Kehl

Se trata de una ciudad alemana muy chiquitita en la frontera con la Alsacia, la vecina más próxima de Estrasburgo. Estábamos en Estrasburgo de congreso cuando un día decidimos desertar y pasarnos a Alemania para hacer un pic-nic en el Rhin (como ya he dicho es una ciudad pequeñita que no tiene mucho pero que sirve para alejarse de la más monumental Estrasburgo y porqué no, cambiar un poco de idioma). Para ello cogimos el tranvía D hasta su última parada (Aristide Briand) y desde allí solo hay que cruzar el  Pont de l’Europe, que separa ambos países. No es un puente bonito, y de hecho hay mucho tráfico, sobre todo camiones. Pero hay una acera y carril bici para ir tranquilamente.

Justo cuando se cruza el Rhin, que me sorprendió por su anchura, mirando a mano derecha veréis que hay dos parques, les Jardins de deux rives, uno en cada orilla (es decir uno de Estrasburgo y otro de Kehl) y que por el río que es anchísimo en esta parte estarán navegando barcos enormes.

De Kehl me quedé al final con la sensación de que no solo podría ser la ciudad más cursi de Alemania, sino de Europa y eso que cuando ves su calle principal, en concreto, no lo parece. Pero incluso ya antes de llegaral centro, las primeras casas que nos encontramos ¡tenían cada jardín! (aún sospechamos que debían pertenecer a la asociación de “los amantes de los gnomos de jardín”).

Una vez llegados al centro de la ciudad, como ya he dicho, la calle principal dejaba mucho que desear. El contraste con la ciudad francesa es muy grande, y en esta avenida casi todas las casas son muy nuevas, diría incluso que te dejan una extraña sensación a prefabricadas. Se trata de un paseo peatonal lleno de tiendas y supermercados (aquí vienen los erasmus a comprar, porque sale más barato) Llegamos hasta una plaza donde se encuentra una de las iglesias de la ciudad (la protestante) la típica de ladrillo rojo y afilado campanario de teja como dictan los cánones, y entorno a la que se encontraba el mercadillo (era día de mercado).

Como se acercaba la hora de la comida nos pusimos en la (durísima) tarea de encontrar un lugar para comer, no crean que no hay restaurantes en Kehl, hay un montón, pero ya que estábamos allí buscábamos un alemán. Pues nada encontramos miles de italianos, chinos, varios tailandeses, un griego, hasta dimos con un biergarten (genial pensamos) que era un sitio de comida española (vaya) así que finalmente compramos comida en el mercado y nos fuimos a un parque (obviamente justo cuando llegamos al parque encontramos en una esquina un típico restaurante alemán)

El parque que elegimos para comer es el Rosengarten, para describirlo simplemente es: si al salir de la calle principal el resto de la ciudad transmite un aire resindencial increíble, éste es el centro neurálgico de toda la cursilería que se extiende por los jardines, colorido y decoración del resto de las casas de Kehl.

Como bien indica su nombre la mitade del jardín es un jardín de rosas muy al estilo Versailles, con sus parterres, sus arcadas de rosas, dibujos geométricos con distintos tipos de flores… En la otra parte se encuentra un lago enorme con sauces llorones en sus orillas lleno de cisnes y nenúfares.

Allí decidimos hacer nuestro pic-nic (evitando a los patos asesinos que se querían comer nuestra comida, y fue donde bautizamos a Kehl como la ciudad más cursi de Europa) y después la cerveza la tomamos en el restaurancito alemán (Ante la sorpresa de mis compañeros de trabajo, quedé como una chica de mundo al desempolvar mi pobre alemán, para pedir cuatro cervezas y un café, menos mal que cuando aprendes un idioma te lo suelen enseñar en plan “cuando vas a la compra, cuando vas al cine …”)

Justo al otro lado del parque se encuentra la iglesia católica de Kehl Sankt Johannes Nepomuk de estilo modernista que se inauguró al principio de la 1ª guerra mundial, con vistas al Rhin y al tranquilo parque de los dos ríos. Este parque de 150 hectáreas (dividido entre Alemania y Francia) es una gran explanada de hierba con algunas esculturas modernas y un paseo justo al borde del río, donde agradablemente caminamos tranquilos e incluso nos tiramos un rato en la hierba a tomar el sol de junio. Por supuesto había mucha gente haciendo deporte.

En el centro del parque hay un puente colgante que une los dos países (esta vez solo peatonal y mucho más agradable que el camino que tomamos a la ida, claro) por el que volvimos tranquilamente a Estrasburgo.

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Toussaint

Según se acercaban nuestras primeras vacaciones (Toussaint el 1 de noviembre) aumentaban nuestras probabilidades de explorar zonas de Europa que en esos momentos estaban más cercanas a nosotros entonces. El comienzo del viaje fue cuando Mario dijo “yo quiero ir a Alemania ¿alguien se apunta?” Nos apuntamos 15. (Mary siempre dice que deberíamos poner en el CV experiencia en organización de grandes grupos)

Aunque no lo parezca la organización de este viaje no fue muy compleja. Cogimos un mapa de Europa y trazamos un circulo según la gente iba haciendo comentarios:

“A Berlín, yo tengo ganas de ver Berlín” (decretó Mario)
“hombre claro no podemos pasar sin Berlín
“oye y ya que pasemos por Holanda paramos un momentín y así compro en un coffee pa’l viaje, mirad Eindhoven pilla de camino” (esto seguro que fue Moe)
“Ey ey mirad Praga, tios que está al lado de Berlín” (la verdad es que a Laia no le costó esfuerzo persuadirnos)
“ok, y bajamos a Munich
“pues me ha dicho la Rubi que tenemos que ver Salzburgo, y la carretera que tenemos que coger pasa por ahí, y Füssen que está a media hora” (esta fue mi gran aportación al viaje aprovechando la sabiduría de la rubi que estuvo haciendo interrail por ahí)
“¿Y Stuttgart, mi prima me ha dicho que merece la pena?” (Isa lo intentó)
“eeeh, no se si os habéis dado cuenta de que tenemos 9 días y tenemos que volver a Lille
“pues mira, paramos en Estrasburgo
“Me ha dicho JP. Que ellos volvieron de Estrasburgo una vez por Luxemburgo a menos de 2 horas, 3 si os queréis ahorrar el peaje y vais a través de la Lorraine”

Aunque os parezca mentira, esa fue toda la planificación del viaje. Alquilamos 3 cangoos que salieron muy bien de precio (200 euros los 10 días cada) en Europcar. En una tarde Laia y yo nos dedicamos a reservar albergues, para 15 personas, 2 noches en Berlin, 3 en Praga, 1 en Munich (y Estrasburgo, pensamos, ya nos apañaremos que volvemos a estar en casa) Nuestro presupuesto era MUY bajo, ninguna de las noches pasó de los 12€ por cabeza.

La gente me mira con perplejidad y asombro cuando cuento que no he hecho nunca un interrail. Siempre lo he querido hacer, pero nadie me quiso acompañar nunca, una vez un ex me llegó a decir que es que estaba ya muy mayor para esas cosas (tenía 21 años y yo 18 asi que le creí… hasta que yo cumpli 21 y desde entonces siempre me reí de él por semejante comentario) Este viaje a sido lo más parecido a un interrail solo que con coches y no en tren.

No llevábamos guías, ni miramos nada un poco antes por internet. Íbamos a los puestos de postales para ver las cosas turísticas que debíamos encontrar por la ciudad, era como una búsqueda del tesoro. Lo más divertido era llegar a las ciudades y sin tener plano, localizar la calle del albergue (y en ocasiones ni siquiera teníamos el nombre de la calle del albergue) operación que acabamos dominando con asombrosa maestría.

La gran sorpresa nos la llevamos al llegar a Praga donde, una noche caminando, nos encontramos con la banda de l’école centrale de Lille. Estaba tocando por las calles pidiendo y así se subvencionaban un poco el viaje. Estuvimos charlando un poco con ellos, y nos contaron que los días anteriores, al igual que nosotros, habían estado en Berlín. Pero mayor sorpresa aún fue cuando después de estar cómodamente instalados en el albergue de Munich, ¡aparecieron en el albergue! Estaban haciendo exactamente el mismo viaje que nosotros. Esa noche montamos una gran fiesta en el bar del albergue, ellos tocaban y nosotros bailábamos encima de las mesas (los demás huéspedes, nos miraban al principio con cara asustada)

Con Europcar finalmente quedamos descontentos ya que todo fueron pegas desde el primer momento, para los siguientes viajes alquilamos en otros sitios desde entonces. Entre las incidencias del viaje empezamos por estar a punto de no poder salir por el lío con las tarjetas de crédito. Cada conductor tenía que poner su tarjeta y no podía ser otra persona (he alquilado coches hasta en Canadá sin este tipo de problemas) Por suerte cuando ya creíamos que no saldríamos Cesc se levantó de la cama y vino a salvarnos. Había un coche con algún problema porque siendo iguales los tres, uno consumia mucho más que los demás. Al devolverlos nos cobraron un plus por algo y tuvimos que reclamar más tarde.

El viaje también empezó mal para mi, el mismo día de la salida empecé a sentirme muy mal. A la altura de Amberes, había perdido por completo la voz y a la altura de Hannover ya no podía conducir más, tenía 38 de fiebre que me acompañaron los tres días siguientes. Fue un duro comienzo que se agravó con las primeras nieves en europa aquel año. Quizás por eso me agradaron mucho más las ciudades que visitamos al final del viaje cuando ya me recuperé.

Además descubrimos un principio desconocido de la termodinámica; con los idiomas se trabaja a volumen constante, no importa que antes supieses defenderte en 4 idiomas, al estar en Francia y llenarlo todo con el francés pierdes la capacidad de expresarte en algo que no sea francés (incluso en tu lengua materna)