Bled

Érase una vez Bled:

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Solo con esta frase se puede comenzar a hablar de este pueblo esloveno en los Alpes Julianos.

Llegar hasta él no es complejo (no ya solo en el sentido transporte sino el enterarse de que existe y las ganas inmediatas que te entran en el cuerpo de ir a verlo) No se trata de ninguna séptima maravilla que tengan escondida los eslovenos locales locales, por el contrario es un punto super turístico desde que la aristocracia europea iba a pasar tranquilas estancias en el lago. Según aterrizás del avión en el aeropuerto de Ljubljana te bombardean con miles de fotos de Bled.

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Por lo tanto está muy preparado, muy bien indicado para llegar, hay miles de hoteles de lujo y muchos campos de golf… y aún así nada le puede quitar su magia. Ese aire de Hanssel y Grëtel de los bosques que lo rodean, de bella durmiente en el castillo del acantilado, o de Rapunsel en el torreón de la isla del medio del lago.

Como Eslovenia es un país muy pequeñito, para visitarlo nos valimos del transporte público. En concreto hay varias opciones para llegar hasta aquí: en autobús (una hora larga) desde Ljubljana (que es por la que optamos), o en tren hasta el pueblecín de Lesce y bajar andando (ojo que son unos 3km) hasta el lago.

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Bled está en una pequeña esquina, esparciéndose alrededor del lago Bled, color esmeralda, de de origen glaciar. El autobús tiene su parada justo al lado de la iglesia del pueblo. La iglesia de San Martin es de un estilo similar al que se encuentran en otros países austro-húngaros, con campanario de teja de pizarra negra muy puntiagudo y blanquita, o de colores pastel en otros pueblos.

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Antes de bajar hacia el lago pasando por los increíbles hoteles y casitas del pueblo, es muy recomendable subir al castillo que se encuentra en el acantilado sobre el lago. Se trata de un castillo medieval como muchos de Eslovenia (como los que hay por la región de Postojna) construido en el 1004 valuarte de los obispos de Brixen. Al igual que en Smarna Gora, la subida a la colina Blejski (esta vez hay escaleras y no hay que reptar por las raíces de los árboles) tiene su recompensa y en la plaza del castillo, a parte de las increíbles vistas sobre el lago y los densos bosques de los Alpes, hay un restaurante chulo (a parte de un museo).

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El paseo por alrededor del lago es otra cosa imprescindible. Existe un camino medio asfaltado alrededor, aunque es más bien tierra compactada. Por este camino uno se ve rodeado de maravillosos jardines, embarcaderos para barcas techadas que pasean a los turistas por el lago, patos, cisnes (como en todo buen cuento de hadas que se precie) y demás.

Alejándose del pueblo se tiene una de las vistas más bellas, con las altas montañas de los Alpes Julianos detrás (cuando fuimos en mayo todavía nevadas) contrastando con el pueblecito chiquitín y de color blanco.

Ya antes de llegar a Bled, sabíamos qué íbamos a hacer en el lago: ¡Alquilar una barquita e ir hasta la isla! de hecho alquilamos dos barquitas de remos. Como era temporada baja (en el pueblo no había nadie) tuvimos que ir hasta una casa y llamar para poder alquilar dos barquitas.

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Echamos una competición para ver quien llegaba antes a la isla, aunque como no había nadie en el lago no teníamos presión por el tiempo. En ella se encuentra unicamente la iglesia de la Asunción, de unos 900 años, que fue residencia de los obispos tiroleses durante al menos 8 siglos. Lev nos contó que para casarse en la iglesia hay que esperar años pero que es un sitio muy popular en Eslovenia.

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Al llegar, después de remar por el agua de azul intenso del lago, se sube a la iglesia por una escalinata blanca enorme desde el embarcadero. Anexada a la capilla se encuentran habitaciones de los monjes y demás estancias. Por cierto que como no podría ser de otra manera la isla tiene leyenda. A la condesa del castillo de Bled se le murió su marido y siempre iba a rezar a la capilla de la Asunción en la isla, así que mandó construir una campana de oro que cuando la fueron a poner se hundió con la barca que la transportaban. Dicen que algunas noches se oye repicar a la campana por debajo del agua.

De vuelta al pueblo, decidimos comprar comida en un super (donde descubrimos una especie de chopez de pollo esloveno que nos salvó del hambre en incontables ocasiones) y merenda-cenar en un jardín al lado del lago en la parte más cercana a la isla.

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Bañarnos aunque el agua invitaba, era principio de mayo y estaba helada, así que decidimos que no. Y simplemente dejamos pasar lo que nos quedaba de tarde hasta coger el último autobús tranquilamente en el pueblo donde parece que nacieron todos los cuentos.

Smarna Gora

Como más de uno ya se habrá dado cuenta gora quiere decir montaña. Smarna Gora es una montaña con dos picos que hay al norte a las afueras de Ljubljana. La foto está escogida a propósito para que queden un poco más impactantes porque siendo realistas esto no es el Triglav ni de lejos pero resulta que es la montaña más subida en Eslovenia al ser un centro de peregrinación.

mapa smarna gora

Llegar hasta ella es muy sencillo, desde cerca de la estación de autobuses de la ciudad hay que coger el autobús nº4 (del número no estoy completamente segura, pero si queréis ir solo hay que preguntar) hasta su última parada.

Smarna gora 1

Nosotros, en realidad, llegamos allí porque eso es un barrio residencial (a unos 10km del centro de Ljubljana) donde vivía nuestro amigo Lev. Resulta que es una zona muy popular donde la mayoría de los eslovenos van a hacer deporte (éstos son un poco como los noruegos obsesionadisimos por el deporte a todas horas) y según llegamos antes de enseñarnos su casa ni nada nos dijo “ala vamos a subir la montaña, es un paseo que mi madre lo hace en 45min“.

De la parada del autobús, hay que cruzar el río Sava, donde mucha gente va a correr, y ya solo queda meterse en el bosque a la derecha, y subir, porque toda la subida se hace por los recobecos de un bosque de árboles muy verde y frondoso. (Acababamos de volver de Postojna y habíamos estado bromeando con que era Moria, así que durante toda la subida estuvimos diciendo que era como Lothlorien, que algunos nacimos frikis)

Smarna Gora 2

Hay 15 caminos muy cuidados para subir, alguno es una pared de escalada. Lo típico es ir por el centro de los dos picos hasta que en el camino hay una campana en lo alto de un poste (con cuento y tradición incluidos, hay que hacerla sonar solamente tres veces) Hay se bifurcan dos caminos para ir a los dos picos el Grmada (el más alto) y Smarna. La subida serán unos 330 metros de desnivel en 4 kilómetros (en total 8 ida y vuelta)

Como ya he dicho no es subir a los Alpes, pero se sube rápido en pocos km, (la chunga se nos quejó bastante en la hora que duro la subida) aunque la pendiente es practicamente constante y en los lugares de más inclinación las raíces de los árboles forman escaleras naturales. Los caminos están muy bien cuidados, mantenidos, señalados con cartelitos y usan maderas o las mismas raíces de los árboles para acotarlos.

Smarna Gora 3

Eso sí, por algo merece la pena subir. Las vistas increibles (tanto que hasta tienen una rampa para salto en parapente) En los días buenos se pueden ver los alpes julianos y el Kamnik. A parte, justo en lo alto de Smarna, se construyó en el s.XV una pequeña iglesia gótica fortificada, la iglesia de la madre de dios, para avisar de las invasiones turcas que merece la pena visitar. Al lado hay una especie de posada donde ofrecen comida típica del país. Como era por la tarde y a nosotros nos había costado más de 45 minutos la subida merendamos una especie de yogurt líquido parecido al kefir, una especie de milojas con manzana, pasteles de cremita blanca con bizcocho de frutos secos (no me acuerdo de ningún nombre) ¡y la cockta! (de éste si que me acuerdo).

Postojna

Eslovenia es famosa por la región del karst que tiene kilómetros y kilómetros de cuevas bajo su superficie. Hay muchas cuevas, lagos subterráneos, etc que se pueden visitar desde diferentes pueblos pero la más famosa, es sin dudarlo Postojna.

Es un pueblo que se encuentra a unos 60km de Ljubljana y desde tiempos del imperio austrohúngaro era una parada obligatoria en el camino a la costa, con lo que ha pasado a formar parte de una de estas villas dedicadas al turismo desde tiempos inmemorables.

De nuevo cogimos el tren hacia Venecia, pero esta vez nos bajábamos en Postojna. Como teníamos algunos “abueletes” ya en el grupo, la chica de la taquilla nos contó que salía más barato coger el billete de grupos así que preguntad por él (te dan como unos cartoncillos y ese es el billete). Si en nuestro viaje a Trieste, el tren no tenía nada de especial, esta vez los dos que cogimos eran 100% Orient Express. En rojo y dorado, tenía las típicas cabinas de 6 personas con cortinas de terciopelo rojo y por supuesto, el vagón restaurante completamente principios del siglo XX donde desayunamos como señores.

Strassenecke Postojna

Al llegar a Postojna la verdad es que nos asustamos un poco. Prácticametne bajas en medio de las vías, no había un edificio especial ni mucho anden. Fuimos a parar a los restos de una antigua locomotora a vapor (donde por supuesto, no pudimos resistir la tentación de subirnos y monear un rato) Pero la verdad era que por mucho que oteábamos no veíamos señal de población.

Nos pusimos a andar, vimos algunas casitas y ya preguntamos a un viejito (aquí los jóvenes hablan inglés pero absolutamente todos, incluso la abuelita mas abuelita, sabe hablar alemán).

Cuesta abajo, como nos indicó, las casitas empezaron a convertirse en mas o menos calles de pueblo y decidimos parar en un ultramarinos a comprar cosas para los bocatas del mediodía. Por fin llegamos a la plaza del pueblo, donde los edificios son de color blanco y pastel rosa y la iglesia blanca y pastel azul.

Allí nos volvimos a informar por las cuevas y nos mandaron por una carretera (unos 2km nos dijeron) Era sencillo ya que enseguida empezamos a ver explanadas para que los autobuses aparcaran (está todo muy bien pensado) Esa misma carretera (unos 9km más allá) lleva hasta Predjama, un pueblo donde hay un castillo medieval excavado en la roca, pero nosotros no teníamos medios para llegar hasta allí.

La entrada a la cueva (jama en esloveno) es todo un monumento en sí. Subes una escalera, y como excavado en la roca hay una especie de palacete que hace las veces de museo y tienda de souvenir. Al fondo se ve la entrada, que es una pequeña grieta en la montaña que cubierta casi por completo por la hiedra que tapiza la pared de la montaña.

Había mucha gente (muchiiisimos italianos), de hecho unos chicos napolitanos vinieron a revendernos sus entradas (era un colegio y pretendían escaquearse) pero como nos salía más barata comprarla con el carnet de estudiante les dijimos que no.

La visita a la cueva consta de dos partes, y en total se visitan 5km (aunque la extensión es 20km, la más grande de Eslovenia), primero tres kilómetros en una especie de tren (estilo parque de atracciones)

El tren para en un sitio donde se encuentran guías (tienen carteles con el idioma que hablarán, diariamente están el de esloveno, italiano e inglés, pero hay más idiomas solo que hay que consultar los horarios de esas visitas), nosotros nos apuntamos al de francés. La elección del guía francés fue muy buena, porque el grupo éramos nosotros 6 y dos franceses. Así que dejamos pasar a los demás y luego íbamos completamente solos por la cueva.

La visita guiad son unos 2km (unos 90 minutos) por las distintas galerías que se iluminan según se pasa y el paisaje es increíble. Realmente hay formas de estalactitas y estalagmitas muy bellas, y pues bueno, es como todas las cuevas realmente, pero lo que asombra es la inmensidad de la cueva.

Hay salas enormes (otras que han tenido que retocar un poco para la entrada de visitantes) También hay que decir que la cueva recibe visitas desde el siglo XIX (y no de espeologos locos, sino como ya he dicho, es un sitio turístico desde hace mucho tiempo)

Creo que lo más bonito, a parte de las formas que adquiere el paisaje karstico, esta al final de la visita. La cueva tiene una sala que se usa como auditorio para conciertos de música clásica gracias a su excepcional resonancia (aunque no es la única en el mundo en esto. En España, en las cuevas de Nerja se han hecho muchos conciertos)

La otra cosa característica, es el Bicho. En estas cuevas vive una especie de bicho prehistórico, ciego, blanco, como un pez pero ¡¡¡con carita y brazos!!! Han hecho unos estanques artificiales para que la gente les pueda ver, el nombre científico es proteus anguinus.

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Después vuelta al trenecito, que nos dio mucho juego, ya que justo por esa época habíamos descubierto la canción de voy camino a Moria, no paramos de cantarla en todo el trayecto (entre otras frikadas que hicimos mientras visitábamos la cueva… solo os digo que en un momento había una especie de puente colgante para ir de un saliente de la cueva a otro)

Por cierto, en las cuevas hace fresco (no frío) y también son húmedas, vendían unos impermeables pero realmente no hacen mucha falta, eso sí algo te mojas. En teoría está prohibido hacer fotos dentro (por el flash… de todas formas con la poca luz que hay si quieres hacer alguna tiene que ser con trípode)

Bohinj

Normalmente puedo decir este sitio me ha gustado mucho, éste más, éste menos. Pero uno de los lugares más bonitos de los que he estado es Bohinj y con diferencia. Pocos lugares, durante mis viajes, he encontrado que se acerquen a la belleza del lago Bohinj. Bueno y en general todo el que me conoce sabe que si debo recomendar viajar a algún país es Eslovenia sin dudarlo. Se trata de un país muy pequeñito pero tiene todo tipo de contrastes, desde el mediterráneo hasta los Alpes, pasando por viñedos.

Además se le añade el encanto de que nunca habíamos pensado ir hasta allí. Se trata de uno de estos lugares que el destino pone en tu camino; volviendo desde Trieste a Ljubljana, conocimos en el tren a un chico colombiano que vivía en Maribor con el que pasamos charlando la mayor parte del camino. Le contamos que, como buenos turistas impresionados por el bombardeo de fotos, pensábamos ir a Bled y entonces nos comentó:

El mismo autobús que os lleva a Bled desde la capital, sigue hacía adelante hasta que acaba la carretera a los pies de los Alpes Julianos. Allí al final hay otro lago, muchísimo mas bonito, así que ni lo dudéis“. Y no lo dudamos.

Pasado Bled, el autobús se claramente se aleja de la civilización adentrándose por una carretera mucho más estrecha entre las montañas. De entre los prados sobresalen pequeñas casas esparcidas por el campo, muchos rebaños de vacas y de vez en cuando alguna picuda iglesia con el campanario en forma de bulbo. Después de una hora nos bajamos en lo que auténticameten es la última parada ya que como nos dijeron, la carretera se acaba literalmente. Quedarnos con la boca abierta fue poco: Cuenta la leyenda que cuando Dios repartía el terreno vio a un grupo de hombres (los bohinjskos) que estaban callados sin hacer nada ni protestar, y fue a ellos a los que dio el lugar más bello.

El pueblo se encuentra en el corazón del parque nacional del Triglav (el pico mas alto de Eslovenia, aunque no “demasiado” alto 2863m, que se ve desde el lago) siendo un espacio completamente rodeado de naturaleza con un ambiente tranquilo y relajado. Para deportistas y amantes de la naturaleza desde aquí salen un montón de recorridos por las montañas (hay un panel informativo al lado de la parada del autobús) y sinceramente creo que recorrer un poco las montañas fue lo que nos faltó en nuestra visita para disfrutar 100% del valle. En el invierno se puede acceder a las pistas de esquí del Vogel. En la primavera hay muchas compañías de deportes de aventura para hacer descenso de barrancos, rafting y demás. Y para el verano se alquilan barcas de madera pues el lugar está muy pensado para familias y sin embargo sigue siendo poco turístico.

Pero nosotros nos tuvimos que conformar con un simple paseo. Hay un camino que bordea todo el lago a través de los bosques, con alguna que otra cascada que cae desde las montañas, muchos arroyos que van a parar al lago lo cruzan. No es muy largo y es muy agradable. Pensabamos visitar los dos pueblos el mismo día y el problema es que hay más autobuses que van solo hasta Bled. A Bohinj llegamos temprano en la mañana con nuestros bocadillos preparados para nuestro día de campo, pero justo después de comer con pena nos tuvimos que marchar, porque autobuses para Bled solo salían cada cuatro horas.

A la orilla del lago, además se encuentra la iglesia de San Juan Bautista de 1440 (origen gótico) y está entre las más antiguas de eslovenia. Los frescos del interior también son un registro histórico interesante con la vida de San Juan. y al otro lado del puente se encuentra un pequeño bar (donde la chunga se pudo tomar su sagrado café). Pero por lo general el pueblo está más en el valle y como los otros que pasamos es más bien ganadero (respetando el paisaje típico de esta zona granjas iglesia y las montañas), aunque cerca del lago está el camping y desperdigadas algunas casitas que funcionan como b&b.

Piran

Podemos parar antes de llegar a Venecia” dijo Mary, “me gustaria que fuese Eslovenia, anda porfi Miau, dinos un lugar donde parar

Hombre pues yo todavía no he estado en la costa eslovena, Lev nos la recomendaba mucho y sé que hay un pueblecito super chulo, lo veo siempre en un poster de un congreso que tiene mi jefe en su despacho pero es que no me acuerdo de cómo se llamaba…

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Finalmente mirando el mapa de carreteras decidí que el nombre que me sonaba era Piran, y acerté. Según nos acercamos por la costa nos mandaban a un aparcamiento (no se puede circular por dentro) Como no queríamos pagar subimos a la parte alta del pueblo. Allí había una especie de descampado con varios coches aparcados y les imitamos.

Así que nuestras primeras vistas de Piran fueron desde las murallas que le rodean en lo alto de la loma. Se trata de una fortificación de dos muros paralelos almenados construidos en el s. VII.

Desde allí, parece todo tan recogidito en la península. Con estas vistas antes de entrar a la ciudad, no te quedará ninguna duda de que tuvo un pasado veneciano (Fue asentamiento romano primero y en la edad media perteneció al reino de veneto).

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Como teníamos que bajar, lo primero que nos quedaba a mano era la iglesia de San Jorge. Al igual que en los demás pueblos de la península de Istria, esta pequeña iglesia domina tan mediterraneamente sobre el pueblo. Y menos mal que fue lo primero que visitamos porque nos informó una mujer super simpática y amable que el campanario cerraba pronto, para que lo visitásemos lo primero de todo (aquí hablan italiano, así que sin problemas de comunicación).

De todos los campanarios que nos subimos en este viaje, este me pareció el más seguro de todos y el mejor preparado para personas con vértigo. Desde tan arriba era precioso ver toda la península, el puerto y a lo lejos los rayos de la tormenta que se estaba produciendo en la costa veneciana, mientras nosotros disfrutábamos de un espléndido sol de agosto.

Después de visitar la iglesia, bajamos al pueblo para perdernos por las intrincadas callejuelas medievales de la ciudad entre las pequeñas y pegadas casitas. La ciudad hay que recorrerla, es preciosa, y de punta a punta se tardan unos 30 minutos. Y finalmente decidimos descansar a la sombra en la plaza central. La plaza de Tartini, es una plaza ovalada dedicada al violinista Tartini (tiene una estatua en el centro) y es uno de los sitios más bonitos con diferencia. Las casas venecianas medievales te hacen tener la sensación de que realmente estás en Venecia y el curioso suelo de mármol y la piedra de algunos edificios relucía tanto con el sol que daba la sensación de un pueblo completamente blanco destacando las más viejas casas del lugar pintadas de extravagantes colores.

A la hora de comer recorrimos todo el paseo marítimo que es donde se encuentran la mayoría de los restaurantes y al final nos decidimos por una pizzeria (nos reímos un montón con el camarero) justo en la punta de la península (cerca de una casa con un tejado en forma de bóveda) donde hay una especie de plataforma de hormigón donde la gente aprovecha para plantar la toalla y bañarse. De nuevo de cara al Adriático, los rayos que caían a lo lejos en el mar nos tenían fascinados.

Un último paseo nos permitió encontrar otro sitio a las afueras del pueblo donde también te podías bañar (que pena no haber sacado las toallas del coche) y así fue como con muchiisima pena dijimos adiós a uno de los sitios más bellos de nuestro viaje. Como siempre este país sigue fascinándome, me parece increiblemente bonito y con un fascinate contraste entre los Alpes y el Adriático que no dejo de recomendar a todo el mundo. Pero aún teníamos una sorpresa esperándonos, damos eternamente las gracias a la policia local de Piran ya que en vez de multarnos por aparcar mal el coche nos pusieron un aviso de que a la siguiente infracción nos multarían (y como estábamos de ilegales en el país, mejor que no quedase patente que habíamos estado allí)

Ljubljana

Pequeñita y bonita, no es que tenga un esplendor que te ciegue pero es una pequeña monada, así es Ljubljana.

Es una ciudad de arquitectura centroeuropea donde las haya. Según llegamos la primera noche, nos plantamos en el centro de la ciudad (en la placita de los tromostovje, que vienen a ser tres puentes que sobre un gran canal) y pensábamos “cómo recuerda a Praga” Y aunque a simple vista no haya nada similar, en seguida te das cuenta de que no puedes dejar de pensar en la ciudad checa por su disposición, con el castillo en lo alto de la ciudad y las callejuelas medievales es idéntica, pero ningún edificio es medieval. Lo que llevaba a la siguiente frase: “cómo recuerda a Viena” con esos decimonónicos edificios que varían entre barroco y art nouveau. Y ya con la luz del día te fijabas en que todos eran blancos con tonos pastel y la gran cantidad de iglesias, por lo que no podías dejar de pensar “cómo recuerda a Salzburgo” No vamos a negarle entonces que decididamente es una ciudad centroeuropea pero es simplemente Ljubljana con su estilo propio, ya que desde hace 3000 años ocupa el mismo lugar como importante de paso entre los Alpes y el Adriático. Se dice que fue fundada por el propio Jasón y que fue allí donde luchó contra el dragón, que hoy en día es símbolo de la ciudad.

El centro de la ciudad se encuentra en la plaza Prešernov trg donde tres puentes unidos cruzan el río y a la izquierda se alza la iglesia franciscana (en un coqueto color rosa niña, aunque por dentro tampoco es gran cosa) Justo en frente, al otro lado del río desde los tromostovje hasta el puente de los dragones se encuentra el mercado central que ocupa toda las arcadas que hay a lo largo del río y la plaza principal. Y justo detrás sobresale la cúpula de la catedral. Es importante saber que realmente no hay ningún lugar super emblemático sino que a uno y otro lado del río la ciudad es igual de bonita limpia y merece la pena ir paseando por sus callejuelas de plaza en plaza simplemente disfrutando de la ciudad.

En una loma en el centro de la ciudad se encuentra el castillo. Obviamente muy restaurado y casi todo es muy moderno. El edificio de cerca no me gustó mucho pero aun así merece la pena subir (o en teleférico o andando por las escaleras) para desde arriba ver las vistas de la ciudad. Además funciona como museo contando la historia de la ciudad.

Luego nuestro amigo Lev una tarde nos llevó al oeste de la ciudad, donde se encuentra el barrio con palacios que es la zona de las embajadas y el gran Tivolski grad. Un parque de enormes dimensiones que se extiende entorno a la mansión del mismo nombre, y donde aprovechando el calorcito de la primavera de ese mes de mayo estaba media ciudad haciendo pic-nic como nosotros.

Al ser chiquitita se ve cómodamente en un día, aunque es muy recomendable pasar varias noches en ella, la vida nocturna no tiene precio. Por una parte cerca de tromostovje se encuentra una callejuela con las terracitas más pijinas y encantadoras de la ciudad a lo largo del río (es un rincón realmente bonito y cuidado de la ciudad) Más hacia el parque de la plaza Kongresni Trg, que es donde se encuentra la universidad también hay muchos pubs, y sobre todo la discoteca Global en lo alto de un edificio (hay que subir en un ascensor que se encuentra en la calle slovenska) donde se ve toda la ciudad. Por último, alejándonos 5-10 minutos del centro de la ciudad, se encuentra el lugar más alternativo de europa, Metelkova. Se trata de un solar con barracas militares donde se alzaron muchos garitos okupas dedicados a la cultura alternativa, funcionan como centros culturales de día. Hay de todo desde reagge hasta black metal, pero sobre todo un montón de gente curiosa. Había unos (que se interesaron por nosotros y resultaron ser un pintor y un escultor que se empeñaron en llevarnos hasta su casa) cortando e invitando a todo el mundo a una especie de jamón, de la nada salieron unas chicas que en mitad de la plaza del solar se pusieron a bailar flamenco, en uno de los garitos heavys había sofás y una biblioteca. Es un lugar único.

Ese pequeño país llamado Eslovenia

Es que si alguien me hubiese dicho que estaría aquí, no le hubiese creído” era la frase que una y otra vez repetían todos mis amigos durante el viaje. En aquel año, a todo el mundo que contábamos dónde nos íbamos de viaje nos preguntaban ¿Y eso es Europa? a lo que yo respondía “si, y hasta tienen euros“. La pequeña Eslovenia ahora se ha vuelto un poco más conocida (o al menos eso quiero creer)

¿Por qué Eslovenia?

Eslovenia se puso en mi punto de mira muy tempranamente en mi carrera viajera, justo el verano del año anterior, el del 2006. Por aquel entonces un a migo solía salir a la montaña con una pequeña empresa de internet, a tu aire (ahora ha crecido mucho). En el verano de 2006 como al principio nadie se animaba a un viaje de fin de curso estuve tentada, por no ir sola a apuntarme al viaje para subir al Triglav que esta empresa montaba. Al final la vida da sus vueltas. Resulta que no fui ese verano, pero en el mes de septiembre conocí a Lev, un esloveno que estudiaba lo mismo que yo y nos hicimos muy amigos.

Eslovenia es un país que siempre recomiendo a todo el mundo que me pregunta por destinos. En 20 km cuadrados, combina pueblos 100% mediterráneos, con la alta montaña de los Alpes Julianos, pequeñas ciudades de marcado caracter eslavo y una red de kilométricas cuevas, con grandes colinas de viñedos. Después de todo lo que he visto es un país que me sigue enamorando y del que creo que jamás me cansaría. Rebosa naturaleza, como podría ser Suiza o Noruega, solo que aquí te transmité un no sé qué mucho más salvaje y en estado puro que en esos otros dos países.

Para llegar hasta allí compramos billetes de Charleroi a Ljubljana con la low cost Wizzair (que funciona francamente bien) Durante el vuelo me impresionaron mucho los Alpes ya que el avión desciende y sobrevuelas las montañas prácticamente al lado, se ven tan cercanas… Además es que hasta entonces no había visto los Alpes de cerca.

Pasamos dos noches en Lujbljana pero justo un día no teníamos alojamiento así que nos fuimos en tren hasta Trieste (realmente podríamos habernos ido a cualquier otro sitio, pero lo elegimos mirando con google ciudades medio grandes con albergue) Después de esta escapada a Italia volvimos a Ljubljana, al mismo albergue en el que estuvimos las primeras noches, ya para el resto de nuestra estancia. El albergue estaba bien, era muy curioso porque a la vez era albergue y gimnasio.Estaba un poco alejado del centro, pero por las mañanas nos movíamos en autobús y por las noches (grandes noches en Metelkova) llamábamos a un taxi. El albergue que cogimos en Trieste, estaba realmente lejos de la ciudad pero sobre todo tenía unos horarios de pesadilla.

Lo que hicimos fue usar la pequeña capital como punto de partida de excursiones de un día. Aprovechamos y fuimos a Postojna, en la misma linea de tren que va a Venecia, para ver las cuevas. En autobús fuimos hasta el parque nacional del Triglav y visitamos Bohinj y Bled, ambos sacados de cuento de hadas. Incluso nos atrevimos con una caminata y subimos Smarna Gora, una montaña cercana a Ljubljana donde, en su cima, se encuentra un antiguo monasterio. Y ya que habíamos llegado hasta aquí muchos no pudieron resistir la tentación de ir hasta Zagerb, yo creo que en ese momento de nuestras vidas, la capital croata era con diferencia lo más exótico en nuestro haber.