por tus propios medios, porque está indicado.

Otra cosa es cómo cuanto amas a tu coche. Hasta la laguna Chaxa hay más o menos algo que se puede llamar carretera, pero adentrarse dentro del salar consiste en ir por caminos de tierra arcillosa.

Nuestro mayor problema era que cuando fuimos todas las tardes llovía con grandes tormentas, así que si la lluvia te pillaba en el salar significaba llamar a emergencias para que te rescataran de en medio del barrizal (incluso había agencias que directamente no ofrecían los tours esos días)

Salar de atacama

Ojos del Salar y Laguna Tebinquinche:

Según se empieza a penetrar en el salar se ve que el suelo de arcilla empieza a presentar, en la superficie, ronchas blancas, como si tuviese polvo blanco por encima. Me pareció curioso pero pensé “¿y esto es el salar?” y luego entre todo este paisaje desértico comienzan las lagunas de agua salada.

Aquí a las afueras del salar, hay algunos cenotes curiosos donde puedes saltar y bañarte. El agua sale a la superficie en unas pozas un poco profundas pero completamente circulares que las llaman los ojos del salar.

No es agua demasiado salada ya que en las paredes de los agujeros más cerca del agua crecen un montón de plantas. Yo, por cierto, me aseguraría antes de saltar desde arriba que luego se puede salir del cenote, no es muy sencillo en algunos.

El caso es que hasta este punto me parecía algo curioso, ya que nunca había estado en un sitio similar, pero no extraordinario. Pero poco a poco, según se penetra dentro del salar la capa blanca sobre el rojo de la arcilla empezaba a crecer y poco a poco todo era mucho más blanco. Más o menos en el centro del salar se llega a la laguna Tebinquinche.

Allí se pierde la poca vegetación que había y la laguna es toda una capa lisa y plana de sal como un espejo, que puedes atravesar caminando. Un lugar realmente impresionante. Nosotros en el horizonte en vez de tener el desierto y los volcanes teníamos una gran y negra tormenta con sus rayos.

Laguna Cejar:

Volviendo ya casi a la salida del salar, se encuentran las lagunas Cejar. Un sitio protegido y parte del parque conocido como Reserva Nacional de los Flamencos (y por tanto hay que pagar en la entrada) En algunas de las lagunas pudimos ver flamencos y bañarnos al atardecer.

Guay bañarse con flamencos, pero no, no te bañas en las mismas, sino que te bañas en las más profundas. Estas lagunas, al contrario que los ojos del salar, tienen realmente un alto contenido en sal. Tanto que solo puedes flotar.

Son inmensamente profundas, que da igual porque flotas, estás como una tortuga boca arriba y es imposible meter la cabeza (y tampoco recomendable con tantísima sal) Es más recomendaría llevar agua dulce para echarse después por encima. El caso es que la fundación Jacques Cousteau fue a medir su profundidad una vez y no consiguieron así que sospechan que están conectadas con el mar.

Laguna Chaxa:

Más cerca ya de Toconao, dentro del salar se encuentra la laguna Chaxa que también se ha protegido dentro de la reserva Nacional de los Flamencos.

El aspecto del salar en esta parte es un poco diferente, es absolutamente todo blanco de piedras redondeadas de sal que pueden llegar hasta la cintura de altas. A pesar del asepcto lunar que pueda transmitir la zona donde está el centro de visitantes en donde se amontonan pegotes de sal retorcidos, se puede andar por distintos caminos creados en este desierto blanco para llegar hasta la parte de la laguna en sí, donde se pueden ver desde muy muy cerca miles de flamencos.

Realmente ha sido la vez que más cerca he estado de flamencos. Curiosamente no todos son americanos, en esta laguna se ha encontrado algún que otro flamenco africano (al igual que en las salinas de Ethosa se han encontrado flamencos sudamericanos)

A parte de los flamencos en esta gran laguna, muy protegida, hay muchos lagartos al sol del reflectante suelo, y muchas más aves de marisma, como los pichotois, o simples patitos (que no sé cómo sobreviven con tanta sal) Además de todas las llamas, guanacos y vicuñas que pudimos ver (iban tranquilamente por la carretera)

También en alguna parte del salar hay una explotación de litio, la gente de la zona se pregunta (y nosotros también nos lo preguntábamos) hasta cuanto tiempo se podrá mantener tal y como está el salar. Obviamente la repuesta es hasta que el precio del litio y su extracción sean más rentables que todo el turismo que ahora mismo sostiene la zona.

Tropico de capricornio

San Pedro de Atacama

Cada vez que recuerdo San Pedro de Atacama, una sonrisa se me viene a los labios. Todo el mundo coincide cuando hay que definirlo: es un pueblo con una atmósfera única y exótica, en el que te sientes bienvenido desde que pones el primer pie. Pero no vayan engañados, se trata de un sitio super turístico.

En una zona donde no hay absolutamente nada, éste es el lugar donde todo el mundo se aloja y desde donde todo el mundo contrata excursiones para visitar la zona. Está lleno de hoteles y empresas de turismo de aventura. Aun así no hay palabras para describir lo que me encantó esta pequeña localidad atacameña, durante mi estancia me sentía como si fuésemos pequeños exploradores en el último punto habitado antes de una gran aventura.

En el pueblo hay dos zonas: un casco antiguo muy bien cuidado, donde se han intentado conservar todas las casitas de adobe y la circulación está prohibida. Y un exterior con casas más modernas (del estilo techos de uralita que vimos mucho en nuestro viaje hasta aquí) donde principalmente, vive la gente que trabaja en el pueblo. Esta zona es feúcha y más alejada, os recomiendo coger un hotel en la otra que es extremadamente bonita.

En concreto nosotros nos alojamos en un sitio que nos encantó y bien de precio: el hostal Elim. Son como unas cabañitas de adobe (respetando el estilo del pueblo) entorno a un patio común, donde hay hasta una zona con hamacas colgadas, y lo que denominamos como el rinconcito chill out.

El centro de San Pedro de Atacama apenas son cuatro calles paralelas por las que no hay coches. Para nada está pavimentado sino que las calles son de tierra roja pura, y se suceden una tras otra pequeñas casitas de adobe, bien blancas, bien ocres, con techos de paja.

En la calle Caracoles se agolpan los pequeños comercios. Algunos pocos son de artesanía local, y sobre todo los bares que son grandes patios al aire libre con un pozo central cuadrado donde por las noches cuando llega el frío del desierto, se hacen hogueras y todo el mundo se sienta alrededor.

Y es que por las noches este es el lugar más feliz del mundo, hay muy buen ambiente y se conoce a gente de todo el mundo. Todos tienen su historia interesante que contar.

En la blanca plaza central, con los soportales arqueados y los frondosos árboles, se encuentra la preciosa iglesia de San Pedro rodeada por una gran muralla de adobe también que tiene tres puertas. Fue construida en 1641 y sigue siendo la más grande y bonita de la región con su techo de madera de cactus.

En el otro extremo de la plaza se encuentra el mercado. Hoy en día no sirve como tal sino que se dedican exclusivamente a vender recuerdos sin mucho atractivo (donde por cierto compramos coca para cuando subimos al altiplano) pero la estructura es super bonita. Se trata de un techado de paja entre dos calles donde en forma de cueva se suceden las tiendecitas una tras otra.

El pequeño museo arqueológico Gustavo le Paige, pegado al mercado, debe su nombre al cura belga que se fue a vivir a la zona y empezó a cuidar y datar los hallazgos. Realizó un dedicado estudio de la arqueología andina al recolectar cientos de objetos indígenas.

 A pesar de su poco ortodoxo método de datación, el muso merece muchísimo la pena, pues en él se detalla toda la evolución de los pueblos que habitaron el territorio atacameño. Hay desde una momia hasta miles de tablillas para consumir alucinógenos. Lo que nos hizo pensar, que más tarde nos confirmaron, que pasaban la mayor parte del día colgados. De esa forma nunca fueron violentos y las colonizaciones tanto de los incas como de los españoles posteriormente, en esta región se llevaron a cabo de forma bastante pacífica.

Justo detrás del museo hay una gran explanada, donde se pone el mercado de verdad, y desde allí se puede ver, si el tiempo lo permite, el impresionante horizonte con el volcán Licancabur de fondo. Además el gran contraste que es el oasis de San Pedro de Atacama, rodeado de árboles en medio de la gran llanura del desierto.

Una de nuestras ideas fue ir caminando por el río unos 3km hasta la excavación donde se encuentran los restos de la antigua ciudad de Pucará de Quitor, que están en forma de fortaleza subiendo la montaña.

De ese asentamiento se extrajeron muchos de los objetos que se muestran en el museo, y de hecho oirán un montón hablar de él. Hasta hay excursiones organizadas que no son necesarias puesto que se puede ir a pie tranquilamente. Pero no supimos valorar bien el calor que hace en el desierto en febrero (verano austral) al medio día y finalmente volvimos a la plaza del pueblo a sentarnos bajo la sombra de los altos árboles.

Las termas de Puritama

Las termas de puritama se encuentran a unos 30km al norte de San Pedro de Atacama (y a unos 3500m sobre el nivel del mar) Se trata del río de aguas calientes Puritama, que en este punto de la quebrada cae en varias pozas. Su agua cristalina junto con la aridez del paisaje, forman en conjunto un lugar muy acogedor ideal para relajarse.

Para llegar hasta ellas hay que coger la ruta que sube a los geysers del Tatio, pero, aunque prácticamente todas las agencias del pueblo te ofrecen un transfer para subir hasta aquí, se puede hacer perfectamente en coche propio. Nosotros fuimos cuando hacía muy mal tiempo debido al invierno Boliviano, y la carretera al ser de bischofita (aunque lo pronuncien como bichufita) con el agua en seguida desaparece. Por lo pronto al Tatio no se podía subir ni con 4×4 así que teníamos mucho miedo porque nos contaron que teníamos que cruzar un río con el coche. Aunque las condiciones no podían ser peores es una carretera con no mucha pendiente en este tramo y el río no es nada.

Desde una plataforma, hay que bajar hasta el fondo del cañón de roca rojiza hasta el río donde desde arriba se ve como en su curso se agolpan las únicas plantitas de todo el entorno. Sinceramente allí entre las paredes de roca roja (aunque de momento no he estado en Jordania es de un rojo del color de Petra) con el verde de los juncos el paraje es incomparable. Al llegar abajo se paga la entrada (unos 10€ al cambio) y justo al lado de la taquilla hay una choza donde están los servicios y algunos cuartos para cambiarse, algo muy básico vamos, con asientos de madera y sin taquillas. Nosotros realmente fuimos avanzando por la pasarela de madera a lo largo de todo el río hasta llegar a la última poza. Nos quitamos la ropa allí, dejándola junto a nosotros en la pasarela y cuando nos cambiábamos de poza la cogíamos y la subíamos.

En total hay 8 pozas pero dado que las termas pertenecen al hotel Explora, la primera estaba cerrada y se la reservan para uso especial. En las tres horas que estuvimos nos dedicamos a disfrutar de las siguientes pozas (eso sí, pasar de una a otra lo hacíamos corriendo como valientes porque era todo un reto del frío que hacía fuera)

Poza nº8. Es la más fría se supone (aunque la temperatura solo decae de 34 a 33 grados en el conjunto) Lo cierto es que con el frío que hacía fuera la temperatura estaba muy en el límite de lo agradable (un pelín más caliente habría estado mejor) Al estar la más alejada es la que menos gente tiene y la cascada que cae en ella es de las más grandes (ideal para un masaje en la espalda)

Poza nº7. Aunque ninguna de las pozas es muy profunda, ésta junto con la número 5 son de las más profundas. Lo que le ocurre a las dos, es que no ves la cascada que baja hasta ellas sino que están rodeadas por enormes rocas que las encajonan.

Poza nº6. En principio esta poza no sorprendería más que ninguna otra pero esconde un pequeño secreto que solo Judío en un arranque de espíritu aventurero encontró. Se ve como un pequeño cauce de río, que es por donde le llega el agua a la piscina formada entre las rocas. Pues bien gateando por ese pequeño cauce (y digo gateando porque el caudal de agua no es gran cosa y la vegetación lo cubre todo como un precioso pasillo abovedado naturalmente) se llegan a las dos cascadas que alimentan la poza. Es un sitio genial y para disfrutar en solitario.

En esta misma poza coincidimos con una familia de atacameños (unas viejitas viejitas, que hasta se estaban bañando vestidas) Probablemente vinieron a estar un rato tranquilos, ellos pueden entrar en las termas gratis siempre que quieran, pero se toparon con nosotros. No pararon en un solo momento de reírse, creo que pasaron muy buen rato con las tonterías que decíamos. Pues antes de llegar a Chile yo ya había dado por sentado que por mucho que lo tratara de evitar cualquier cosa que dijese lo haría con palabras que allí tendrían connotación sexual pero justo hasta ese momento no nos habíamos topado con ningún desliz. Dijéramos lo que dijésemos todo fueron meteduras de pata

Poza nº2. Sin duda la más bonita, en cuanto a profundidad iguala a la nº8 en poquíiiisima profundidad, pero sin embargo es la más grande. Al no estar tan encajonada en las rocas discurre como un río un tramo muy grande donde te encuentras grandes juncos a ambos lados hasta llegar a la cascada que baja de la poza nº1 El salto es tan bueno que te puedes meter incluso detrás de la cascada.

En uno de nuestros momentos de relax, Diego (uno de los amigos argentinos que conocimos en San Pedro) hizo una gran reflexión sobre la vida y el turismo termal: “cuando empiezas a ir de turismo termal es clara señal de que estás envejeciendo…” puede ser cierto, pasamos una mañana muy tranquila como garbanzos en remojo. Pero el entorno que lo rodea me encantó, el cañón es como una pequeña jungla de juncos dentro de un árido desierto.