Maastricht

De casualidad en un mapa, era la ciudad más “grande” y a mano para pasar una noche. Pero de ella no sabíamos mucho antes de llegar, tan solo que fue donde se firmó ese famoso tratado de la Unión Europea. No me esperaba, desde luego, que resultase ser la primera ciudad de Holanda que realmente me gustó hasta la fecha (luego hice un viaje más exclusivo para conocer Holanda), y es por eso le tengo un cariño especial.

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Maastricht está sorprendentemente al sur de los Países Bajos, en una esquinita. Tan pegada a Bélgica que hasta parece que tiene cierta influencia francesa. Desde luego, tiene una atmósfera especial y diferente del resto del país.

Nos alojamos en el albergue stayokay que está justo en el río Mosa (lleno de cristaleras y enorme, muy tranquilo y limpio donde además nos dieron un mapa y nos explicaron qué ver en la ciudad) Aparcamos en un gran aparcamiento que hay justo al lado (lo cierto es que fue muy sencillo aparcar, que era algo que teníamos miedo)

La ciudad está dividida en dos por el río, en lMaastricht coblestonesa orilla en la que se situaba el albergue está el casco más antiguo y medieval de la ciudad y al otro lado una ciudad más moderna.

La misma noche que llegamos nos internamos en la ciudad vieja para llegar casi por inercia al ayuntamiento (stadhuis) del siglo XV, muy interesante, sobre su fachada se estaba proyectando una animación de la historia de la ciudad, holanda y la unión Europea. Acabamos con un poco de fresco pero encantados con la suerte que habíamos tenido y conociendo bastante más la historia de lo que íbamos a ver al día siguiente.

Al día siguiente, empezamos nuestro paseo por los parques que forman el cinturón verde que rodea la muralla medieval de la ciudad antigua (muy recomendable si hace bueno) De esta forma pudimos admirar la fortificación que antaño rodeaba la ciudad. Ha dos bastiones que tienen interés histórico “Hoge Fronten” en el noroeste y el “Waldek” en el parque que lleva su nombre al suroeste. Estas murallas, junto con los pasillos subterráneos están a veces abiertos al público. Recorriéndolos yo me imaginaba lo que debía haber sido atacar este fuerte, ya que las paredes interiores del bastión siguen llenas de armas listas para atacar.

Stadhuis Maastricht

Luego nos metimos a callejear a lo largo de estrechas y deslumbrantes calles adoquinadas, para admirar las elegantes casas de los siglos XVI y XVII, maravillosamente decoradas con colores vivos pintados y ventanas con flores. Con ellas conviven construcciones romanas y torres, paredes y puertas medievales.

Hay varias plazas en el centro de la ciudad, cada una de las cuales vale la pena visitar. Pasando por la puerta principal de la ciudad adornada con dos torreones, llegamos a Onze Lieuwe Vrouweplein, la plaza más popular. La Basílica medieval que está a su lado tiene una pequeña capilla con una enorme virgen dorada. De aquí al ayuntamiento se llega rápidamente todo recto. En la plaza del ayuntamiento, una vez a la luz del día, lo que más nos llamó la atención fueron las estatuas que hay.

Vrijthof Maastricht

Otra plaza que hay que visitar es Vrijthof, un lugar rodeado de árboles y terrazas. En ella se puede disfrutar del skyline más conocido de Maastricht, con las basilicas de Sint-Janskerk y San Servaaskerk (la más antigua de Holanda), y la casa

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de la guardia “Militaire Hoofdwacht”. A partir de este punto, ya veréis que todo se vuelve una gran zona comercial con mucho ajetreo, en la que se pueden distinguir algunas perlitas arquitectonicas escondidas como el Dinghuis (donde por cierto está la oficina de información y turismo) o el begijnhof (ya sabeis que soy super fan).

Por desgracia no tuvimos mucho más tiempo para cruzar el Mosa y descubrir la parte mas moderna de la ciudad pero creo que nos llevamos un buen sabor de la ciudad. Definitivamente pondría Maastricht en un puesto alto de la lista de lugares a visitar cuando se esté en Benelux o Alemania. Está entre los mejores cuando se trata de mezclar lo nuevo y lo viejo en una hermosa gama de historia y el color.

 

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Aachen

No es que tuviéramos ningún especial interés en ir a Aachen, fue la típica asociación que se dedica a pasear a los Erasmus la que nos llevó.

catedral aquisgran

¿Y por qué íbamos ahí? nosotros mismos no parábamos de preguntarlo. Como respuesta que obtuvimos fue que nuestra amiga Céline había estado allí de Erasmus y que al parecer era famoso por su mercadillo de Navidad.

rathouseplatz

Bueno por aquel entonces yo ya me había formado la opinión sobre los mercadillos navideños; había autobuses llenos de británicos que venían al de Lille para verlo, así que no me decía nada el que autobuses de toda Europa fueran a Aachen.

Si no los conocen pues imagínense que se venden cosas (recuerdos, regalos, comida y decoración navideña) menos chabacanas que en la plaza mayor de Madrid pero tampoco algo tan delicado como en los múltiples mercadillos de artesanos, que también ponen para esas fechas por distintos lugares de la ciudad. A partir de Noviembre se convierten en atracciones europeas. Me temo que no soy nada fan de ellos, no me parecen nada del otro mundo y no cogería un autobús expresamente para ello (a día de hoy ni siquiera viajaría a alguna gélida ciudad europea en invierno expresamente para ello contrariamente a lo que se fomenta en muchas páginas de viajes)

camara de la coronaNo obstante al llegar a Alemania, después de 3 horas de viaje desde Lille, allí estaban, en una enorme explanada decenas y decenas de autobuses de todas partes (la verdad que el número de autobuses era sorprendente).

Pero nosotros habíamos hecho los deberes antes de salir: Aachen (Aquisgrán o Aix la Chapelle que el nombre le ha ido cambiando) había sido capital de imperio de Carlomagno a pesar de su tamaño chiquitín.

Nos dirigimos inmediatamente al centro (que es todo peatonal) pero sabiamente evitamos el mercadillo de Navidad para dirigirnos hacia la catedral. Esta catedral es donde Carlomagno fue coronado. Entramos por un lateral donde se encuentra el magnífico tesoro de la catedral y aunque por fuera no sea impresionante (aunque si coqueta) el interior te deja sin palabras, o al menos a mi me dejó. Todavía hoy en día cuando veo fotos el interior me recuerda más a una iglesia ortodoxa que católica, está toda decorada con dorados y azules con lo que tiene una gran luminosidad a pesar de solo estar iluminada con velas. En el centro tiene una preciosa capilla octogonal (donde se encontraba el trono del emperador) y del que cuelga el gran candelabro con las velas. Por la parte de atrás le añadieron un ábside muy esbelto y las vidrieras (¡oh las vidrieras! Me entusiasmaron, es que hacían que todo fuese azul). Se puede subir a la planta superior para contemplarlo mejor, pero es muy recomendable darse un paseo por algunas capillas como la de Nikolaikapelle en particular que es extraordinaria.

ayuntamiento aachen

Salimos y nos pusimos a buscar algún lugar donde comer ya que la ciudad estaba repleta, esto nos obligó a separarnos en diferentes grupos y alejarnos un poco del centro.

antiguas termas aachen

Pero después volvimos a la plaza del ayuntamiento (Rathausplatz). El ayuntamiento también fue un antiguo palacio carolingio y domina con sus dos torreones y sus múltiples adornos en dorado y el colorido reloj. La plaza no es muy grande, y justo en ella estaban todos los puestecitos en forma de casitas de madera característicos de los mercadillos navideños. Por desgracia en este idílico paisaje también se encontraban los casi cien autobuses de turistas comprando.

Tomamos el glühwein (que es lo que se hace en estas ocasiones aunque me temo que tampoco soy nada fan de él) es el horrible vino caliente con clavo y demás especias y crepes como postre. Es cierto que hace mucho frío y tener algo calentito entre las manos te lo alivia, pero nunca llegué a encontrarle qué le ve la gente.

Mientras buscaba algo bonito para llevar, descubrí que me gustaron muchísimo los belenes alemanes, son una pequeña pirámide de madera y en cada planta se desarrolla una escena del Belen. Pero hacía tantísimo fío aquel Diciembre que pronto decidimos buscar refugio en una de las múltiples cafeterías, y no solo hacía frío sino también llovía (por este tipo de cosas estoy en contra de viajar a Europa en invierno)

mercado de navidad aachen

Así que al final renunciamos a ver mucho de la ciudad, algunos fuimos a tomar un café, otros a fumar unas shishas, otros a por chocolate… Cuando ya anocheció y dejó de llover, Zuazua y yo nos decidimos a dar un último paseo por la ciudad a ver si le veíamos algo más que el pequeño núcleo de la plaza central y alrededores. Bajamos hacia el otro lado de la catedral donde hay un parque muy grande. Justo al final del parque había una vista muy bonita de la catedral y se encontraba Elisenbrunnen, una especie de panteón griego que en realidad son unas fuentes termales muy antiguas. Volvimos hacia el mercadillo callejeando comprando en las pastelerías los dulces de jengibre, pan de especies y esa especie de turrón que venden en Alemania por Navidades.

Siete Picos

Con mucha alegría os voy a decir que esta excursión es de las rutas más agradecidas en la sierra de Madrid.

7picos-1

Pasé muchos años queriendo hacerla porque todos decían que era bonita. Todo sea dicho, cuando la hice con MA nos quedamos bastante perplejas: después de apenas 4 horitas andando estábamos ya con una cerveza en un bar del puerto, nos supo a poco.

Tiempo después me he dado cuenta de que es ideal para animar a la gente que apenas ha pisado el campo a un paseo por la montaña. Puedes prometer que SOLO hay dos subidas, que en 1 hora ya se está en la cima. Y ante la asombrada e insistente pregunta que todo el mundo hace de ¿pero nos vamos a tener que subir los 7, por qué no solo subimos 1? puedes contestar con una pícara sonrisa que “la sorpresa está en la cima”

subida de la pista del telegrafo

La ruta empieza en lo alto del puerto de Navacerrada. Dejamos el coche en uno de los aparcamientos y cruzamos la carretera hacia la pista del telégrafo. Se sube al lado de la valla del remonte, hay un camino que se identifica fácilmente y además mucha gente va por este camino. Pero es verdad que Alfo me dijo que empezaba como si te estuvieses colando en un sitio prohibido.

virgen de las nieves

Es una cuesta con pendiente pero muy corta (apenas llega a 1km), es justo lo suficiente que para cuando te empiezas a cansar  resulta que ya has llegado arriba del todo. Una vez allí vemos que los caminos van por la izquierda. Y digo “los caminos” porque en esta larga llanura que tenemos por delante se distingue un hormiguero de caminitos de arena que se dirigen hacia la pradera de Siete Picos. Da igual cual se coja, además todos se ven muy bien ya que apenas hay árboles altos, está todo lleno de pequeños matorrales de piornos que se ponen amarillo fosforito en primavera y jabinos.

pinar de valsain

Dejando a la izquierda un gran macizo de granito, donde hay una virgen, el camino gira poco a poco hacia la derecha y vamos viendo cómo será la subida final cuando hayamos recorrido toda la pradera (que me parece serán unos 3km desde que dejamos atrás el alto del telégrafo). Eso sí estos caminos que llevan a la Senda Herreros, en invierno suelen estar cubiertos de nieve y hielo y no se hacen tan fácil.

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La ladera de Siete Picos, última cuesta que subiremos, la encontramos después de la llanura de arbustos que acabamos de pasar. La cuesta definitiva está realmente dominada por un frondoso pinar de pino de Valsaín. Las rocas de granito en el suelo y las raíces del bosque hacen que la subida parezca una escalera. Es fácil y está marcada por muchos hitos de piedras que han ido poniendo los excursionistas y montañeros. Eso sí hay tantos que a veces te desconciertan un poco, porque además sigue el hormiguero de caminos y parece que todos siguen a la cumbre.

cumbre 7 picos

De hecho si os metéis en la página de la comunidad de Madrid os animarán a no coger el camino principal, que es el primero a la derecha de la ladera según te la encuentras, sino seguir hacia la izquierda hasta la mitad del pinar. Yo la primera vez que hice esta ruta lo hice, seguíamos hitos pero acabamos en un camino sin salida teniendo que ir un rato campo a través hasta que encontramos otro. El motivo de alejarse es, en teoría, ver un circo que se formó en las glaciaciones cuaternarias… Interesante sí, pero al estar todo lleno de pinos lo que se ve es eso, pinos. Supongo que tienes que saber muucha geología para poder apreciarlo.

cumbres 7 picos

En fin, creo que merece más la pena ir por el primer camino según llegas a la ladera. Después de unos 2km más o menos se llega a la pedregosa cima después de atravesar el pinar. Esta cima claro, en realidad no es la cumbre, hay que atravesarla en oblicuo cuando ya casi no queda pendiente y ahí viene la sorpresa.

La primera vez, reconozco que me quedé igual de perpleja que toda la gente que los ve desde arriba por primera vez. Desde abajo tú ves claramente 7 picos pero una vez arriba cada pico es una acumulación inmensa de rocas graníticas apiladas por las que hay que reptar hasta la cima. El primero que hay que subir es el séptimo (pues se empiezan a contar desde Cercedilla) Todos los picos se pueden ascender trepando, alguno con un poco de dificultad, pero si uno es aficionado a hacer el cabra entre las rocas, disfruta.

cumbre 3 pico

Los picos están separados entre sí por pequeños collados por los que discurre el camino en la umbría. De este modo puedes subir a cualquiera de las torres que se suceden a lo largo de la cumbre. Este camino, no solo en invierno, sino también en mayo cuando la nieve no se ha derretido aún, es peligroso porque la nieve está congelada. Además con mucha nieve no se distinguen las rocas fracturadas de los arbustos. Así que vuelvo a repetir, es un buen camino para gente que no suele salir al campo siempre que jamás se haga con nieve (ni siquiera un poquito porque es entonces cuando es más traicionero)

2pico

Hasta ahora no os he hablado de las vistas de pájaro desde la cuerda. A la espalda se recorta la Maliciosa y la Bola del Mundo, a la derecha se atisba Peñalara y se ve todo el pinar de Valsaín a los pies. A la izquierda el Abantos y las Machotas y si el día está despejado hasta Gredos y enfrente El Montón de Trigo y la Mujer Muerta.

Al último pico que se sube es el segundo (el primero está muucho más bajo, cerca de Cercedilla) La cumbre es curiosa está dividida en dos partes, se nota que el granito es hasta diferente de los demás. Una parte siempre me hace mucha gracia porque parece que tiene una escalera natural tallada. Desde este último pico empezamos la bajada. Hay que alejarse del segundo y volver como hacia el tercero. Aquí el camino empieza bajar por una vaguada hacia el norte y dejamos las cumbres atrás para volver a meternos en el pinar.

camino schmid

La bajada es muy directa y rápida. En seguida se llega a un gran claro del bosque que es el Collado Ventoso. Con su gran pradera verde siempre ha sido el lugar ideal para parar a comer al sol o bajo los árboles.

En el Collado Ventoso cogemos la Senda de los Cospes, sale a la derecha adentrándose de nuevo en el pinar. Es una pista muy ancha marcada con puntos amarillos  en los pinos. Esta senda sigue bajando y engancha con el camino Schmid. Si, el famoso camino Schmid que une el puerto de la Fuenfría con el de Navacerrada, es la “gran autopista de la sierra de Madrid” Aquí te cruzas desde familias hasta con ciclistas que sortean como pueden las raíces y las piedras. El camino es prácticamente horizontal, suave y durante el deshielo lo cruzan miles de arroyos.

pista del escaparate

Llegado un momento el camino se cruza con una pista de esquí (Una vez en primavera la pista estaba abierta y hay que tener especial cuidado al atravesarla porque bajan embalados) Me dijo Alfo que se llama el Escaparate. Tras cruzarlas se llega al albergue de aviación, hay que coger la carretera asfaltada y ya se vuelve hasta el puerto. En total son unos 17 km con un desnivel de 300m (desde el puerto hasta el séptimo pico) que se salvan en dos subidas.

Tournai

TournaiAún recuerdo con cariño la primera vez que me acerqué a Tournai, sería el mes de Julio y casi todos los erasmus habían regresado a sus casas. Solo quedábamos los que habíamos encontrado un stage y estábamos trabajando. En una de estas pequeñas reuniones que solíamos hacer para no sentir que nos habíamos quedado de pronto tan solos, mi amigo Xavi me contó que tenía muchas ganas de ir a Tournai antes de irse definitivamente, que estando tan cerca de un sitio patrimonio de la humanidad sería una pena no verlo. Y era cierto, como a Charleroi volaba Ryanair, pues casi todos íbamos y veníamos en el tren desde la ciudad belga hasta Lille y siempre parábamos en Tournai.

Incluso desde la pequeña estación se podían ver los cuatro torreones de la catedral.

torreones desde el palacio episicopal

Así pues uno de los desagradables días de aquel ¿verano? (íbamos con abrigos y muertos de frío) decidimos bajar del tren en la primera parada (que no nos llevó ni 15 minutos) y explorar por una vez la pequeña ciudad que siempre veíamos a lo lejos y que tanto prometía entre los campos de cultivos que la rodeaban por todas partes, como un oasis en medio de la nada pero en tiempos de los romanos tuvo un pasado prestigioso.

belfroi de Tournai

Aquella primera vez nos acompañó el cielo gris belga, más típico que su cerveza. Así que me sorprendió mucho descubrir el cálido color ladrillo de sus calles a la luz del atardecer la segunda vez que estuve en nuestra ruta por las abadías Wallonas.

Dado que se trata de una ciudad pequeñita se puede visitar en medio día, así que nos dedicamos a vagabundear.

Hay que entender que es una de las ciudades más antiguas de Bélgica y en varias ocasiones un punto importante y estratégico, sobre todo durante la edad media. Por aquí pasaron romanos, españoles, ingleses, franceses.

notre dame de tournai

Se extiende a lo largo del río Escada que la divide en dos partes casi iguales. De la estación de tren fuimos por la rue Royale guiándonos por las 5 torres de su vasta catedral que domina toda la ciudad y es el emblema de la ciudad, con diferencia. Nuestra señora de Tournai es impresionante, su silueta con las cinco torres en forma de cruz y diferentes entre sí, sus proporciones, su piedra gris-azulada… realmente única. Además que refleja muy bien todas las variaciones de estilos medievales que van del románico de la nave (se empezó a construir en el siglo XII) hasta el gótico del coro. Es definitivamente bella. Por dentro jamás os la imaginaríais, es muy amplia con una gran  nave central rectangular adornada con grandes arcadas. Sus proporciones gigantescas producen un efecto impresionante. Bien es cierto que cuando la visitamos estaban en plena restauración y aunque los andamios no son bonitos sí que merece la pena entrar para entender toda la restauración que están llevando acabo.

San quintin

El palacio episcopal está justamente pegado a ella. Se trata de una mansión en típico ladrillo que la verdad no me llamó mucho la atención. Y en esa misma placita se levanta el belfroi de la ciudad. El belfroi también forma parte del patrimonio de la UNESCO. Aunque no es desde luego de los más altos que haya visto en Bélgica (quizás porque es de los más viejos, del siglo XII) me parece de los más bonitos. Es delicado, con una piedra gris clara, formas redondeadas y cinco tejaditos puntiagudos de teja negra coronados por dragones dorados.

grand place tournai

El belfroi hace esquina entre la entrada trasera de la catedral y la Grand Place. Esta grand place es bastante abierta y en ella encontramos las típicas casas gremiales belgas con sus tejaditos en escalera y fachadas de ladrillo rojo. En un lado, al igual que en la grand place de Bruselas,  resalta el gris y dorado edificio renacentista del Le halle aux drapes (el mercado de telas). En otra esquina se levanta la iglesia de St. Quentin con su tejado rojo, entramos en su capilla circular donde tiene una tumba coronada por la estatua de plata de notre dame de la treille.

calles de tournai

Esta grand place me gusta mucho porque normalmente está adornada con maceteros llenos de flores que la hacen super bonita en cualquier época.

Es hacia el otro lado donde se encuentra el barrio de l’hôtel de ville, con grandes jardines edificios más neoclásicos y alguno de sus museos.

Seguimos callejeando sin rumbo y nos sorprendimos encontrando muchas viejas iglesias pequeñas repartidas por la ciudad (todas de los siglos XII y XIII). También nos sorprendió encontrar varios restos de antiguas fortificaciones medievales, murallas y al llegar al río el Pont des Trous, una puerta de agua vestigio de la arquitectura militar. Formaba parte de la segunda muralla comunal que defendía la entrada a Tournai por el Escada. Por aquí pasamos al otro lado de la ciudad para vagabundear un poco más y dirigirnos ya de vuelta al tren en nuestra corta visita.

casas gremiales tournai

Tournai es una de las siete maravillas de bélgica. Como ya mencioné cuando hablé de la joya de Dinant, tristemente la gente se limita en sus viajes por Bélgica a Brujas y Gante y se olvidan de estas dos maravillas wallonas. Tournai nada tiene que envidiar a la regia Gante. Es una belleza de ciudad pequeña y manejable pero con un ambiente tremendo. Hay universidad, está llena de vida y es muy animada.

Portofino

En un no tan perdido rincón de la Liguria, de improviso me topé con el pequeño pueblo de Portofino. De pronto y aunque sabía a dónde iba, allí estaba escondido, enterrado entre los mediterráneos árboles que cubren frondosamente el parque natural que lleva su nombre.

Panoramica portofino

Tengo que avisaros de que es otro de los peores lugares del mundo para ir con coche, nosotros fuimos desde Santa Margherita Ligure. En la carretera que serpentea por el parque natural empezamos a ver carteles luminosos con el tiempo estimado hasta Portofino y cantidad de plazas libres. Era invierno pero pronto nos hicimos a la idea de una cola monumental en verano esperando para entrar.

Bahia de portofino

Y en efecto, el pueblo es tan pequeño que no se puede circular, incluso la carretera muere aquí. La carretera es tan estrecha que por supuesto no se puede dejar el coche en ninguna parte, tan solo en el ÚNICO aparcamiento de pago del pueblo…. a 15€ (si, si han leído bien 15€) la hora. Nosotros al menos aparcamos allí sin problemas, pero no podíamos dejar de pensar en verano, en una cola tremenda de coches esperando que haya un sitio libre en este pequeño atraco de aparcamiento.

Portofino castel brown

De todas formas, el pueblo es maravilloso, alargado en forma de arco a lo largo de una recogida bahía. Es pequeña, protegida por el monte Portofino que se levanta suavemente sobre el mar formando acantilados durante unos tres kilómetros hasta Punta del Capo. Un auténtico puerto natural, muy chiquitito, repleto de barquitos pesqueros (y lujosos yates en simbiosis).

portofino cementerioEl pueblo en sí, es muy pequeño, unas cuatro calles aledañas al puerto, con casitas apiladas en forma de puzle llenas de colorido. En el s.XVII construyeron una fortaleza que ahora se conoce como el Castillo Brown (la compró un ministro inglés) y por supuesto muy italiano, son cuatro calles con tres iglesias. Con lo pequeño que es dentro del pueblo están la Iglesia de san Martín y el oratorio de la asunción (ambos del sXII) pero  fuera del pueblo, recorriendo un paseo por el promontorio que merece mucho la pena, se llega a la iglesia de San Jorge.

Este camino es totalmente imprescindible, yendo hacia el faro se suben las colinas para llegar a un grandísimo mirador en la misma plaza de la iglesia. Es el mejor lugar para ver el pequeño puerto en todo su esplendor, el entramado de casitas color pastel y las enormes villas entre las colinas más lejanas.

No hay que engañarse, Portofino es un sitio bellísimo como una joya, pero totalmente cosmopolita y burgués. Los barquitos pesqueros tan solo adornan el pequeño puerto, cerca rondan los grandes yates. Las casas de pescadores albergan tiendas de Dior (en un pueblo de no más de 70 habitantes) Es más llegué a conocer, tiempo después, a una italiana que trabajaba haciendo punto en una tienda de recuerdos del pueblo. Solo trabajaba 6 meses al año y ganaba una cantidad de dinero ingente por vender pañitos de cocina, para dueños de yates.

CAbo San jorge

Por más que la cabra que llevo dentro me lleve a la aventura, a veces me sale el lado burgués de gato. El del tomarte un café en uno de los puertos más caros del mundo, el de por un momento no caminar campo a través por un bosque sino verlo desde un cómodo mirador. Portofino es así, tiene una atmósfera mágica de cuento que te transporta. No me malinterpreten, no es un falso pueblo pesquero para turistas. Simplemente dejó de ser pesquero hace tiempo cuando las mayores celebridades del siglo XIX y XX empezaron a pasar por aquí y está completamente cuidado al milímetro, sería más bien como un cuadro preservado en el tiempo. Y te enamora (aunque tu presupuesto solo te dé para unas horas de aparcamiento)

Parque natural portofino

El parque natural que lo rodea por completo es difícil de describir, simplemente es muy bonito. Es un bosque mediterráneo (con pinos, olivos, retama…) muy frondoso que lo ocupa todo, hasta los mismísimos acantilados y el mar. Desde el pueblo salen miles de caminos que lo atraviesan (con apenas dificultad para caminar) Lo ideal es acercarse caminando hasta la abadía de San Fruttuoso o bucear en verano. Pero he de reconoceros que a 15€ la hora, no dejamos pasar demasiado tiempo.

Mónaco ville

Mónaco Ville es la originaria y antigua ciudad de Mónaco y hoy en día uno de sus distritos administrativos. Me pareció curioso cuando un día me explicaron que no hay que confundirla con la capital de Mónaco porque es una ciudad estado por sí mismo, todo ello es capital y no solo un trocito.

Monaco ville

Totalmente fortificado y encaramado a una roca viene a ser el casco antiguo entre todos esos rascacielos que escalan el acantilado (solo que como se ven de arriba abajo no te dan ese aspecto de ciudad vertical que realmente es, como pude comprobar en mi paseo por Montecarlo)

catedral de monaco

Entre sus murallas, que aún se conservan intactas, se encuentra el palacio de los príncipes de Mónaco. Su historia es realmente fascinante (perteneció a la corona española casi todo el s. XVI) y sin dudas debió de ser muy bella como ciudad, situada como un nido de águila y extendiéndose hacia el Mar Mediterráneo. Pero hoy en día, a causa de la especulación inmobiliaria han “ganado terreno” al mar construyendo y construyendo en todas direcciones. El resultado es que el antiguo casco histórico cuidado de piedra, con sus calles peatonales y casitas ocres al más puro estilo italiano, se ve rodeado por una jungla de cemento con la mayor densidad de inmuebles por habitante.

La explanada que hay enfrente del palacio es el principal punto turístico de la ciudad de Mónaco, creo que hay un cambio de guardia en el palacio, pero por las mañanas. No llegué a verlo porque llegamos más tarde. Al lado del palacio está la catedral, de estilo románico-bizantino. Otro punto especialmente turístico ya que contiene los restos de algunos príncipes, como efectivamente los de la Grace Kelly.

Pero sinceramente todo esto me aburría, como me aburrió el país en sí. Me seguía pareciendo una especie de “Disneyland”.

monaco ville

Lo que sí que me gustó fue visitar el famoso Museo oceanográfico de Mónaco. Lo fundó el mismísimo Jacques-Yves Cousteau (que os recuerdo era vecino de Mentón a unos escasos km) Si te gusta la navegación o cosas relacionadas con el mar, éste es tu sitio. Está en un fastuoso edificio sobre un falso promontorio rocoso que, como no, mira al mar. Lo más fascinante, y a lo que dediqué horas fue a los grandíiiisimos acuarios llenos de fauna marina del Mediterráneo. ¡y también tropicales! han reconstruido un arrecife de coral en uno de ellos. La exposición es muy dinámica, llena de historias de exploración y miles de curiosidades.

 

Saint Jean de Luz

La primera vez, se puede decir que literalmente me tropecé con Saint Jean de Luz. Buscábamos un Carrefour antes de cruzar la frontera con España para comprar (más) cerveza del Norte. Fueron los anuncios de la carretera los que nos llevaron a este pequeño pueblo del país vasco francés.

Saint Jean de Luz

Después de satisfacer nuestras compras, nos dimos de bruces con su puerto pesquero y solo nos salió un “ooooooooooh

Plaza louis XIV

Probablemente, Biarritz a no más de 15 km se lleve la fama, pero el encanto de San Jean de Luz es inigualable. Así que volví, y volveré, es uno de esos sitios recurrentes. Recuerdo la última vez que dije que iba y Elise, que de niña veraneaba en él, me decía desde el otro lado del planeta “¡ooh, qué envidia! ¡qué recuerdos! ¡y esa playa tan larga…!

El pueblo es exactamente igual de exótico que su  nombre, mitad francés mitad castellano, tiene un rústico y entrañable aire marinero pero probablemente sea uno de los puertos más elegante de Francia. Todo es armonioso, precioso y colorido, las casas decoradas al estilo vasco combinan vigas rojas, azules o incluso verdes. Desde el puerto hasta las callecitas estrechas que llevan al mar. Desde los cafés a las innumerables terrazas bajo los plátanos de sombra de los paseos y hasta los restaurantes más refinados.

paseo maritimo Saint Jean

Aparcar el coche, lo suelo hacer en el Carrefour que está fuera del casco antiguo en una sucesión de típicas urbanizaciones veraniegas feúchas, pero a un tiro de piedra del antiguo puerto pesquero. Aquí empieza la escollera con la que se protege todo el pueblo. Es una delicia para sentarse a mirar el mar, ver quien viene y quien va y reflexionar. Al lado de estos almacenes pesqueros y la antigua lonja está la señorial plaza de Luís XIV, flanqueada por el palacete de Louis XIV (desconozco si de verdad se alojó allí para su matrimonio) y antiguos secaderos de pimientos. La plaza en sí está llena de terracitas de los bares de alrededor, rodeando un kiosco de música en su centro. Es un lugar genial de por sí, pero es que Saint Jean de luz está repleto de este tipo de rinconcitos.

playa saint jean

De la plaza sale el paseo marítimo directamente. Da a la enorme y larguíiiiisima playa de arena fina. La primera vez que la vi, no me la esperaba, me quedé con la boca abierta. El pueblo se abre como un abanico alrededor de esta playa con los edificios más bonitos justo en primera línea de playa. Las antiguas casas señoriales están unidas al paseo marítimo con puentecitos de madera pintada con colores. El paseo recorre todo el pueblo y al final se puede tomar un camino que sigue la bahía hasta las colinas, siempre verdes de la Punta de Santa Bárbara.

Rue gambetta saint jean

Un intrincado enjambre de pequeñas callejuelas se extiende detrás de esta primera línea de playa hasta la calle Gambetta, todas ellas con la arquitectura típica del País Vasco francés, repletas de casitas blancas. Es una calle peatonal que atraviesa el pueblo de un lado a otro llena de tiendas. En verano, de cada una sale un toldo de colores para dar sombra, siempre repleta de gente. Se mezclan en ellas tiendas de recuerdos, de ropa y sobre todo de delicatesen (pasteles, chocolate, productos típicos…) y sobre todo ¡los Macarons! Llegaron a Francia por la inciativa de Adam un pastelero de Saint Jean de Luz que los hizo para la boda de Luís XIV con la infata española.

Macaron saint jean

De vuelta a la plaza Luís XIV en la misma Gambetta se encuentra la pequeña y viejita iglesia de piedra de Saint Jean Baptiste ¡Por alguna razón la eligió el rey Luís XIV para celebrar su matrimonio en 1660!

Antiguo puerto pesquero Saint Jean

Es un pueblo pequeñito que se recorre andando de punta a punta enseguida, pero esta tan cuidado, en sus restaurantes se come tan bien y el paisaje del mar y las colinas que le rodean es tan bonito. Es un sitio único.