Rovinj

A Rovinj llegamos en pleno mes de agosto sin alojamiento reservado.

Roviño

Principalmente, porque desde Madrid nos fue imposible. En todos los sitios de la península de Istria piden un mínimo de tres noches para poder reservar. Así que fuimos parando para preguntar por “sobes” cada vez que veíamos un cartel, y aunque en los dos primeros sitios no hubo suerte, encontramos en mitad de la carretera una especie de “agencia” que llamó a una señora que nos llevó hasta su casa en la parte nueva del pueblo (más tarde la señora, muy simpática con nosotros, nos dijo que la próxima vez fuésemos a su casa directamente sin la agencia y que así nos saldría más barato) No fue tan difícil como temíamos y eso que éramos 6.

Después de los kilómetros recorridos desde Plitvice, nos instalamos y lo primero que le preguntamos a la casera fue ¿dónde esta la playa? (bueno aquí sustitúyase la palabra playa por roquitas donde se puede acceder más fácilmente al mar)

Puerto de Roviño

Nos mandó justo donde acaba la ciudad por el sur, a la bahía de Lone. Allí, en un parque inmenso lleno de pinos (y mucho sitio para dejar el coche) se encuentran los sitios para bañarse, con vistas a varias islitas muy cercanas a la costa, como la isla roja (hasta estuvimos pensando si podíamos llegar a una de ellas nadando).

El buceo en esta zona me impresiono más que en Lokrum, quizás porque aunque la afluencia de yates era grande no eran fondos tan profundos ni tan abiertos al mar como en la isla, y mucho más, desde luego, que en Promajna. El coral rojo, blanco y amarillo se veía por todas partes cosa que me impactó porque parecía haber sustituido por completo a las algas. También había esponjas amarillas, peces de roca y hasta vi un buey de mar. Fuera del agua también abundaba la vida entre las rocas y mientras comíamos los bocadillos que nos llevamos Fla y yo mirábamos fascinados los cangrejos como si en la vida hubiésemos visto alguno.

Puerto recreativo Roviño

Cuando ya nos sentíamos plenamente satisfechos de nuestro medio día de relax, para completar el maravilloso cuadro de espléndidas vacaciones de verano, de entre los pinos salieron unos ciervos y trotaban entre la poca gente que ya quedábamos.

Si no estáis familiarizados con la disposición de Rovinj, el casco antiguo está en un saliente a modo de península, luego el puerto pesquero y justo más al sur del puerto esta zona de bosques y calas donde habíamos pasado el día.

Relog del ayuntamiento Roviño

Tranquilamente paseando fuimos hasta el puerto y de allí al casco antiguo. La ciudad es típica típica ciudad mediterránea que, como todas las de la zona, tiene la iglesia encima de una colina y el pueblo se desarrolla a su alrededor bajando hasta el mar donde se anclan miles de pequeños botes para la pesca. Éste en concreto, pese a la afluencia de turistas, sigue siendo pueblo pesquero y la cena nos la dimos a base de pescadito frito muy rico.

El turisteo fue dejándonos llevar por las callejuelas hacia lo alto parando en las miles de tiendecitas artesanales instaladas en las partes bajas de las casas típicas pintadas de colores ocres, o incluso (gran parada técnica) en una curiosa terraza de un bar donde una angosta escalera de la calle servía para poner los cojines y las mesas.

santa eufrasia

En lo alto llegamos a la catedral barroca de Santa Eufemia que es el edificio más grande de Istria con 57m de campanario (y creo que en el único que no nos subimos porque ya estaban cerrando, mi vértigo me lo agradeció después de todo lo que le había hecho ya padecer) Más tarde nuestra casera nos contaría que desde lo alto del campanario los días despejados se ve San Marcos de Venecia, y es que la iglesia fue construida cuando Rovinj era un importante centro de pesca y sobre todo baluarte de la flota veneciana.

Seguimos nuestro vagabundeo por las callejuelas de la ciudad, simplemente disfrutándola.

Hacia Venecia

Estábamos en una plaza donde Mary y yo comprábamos collares y pulseras, cuando algo curioso pasó (todavía no sabemos si a posta o un fallo) todas las luces de la ciudad empezaron a irse y venirse y así siguieron durante un buen rato parpadeando. A los turistas se les veía encantados como si fuese parte de un espectáculo, y nosotros así nos lo tomamos con lo que las ganas de cenar se nos quitaron.

En vez de buscar restaurante descubrimos un rincón casi mágico de la península que conforma el casco antiguo de la ciudad. Acababa de caer la noche y desde la catedral bajábamos hacia el mar cuando vimos unos focos dentro del agua. Justo a los pies de la catedral habían hecho unas escaleras y el fondo estaba iluminado para que la gente se bañase. Ni nos lo pensamos y nos metimos al agua de nuevo en este baño nocturno…

Roviño por la noche

Disfrutar, disfrutamos un montón pero luego a la hora de encontrar restaurante para cenar (muy tarde y completamente empapados) tuvimos nuestros problemas.

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Parque Nacional de los lagos de Plitvice

Durante la organización del viaje, el pasar o no por Plitvice fue un punto muy discutido porque nos alejaba mucho de la costa. Pero éramos más los que considerábamos que era un punto imprescindible. Probablemente es el parque nacional más conocido de Croacia. Un paraje donde se alternan lagos, cascadas y manantiales de un azul intenso en medio de un denso bosque de hayas.

plitvice mapa

Llegamos al anochecer y dormimos en un pueblo cercano al parque (la verdad, reservamos en un albergue que como estaba completo, al llegar nos llevaron a otra casa en otro pueblo). Cenamos en un tercer pueblo con un restaurante muy lleno (supongo que de todas las casas rurales nos enviaron al mismo) Si uno se organiza con tiempo, dentro del mismo parque hay hoteles para pasar varios días.

Plitvice cascadas

Por la mañana temprano nos plantamos en el gran aparcamiento de la puerta de entrada 1 (hay dos entradas) Con la entrada nos dieron un mapa con las diferentes rutas. No bien dimos dos pasos nos pusimos como niños, este lugar es lo más parecido a un paraíso y queríamos explorar hasta su último rincón.

El parque está formado por 16 lagos comunicados mediante 92 cataratas y cascadas formados por el río Korana en diferentes niveles. Este tipo de hidrografía se debe al paisaje karstico que predomina en esta parte de los Balcanes.

La visita se realiza a pie a través de senderos y puentes de madera y dependiendo del tiempo que se quiera invertir hay diferentes rutas. El recorrido que nosotros elegimos fue la ruta k, con modificaciones, indicada de 6 a 8 horas. Hay un desnivel irrisorio de 133m pero echamos todo el día andando, dejamos el parque bien entrado el atardecer.

Plitvice

Empezamos nuestro recorrido por los lagos inferiores, ya que la entrada 1 está al lado de éstos. Para empezar nos topamos con la gran pasarela de madera, que nos acompañaría todo el camino, atravesando los lagos Milanovac (a la izquierda) y Gavranovac (a mano derecha). Parecen grandes con aguas de un azul perfecto pero en realidad tan solo son los más grandes de los lagos inferiores.

Después de cruzar estos dos lagos sobre la pasarela, giramos a la derecha para explorar mejor esta parte inferior y nos encontramos con un racimo de  pequeños lagos encadenados, separados por barreras de grandes piedras y musgo. Pasados unos 100m llegamos al lago Novakovica que nos deleitó con un gran número de cascadas (todavía no habíamos visto muchas y estábamos ávidos pero estas no son las mejores). Y dando un pequeño rodeo nos encontramos con la cascada más alta del parque, 76m de altura. Aquí el río Korana recupera su forma.

plitvice mirador

En vez de seguir el recorrido, nos apartamos para subir desde esta cascada a un mirador en la parte superior del monte que permite ver el valle donde se sitúan todos los lagos inferiores. El Milanovac y el Gavranovac parecían enormes desde arriba. No sube mucha gente pero merece la pena.

Una vez abajo deshicimos el camino y sin cambiarnos de margen bordeamos los lagos y subimos por la pasarela que recorre los 20m de acantilado hasta que llegamos al primer lago superior. El lago Kozjak que es el más largo de Plitvice. En sus orillas hay un gran merendero y un barco lo cruza.

plitvice (4)

En este punto, en vez de seguir la ruta k al pie de la letra, decidimos montarnos en el barco (gratis con la entrada) y recorrerlo silenciosamente viendo las miles de pequeñitas cascadas que lo llenan. Los patos y los peces (que parecían que se podían coger de lo acostumbrados que están a los humanos) nos acompañaron en el tranquilo recorrido.

En la otra orilla, el entramado de maderas empieza a serpentear entre los lagos en forma de zigzag. Esta parte me pareció la más impresionante de todo el parque. La vegetación es muy espesa, dejando unas luces y sombras y un colorido increíble. El agua también tiene diferentes tonalidades en cada lago y las cascadas que los llenan son grandes y espectaculares. Es asombroso.

plitvicebicho

Fue en el primero de estos lagos superiores, el Gradinsko, donde al intentar hacerme una foto me caí al agua de espaldas desde la pasarela con todo (y tuve que volverme a meter para rescatar mi bolso) No se puede bañar en los lagos, pero yo me mojé completamente, perdí la cámara, tenía el dinero mojado, no podía andar bien con las zapatillas y pantalones mojados… Reconozco que los siguientes lagos los vi un poco mohína.

El sendero nos llevó por los pequeños lagos Galovac, Malo, Veliko, Bakinovac y Okrugljaj separados entre si por pequeñas cascadas muy bellas. En un punto se hacía un patio semicircular de cascadas, otras están solitarias cayendo al agua verdosa.

plitvice (7)

Llegamos al punto st4 donde hay un merendero y una estación y paramos a comer tumbados en la hierba. Este punto está al lado del lago Osmanova que es parte del gradísimo Proscansko.

plitvice (5)

Continuamos caminando, después de comer, bordeando el Proscansko por la pasarela de madera. Es un lago muy grande donde cambian las plantas que hay a su alrededor, son juncos, y sobre todo el color también es muy diferente, un azul marino oscuro que contrata mucho con la tonalidad turquesa de los demás.

plitvice (2)

Después empezamos a coger el camino que sube a los miradores superiores. Como va por la montaña dejamos la ensenada de madera para coger un camino de tierra. En este momento fue cuando nuestra ruta se puso “demasiado interesante”. Seguimos un camino por el que salimos del parque. Buscábamos el sendero que va a media altura por los montes para ver los lagos superiores desde miradores, pero ocurrió que cogimos un camino que salía del parque. No hay problema (la entrada es de día completo y se puede volver a entrar, más por esta parte que no había ni caseta ni nada) pero empezamos a toparnos con carteles de cuidado con los osos y otros más inquietantes aún cuidado con las minas antipersona. Esta zona, en el año que fuimos todavía no había sido desmantelada, el parque natural si, es muy visitado, pero los alrededores fueron muy castigados por la guerra diez años atrás.

Después de llegar a una granja, volvimos sobre nuestros pasos y esta vez si que encontramos la parte del sendero k que va entre los bosques alejada de los lagos. Por este sendero a media altura que también está muy poco transitado, volvimos a la orilla del lago Kozjak que bordeamos esta vez por su margen izquierdo y a pie, hasta bajar a los lagos inferiores pero esta vez por la orilla izquierda. En esta parte vimos más cascadas y sobre todo cuevas.

plitvice (6)

También nos fijamos en el llamativo cambio de color del agua con la luz, en ese momento que estaba atardeciendo, los lagos pasaron de ser turquesas a azul celeste.

Trogir

Llegamos a Trogir, nuestra primera toma de contacto con Croacia. ¡Y menuda buena primera parada elegimos! Nada menos que patrimonio de la humanidad por ser una de las ciudades medievales mejor conservadas de Europa.

Trogir

La pequeña ciudad de Trogir, con sus casas de piedra blanca y tejados rojos, se extiende con sus pequeñas e intrincadas callejuelas medievales en una pequeña isla (unida por un par de puentes a tierra)

Llegamos al anochecer y de las calles adoquinadas se levantaba el calor que había dejado aquella mañana de agosto. Las terrazas estaban repletas de gente que, como un hervidero de hormiguitas se desperezaban del calor, paseaban por delante de las decenas de super yates de lujo aparcados delante de las discotecas veraniegas del puerto.

Este ambiente veraniego nos volvió locos, nos sentimos de pronto TAN de vacaciones, tan Mediterráneo.

Trogir paseo marítimo

Dejamos todo en el albergue (excelentemente bien situado) y salimos corriendo a comer pescadito a la brasa y beber litros y litros de cerveza.

Después de saciarnos y después de todo un día en el coche, correteamos por las calles de bar en bar disfrutando del ambientazo, además yo me harté a helados.

Realmente es una pequeña perla de ciudad, blanca y resplandeciente como comprobamos al día siguiente por la mañana. Una mezcla perfecta de románico y renacimiento con mucha influencia veneciana, ya que en muchos sitios se pueden apreciar escudos, estatuas del león del San Marcos y algún que otro ventanal gótico.

Trogir ayuntamiento

 

Está rodeada de unas murallas del s.XV por tres lados que acaban hacia el norte en donde se encuentra el fuerte de Kamerlengo en forma de basto castillo cuadrado del sXIV, con sus almenas y torre del homenaje, desde el que se controlaba la entrada al puerto.

El cuarto lado da al mar y por él se extiende un amplio paseo marítimo lleno de palmeras, donde los palacetes se reconvierten en discotecas con terraza nocturnas.

Trogir plaza central

Por la mañana sorprendía lo vacío que estaba, sobre todo que los super yates habían desaparecido del puerto, rumbo a las playas cercanas.

Lo más bonito sin duda es pasear y dejarse encantar por las callejuelas, algunas tan estrechas que solo cabe una persona (que no tenga demasiado sobrepeso). Las casitas que con piedra, balcones y flores adornan todo el conjunto, los pequeños comercios y galerías semiocultas en cada rincón, el empedrado… todo son piezas del conjunto.

Y siguiendo en este laberinto como por arte de magia acabamos en la plaza del ayuntamiento (tampoco crean que se trata de un sitio muy grande, ya por la noche en una rápida inspección lo habíamos recorrido entero).

Trogir desde la catedral

En ella destaca el casi bulboso tejado rojo del reloj del ayuntamiento y en frente, la catedral de San Lovro (ambos del XV) también con su tejado rojo. De ella cabe destacar unos relieves de la cripta que nos impactaron, donde angelitos con antorchas  entraban por las ventanas para quemar a los muertos, y el campanario, desde donde se tiene la mejor vista de todos los campanarios que sobresalen elegantemente de la marea de tejados de la ciudad.

En este viaje no recuerdo ya cuantos campanarios subimos, pero todos pecaban de lo mismo, una ligera falta de protección (quizá con el tiempo haya cambiado) El caso es que no es nada apto para gente con vértigo  (María decidió desertar en todos) pues la escalera no tiene barandilla y ahí subía yo pegadita pegadita a la pared, claro que cuando bajaba alguien tenía que apartarme encima. Pero ohhh, las vistas desde arriba, bien merecen la pena.

Croacia profunda en el camino

Quería hablaros en esta entrada de dos sitios curiosos en los que paramos un rato mientras estábamos en la carretera que une Split y Dubrovnik.

Promajna

Cuando hicimos este viaje (2008) la autopista de peaje solo llegaba hata Split, a partir de ahí tuvimos que coger la carretera de la costa.  “Carretera de la costa” significa que muchas veces vas inmediatamente al lado del agua. Es una carretera un carril para cada sentido y en un lado hay montaña y en otro el agua.

Promajna

En pleno mes de agosto nos empezó a dar envidia la gente que veíamos en las calitas y decidimos que, aunque el camino era largo, nos merecíamos un chapuzón. Como María no se quería bañar, la única condición fue que parásemos en un sitio que al menos ella pudiese andar un rato. Esto era un problema ya que en el Adriático el concepto de costa con playa de arena no existe. Salvo en una región, que era justo la que en ese momento recorríamos, los alrededores de Makarska.

Así fue como acabamos parando en Promajna,  un pueblecito de la costa dálmata, al que nos llevó el azar.

Para llegar a la playa atravesamos un montón de casitas que anunciaban “sobes” para dormir, compramos comida en un super, y bajamos  hasta la iglesia, que estaba al lado de algo que SI se podía catalogar como playa. Los pinos llegan prácticamente al nivel del agua (entre ellos hay un pequeño aparcamiento donde sufrimos para aparcar la furgoneta) y al fondo, muy cercanas se levantan impresionantes las montañas azules.

Croacia (2)

En sí el pueblo no tiene nada más pero es una agradable alternativa a la atestada Makarska (más en plan Alicante) pues sigue siendo un pequeño pueblito con sus casitas chiquitas y no se han construído grandes bloques de apartamentos. La playa es pequeña pero suficiente.

Decidimos darnos aquí nuestro primer baño en el Adriático y cogí las gafas para hacer un poco de snorkel. El fondo marino en esta parte no me sorprendió mucho, de hecho lo poco que vi fue un pepino de mar y salí a contárselo a todo el mundo. Mi compañero de piso Fla no había oído en la vida hablar de semejante animalito así que lo saqué y al momento nos convertimos en el espectáculo de la playa con sus gritos.

Pero en este tranquilo y perdido rincón de Croacia nos ocurrió una de las anécdotas más impactantes en materia de viajes. Horas después seguíamos bañándonos  cuando oímos unas sirenas. Justo al lado de donde estaban nuestras toallas se había muerto una persona, así sin mas. No dábamos crédito cuando bajaron los de la ambulancia y le pusieron una sabanita blanca. Pese a la desgracia, no pudimos dejar se sentirnos como en un libro de los cinco, nosotros, nuestra furgoneta, un clima perfecto y si esto era el segundo día todas las aventuras que nos quedaban por vivir en éste país.

Croacia (3)

Bacinska jezera

El segundo punto del que quiero hablaros lo encontramos cuando volvíamos de Dubrovnik camino de Zadar.

Pasamos por la frontera con Bosnia, al igual que a la ida es un trámite muy rápido donde ni te cogen el pasaporte, eso sí, nos comentó un chico que conocimos durante el viaje que si haces el trayecto en autobús es un proceso que tarda bastante tiempo y donde a todo el mundo le revisan minuciosamente.

Se trata de un pequeño corredor de 15km de longitud que constituye la única salida al mar del país que de forma histórica siempre le perteneció (El imperio Otomano negoció esta salida al mar con la antigua Ragusa que le cedió este terreno en el XVII) En él se sitúa la pequeña ciudad costera de Neum en una especie de golfo.  La noche que condujimos hasta Dubrovnik, obviamente no paramos, pero me pareció que debía ser un lugar interesante todo lleno de lucecitas.

Bacinska jezera

Visto de día el paraje es realmente bonito, donde unas colinas con vegetación típicamente mediterránea llegan de súbito al mar pero la ciudad no es bonita y me decepcionó. Es un estilo Makarska, de modernos apartamentos blancos, que de forma escalonada se encuentran en las laderas repartiéndose las vistas al mar, en plan lugar de vacaciones. Y por supuesto con una diminuta playita (esta vez también es playa y no rocas).

Pero una vez pasada la frontera llegamos a la zona del delta del río Neretva:
-“Es curioso, dije, que en todos los tours por Croacia que he leído, los autobuses paran por el delta de este río“.
Así que todos asomamos la cabeza por las ventanas de la furgoneta a ver si veíamos algo… al cabo de un rato dijo Maria:
-“Esto es como en el Ebro, todo lleno de huertecitas
-“Pues lo que son curiosos son los puestecitos que hay a los lados de la carretera” indicó Mario

neretva

Después de un silencio donde todos intentábamos procesar la información, a Fla se le iluminó una bombilla y dijo
-“Pues la fruta que venden debe de ser super fresca, porque seguro que son de estas huertecitas
El conductor piso el freno y aparcó en el arcén de la carretera justo delante de uno de esos puestos, y salimos todos en estampida de la furgoneta. No solo compramos fruta, también hubo cata de vinos y licores, compramos botellas de vino dulce, de licor de miel, de licor de ciruela (el conductor no tenia derecho a cata de vino pero si a sandía fresquita)

Mientras engullíamos lo que habíamos comprado nos dimos cuenta de que habíamos parado en los lagos de Bacina. Los lagos se extendían a nuestras espaldas realmente bonitos con su increíble color. Se trata de siete lagos conectados entre sí del color azul-verdoso paradisiaco típico de Croacia que están entre el delta del Neretva, el mar y las montañas (la ciudad más cercana es puerto Ploce).

Lokrum

En un viaje tan largo e intenso, como el que estábamos haciendo, viene muy bien tomarse un día de descanso. El sitio en realidad, nos lo recomendó nuestro casero, se trata de la pequeña isla situada justo en frente de la ciudad amurallada de Dubrovnik. Es una reserva natural donde muchos croatas van a bañarse.

¿Qué lugar mejor que una isla paradisiaca? Aunque no tenga palmeras (bueno realmente si las hay pero no es lo que predomina) ni playas de arena fina, ni esté en el caribe, Lokrum se acerca bastante a un pequeño paraiso.

Para evitar el angustiante ir y venir de turistas recién bajados de los cruceros por el Mediterráneo, nos levantamos muy tempranito para recorrer, a las 8 de la mañana, las murallas de la ciudad. Hora y media después nos dirigíamos con nuestras toallas y nuestro pic-nic al puerto donde cada media hora salían barcos hacia Lokrum. Durante el recorrido, de unos 15 min, a parte de tener las mejores vistas de la ciudad, tuvimos un buen presagio: casi ningún extranjero a bordo así que la cosa no podía pintar mejor.

Lo primero quizás tengo que avisar de que en la isla no hay nada ni nadie fuera de los horarios del barco. No se puede pernoctar en la isla (ya contaré las razones que dan los locales) y no hay restaurantes ni nada, así que hay que llevarse la comida para pasar el día.

Decidimos, al bajarnos en el muelle, ir justo al extremo de enfrente de la isla… la verdad es que hasta allí nos llevó la inercia, simplemente seguimos a la gente que poco a poco se fue dispersando en los muchos caminos que como un hormiguero se adentran en el bosque.

Ya sabréis que en el Adriático las playas de arena no existen, simplemente hay que acercarse al mar, y en la isla hay zonas con rocas pequeñitas donde cubre menos, rocas grandes donde se han soldado escaleras metálicas para entrar al agua, e incluso pequeños acantilados que invitan a saltar al agua.

Pasamos del camino empedrado a una suave alfombra de acículas de pino muy cerca del olivar de la isla. Allí plantamos nuestras toallas en tumbonas de madera (eran muy baratas, creo que 4kunas por todo el día) mirando al mar a la sombra de los pinos. Nos impregnamos del olor de la resina, el sol y las chicharras… siii ese olor de VERANO. La isla más bonita no puede ser, está completamente llena de pinos, cipreses… y de ¡¡pavos reales!!.

El agua, es la del Adriático, completamente transparente, con un azul inigualable y fresquita. Llevamos el equipo ligero y ninguno pudo resistir las ganas de zambullirse, pues el espectáculo era grande. Vimos bancos de boquerones (o similar) peces enormes, estrellas de mar rojas rojas rojas, alfombras de erizos que variaban del blanco al morado, camarones que te daban mordisquitos en las zonas con marea más baja, y los frágiles bosques de anémonas. Hasta entonces el Adriático no me había impresionado “a nivel de buceo” (sobrevalorado, pensaba, agua muy cristalina pero poca vida).

Aunque estuvimos dormitando, bañándonos, buceando y perreando la mayor parte del día, la isla merece un paseo. En ella se encuentran las ruinas de un convento benedictino de 1023 (el claustro, lleno de palmeras es realmente un lugar muy agradable) Empezaron a plantar, en el huerto del convento, cítricos sobre todo que dieron el nombre a la isla, amargo. Con el tiempo pasaron a plantar plantas exóticas, por ello justo al lado de lo que queda de las ruinas se encuentra el curioso jardín botánico al que con los años se le añadieron nuevas especies.

En la parte más alta de la isla, siguiendo un camino amurallado por cipreses en medio del pinar, se encuentra un fuerte napoleónico de 1806. Fort Royale tiene forma de estrella y desde lo alto (a parte que descubrimos que a ultimas horas de la tarde era un sitio para las parejitas) se puede ver un precioso atardecer con la antigua ciudad de Dubrovnik de fondo.

A las 20:00 tuvimos que coger el último barco de vuelta, nadie se puede quedar en la isla. Uno de los motivos, es que está maldita … Los franceses echaron a los monjes benedictinos y desde entonces se han sucedido las muertes violentas al caer la noche (jejeje, no está mal)

De todas formas antes de irnos visitamos el lago, en una zona de la isla hay una especie de laguna salada (la llaman el mar muerto) entre las rocas donde suele ir la gente que no sabe nadar o que quieren una zona calmada. Según los chicos lo único que no visitamos eran las playas nudistas, hay varias zonas del parque nacional que son nudistas, hacia el sur de la isla.

Poreč

Poreč o también puede aparecer en los mapas con su nombre italiano, Parenzo. Se trata de un pequeño pueblo costero en la península de Istria, a pocos kilómetros de Rovinj.

Aunque su aspecto es desde luego mediterráneo, como todos los de la zona, no tiene el encanto de sus vecinos. Sus pequeñas casitas recuerdan más a la costa valenciana que las casitas venecianas de Rovinj (aunque alguna que otra con balcones góticos hay) Casi tendría que quedarse con el título de simple pueblo entre bosques de pinos y playa* (que tampoco está mal, porque sí que lo recomendaría como lugar de vacaciones ya que la cantidad de masificación aquí es realmente mínima) si no fuese porque tiene un  verdadero gran tesoro. La Basílica Eufrástica del siglo VI, que es patrimonio de la humanidad, es una verdadera joya bizantina situada en un lado del pueblo.

En fin que realmente es un pueblo muy pequeño y es imposible perderse, existe un aparcamiento en las afueras y cruzando un parque se llega a una especie de paseo marítimo desde donde se ve todo el pueblo. De entre casas de distintas épocas en seguida se llega a la iglesia que cláramente sobresale con su pequeño campanario en un extremo.

Inicialmente fue una capilla del siglo IV de la que han quedado bastante bien conservados, los suelos de mosaicos que se encuentran en el actual claustro. Después fue reconstruida  y ampliada en el siglo VI por los bizantinos.

Desconozco el motivo por el que al verla por fuera me pareció bonita pero nada excepcional, y sin embargo el interior de la basílica me dejó sin palabras. Es muy bello, el atrio de paredes rosas, está adornado con columnas de mármol y a los lados de la nave central lo que hay son tumbas. Pero lo realmente maravilloso, son los mosaicos recubiertos de pan de oro que decoran el ábside del santuario. Están considerados una obra maestra de la arquitectura bizantina. Y allí Mary y yo nos pasamos un buen rato (y un buen rato quiere decir realmente un buen rato) admirándolos mientas nos hacían soñar despiertas con un futuro viaje a Estambul.

El resto del conjunto episcopal es mas bien sobrio y sencillo, en el que se van exponiendo restos de excavaciones. Hay además un pequeño coro, un baptisterio y el campanario al que se puede subir, pero las vistas no son tan bonitas como las de otros sitios ya que el Poreč no es gran cosa.

La pregunta de si merece la pena el viaje hasta aquí solo por ella, pues bien cierto es que yo creo que sí. Una vez se está en la península de Istria visitar Poreč es algo fundamental y nos gustó mucho más que otros pueblos como por ejemplo Pula.

En cuanto al entorno natural que rodea al pequeño Parenzo cabe destacar el fjordo de Lim. Pues no es un fjordo Noruego desde luego, pero es curioso ver un fjordo mediterráneo, donde hay pinos en vez de abetos en las laderas escarpadas. Está todo puesto muy en plan familiar para ir de pic nic y hay muchos muelles con barquitas que dan paseos por él.

*Las playas en el pueblo realmente son zonas cementadas como en Piran. No obstante el agua es cristalina como en todo el Adriático.

Zadar

Tenía muchas ganas de escribir sobre Zadar, pero en el último viaje que hice en avión en las revistillas de dos compañías diferentes hablaban de la ciudad (claro ahora se ha convertido en nueva sede de vuelos baratos) y la ponían como la séptima maravilla del mundo. Sinceramente: no lo es, y más si se está viajando por Croacia y se ha estado en Trogir o Dubrovnik. A pesar de esto, a mi Zadar me dejó muy buen sabor de boca, pienso que es una ciudad que ofrece mucho más de lo que parece prometer, que es auténtica. Pero que nadie vaya engañado, no es una ciudad que te deslumbre así que altamente desaconsejada para el turista que quiera echar fotos e irse.

Realmente nuestra parada en Zadar no estaba prevista, íbamos de Dubrovnik a Plitvice y decidimos que teníamos tiempo para hacer un alto en el camino. La hermana de Mary había estado unos meses antes en Croacia y no hizo muchos elogios de la ciudad, pero preguntando a nuestros caseros de Dubrovnik nos aconsejaron parar sin ninguna duda.

Para que se hagan una idea la carretera al casco antiguo va por algunos barrios donde en las casas todavía estaban reparando fachadas con impactos de bala. Piensen lo que ello implica, porque Croacia es muy turística, a día de hoy prácticamente todo está reconstruido. En ningún momento del viaje da la sensación de que hubiese habido una guerra, salvo cuando llegamos a Zadar (bueno también en algún que otro pueblo que pasamos en la región de Plitvize).

Finalmente llegamos a la ciudad antigua cuyo centro están en una península amurallada. La furgo la dejamos en el parking de la muralla y entramos por la puerta de tierra firme al interior de la ciudad.

Hay un gran contraste entre las murallas y el centro pues éstas son de granito de 1543 mientras que Zadar se caracteriza por el color blanco de sus calles y edificios, probablemente piedra sacada de lo que fue el foro romano. Todo el suelo es de mármol blanco pero la piedra rezumaba un calor extremo en aquel mes de agosto a las 16 de la tarde.

El centro histórico de la ciudad se condensa en el foro romano. Lo primero que hicimos fue visitar la catedral de San anastasia de Zadar del s. XII de estilo románico tardío, donde a Mary y a mí no nos dejaron entrar (por los tirantes). Siguiendo la calle Jurja Biankinija llegamos hasta a una pequeña capilla cerca del final de la península. Y así fue como llegamos hasta el piano de mar que se encuentra al lado.

En el paseo marítimo han construido una serie de canales de diferente longitud de forma que al entrar las olas suena, como cuando alguien sopla por una kena. Fue realmente bonito sentarse durante un buen rato al lado del mar oyendo la música del mar (algo inolvidable y un sonido imposible de describir, parecía que estuviésemos en un sueño) Hacía tanto calor que tan solo pudimos mojar los pies, pero a nuestro alrededor los niños (y no tan niños) se bañaban en el mar (en el paseo han puesto una serie de escaleritas para poder bajar al agua) y los chicos no se lo pensaron, los bañadores estaban en la furgoneta pero ellos se quitaron los pantalones y en ropa interior que se bañaron.

Recorriendo el paseo volvimos al foro, esta vez por detrás de la iglesia de San Donato (que está justo al lado de la catedral) que se ha convertido en símbolo de de la ciudad. Es de estilo prerrománico de principios del IX  de planta circular. Allí han apilado muchos restos arqueológicos de lo que fue en tiempos romanos junto a un pequeño mercadillo donde compramos coral a buen precio.

Decidimos buscar una terraza (hay miles), justo al lado de la iglesia de Santa María de Zadar y ver la gente pasar como ya es natural en nuestros viajes, observar el tiempo y cómo transcurre por la ciudad. Poco a poco el calor se iba levantando y la ciudad parecía salir de su aletargamiento, así que fuimos hacia el sur.

Bien, si leéis algo sobre este lugar normalmente está la frase de: “las cinco principales cosas que ver en Zadar se encuentran en el foro romano” Pues a parte del órgano de mar, lo que más me gustó, NO se encuentra en el foro romano, sino cerca de la plaza de los cinco pozos; el monasterio franciscano situado justo enfrente del la pequeñita pero cuca torre del reloj. Esta parte de la ciudad es más diferente, ya no es blanca y no tiene ese aire veneciano del medievo. La torre de la iglesia se levanta entre palmeras con su fachada blanca y amarilla, realmente es un edificio de estilo colonial entre ruinas romanas (que se encuentran por todas partes de la ciudad como si de un museo al aire libre se tratase) y medievales. Desde la plaza de los cinco pozos se pueden ver las murallas desde arriba con sus torreones y te puedes asomar a la puerta de Venecia decorada con el león de San Marcos.

De ser un asentamiento romano de occidente (como toda la dalmacia) desarrolló su propia lengua del latin y más tarde pasó a estar bajo el mando del venetto para defenderse de las tribus de oriente, es más Zadar fue provincia Italiana hasta que en tiempos de Tito se unió a Yugoslavia y los italianos fueron echados.

Si queréis saber otras opiniones pues bueno, a la hermana de Mary no le pareció gran cosa, ni a Emi ni a N. pero realmente a Mary y a mi sí que nos gustó y lo único que podemos decir de Zadar es que es una ciudad auténtica, una ciudad viva.