Ese pequeño país llamado Eslovenia

Es que si alguien me hubiese dicho que estaría aquí, no le hubiese creído” era la frase que una y otra vez repetían todos mis amigos durante el viaje. En aquel año, a todo el mundo que contábamos dónde nos íbamos de viaje nos preguntaban ¿Y eso es Europa? a lo que yo respondía “si, y hasta tienen euros“. La pequeña Eslovenia ahora se ha vuelto un poco más conocida (o al menos eso quiero creer)

¿Por qué Eslovenia?

Eslovenia se puso en mi punto de mira muy tempranamente en mi carrera viajera, justo el verano del año anterior, el del 2006. Por aquel entonces un a migo solía salir a la montaña con una pequeña empresa de internet, a tu aire (ahora ha crecido mucho). En el verano de 2006 como al principio nadie se animaba a un viaje de fin de curso estuve tentada, por no ir sola a apuntarme al viaje para subir al Triglav que esta empresa montaba. Al final la vida da sus vueltas. Resulta que no fui ese verano, pero en el mes de septiembre conocí a Lev, un esloveno que estudiaba lo mismo que yo y nos hicimos muy amigos.

Eslovenia es un país que siempre recomiendo a todo el mundo que me pregunta por destinos. En 20 km cuadrados, combina pueblos 100% mediterráneos, con la alta montaña de los Alpes Julianos, pequeñas ciudades de marcado caracter eslavo y una red de kilométricas cuevas, con grandes colinas de viñedos. Después de todo lo que he visto es un país que me sigue enamorando y del que creo que jamás me cansaría. Rebosa naturaleza, como podría ser Suiza o Noruega, solo que aquí te transmité un no sé qué mucho más salvaje y en estado puro que en esos otros dos países.

Para llegar hasta allí compramos billetes de Charleroi a Ljubljana con la low cost Wizzair (que funciona francamente bien) Durante el vuelo me impresionaron mucho los Alpes ya que el avión desciende y sobrevuelas las montañas prácticamente al lado, se ven tan cercanas… Además es que hasta entonces no había visto los Alpes de cerca.

Pasamos dos noches en Lujbljana pero justo un día no teníamos alojamiento así que nos fuimos en tren hasta Trieste (realmente podríamos habernos ido a cualquier otro sitio, pero lo elegimos mirando con google ciudades medio grandes con albergue) Después de esta escapada a Italia volvimos a Ljubljana, al mismo albergue en el que estuvimos las primeras noches, ya para el resto de nuestra estancia. El albergue estaba bien, era muy curioso porque a la vez era albergue y gimnasio.Estaba un poco alejado del centro, pero por las mañanas nos movíamos en autobús y por las noches (grandes noches en Metelkova) llamábamos a un taxi. El albergue que cogimos en Trieste, estaba realmente lejos de la ciudad pero sobre todo tenía unos horarios de pesadilla.

Lo que hicimos fue usar la pequeña capital como punto de partida de excursiones de un día. Aprovechamos y fuimos a Postojna, en la misma linea de tren que va a Venecia, para ver las cuevas. En autobús fuimos hasta el parque nacional del Triglav y visitamos Bohinj y Bled, ambos sacados de cuento de hadas. Incluso nos atrevimos con una caminata y subimos Smarna Gora, una montaña cercana a Ljubljana donde, en su cima, se encuentra un antiguo monasterio. Y ya que habíamos llegado hasta aquí muchos no pudieron resistir la tentación de ir hasta Zagerb, yo creo que en ese momento de nuestras vidas, la capital croata era con diferencia lo más exótico en nuestro haber.

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Pula

Pula es una pequeña ciudad que se encuentra en la punta de la península de Istria. No sé por qué, todos teníamos muchas expectativas en ella, todos la considerábamos como algo fundamental en nuestro viaje. De hecho, nuestra primera idea fue intentar encontrar alojamiento aquí para toda la parte del viaje por Istria. El caso es que de alguna manera nos decepcionó bastante.

Su historia se remonta a hace 3000 años cuando se creó el asentamiento. Luego en el V a.c. los romanos montaron la primera fortificación, por lo que muchos de los atractivos de la ciudad son restos romanos, entre ellos, la arena de Vespasiano, varias puertas de la ciudad antigua, el templo de Augusto y el foro.

La arena de Pula es el 6º anfiteatro romano más grande que se conserva y lleva con el puesto su fama de impresionante. Bueno pues no lo es. Lo primero que hicimos fue encaminarnos directos al anfiteatro donde con la entrada dan una audio guía. Está muy escenificada con sonidos de batallas y leones, pero no soporto las audio guías porque no me dejan ir mirando y asimilando a mi tiempo. El caso es que no solo fui yo, a nadie le despertó un interés inusual. Puede ser que se deba a que el estado de conservación del monumento es crítico, pues hasta hace poco las piedras se sacaban para construir la ciudad. O quizás era toda la parafernalia que estaban montando para convertirlo en una especie de sala de conciertos.

La entrada también te permite ir a unas cuevas cercanas, anexadas al foso (sin salir del monumento) que sí que me llamaron un poco más la atención. Las tienen montadas como el museo de las excavaciones llevadas a cabo en toda Istria, y en especial, la exposición se centra en la obtención y almacenamiento del aceite y el vino que tenían en la época.

Seguidamente subimos al castillo que domina la ciudad, atravesando una de las antiguas puertas romanas y subiendo por un bosque. Se trata de un fuerte del siglo XVII del estilo de estrella. Idem, ni las vistas, ni la vegetación que lo rodea a modo de bosque salvaje llamaron nuestra atención.

Y con esta sensación de desencanto nos fuimos hasta la plaza central del ayuntamiento a tomarnos unos cafés a la sombra de una terraza, y fue aquí donde empecé a encontrarle algo de encanto al lugar. Entre varios edificios, típicamente de prieda beige del país, con sus venecianas de discretos colores en las ventanas y arcadas en los soportales, se encuentra el pequeño templo de Augusto, como perdido en medio de la modernidad. A sus pies además se instaló una banda de música que empezó a tocar canciones típicas sicilianas. Si verdaderamente hay un rincón de Pula que me pareciese mágico fue este.

He de decir, que el resto del paseo por la ciudad no aportó mucho más. Apenas nos llamó la atención la catedral muy románica, cuadrada y sencilla (con el campanile separado cual costumbre arquitectónica en Italia) y por lo demás sigo diciendo que era una ciudad bastante normalita. Por no decir el resto de las puertas romanas, o el arco del triunfo, que apenas pudimos contemplar, ya que en la ciudad parecía estarse celebrando un festival de música callejera y en todas las plazas había grupos de música cantando, con las calles abarrotadas. Así que nos distrajimos de hacer turismo finalmente y nos pusimos a disfrutar del ambiente festivo que esa semana de agosto inundaba la ciudad.

Bordeando el Adriático

El verano de 2008 era el primer verano como trabajadores, encima yo estaba en plena crisis post-erasmus y el plan de vacaciones era unos días en Galicia.

Toda mi vida he pasado el mes de agosto en Galicia, me parece un lugar genial pero en otras circunstancias… en ese momento me sentía desgraciadisima, cuando quería estar como mínimo en Katmandú que mis únicos 10 días de vacaciones serían en Galicia. Después de llorar a mis amigos conseguí arrastrar en mi desesperación a Mary y en menos de una mañana de messenger ya teníamos tres planes alternativos.

¿por qué Croacia?

Bueno pues en realidad yo quería convencer a Mary para irnos a Georgia de vacaciones. Ella consiguió convencerme de que era una pena ir hasta el Cáucaso sin haber estado antes en Estambul. Propuso Croacia como plan estrella del verano. Su hermana acababa de estar, mis compañeros del trabajo habían ido… era el destino de moda. Croacia es Mediterráneo puro, mar (porque playas como tales no existen), pinos, ruinas romanas, tranquilos pueblos, pescadito y calor. Y relativamente barato, ya que el viaje programado con tan poco tiempo nos salió por un total de 800€ (incluído billetes de avión, alquiler de furgoneta, alojamiento y comida)

Que conste que nos costó formar un grupo, básicamente los problemas eran de días de vacaciones y dinero, por eso teníamos los otros dos planes alternativos. Al final éramos 6 (perfecto) y alquilamos una Mercedes Vito en el aeropuerto de Venecia. El primer problema fue que resultó ser automático (nunca habíamos conducido un coche automático ninguno … luego, es cierto que es el mecanismo del chupete, pero hasta que conseguimos quitar el freno de mano no fue nada fácil)

Ejem, realmente ese fue el segundo problema que nos encontramos, porque el primero fue que con la compañía que alquilamos en teoría no se podía sacar de Italia. El seguro solo cubria este país ya que antiguamente para cricular por Croacia los coches necesitaban tarjeta verde, no creo que esto sea ahora necesario, ya que este coche ni siquiera en teoría lo podíamos llevar a Eslovenia que es de la unión europea. El caso es que no sé por qué lo vimos venir, en el aeropuerto lo primero que nos preguntaron era que a dónde íbamos e instintivamente contestamos que al norte de Italia, aún así nos repitieron como 200 veces que no lo podíamos sacar ni a Eslovenia ni a Croacia (nos va el riesgo).

El plan de viaje fue muy muy discutido ya que había muchas cosas que ver en esos 11 días, pero después de lanzarnos varias puñaladas todos quedamos contentos (al menos cada uno vería una de las cosas que pretendía ver)

Nuestra primera parada era Trogir. Para ello primero había que atravesar Eslovenia y para circular allí compramos la vignete en una gasolinera de Trieste, luego para quitarla del cristal sufrimos (porque como en teoría el coche no lo podíamos sacar de Italia)

Una vez en Croacia cogimos directamente la autopista de peaje (muy barata) aunque antes paramos en Rijeka para tener kunas (el mejor sitio donde encontramos el cambio en todo el viaje) Solo nos quedó espanzurrarnos en el coche viendo el largo atardecer en el Adriático. Las montañas adquieren un color azul-morado precioso. Suelo leer antes de ir a un sitio algún libro que esté ambientado en dicho lugar, esta vez escogí “La dama del sudario” de Bram Stoker en principio parece chocante una novela gótica ambientada en un lugar playero y tan soleado hasta que ves esas montañas y lo comprendes.

Después de un día en Trogir fuimos a Split, y de Split a Dubrovnik con paradita en la playa de Promajna a la que llegamos por casualidad. En la perla del Adriático donde estuvimos tres días, paramos de hacer turismo intenso, dedicamos uno de los días a un día entero de relax en la isla de Lokrum (porque no todo va a ser cultural). Retomamos el intrepidante viaje subiendo hacia el parque nacional de Plitvice (muy discutido por los conductores porque nos alejaba mucho de la ruta de la costa, pero solo ver las fotos sabíamos que tenía que merecer la pena verlo) con una pequeña parada en los lagos Bacina y en Zadar (que a mi particularmente me dejó muy buen sabor de boca). Hacia el final del viaje, dedicamos unos cuantos días en la turística península de Istria. Por más turística que fuese, sin embargo, para esta parte del viaje no reservamos ningún alojamiento, sino que según veíamos el anuncio de “sobes” en el camino parábamos a preguntar. Disfrutamos del gran ambiente de los pequeños pueblos mediterráneos de Porec, Rovinj y Pula. Definitivamente, esta parte es mucho más turística que el resto (sobre todo turismo italiano) y se refleja en todo, las carreteras de peaje por ejemplo son extremadamente más caras que en el resto del país.

Antes de entrar en Italia, como teníamos tiempo de sobra para llegar a Venecia, paramos a pasar la mañana en Piran un pueblecito costero de Eslovenia.

A punto de devolver la furgoneta, y ya en Italia, pasaron dos cosas curiosas, una que por un macro-accidente cerraron la autopista. Emi que había dicho “yo me encargo de los mapas”, NO tenia mapa de Italia, así que nos vimos perdidos en mitad de Italia sin saber cómo llegar hasta Venecia. La segunda es que empezó a salir un humo rarísimo del coche, todos los coches nos pitaban, el caso es que luego paró tan de pronto como había comenzado (y nosotros solo pensábamos ufff menos mal que ya estamos en Italia).

El broche final a nuestro viaje fueron los días que pasamos en la encantadora Venecia (y donde, por cierto, más de uno lamentó el no habernos dejado ni a mirar postales en Dubrovnik) Es una de esas ciudades de las que antes de ir estaba dispuesta a enamorarme y no me defraudó en ningún momento, encontré en ella justo lo que esperaba encontrar tal y cómo me la imaginaba.

En general, aunque al principio tuvimos nuestros encuentros en la organización, el viaje fue toda una delicia de recorrido. Creo que los 6 estuvimos siempre de acuerdo que han sido unas de las grandes vacaciones de nuestra vida.