Luxor

Después de 4 horas y media en un vuelo chárter, aterrizamos en Luxor, la ciudad de los palacios.

El primer recuerdo es que el ambiente era más húmedo y, para ser febrero, el tiempo mucho más cálido. El pequeño aeropuerto estaba sorprendentemente bien organizado, miles de turistas se bajaban a la vez y hacían cola para comprar el visado. Nosotros que habíamos pasado por la embajada de Egipto en Madrid ya lo llevábamos, esperamos con nuestro guía a que los demás saliesen.

Nos montaron en un autobús, y tuvimos nuestro primer contacto con los gorrillas del país. En seguida se acercaban personas a intentar “ayudarte” con la maleta a cambio de propina. El guía “pepe” nos avisó que esto sería así en todo el viaje, que no dejásemos que cogiesen nuestras maletas y pasásemos de ellos.

Hablar de Luxor es recordar la primera vez que viajé sola, esa sensación de cuando todo es nuevo y no puedes comparar con algo conocido. Pese a que cruzamos como un rayo toda la ciudad, yo no hacía nada más que mirar por la ventana con avidez. Quería que todo se quedase grabado en la retina. Me llamaban la atención desde los minaretes de las mezquitas hasta los policías.

Llegamos al puerto donde había una primera línea de calesas negras decoradas con colorines. Después se encuentran aparcados los barcos. Como el muelle es pequeño y la cantidad de cruceros tremenda, aparcan en paralelo, de forma que para llegar al nuestro, había que pasar por 3

Al principio miramos llenos de emoción el primer barco que era todo lujo. Nos dijeron que había que continuar, y pasamos a otro, bastante decente, luego a otro un poco más cutre y por último el nuestro. Si, era cutre, pero es que el viaje entero nos salió por 500€ Al entrar en el camarote, descubrí una cucaracha en mi baño (y pensé mi madre no podría venir a un sitio como éste)

Comimos, lo que resultó ser el menú que pondrían tooodos los días, incluso en los restaurantes cuando comíamos fuera (menú para turistas a base de arroz blanco y pollo) acompañado las mejores mandarinas y dátiles de mi vida. La tarde la teníamos libre.

Salimos como polillas por la ciudad, sin saber muy bien dónde ir. Por las calles había gente sentada en las aceras como dejando pasar el tiempo, con metralletas entre las piernas. Al rato ya nos acostumbramos a esto, era algo habitual como fuimos descubriendo durante el viaje. En las calles había un montón de calesas (a las que ignoramos) y gente con carritos vendiendo fruta.

Sin llegar a ningún mercado, pasamos por tiendas de lo más curiosas y cuando ya nos cansamos, nos sentamos en el bar más cutre a tomar té y shishas. Hasta entonces nunca había fumado en pipa de agua, pero el olor del vapor del tabaco impregnado en melaza de manzana acompañó todo el viaje. Todavía hoy en día si voy a algún bar a fumar justo ese olor me recuerda a Egipto.

A la mañana siguiente nos dedicamos a las excursiones de rigor de los yacimientos arqueológicos. Después de Karnak a las afueras, llegamos al templo de Luxor, el de Amón-Min. Creo que es el templo más bonito que he visto, la palabra que usaría de hecho es delicado.

Se entra por la avenida de esfinges que lo une con el de Karnak. En su puerta hay dos estatuas colosales de Ramsés II y un solo obelisco (el hermano es el que está en la place de la concorde) Aunque esto estropee su simetría, nada más entrar no puedes de dejar pensar en lo delicadas que son las líneas en este templo. Es alargado por lo que es fácil de visitar. Tiene dos grandes patios rodeados de una gran columnata para perderse y en su interior hay una mezquita. Si se sigue rebuscando también están algunos restos de frescos de una iglesia copta que en tiempos romanos también albergó.

Karnak

Una noche mis amigos me regañaron diciendo que cuando hablo de este viaje meto “demasiada caña” a Egipto. Que Egipto es “ohhh Egipto” Les contesté que seguía con mis reticencias y Norber me preguntó “¿y Karnak?
si si eso eso, oooh Karnak” le acompañó Mario haciendo presión.
No puedes decir nada malo de Karnak, la sala con las columnas es lo más impresionante que he visto en mi vida

Una respuesta sincera es que impresionar, impresionar, me impresionaron muchiisimo más las pirámides. Pero el templo de Karnak fue el primer sitio arqueológico que vi de Egipto.

Como casi todos los paquetes turísticos son iguales, el día que se dedica a Luxor se visitan los templos de Karnak y el de Luxor para luego ir al valle de los reyes y el orden puede ser uno u otro. El caso es que hay tantas cosas que ver en un día que en general las visitas comienzan a las 6 de la mañana.

En la rivera este del Nilo, Karnak era una pequeñita ciudad, prácticamente de monjes como verán puesto que toda su extensión la ocupaba el templo, que se encuentra a dos kilómetros de Luxor. Ambas estaban unidas por sus templos con una avenida de esfinges de justo esos 2 km de largo que aún se conserva.

Hoy en día se podría decir que prácticamente es la misma ciudad, pero en ella está el templo más antiguo del mundo y patrimonio de la humanidad, porsupuesto (y uno de los más grandes con sus 30 hectáreas).

Obviamente aquí se viene a visitar el templo. En la apretada agenda de ese día nosotros visitamos primero el templo de Karnak. Después de levantarnos a las 5 de la mañana, el sol estaba saliendo perezosamente por el horizonte cuando nos plantamos en el gran templo, y claro, el lado bueno es que apenas había turistas en ese momento.

A él se entra por la avenida de esfinges (algunas no tan bien conservadas pero muchas sobreviven con sus cabecitas de carnero) y la puerta son dos gigantescos pilonos (jeje la primera vez que veía un pilono en persona… bueno y obeliscos, y esfinges, y jeroglíficos) el interior es un laberinto de muros, patios esfinges y estatuas.

Dado lo increiblemente enorme que es (eso les sorprenderá), el templo tardó mucho en construirse y unos 30 faraones tomaron parte en ello. En teoría está solo dedicado al dios Amón pero tiene un montón de miles de templos menores anexados para otros dioses, por supuesto.

Justo después del primer patio se encuentra lo más bello, la sala hipóstila. Una sala completamente llena de enormes columnas de 30 metros de altura con capitales papiriformes. Hoy en día conservan casi perfectamente sus inscripciones (y algunos restos de pintura) Realmente impresionante, eso hay que reconocerselo, y es el lugar al que absolutamente todo el mundo vuelve cuando los magnánimos guías te dan tiempo libre (si la apretada agenda lo permite).

Curiosamente el santuario está en el centro, y normalmente en el antiguo Egipto los templos comenzaban por esta sala, así que en Karnak se construyó de forma extraña. Y después de todo está el gran patio donde se alzan los obeliscos al lado del lago que usaban los monjes junto con un gran pilón con el escarabajo de la fertilidad.

Por supuesto, no hay nada indicado, en ningún tipo de idioma, ni planos del recinto (que es muy grande). Así que o se va con guía o con un buen libro. Y es que entre tanto muro medio alzado, columnas, estatuas, trozos de columnas y más trozos de muros, es de pérdida inmediata y no porque sea demasiado laberíntico, pero a los cinco minutos uno ya no sabe si está en una gran sala del templo de Amón o en uno de los tres pequeños templos dedicados a la diosa Mut.

La Necrópolis de Tebas

El segundo día en Egipto lo recuerdo quizás como el peor, pese a que, en retrospectiva, vimos un montón de cosas de gran valor cultural que en ese momento no supimos apreciar. Después de haber visitado los templos de Karnak y Luxor, desde la ciudad, cogimos un barco que nos llevó hasta la otra orilla del Nilo donde nos esperaba un autocar para visitar la necrópolis de la antigua Tebas.

Antes de entrar en los valles, fuimos a los colosos de Memnon. La historia es muy bonita, pero las estatuas poco impresionantes, quien sabe si por aquel entonces no había empezado ya a hartarme.

Un terremoto destruyó los dos colosos de la entrada del templo. Por las mañanas entre las grietas al soplar el viento parecían aullar. Al llegar los griegos dijeron que era Memnon llamando a su madre Aurora. Que conste que nuestra visita consistió en que nos contasen la historia mientras llegábamos, bajarnos, 2 minutos para echar una foto y subir (y así podría resumirse todo el resto del día)

En el valle de las reinas, en general las excursiones son todas iguales, con la entrada puedes ver algunas de las tumbas (tú, tu autobús, y otros trescientos más) así que con tristeza he de decir que no me impresionaron mucho. Lo que me pareció más bonito fueron los arqueólogos trabajando en algunas zonas (era agradable apartar la vista del gentío y ver el desierto, los arqueólogos trabajando en pequeños puestecillos con sombra desperdigados).

Siguiente subida al autobús para ir al templo de la reina Hapsetsutp que se encuentra ya en el valle de los reyes. Siempre había querido venir; una gran explanada y excavado en la roca el templo con su columnata, estaba emocionada… hasta que intenté entrar, aquello era peor que el primer día de rebajas en el corte inglés, habría unos 300 autobuses que empujaban y hasta tocaban con las manos las pinturas.

Me sentí tan triste que me salí a esperar al resto e intentar ver el edificio desde fuera que fue también imposible ya que la avenida se ha convertido en una sucesión de tenderetes con souvenires baratos y al instante fui acosada por otros 300 vendedores intentando endosarme todo tipo de collares. Animo a todo el que pueda que vaya a verlo con sus propios ojos antes de que el turismo masivo y descontrolado acabe con lo que queda.

Fui hasta el guía y le pregunté porqué había gente subiendo la montaña y si podía subir. Me dijo que no, porque no había tiempo, esas personas no tenían contratado autobús para ir hasta el valle de los reyes y lo hacían andando ya que se encontraba justo en el otro lado. Al oírlo, todo el grupo quiso intentarlo pero el guía se negó en rotundo.

La siguiente parada, no fue el valle de los reyes, sino en la obligada tienda de los amigos del guía. Esto es otro clásico de los tours organizados, te llevan a una tienda donde tienen algún convenio. En este punto del día mi mal humor no podía ser comparado con nada, lo que menos me apetecía era comprar un jarrón hortera de alabastro. Pero mientras los demás compraban me sirvió para ponerme en estado zen y relajarme un poco, para llegar al valle de los reyes con otro estado de ánimo. A parte, el gran número de turistas había casi desaparecido porque la mayoría vuelven a los barcos antes de que zarpen hacia Esna.

El valle se empezó a construir como lugar de enterramiento, en la época faraónica ya se sabía que las pirámides habían sido expoliadas de los tesoros. Eligieron un lugar apartado (y en teoría secreto) para enterrarse. En la práctica pues un faraón sabría más o menos donde estarían enterrados los dos anteriores a él. Se siguieron expoliando las tumbas, salvo algunas de faraones poco importantes y muy escondidas (como la famosa de Tutankamon)

La entrada te permite ver tres tumbas (la de Tutankamon se paga a parte pero es igual que el resto, la mayoría lo desaconseja, ya que los tesoros se encuentran en el Cairo) Los guías no pueden entrar en las tumbas para que no se aglomere la gente así que desde un chiringuito recomiendan qué ver.

Mientras Pepe nos explicaba en lo que teníamos que fijarnos, uno de la policía turística se dedicó a ligar con mi amiga Moni que me tiraba de la manga para que no la dejase sola (a estas alturas por donde iba rompía corazones, y no por ser rubia espectacular, sino porque parece libanesa). Así que lo que ví de las tumbas se ajusta más bien a mi criterio estético porque no atendimos a la explicación.

Que yo recuerde visitamos: la tumba KV1 de Ramses VII al parecer era más bien un enterramiento modesto pero al encontrarse muy alejada de las demás, ha sido menos visitada y la decoración es muy profusa guardando muy bien los colores. La tumba KV8 de Merneptah que se encuentra justo en el centro del valle y se trata de una tumba realmente grande con un corredor bastante impresionante, sala con columnatas y posee uno de los mayores sarcófagos. Y la de Ramses III (KV11) que es la más profunda (100m) y una de las tumbas más grandes y de mayor área del valle pues no solo contiene el corredor y el pozo y la cámara sepulcral sino muchas cámaras anexas que aumentan la belleza de la tumba.

Por dentro en ninguna se puede hacer fotos, para conservar los colores de las pinturas gracias a la falta de luz. Es muy bonito fijarse en lo alto de las cámaras mortuorias donde siempre se dibuja a la madre tierra (son pinturas realmente bellas) a parte de todos los jeroglíficos que decoran el corredor principal.

Por último, nuestra paliza de autobús acabó carretera abajo en Esna donde el barco esperaba para cruzar la esclusa. Comimos y descansamos pero todos se pusieron muy malitos, con fiebre ese mismo día ¡¡menos 4 afortunados!!

Edfú

En lugares donde acosan mucho al turista para que compre, en ocasiones un “La, shukram (no, gracias)”,  tiene como vuelta una mueca de desagrado que se traduce en un muy hostil “si no me vas a comprar nada vete”.

Mi recuerdo además se ve agravado porque fue el peor momento para descubrir que era alérgica a los caballos. Mientras estaba sentada intentando recuperarme venían muchos vendedores que aún dándose cuenta de que me encontraba mal, me seguían acosando y no solo no me prestaron ayuda, sino que cuando les decia que quería comprar nada se enfadaban.

Encontré Edfú desagradable, templo a parte obviamente. Pero por eso se baja uno aquí, para ver el templo claro.

En general en cualquier crucero por el Nilo, al llegar a este punto le venderán algo como; “parada del barco y viaje en calesa hasta el templo” (Si se lee se piensa en algo super romántico a lo viajero de principios del XX).

Bien la realidad es más o menos así, cada vez que llega un barco se amontonan las calesas para coger a los turistas, mientras el guía grita habla con ellos y va montando a todo el mundo. Te dicen, bien claro, que te quedes con el número de tu calesa y aunque te pidan propina no des nada. Imagínense lo que debe costar realmente un paseo, que a nada que reciban 1€ de propina, ya no les merece la pena volver a por el cliente.

Y yo me preguntaba mientras esperábamos con todo el polvo que se levantaba, los gritos y el caos, pero ¿por qué tendremos que ir en calesa? Durante el paseo lo comprendí. De todos los sitios en los que he estado, en Edfú me encontré realmente incómoda, la cara de las personas es la de deje su dinero y váyase rápido e incluso contestando con muy malas maneras.

Como en otros lugares de Egipto vimos gente sentada en la calle con metralletas, esto es bastante normal por otra parte, pero unido a la actitud poco acogedora … Todo lleno de calesas, mercaderes realmente agresivos, y claro yo cada vez más enferma. Para cuando atravesamos la ciudad yo necesitaba urgentemente antihistamínico, estaba completamente hinchada.

Así que lo primero que vi del templo es un curioso chiringuito con terraza, montado en la parte trasera, donde me cuidaron hasta que me deshinché y me puse mejor. Es un lugar que recomiendo, está a la sombra y es super pacífico, sin apenas gente, ya que todo el mundo va con su grupo y no hay tiempo para esparcimiento, y con unas vistas de todo el templo muy bonitas. Ideal para desconectar de todo el caos anterior de la calesa, la ciudad, la entrada… etc.

El templo en sí es “relativamente” moderno, de la época helenística, y se conserva en muy buen estado,  de hecho es el templo mejor conservado de Egipto. Les parecerá una enorme edificación rectangular muy compacta (como hecha de bloques de madera), es lo que tiene que esté tan bien conservado que hasta que no se traspasa la enorme puerta principal no se puede ver la sala hipóstila con su columnata ni las diferentes dependencias como la biblioteca, santuario o la sala de sacrificios por las que se va pasando a lo largo de la visita.

Está dedicado al dios Horus y lo más interesante son los jeroglíficos del corredor que rodea las ocho capillas. A parte de que son preciosos e interesantísimos, en sus paredes está descrita gran parte de la mitología egipcia. Cuentan la historia de cómo Seth mató a su hermano Osiris e Isis lo reconstruyó juntando los pedazos, salvo el pene que no lo encontró. Anubis tuvo que hacerle uno, para así tener a Horus al que escondieron con Thot para que más tarde vengase a su padre.

Si consiguen acercarse a las estatuas en forma de halcón verán lo impresionatemente grandes que son (si lo consiguen, porque todo el mundo quiere hacerse una foto allí) Otra cosa que cabe destacar es que gran parte de lo que se encontró en este templo está en el Louvre con lo que en el templo han puesto réplicas.

Obviamente para volver no podía coger una calesa, así que me fui con el guía a callejear por la ciudad para encontrar un taxi que me llevase al embarcadero. La ciudad en sí es la típica caótica y polvorienta ciudad egipcia. Ya alejados de la zona turística, de nuevo encontré las malas caras, la falta de ayuda, la hostilidad. Yo comprendo que la cantidad de turistas que va es descomunal, pero cuando vives en Roma también te hartas de turistas que no te dejan ni andar por la calle, pero te armas de paciencia.

Kom Ombo

Entre Edfú y Aswan se encuentra un pequeño templo que es el que más me gustó de todo nuestro recorrido por el Nilo, el templo de Kom Ombo (el pueblecito, principalmente agrícola, que ha prosperado alrededor ha adquirido el mismo nombre que el templo).

En este punto del viaje, prácticamente todos habían sucumbido a la enfermedad del viajero y solo quedábamos cuatro “irreductibles galos” que fuimos los que nos bajamos del barco con (ahora más que nunca) nuestro guía particular.

El templo probablemente no es tan monumental como otros templos de Egipto, y cuando digo esto me refiero a que no ocupa hectáreas y hectáreas, ni está adornado con gigantes esculturas (de hecho no había ninguna estatua) pero es bastante imponente ya que se encuentra en una colina arenosa mientras que el resto de la ciudad a los pies en una llanura. Me pareció una construcción muy geométrica y recogida, que daba mucha armonía al entorno, con maravillosos jeroglíficos que aun conservan su color.

El templo es tan geométrico porque tiene la particularidad de estar dedicado a dos dioses, Horus y Sobek así que tiene dos entradas, dos salas hipostilas y dos santuarios. Es de la época ptolomeica y principalmente pues esta decorado con papiros del delta y lotos del alto Nilo.

Pero la parte que más llama la atención, lo distingue del resto y me pareció sumamente interesante (será deformación profesional pero le vi mucho interés científico y por eso quizás me gustó tanto) es la de los sacerdotes que dedicaban culto a Sobek, el dios cocodrilo, que viene a significar “el que vigila por ti” Por lo que los sacerdotes eran como médicos y se dedicaban a sanar enfermos que se alojaban en el mismo templo.

Así que la mayor parte de los jeroglíficos de esta parte del templo hablan de las operaciones (os aseguro que se puede ver con mucho detalle y muy gráficamente cómo se hacían las circuncisiones en los grabados de un bloque de granito que está en el patio) y las distintas formas de sanar que se utilizaban en aquellos tiempos. Ademas al ser un templo dedicado a Sobek los monjes en una parte del templo, con el agua del Nilo, crearon un criadero de cocodrilos, que cuando morían los embalsamaban. En Kom Ombo hay unas cuantas momias de cocodrilo, que por supuesto para verlas te tienes que pegar pacientemente con 100 turistas más. Aunque esta vez voy a ser buena y no me voy a quejar tanto porque llegamos por la tarde y el templo no estaba muy masificado.

El patio del templo esta en ruinas (el Nilo con sus crecidas, terremotos, e incluso los coptos que usaron el templo como iglesia), pero no por ello deja de ser curioso, como ya he indicado, hay que fijarse bien en las inscripciones en la piedra (son muy gráficas), además por el suelo del patio hay grabados tableros de juegos que los usaban para entretenerse.

Abu Simbel

Para ir a Abu Simbel hay que madrugar (al menos si se va en autobús), y hay que madrugar mucho ya que a las 3 de la mañana hay que salir para poder atravesar desde Aswan todo el desierto hasta casi la frontera con Sudán.

En teoría este viaje se hace en convoy, salen todos los autobuses con todos los turistas escoltados delante y detrás por la policía. Digo en teoría porque; después de tener la típica fiesta egipcia a bordo del crucero (la hacen en todos los cruceros y consiste en vestirse con cheelabas que venden en absolutamente todos los lugares) bailar y hacer juegos, intentar dormir un par de horas (sin mucho éxito porque los del barco de al lado no sé porqué se dedicaron a tocar el djembee) pues al subir al autocar caímos fritos. Cual no sería nuestra sorpresa al despertarnos y ver que estábamos solos por la carretera en mitad del desierto en un autobús que mínimo parecía estar compitiendo en el ParísDakar.

En este viaje ya fuimos tomando contacto con la conducción en Egipto, hablaré más de ella cuando llegue a hable de el Cairo o Giza, pero por lo pronto descubrimos como se usaban las luces. Imagináos a las 5 de la mañana atravesando el desierto (todo oscuro) y de pronto ves una ráfaga de luces a lo lejos. El autobus iba por mitad de la carretera (el concepto carril lo desarrollamos más en El Cairo) y sin luces, y de vez en cuando iba echando ráfagas. Para que el sistema funcione obviamente los que venían de frente hacían lo propio y luego daban el intermitente. Eso significaba hacia qué lado tenía que desplazarse el de enfrente para no chocarse frontalmente, y no que el coche se fuera a mover en esa dirección. Fascinante, no se lo voy a negar.

El amanecer en el desierto es una de las cosas con las que me quedare de este viaje (a parte que por esas latitudes, tanto el amanecer como el atardecer es algo que ocurre más rápido)

Llegamos pronto, lo que significó menos turistas y más Abú Simbel para nosotros solitos (muy importante, porque lo mismo que cuento yo del valle de los Reyes lo he oído de Abú Simbel) .

La historia la conocerán; al construir la gran presa de Aswan el lago Nasser crecería inundando toda la zona, entre otras muchas cosas los templos. Se decretó que se debían salvar (por aquella época no existía el concepto de patrimonio de la humanidad que empezó a partir de aquí) Muchos países ayudaron a mover piedra a piedra la montaña donde estaban escavados los templos de Abú Simbel. Como agradecimiento Egipto regalo templos a los países que habían colaborado (por ello en Madrid tenemos el templo de Debod)

Al llegar al recinto de Abú Simbel la entrada está llena de buganvillas de todos los colores (blanco, rojo, marron, morado…etc) hay q ver en que cosas se fija una, pero es que hacen muy bonita la entrada. Como se entra por detrás de la montaña no ves el templo sino la inmensidad del lago Nasser, como un mar en el desierto.

De cara al lago, allí están los cuatro colosos sentados del faraón Ramsés II marcando la entrada al templo excavado en la roca en la orilla oeste del Nilo. Al parecer después de conquistar a los rebeldes nubios, y supongo que también un poco en una campaña de autoglorificación, mandó construir este templo donde él se deifica a sí mismo.

Al entrar al templo (si la cantidad de turistas lo permite) hay una sala hypóstila de ocho columnas y más a dentro un santuario dedicado a cuatro dioses, Hous, Amon, Ptah y el mismo Ramsés. También hay unos corredores laterales que me impresionaron mucho más; se encuentran iluminados muy tenuemente y son muy estrechos y bajitos. En todos ellos los jeroglíficos representan lo mismo básicamente, Ramsés ganando batallas.

Una curiosidad de éste templo es que en febrero y octubre (el día del nacimiento y coronación de Ramsés) estaba orientado de tal forma que el sol entraba por la puerta e iluminaba la estatua del faraón proporcionándole una especie de halo. Al mover el templo de su posición original se hizo respetando este fenómeno (aunque me parece que algo cambió, no recuerdo exactamente pero me parece que ahora no se ilumina al amanecer sino al atardecer)

El templo de Ramsés es enorme e impresionante. Si lo que quería era impresionar a los recién conquistados, lo consiguió. No obstante a mi me entusiasmó mucho más el templo que hay a su lado dedicado a Nefertari, su mujer preferida, y la diosa Hathor (con cabeza de vaca, que es la diosa del amor).

Este templo es mucho más pequeñito, pero los jeroglíficos están mucho más cuidados son mucho más bonitos y delicados. En la sala hypóstila también hay una columnata en donde aparece Nefertari desnuda, como si de la misma diosa Hathor se tratase. No tiene los corredores laterales, sino que simplemente consta de la sala y el santuario.

De vuelta a Aswan, de nuevo en teoría debíamos de ir todos los autobuses juntos en convoy, pero ya al subir al bus nuestro guía nos dijo que como teníamos un piloto “experimentado”, llegaríamos seguramente una hora antes de lo previsto. Y es cierto, el autobús fue a tal velocidad que llegamos cuando a penas nos había dado tiempo a comernos el desayuno que nos habían preparado.

Aswan

Aswan realmente me gustó. Es un lugar que tiene mucho encanto, que encontré realmente exótico y comprendí porqué se puso de moda a principios del siglo XX cuando gente famosa, como Agatha Christie, lo elegían como lugar para pasar el invierno.

Esta pequeña ciudad muy cerca de la frontera con Sudan tiene definitivamente una atmósfera más africana que mediterránea. Incluso la mayoría de la población es de la raza nubia, más morenos con ojos claros y labios finos.
En sí no tiene mucho, su calle principal, la Corniche se extiende varios kilómetros paralela al Nilo hasta el cementerio y es en esa calle donde se encuentra el zoco.

Por una vez durante mi viaje no me sentí en una especie de todo a cien para turistas. Creo que siempre recordaré el paseo por el bazar con los olores de las especies (de Egipto siempre recordaré los suaves olores afrutados que flotaban en el ambiente de todas las ciudades), la fruta (ummm que rica que estaba la fruta en Egipto, no he vuelto a probar unos dátiles frescos ni unas mandarinas tan dulces en mi vida), los perfumes, el sonido de los mercaderes gritando sus mercancías, los pollos y otras aves chillando en las jaulas, y la vista se perdía entre las coloridas mercancías.

Realmente el zoco de Aswan había sido el lugar más exótico en el que había estado en mucho tiempo, durante unas horas me sentí a lo Indiana Jones en busca del arca perdida.

Al este del cementerio se encuentra una cantera de granito con un obelisco inacabado. Obligada visita de todos los paquetes turísticos. Por muy interesante que a uno le pueda parecer como se cortaba la piedra (que todos lo sabemos de antemano, con madera mojada) ese sitio es terrible. Volvió a superarme el estar con 20000 turistas más, que habíamos llegado todos a la vez, como en el metro en una hora punta. Ni siquiera pare a tomar fotos del asunto, eche un pequeño vistazo e imité al guía que se fue al chiringuito.

No me podía creer que hasta en un lugar tan bonito como Aswan me estuviera destrozando el viaje de esta manera, se te acaba la paciencia y te cabreas y no eres capaz de disfrutar, menos mal que el resto lo pudimos descubrir a nuestro aire.

Curiosamente lo más bello de Aswan no es la ciudad en sí, sino dónde está situada. Es agradable estar un rato en la Corniche tranquilamente viendo los barcos atracando y las miles de falucas surcar el Nilo. Justo en frente  del puerto, en medio del gran río, se encuentra la isla Elefantina.

Es terrible lo que hicieron en la isla, pues decidieron construir un macrohotel, al darse cuenta de que esto quitaría las preciosas vistas pues pararon la construcción pero dejaron los andamios. Aún así puedes ver las famosas vistas, y es que contrastan el palmeral de la isla y la rivera del Nilo con las montañas que hay en la rivera Oeste (justo en frente de Aswan) por un lado, se ve el mausoleo en granito rosa de Aga Khan y las tumbas de nobles egipcios de la sexta dinastía en lo alto de la montaña en una especie de acantilados. Por otro lado al norte se pueden ver las ruinas del monasterio de San Simeón del siglo VII y todo ello entre las colinas del anaranjado desierto.

Además está la gran presa, cuando fuimos a verla no lo consideraba algo que mereciese la pena… total una presa, todos hemos visto presas en nuestra vida, a quien se le ocurrirá ir explicitamente a ver una. Pero una vez allí arriba lo vi de forma diferente. No es el paisaje lo que me impactó. Aunque el lago Nasser es increíble, es como el mar, y al fondo de puede ver la pequeña islita con el templo de Philae en una cantidad de agua que no acaba. Lo que me maravilló es que se trata de una gran obra de ingeniería que merece ser vista.

Yendo con un viaje organizado nos dieron una vuelta en faluca mientras interpretaban canciones nubias, es un paseo muy bonito (aunque quizás a otra hora del día, lo hicimos muy temprano y hace mucho frío por las mañanas) Fue en ese paseo cuando dimos la vuelta a la isla Elefantina que descubrí otra isla, la isla de Kitchener.

Un general inglés al que le dieron la isla por sus campañas en Sudán, y él importó plantas de todo el mundo para crear un jardín. Ahora funciona como jardín botánico, solo se puede llegar a ella en barco y es realmente exuberante. Una isla llena de flores de todos los colores y de garzas blancas que la utilizan como lugar de reposo. Creo que este sitio me robó el corazón.

Nag Gharb Sihell,

Una mañana nos convencieron para hacer una excursión a un poblado nubio cercano a Aswan. Es la típica excursión que te venden y vale que será muy turística pero la disfruté.

Para empezar fuimos en una barquita muy decorada donde nos sirvieron refrescos y fruta (todo lo que quisiésemos) y el paisaje no podía ser igualado. El alto Nilo, cerca ya de su primera catarata realmente transmite paz y tranquilidad. El contraste de las arboladas orillas frente al desierto a pocos metros, repito que es inigualable.

Pasamos mucho más cerca del mausoleo del líder Ismaelita Aga Khan. De camino muchos niños en barquitas improvisadas se acercaban cantando y vendiendo cosas, cuando llegamos al poblado más de lo mismo, te acompañaban por todo el pueblo.

Esta misma excursión también se podía hacer en camello, casi todos fueron en dromedario de hecho. Pero después de mi gran experiencia en Edfú, preferí la barquita donde además vas a la sombra, es cómoda, y el servicio fue increible no nos esperábamos lo de la bebida y las frutas.

El poblado consistía en una pequeña multitud de casas de adobe. En medio del desierto brillaba su blanco y azul pastel. Por dentro las casas estaban muy decoradas con dibujos.

Nos llevaron a la escuela, cruzamos el pueblo, el lugar donde rezaban y luego entramos a casa (nada natural como imaginarán pero supongo que su principal fuente de ingresos serán los contratos con guías) La familia era agradable, tenían cocodrilos (que los criarán para enseñárselos a los turistas). Nos ofrecieron chai (té con menta) y carcadé (de flor de ibisco que descubrí por primera vez aquí) Sacaron shishas para fumar y la mujer nos hizo tatuajes de hena (repito, supongo que lo harán en todas las casas, estilo recibimiento al turista, peeeeeero aún así me gustó).

En resumen, volví 100% enamorada del alto Nilo y con una lista de “cosas que no pude visitar en Aswan por ir con un viaje organizado” Realmente pienso que es un lugar al que volvería, por mi cuenta eso si.