Ruta de los Moais

Moais hay también en Hanga Roa y a los pies del Terevaka, pero sin duda los 30km del camino de la costa sur que unen la ciudad con la playa de Anakena es el camino más impresionante de toda la isla.

Ahu Vinapu

El primer altar (ahu), es el ahu vinapu muy cercano a Hanga Roa, de hecho está detrás del aeropuerto. Desde la avenida Hotu Matu’a se coge el camino de la costa sur, que es un camino sin asfaltar, de tierra aplastada pero buena y se puede hacer sin necesidad de 4×4. Para llegar al Ahu Vinapu hay que girar en los contenedores de aceite y de allí veremos un letrerito desde el que se puede ir atravesando el pasto hasta la costa andando.

Ahu Vinapu II

En Vinapu hay en realidad dos ahus, pero los moais están en el suelo. De uno solo se ve una gran redondeada cabecita. De todas maneras lo curioso de estas estructuras es que algunos ahus muestran una forma de construcción muy trabajada similar a la de los Incas donde los bloques de piedra encajan en forma de puzzle sin huecos entre ellas. Curiosamente aunque otros ahus tengan un trabajo en piedra más pobre el Ahu de Vinapu es de los más antiguos que se construyeron.

Ahu Akahanga

Yendo hacia el sur por la ruta de la costa el siguiente ahu que no esncontramos es Vaihu, donde 8 altísimas estatuas están boca abajo, también en algún momento cayeron a causa de terremotos o tsunamis. Sus sombreros también están esparcidos a lo largo de la costa. El paisaje es impactante porque la isla es un páramo verde al frente las olas del mar rompen en los acantilados y los moais caídos en el suelo y rotos hacen que sea desolador.

3km más allá está el ahu Akahanga que presenta la misma estampa impactante y triste de los moais caídos. Según la leyenda este ahu sería en el que está enterrado Hotu Matu’a. Y por último nos encontramos con el ahu Hanga Te Tenga donde se encuentra el moai más alto con 9.94m que se llegó a poner en una plataforma en la isla.

Rano raraku en el interior

Para seguir con la ruta nos alejamos de la carretera de la costa y cogimos el camino de los moais para subir al Rano Raraku. Este cono volcánico es el segundo sitio protegido del parque nacional Rapa Nui (nosotros pagamos la entrada en el Rano Kao y te sirve para visitar los dos sitios, solo tienes que enseñarla). En esta mina de roca volcánica fue donde casi todas las figuras de la isla se produjeron. Fueron talladas una a una de la roca de las laderas interiores del volcán.

Según dejamos el coche nos pusimos a andar por el sendero de la izquierda casi cubierto por los arbustos. Va directamente al Rano, el lago dentro del cráter. Un sitio precioso de tierra roja, rodeado de juncos que además impacta al mirar sus laderas y ver pequeñas cabezas redondeadas que lo pueblan como si de setas se tratase. En estas partes de la ladera los moais se tallaban en la roca, casi todos están enterrados y a medio terminar. Impresionantes.

Rano raraku

Después desandamos el camino y nos dirigimos por el otro camino hacia el sur. Allí me emocioné y empecé a corretear como una niña pequeña llena de asombro. Vi miles de enormes cabezas sobresaliendo de la tierra como tulipanes. Son realmente moais finalizados que probablemente llevaban al exterior de la cantera para luego,  más tarde, transportarlos a los altares. En algunos de ellos hay tallados tatuajes, joyas, incluso barcos europeos. Entre todas estas tallas se encuentran algunas todavía sin extraer de la roca a medio tallar, como el moai más grande, llamado el gigante de 20 metros (que hubiese sido imposible poner de pie)

cantera de moais Rano raraku

La gran pregunta que uno se hace es ¿si ya tenían tantos tallados, cómo es que cambiaron de religión? Se dice que ellos mismos veían que no se mantenían en pie, que se caían por terremotos. Hasta los primeros europeos que llegaron vieron cómo dejaron de levantar moais de piedras y cambiaron a madera…. pero tenían tantos ya hechos… y abandonaron la cantera…

El este de este camino culmina en el moai arrodillado, el Moai Tukuturi, en roca roja. Mucho más antiguo que los demás, muestra cómo al principio les tallaban arrodillados pero debían ser más frágiles. Desde este punto la isla te da su visión más bonita, a lo lejos en el mar rompiendo en los altos y áridos acantilados, el impresionante Ahu tongariki.

moais rano raraku

Volviendo a coger la carretera hacia el sur llegamos a los 15 moais colosales que forman el Ahu Tongariki. Estos moais se cayeron de la plataforma en 1960 por un tsunami. En el 88 el arqueólogo Claudio Cristino (al que tuve ocasión de conocer) reconstruyó el ahu. El mismo reconoció que le quedó un pelín grande y se nota, los 15 están bien asentados pero el altar parece que le sobra de un lado. Pero es colosal en todos sus sentidos, 15 moais juntos en pie (algunos enormes) y se nota que cada uno representa a una persona, unos son más gorditos, otros más altos, otros más fuertes, incluso los rasgos, las narices, la cara…

Ahu tongariki desde rano raraku

En nuestro recorrido nos saltamos la verde península de poike en forma de tortuga (yo creo que más bien de camello) Según Pancho el lugar es genial para caminar durante unas 4 horas y descubrir sus cuevas. La carretera para sortear la península se mete hacia el interior y se dirige directamente hacia las playas de Ovahe y Anakena.

los 15 de tongariki

Pero antes de llegar a las playas hay que parar y bajar hacia la costa andando en la bahía de La pérouse (está indicado) En este sitio se encuentra el ahu Te Pito Kura con su gran Paro, otro de los moais más altos que se llegaron a poner en pie en un altar en la isla. A la izquierda del ahu hay 5 piedras redondas, magnéticas, donde la gente va a pedir deseos. NO se trata de ninguna antiguedad, esas piedras las puso un artista allí no hace mucho. A Elise le habían encargado un deseo, pero nadie nos había contado cómo exactamente se tenía que pedir el deseo. Así que me puse a bailar el baile del pollo, que desde luego sería una forma de pedir deseos más al estilo de la isla (oye se cumplieron)

camino costa sur

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Ma’unga Terevaka

Terevaka1El volcán Ma’unga Terevaka es el más joven de los tres conos (junto con Rano Kao y Poike) de Isla de Pascua. Todos ellos inactivos.

Con sus 511m (sí, ya sé que no es muy impactante) es la cima más alta de la isla, aunque seguro que os impresiona más saber que desde las profundidades marinas alcanza los 3000m.

El caso es que subir al Terevaka no es una proeza muy grande, pero lo que sí es, es un paseo muy agradable hasta el punto más alto de la isla. Donde, si el tiempo lo permite, en los 360º de horizonte solo hay mar.

Isla de pascua tiene forma de triángulo y si os fijáis en un mapa, el Terevaka se encuentra en el vértice norte de forma que su cono irregular ocupa la mayor parte de ella.

Terevaka2

Para subir hasta la cima hay un camino que empieza en el ahu Akivi. Para llegar allí no es necesario seguir el tortuoso camino de piedra de la ruta de las Anas que hicimos unos días antes. En la parte este de Hanga Roa, sale una carretera que va paralela al cerro con las tres cruces (yo pregunté y me contaron que quisieron escenificar una semana santa y nunca encontraron voluntarios) Al lado de ese cerro está la cantera Puna Pau de los sombreros de los moais. En la carretera, antes de llegar a la cantera de piedra roja hay una desviación (con una curva cerrada) a la izquierda que lleva hasta ahu Akivi. La carretera deja de estar asfaltada y os metéis por la pista de arena que lleva hasta la misma falda del Terevaka.

Terevaka3

Se deja el coche allí  a los pies del único ahu en el que los moais miran misteriosamente hacia el mar en vez de al interior, y caminando hacia la parte posterior del altar, empieza el camino. Esto es importante, ¡NO hay que seguir el cartel que pone tour Terevaka! sino los carteles amarillos que ponen: “autos no, zona recuperación vegetal” (este es uno de esos pequeños detalles del Rapa nui’s style o surrealismo de la isla)

Veréis que el camino discurre al principio paralelo a una cerca llena de guayabas mientras que a vuestra derecha se extienden amplios pastos. Luego gira hacia la izquierda separándose de la valla y atravesando las colinas poco a poco. Siguiendo siempre las dos rodadas veréis muchas bifurcaciones e incluso podréis tener dudas de hacia donde vais. Pero el secreto es muy sencillo, en cada bifurcación tomad el camino de la izquierda y llegaréis a la cima sin pérdida.

Terevaka4

En hora y media ya se está en la cima, puesto que sube con una pendiente moderada y constante, entre suaves lomas, durante unos 4km de una forma muy sencilla. Tened cuidado con los bonitos pastos que os rodean ¡son plantas urticantes! y también tened mucho cuidado con las manadas de caballos salvajes que os encontraréis por el camino, rodeadlas con bastante holgura, en seguida os daréis cuenta que son muy rápidos dando coces.

La cima aunque muy irregular es inconfundible porque ha sido marcada con un hito casero de madera y huesos de res. Nosotros la alcanzamos cuando por dos lados se acercaban a la isla sendas tormentas. El paisaje es inigualable (aunque no pudiésemos ver los famosos 360º de océano)

Terevaka5

El problema vino después, empezó a llover. Pero primero poquito, con lo que nos animamos a explorar otros pequeños cráteres que hay a su alrededor. Campo a través (las piernas se nos urticaron) llegamos al denso bosque de eucaliptos que hay al lado de la cima y de allí queríamos bajar al Rano Aroi. Rano es el nombre que los pascuenses dan a los cráteres volcánicos con lagos en su interior (hay tres en la isla) En éste se encuentra una cueva con la entrada llena de hibiscos que era lo que Francisco nos quería enseñar.

Pero pronto la lluvia fue demasiado intensas y tuvimos que guarecernos en una de las muchas cuevas que hay en este cráter. Con fascinación (en realidad escogimos la que nos pareció más grande para guarecernos los tres) nos metimos en una llena de geoglifos hasta que amainó un pelín para poder bajar del volcán.

Tapati

¿Vais a ir hoy al Maunga Pui al haka pei?¿y después al curanto?

Había demasiadas palabras incomprensibles para que esa frase tuviese algún significado para mi. Como respuesta a mi cara de interrogación  me informaron de que había llegado a la isla en las fiestas regionales, lo que se conoce como Tapati.

Tapati

El Tapati, se celebra varios días durante el mes de febrero. Según Elise: “bueno dura según tengan el ánimo de fiesta, cada año lo hacen de una manera” Se presentan dos chicas para ser la reina. Apoyadas por sus familias y amigos hacen dos equipos que, en diferentes pruebas, tienen que ir ganando puntos. Las pruebas son actividades tradicionales de Rapa Nui con lo que la fiesta tiene cierto caracter de preservación cultural.

Ese día, en concreto, se disputaba el Haka pei. Consiste en fabricarse con troncos de plátano una especie de silla y luego tirarse desde el Maunga Pui, un volcán que tiene su buena pendiente, así a las bravas. Justo antes estaba el Tau’a que consistía en cortar plátanos y se ponen a correr cargándolos unos 15 kilómetros para luego nadar en el cráter del Rano Raraku… A todo esto, se me informó que todo se hace con el traje típico, es decir plumas sobre la cabeza y un Hamí (taparrabos) entre las piernas.

Farandula

Ajam, osea que ¿que vamos a ver a unos hombres en tanguita hacer el macho?” pregunté

Exactamente. Al medio día llegamos al Maunga Pui, y comenzamos a subirlo para verlo desde arriba. Toda una proeza porque está MUY empinado, tanto que da miendo (Elise se quedó a medio camino) y las hierbas resbalan mucho (yo subí mejor descalza) Arriba, mereció la pena llegar porque les vimos preparándose, hasta se pusieron hacer un baile tipo rugby antes de empezar, y construyendo las planchas con las que luego se tirarían. El peligro es que conforme cogen velocidad con los baches botan y se pueden caer de los troncos a los que solo se agarran con hojas trenzadas.

El Hoko Haka Opo es otra cosa que nos impactó. Se trata de un concurso de cantos entre los dos grupos, y entonces Elise me miró y me dijo “pero no, no es lo que estás pensando, no es que chica canta mejor, es más gracioso. Empiezan a cantar canciones populares hasta que alguno de los grupos repita una canción y ese pierde, se pasan toda la noche cantando“. Y sí, se pasan toda la noche cantando.

Otra noche, usando el mismo escenario al lado del puerto, juntaron a un montón de niñas cada grupo y hacían lo mismo con bailes típicos. Que conste que estas cosas musicales nos encantaban porque nos gustaba muchísimo oír el sonido del ukelele (y estar atentas a las canciones que hablan de varúas). Era una de las cosas que te llenaban de esa sensación del “oooh estoy en la polinesia”.

(Sé que el video se ve fatal, estábamos lejos del escenario, pero sí que se puede oir la música)

Este año (2012) las candidatas a reinas eran la Lily y la Celine. Al poco de llegar teníamos una clara preferida solo que al segundo día de estar en la isla Elise sugirió que deberíamos preguntar a quién teníamos que apoyar, porque esto es una cuestión de familias y no podíamos ofender.

Haka pei

Hubo muchas pruebas que no vimos como la de tirar con jabalina a un tronco. O el Pora que me dió mucha pena perderme donde hacen con troncos de plataneros sus propias totoras y luego compiten remando desde la playa de Anakena.

Tapati

Pero el gran día, sí que no nos lo pudimos perder porque toda Hanga Roa cierra por fiesta. El día final se llama la farándula y está todo el mundo invitado a hacerse de un equipo o del otro. Para ello tu también tienes que vestir con el traje típico y te pintan el cuerpo entero con dibujos, como si fuesen tatuajes. Es muy fácil (y las turistas se sienten más cómodas) hacerse con un traje estilo Tahïti hechos de cocoteros, solo que los verdaderamente típicos de isla de Pascua usan exclusivamente plumas y pescado (vimos a un chico comprar la piel de un atún para hacerse un Hami) De forma que no se lleva nada en el pecho y la falda de plumas no tapa tanto como las otras. Después de conseguir tu traje hay que ir a uno de los dos patios en los que se pinta el cuerpo según quieras apoyar a un bando o al otro.

Tapati

Cuando todo el mundo está listo se hace un gran pasacalles para el que cada equipo hace carrozas. Todo el mundo desfila  para que se puedan contar a los disfrazados de cada bando y mientras las bandas vuelven a cantar para animar el ambiente. Al igual que en otras pruebas cada equipo está obligado a ir cantando canciones sin repetirse. Después viene el baile, la locura y la gran borrachera como en cualquier fiesta de pueblo que se tercie. (por cierto que ganó la Lily)

Tapati

Ahora bien, voy a hacer una pequeña advertencia, la farándula no es el Samu Samu (restaurante para turistas con cena espectáculo) donde trabajan chicos en taparrabos pagados para entretener al turista. Esto no es una atracción turística, es una fiesta de pueblo y la gente bebe y se emborracha… etc.

Hanga Roa

Eran las 7 de la mañana cuando mi avión aterrizó en la laaarga pista del pequeño aeropuerto de Hanga Roa, la principal y única aglomeración de casas de la isla.

Elise y Pancho estaban esperándome con un collar de flores de bienvenida (como manda la tradición) al otro lado del chamizo de madera que hace las veces de aduana. Habían usado el método de la isla; esperar a oír aterrizar el avión y en 2 minutos acercarse.

Aunque la ciudad son tres calles que se cruzan al principio yo estaba hecha un lío completamente por este aspecto que tiene de ciudad a medio hacer. Nosotros teníamos nuestra cabaña al norte de la ciudad, en la zona de Tahai (para llegar a ella había que salir de la carretera y adentrarse por caminos de tierra)

Existe una ley estupenda por la que la tierra solo puede pertenecer a los habitantes de la isla. De forma que cualquier negocio que vean (hasta los hoteles de lujo) tienen a un local detrás. En general las familias se reparten la tierra haciendo varias cabañas en el terreno, que luego llenan con altos árboles, sobre todo bananeros, paltas o mangos. Y no vi ni una sola casa en la que faltasen los gallos como es tradición en toda la Polinesia (los puedes llegar a odiar por las noches).

Una vez más acostumbrada al paisaje me fui haciendo a la ciudad.

Hanga Roa, que en rapanui significa bahía larga, es la única ciudad, puerto y capital de la Isla de Pascua. Se encuentra al este de la isla entre los volcanes Ma’unga Terevaka y Rano Kao.

Tiene una calle principal, la avenida Atamu Tekena, que es la que va al aeropuerto  En ella se agolpan las tiendas (sobre todo venden souvenirs de Tahití), hoteles, restaurantes (algunos buenísimos como el Te Moana), una farmacia Cruz Verde (donde el agua es más barata pero yo todo el tiempo bebí del grifo sin problemas, cosa que nunca pude hacer en el continente), la discoteca (chicas recomiendo que vayáis ;) )… En una intersección de esta gran avenida está la iglesia en la que los domingos la misa merece la pena porque la hacen muy colorida y con cantos.

De ahí sale la calle que baja hasta el mar, donde encontrareis dos bancos y un curioso hotel donde cada dos tardes ponen la película de Rapa Nui (Elise no había visto la película y cada vez que comentábamos algo de lo que salía en ella decía que pasaría por el hotel a verla).

Aquí hay un pequeño puerto, pero no es el puerto pesquero en sí, sino que están los barcos de los dos únicos locales de buceo de la isla.

En la bahía no hay playa, pero es agradable bañarse porque está frecuentado por grandes tortugas marinas que vienen a comer algas a la orilla. También fue en esta bahía donde hice dos inmersiones de buceo. Aunque es cierto que las aguas son muy cristalinas, los arrecifes que vi tenían todo el coral muerto. No obstante, nunca había buceado en este tipo de paisaje marino y no estaba nada acostumbrada a la fauna (tortugas marinas, peces globo, peces mariposa) así que andaba como una niña chica bajo el agua.

También con vistas a la caleta están el restaurante La Taverne du pecheur (muy bueno llevado por un francés que se quedó en la isla) y el Pea que tiene magníficas vistas pero no os lo recomiendo para nada; el atún de los platos era congelado, tuvimos que devolverlos a la cocina de lo malos que estaban (y yo en mi vida había devuelto un plato)

Al otro lado del puerto se extiende una gran pradera donde habían montado un escenario para el Tapati. El caso es que la luz de la isla no lo soportó y se cayó. La gente llevaba días sin luz cuando llegué. Y ¡¡sin agua!! Como extraen agua de pozos necesitaban la electricidad para las bombas. A los más previsores con generadores, tan solo les faltaba el agua caliente.

El norte de la ciudad, como ya he dicho, se conoce como la zona de Tahai. Tahai es un Ahu (altar donde se alzan los moais) El primero que vi. Y por su cercanía a la ciudad es el primero que casi todos ven. Es casi obligatorio ir a la puesta de sol. En este ahu hay 5 moais, todos de espaldas al mar.

A la derecha se levanta otro moai solitario que en los 80 la revista Paris Match le pintó los ojos. Los Moais tenían ojos de nácar, pero no cómo los pintaron en éste. Hay uno en el museo y se sabe que al menos tres en colecciones privadas eran ojos como los de los habitantes, más rasgados.

El Museo Antropológico Padre Sebastián Englert (en Chile casi todos los museos antropológicos tienen el nombre del cura misionero del momento que los fundó) también se encuentra aquí en Tahai. Llegar hasta él no me pareció muy evidente porque las indicaciones son más bien pocas. Y aunque desde luego es interesante, claramente es insuficiente. Hablando con arqueólogos, incluso uno de ellos fue anteriormente director del museo, descubrimos que se sabe mucho más de la antigua cultura de la isla que la información que se ponen a disposición de los visitantes. Al final pusimos una “crítica constructiva” con sugerencias para mejorarlo y desde entonces a Elise le tienen al corriente de todos los avances, así que me entristece porque parece como si ni siquiera la cantidad de turistas que visitan la isla se preocupasen por el.

Rumbo a los mares del sur

Estábamos en casa de mi abuela rodeadas de muuuucha gente. Hablábamos de cualquier cosa, que obviamente no tenía nada que ver, y supe que era el momento. Miré a mi madre y le dije “mamá, me voy en febrero a Isla de Pascua” ante mi asombro, no dijo absolutamente nada.

pero ¿Por qué isla de Pascua?

Bueno, he de confesar que hace tiempo si pensé en viajar a isla de Pascua seducida por ver moais, pero se quedó en un pensamiento fugaz. Nunca más volví a pensar en ir, no estaba en mi “top 10” de viajes deseados el día que recibí la llamada: un día en mi café diario con Chile, Elise me dijo:

este verano iremos a visitar a la familia de Pancho en isla de Pascua… nos vamos en febrero 10 dias
oooh, que bien, cuanto me alegro, que bien lo pasaréis…” (mientras en otra página abría el skyscanner)
y ya tenemos los pasajes, si te animas ;) también eres bienvenida” (era oficial, estaba invitándome)

Mierda mierda mierda, pensaba, me estaba ocurriendo otra vez, tengo que hacerme de rogar un poco, ¡que van a visitar a la familia de Pancho! Así que NO compré el billete en ese momento. Los días siguientes iba comentando, “Me han invitado a Isla de Pascua, pero no sé si ir” y todo el mundo me decía “pero ¿qué es lo que te estás pensado? a ti te invitan porque saben que irás

Y este fue mi motivo para ir a la misteriosa Isla de Pascua, no los Moais, ni las playas tropicales paradisiacas, ni la cultura polinésica. Aunque todo eso me encontré allí y mucho más (cosas que no salen en ninguna guía: gallos, cucarachas, plantas urticantes, hormigas rojas)… Han sido unas de las mejores vacaciones de mi vida.

Me compré, en septiembre, un billete para cruzarme medio globo 6 meses más tarde (1200€ que mucha gente me ha preguntado cuanto me costó). Como todo era tan lejano en tiempo y espacio, no volví a pensar en ello hasta unas semanas antes. Por entonces estaba trabajando en Francia con unas temperaturas de -15ºC, había dejado preparada una maleta con vaporosa ropa de verano.

El viaje fue de 2 dias. Primero hice escala en Guayaquil, en plena estación de lluvias. La combinación de 27ºC+humedad+ropa de invierno desencadenó un shock térmico, fraguando un gran resfriado. Fue un día largo y sola, de modo que estaba deseando llegar a Isla de Pascua y ver a mis amigos, aunque sabía que al día siguiente salía para Lima donde pasaría otras 14 horas. Por el contrario mi estancia en Lima no fue tan penosa como en Guayaquil. Me había cambiado de ropa, duchado y descansado, disfruté muchísimo del centro histórico de esta ciudad y a las 12 de la noche volví al aeropuerto para mi destino final. (La vuelta fue más sencilla con una escala de dos días en Lima)

A las 7 de la máñana en el pequeño aeropuerto, Elise me saludaba al otro lado del control de aduanas, tenía un collar de flores para mi (la despedida fue con lágrimas y un collar de conchas como manda la tradición). Con el coche que nos había prestado el hermano de Pancho, fuimos a que me duchase en nuestra cabaña y luego llevamos a la tía de Pancho a misa. El tercer paso fue presentarme a dos de nuestros anfitriones en la isla; Edmundo y el padre de Pancho. Edmundo un día llegó a la isla y se quedó (como a tanta gente le ha sucedido). Hijo de los Edwards (gran familia millonaria chilena) se dedicó al estudio de la cultura polinésica convirtiendose en todo un experto, reconocido en circulos académicos pese a no tener ningún tipo de titulación. Roberto, el padre de Pancho, artista bohemio de manual, era su gran amigo de la infancia y le  siguió hasta el fin del mundo.

Pese a todas las cosas que se pueden ver y hacer en la isla, estoy TAN encantada de no haber ido los 4 días de rigor que suele ir el turista medio. Aprendí la magia y el espíritu único que tiene. Me invitaron al cumpleaños (fiesta de varios días) de Valentín el rey pascuense, me contaron las anécdotas más increíbles e hilarantes de los habitantes, cada noche cenábamos con arqueólogos de diferentes sitios y gente que llevaban vidas de lo más extrañas e interesantes.

Una noche, Elise y yo descubrimos que pensábamos lo mismo; cenábamos en la cabaña de madera del padre de Pancho, muy maltrecha, en la zona de Tahai alejada de cualquier otra casa. Rodeada de un espeso bosque de bananeros y un arbol africano que crece de forma salvaje. En su estudio colgaban los cuadros recién pintados, en el ordenador se reproducía un concierto de música clásica para guitarra y piano. Fuera comenzó a caer una fuerte lluvia de tormenta tropical… era una sensación única, era mágico.

Con 13 años me regalaron el libro “Mi familia y otros animales” de Gerald Durrel. Lo habré leido 20 veces y siempre he tenido una gran curiosidad por ir a Corfú. Pero me di cuenta de que todo lo que el biologo inglés contaba de la pequeña isla griega era aplicable a esta isla perdida en mitad del pacífico que marca el principio y el fin de la Polinesia. Creo que he cumplido con creces uno de mis sueños, que era estar en un lugar similar al que se describe en ese libro. Así que si se embarcan hasta aquí, dejen su mente en otro sitio y prepárense para un salto a la magia del surrealimo.