Saint Jean de Luz

La primera vez, se puede decir que literalmente me tropecé con Saint Jean de Luz. Buscábamos un Carrefour antes de cruzar la frontera con España para comprar (más) cerveza del Norte. Fueron los anuncios de la carretera los que nos llevaron a este pequeño pueblo del país vasco francés.

Saint Jean de Luz

Después de satisfacer nuestras compras, nos dimos de bruces con su puerto pesquero y solo nos salió un “ooooooooooh

Plaza louis XIV

Probablemente, Biarritz a no más de 15 km se lleve la fama, pero el encanto de San Jean de Luz es inigualable. Así que volví, y volveré, es uno de esos sitios recurrentes. Recuerdo la última vez que dije que iba y Elise, que de niña veraneaba en él, me decía desde el otro lado del planeta “¡ooh, qué envidia! ¡qué recuerdos! ¡y esa playa tan larga…!

El pueblo es exactamente igual de exótico que su  nombre, mitad francés mitad castellano, tiene un rústico y entrañable aire marinero pero probablemente sea uno de los puertos más elegante de Francia. Todo es armonioso, precioso y colorido, las casas decoradas al estilo vasco combinan vigas rojas, azules o incluso verdes. Desde el puerto hasta las callecitas estrechas que llevan al mar. Desde los cafés a las innumerables terrazas bajo los plátanos de sombra de los paseos y hasta los restaurantes más refinados.

paseo maritimo Saint Jean

Aparcar el coche, lo suelo hacer en el Carrefour que está fuera del casco antiguo en una sucesión de típicas urbanizaciones veraniegas feúchas, pero a un tiro de piedra del antiguo puerto pesquero. Aquí empieza la escollera con la que se protege todo el pueblo. Es una delicia para sentarse a mirar el mar, ver quien viene y quien va y reflexionar. Al lado de estos almacenes pesqueros y la antigua lonja está la señorial plaza de Luís XIV, flanqueada por el palacete de Louis XIV (desconozco si de verdad se alojó allí para su matrimonio) y antiguos secaderos de pimientos. La plaza en sí está llena de terracitas de los bares de alrededor, rodeando un kiosco de música en su centro. Es un lugar genial de por sí, pero es que Saint Jean de luz está repleto de este tipo de rinconcitos.

playa saint jean

De la plaza sale el paseo marítimo directamente. Da a la enorme y larguíiiiisima playa de arena fina. La primera vez que la vi, no me la esperaba, me quedé con la boca abierta. El pueblo se abre como un abanico alrededor de esta playa con los edificios más bonitos justo en primera línea de playa. Las antiguas casas señoriales están unidas al paseo marítimo con puentecitos de madera pintada con colores. El paseo recorre todo el pueblo y al final se puede tomar un camino que sigue la bahía hasta las colinas, siempre verdes de la Punta de Santa Bárbara.

Rue gambetta saint jean

Un intrincado enjambre de pequeñas callejuelas se extiende detrás de esta primera línea de playa hasta la calle Gambetta, todas ellas con la arquitectura típica del País Vasco francés, repletas de casitas blancas. Es una calle peatonal que atraviesa el pueblo de un lado a otro llena de tiendas. En verano, de cada una sale un toldo de colores para dar sombra, siempre repleta de gente. Se mezclan en ellas tiendas de recuerdos, de ropa y sobre todo de delicatesen (pasteles, chocolate, productos típicos…) y sobre todo ¡los Macarons! Llegaron a Francia por la inciativa de Adam un pastelero de Saint Jean de Luz que los hizo para la boda de Luís XIV con la infata española.

Macaron saint jean

De vuelta a la plaza Luís XIV en la misma Gambetta se encuentra la pequeña y viejita iglesia de piedra de Saint Jean Baptiste ¡Por alguna razón la eligió el rey Luís XIV para celebrar su matrimonio en 1660!

Antiguo puerto pesquero Saint Jean

Es un pueblo pequeñito que se recorre andando de punta a punta enseguida, pero esta tan cuidado, en sus restaurantes se come tan bien y el paisaje del mar y las colinas que le rodean es tan bonito. Es un sitio único.

Grenoble

Jamás elegí Francia como país adoptivo, pero parece que hasta el momento de este modo fue dispuesto.

Grenoble skyline

Después de toda una vida hay algo que no soy capaz de afrontar: pronunciar “gr” en francés. Así que me parece una cruel broma del destino que el 80% de las veces que llego a Francia, lo primero que tengo que decir en la terminal de autobuses del aeropuerto sea: “Bonjour, aller et retour à GRenoble, s’il vous plaît

Jean Jaures

Desde Lyon, lo más cómodo para llegar a la ciudad es, desde luego este autobús (sale uno cada hora). Para moverse por Grenoble, hay autobuses, pero sobre todo una gran mayoría usa la bicicleta porque es prácticamente una ciudad plana, hay carriles bici, está muy bien pensado (La primera vez que fui a Grenoble fue en el 2008 y creo que era la primera vez que volvía a coger una bicicleta desde que tenía 12 años)

grotes de marin

lo que me gusta de Grenoble es que tiene la fisonomía de una ciudad y no de un pueblo” esto lo dijo el señor Stendhal (que nació aquí) Me pareció especialmente curioso porque es justo lo mismo que yo pensaba de Grenoble antes de saber que ya parecía así 2 siglos antes . Y que conste que si no fuese por su universidad esto no sería más que un pueblo encajonado entre los Alpes, pero aún así tiene un aire de ciudad que no se lo quita nadie. A pesar de que no es muy grande.

Jardin de ville Grenoble

Su centro empezaría en la place de Victor Hugo, y aunque pasear por ella no se diferencia en mucho de pasear por cualquier otra ciudad francesa, ya que todas tienden a compartir desarrollo arquitectónico, lo que me tiene engancha de ella son dos o tres rincones con un encanto especial:

El primero se trata de un detalle sin más, en la zona peatonal que está al lado de la place Victor Hugo. Se trata del rincón que hacen la fuente con los edificios pintados en colores pasteles entre tanto restaurante con sus típicos neones rojos y verdes (Siempre he compartido la inquietud, junto con otros españoles, de por qué los franceses iluminan los restaurantes familiares de la misma manera que en España se iluminana los puticlub de carretera)

Grenoble

De aquí girando a la derecha está el jardin de ville rodeado de una bonita verja, otro sitio bien agradable. Y justo pasado el kiosco de música que está en el centro del parque, al lado de la entrada al teleférico para la bastilla, se encuentra una plaza de arena donde está la mejor crêperie de las que he estado, 100% normanda.

Siguiendo la estrecha calle que justo hay en esa pequeña plaza, hacia el Este, se llega a otro de lo lugares que más me gustan. Es la plaza del Tribunal ( o bautizada por la comunidad de españoles como la plaza de Jebediah Sprinfield por la estatua de bronce que tiene en el centro, jeje) Es con diferencia el rincón más coqueto de la ciudad y muy recogido, con el gótico palacio de justicia a un lado, al otro la iglesia igualmente gótica de Saint André y completamente rodeada por edificios repletos de bares en sus bajos con sus correspondientes terracitas.

place victor hugo Grenoble

Otro de mis rincones preferidos se encuentra saliendo todo recto hacia la plaza donde está el mercado cubierto (y a partir de aquí comienza el barrió argelino con los mejores kebabs, bares y fiestas)

Su cercanía a Italia se deja sentir en todo momento, al otro lado del Isère se encuentran lo que bautizamos con el nombre de las “pizzerias mafiosas”. Y es que se trata de una interminable hilera de casas al lado del río con pizzerias. ¡No os podéis imaginar el número de pizzerias juntas! una detrás de otra que hay. Y encima, sospechosamente, todas tienen prácticamente la misma carta con los mismos precios (lo que ha dado pié a todas las conjeturas que llevaron a su mote) Aun así se come muy bien en cualquiera de ellas, simplemente siéntese en la primera que vea aunque esté vacía.

Centro de Grenoble

El paisaje que rodea Grenoble es muy impactante, ya que se encuentra rodeado por todas partes de altas montañas (el macizo del Vercors, la Chamrousse, la Chartreuse, les Écrins) Esto hace que llegue a ser condenadamente fría en invierno (aún recuerdo el día que llegué con -16ºC) o terriblemente caliente en verano.

La antigua bastilla domina desde la mitad de la montaña toda la ciudad. Se trata de la antigua prisión construida por Vauban en el XVII, y hoy uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad al que le han puesto para subir un teleférico con unas bolitas de cristal (muy monas para ver desde fuera, y no tan monas desde dentro si se tiene vértigo)

place du tribunal Grenoble

Pero también se puede ir andando desde el final de la avenida Jean Jaures. Al lado de la rotonda se entra a un jardín y de allí sale un sendero que va subiendo entre terrazas ajardinadas, restos de la antigua muralla de la fortificación, torreones (realmente merece más la pena que subir directamente pues se ven más partes) Arriba del todo, queda el gran patio y un restaurante. Quizás la antigua prisión decepciona un poco, pero las vistas son impresionantes. A veces en el macizo que va a Ginebra se puede ver el Mont Blanc, pero normalmente hay una nube perpetua.

Pizzerias del Isere

Aquí no acaba el camino se puede seguir subiendo hasta las cuevas de Mandrin, que fueron usadas por el ejército de Napoleón como defensa natural (Esto me enteré porque había una escuela de niños el día que yo fuí a verlas).

En fin, que en general, no es que sea una ciudad con miles de sitios que ver, como cualquier otra parte de la région del Isère. Lo que en toda la región gana son los paisajes más que los puntos turísticos. Pero es un sitio agradable y sobre todo tiene muuuchiisima oferta gastronómica, así que es un buen lugar para pasar la noche.

De camino a la bastilla

Quizás debo de comentar también que aunque el visitante temporal piense que es una ciudad bonita y agradable y aunque jamás se tope con nada, lo cierto es que engaña mucho, es una ciudad peligrosa. Desde mi experiencia es peligrosa, y por más que pasées y deambules por sus calles no veras jamás nada que te parezca especialmente peligroso, sospechoso o extraño, pero los tiroteos se suceden todos los meses.

Narbona

Narbona hace desesperadamente lo imposible para atraer a turistas que pasan de largo por ella, usándola solo como punto para repostar. ¡Que se le va a hacer si la pobre no tiene mucho interés!, más aún si se la compara con sus alrededores.

Narbona ayuntamiento

Aunque tiene playa, que no visitamos. Quizás eso sea un punto a favor de esta ciudad en verano.

Fuimos lo primero hacia el parque de congresos donde encontramos nuestro querido carrefour (para comprar cerveza del norte). Después aparcamos en un gran aparcamiento gratuito al lado del canal del mediodía, y muy cerca del ayuntamiento.

De esta forma lo primero que cotilleamos de Narbona fue el final del canal du midi. Lo habíamos visto también cuando estábamos en Carcassonne, y cerca del pequeño pueblo donde nos hospedábamos.

canal du midi

“Canal du midi”, lo oiréis nombrar y renombrar, y probablemente tenga zonas muy bonitas en el interior. Pero lo que realmente es, es una gran autopista acuática entre chopos. El movimiento de las esclusas es curioso, y quizás lo realmente bello sea navegar por él (incluso así, no creo que sea algo muy fascinante durante más de dos horas)

Volviendo a Narbonne, en general, a nada que se paseamos un poco por la ciudad nos dimos cuenta que podría ser una ciudad francesa cualquiera.

calles narbona

Lo que sí que me pareció chocante y poco propio de Francia es la integración arquitectónica en los alrededores del mercado modernista (donde por cierto encontramos un lugar muy bueno para cenar, realmente bueno) Hay como cuatro o cinco edificios que se ven paredes y trozos de una iglesia o casas super antiguas en donde se han construido tiendas y cosas super modernas, algo realmente chocante y sorprendente.

Lo más notable de la ciudad es el conjunto del ayuntamiento, en forma de castillo fortificado de piedra amarilla del país, y la catedral (por supuesto, todo obra del Viollet-le-duc con su firma inconfundible) que le dan un gran toque medieval. Pero me temo que no se transmite al resto y se limita a estos dos edificios.

Palacio episcopal narbona

Delante del ayuntamiento quedan unos pocos adoquines de la pobre via domitia, calzada romana de las galias, que ha quedado reducida a un pequeño cuadradito donde juegan los niños. Toda la plaza está rodeada de diferentes edificios unidos por sinuosos puentes, con torreones y ventanas ojivales que conforman la mole del ayuntamiento.

No muy lejos, callejeando, se llega a la catedral de San Justo y San Pastor. Aquí el Viollet-le-duc lo vio claro, lo que estaba de moda eran las gárgolas. El exterior es todo profuso en gárgolas, de hecho hasta la lonely planet lo indica; las gárgolas hay que fijarse en ellas.

impacto arquitectonico narbona

Por lo demás pues no dice mucho más de la catedral así que Mary y yo nos quedamos un buen rato estudiándola y discutiendo (porque lo merece de lo rara que es). Lo que ocurrió es que para empezar era un proyecto muy grande, la iniciaron en 1272 y la idea era que fuera más allá de las murallas de la ciudad. Pero llegado el momento no dejaron que tirasen la muralla así que la obra se paralizó, y más tarde llegó la peste negra así que el proyecto quedó parado hasta que en el XIX llegó a manos de le-duc. Así que hay una parte frontal realmente muy muy curiosa si se está interesado en el ¿cómo se hace una catedral?, ya que se levantó en forma de crucero a medio hacer, pero se cerró después para cerrar la nave principal.

mercado narbona

Al lado, entre todos los jardines y el claustro de la propia catedral, se encuentra el palacio episcopal, también de aire medieval, que por un momento confundimos con la parte trasera del ayuntamiento.

L’abbaie de la fontfroide:

abadia de la fontfroideRealmente el tesoro más bonito que esconde (y esto sí que recomendamos como algo que no puede uno perderse en un viaje por el Roussillon) se encuentra a 12 km de Narbona, y es la abadía de la Fontfroide.

Hay que superar dos escollos que tiran para atrás la visita, el excesivo precio de la entrada (pertenece a una familia que rescató la abadía cuando a los americanos les dio por comprar iglesias en Europa y llevárselas a Nueva York, pero bien que explota el negocio) y que la visita solo es guiada y en francés.

Aún así es impresionante e imprescindible. Está magníficamente bien cuidada y conservada, no solo la abadía en sí sino también los alrededores cuidando un jardín a su alrededor, con un río circunvalándola incluso mesas de pic-nic en el aparcamiento.

parque abadia

Según nos contaban de la riqueza y la cantidad de hectáreas de terreno cultivable que llegó a tener la abadía debió ser un auténtico monstruo en la edad media, una auténtica ciudad monacal. De hecho tenían distintas categorías entre monjes estableciéndose una gran jerarquía en la institución.

Se construyó en el siglo XI e inicialmente era benedictina aunque más tarde se convirtió a la orden del cister. Su nivel de riqueza era excepcionalmente grande, a lo que hay que poner en el contexto de que se encontraba en pleno país cátaro así que durante la cruzada contra los albingenses fue un gran bastión católico.

claustro fontfroide

Durante la visita se recorre prácticamente todo, y esto quiere decir una gran cantidad de estancias, menos las habitaciones de hoy en día de los monjes. Esa parte de la abadía también se usa para hospedar a gente, sobre todo gente cercana a la iglesia, y a los diversos actos culturales que se llevan a cabo en la abadía (cuando nosotras la visitamos había un ciclo de canto gregoriano y muchos coros estaban allí hospedados, y durante la estancia todos vestían hábitos monacales lo que le daba al lugar un aire de otro tiempo)

El claustro es verdaderamente espectacular. Con sus glicinas moradas reptando entre las arcadas y colgando en ramilletes, la piedra amraillenta y el torreón del campanario sobresaliendo.

pasillos abadia

Las vidrieras, tanto de la iglesia como del dormitorio nos encantaron y nos parecieron realmente curiosas y exquisitas en el colorido (se podría llegar a pensar que son una obra moderna y no parece que tengan tantos siglos en su haber) Unido a que nuestra visita a la iglesia fue acompañada por el ensayo de uno de los coros de canto gregoriano, lo que le añadió solemnidad y un aire como de cuento. Tampoco os perdáis el detalle de los corazones (símbolo del roussillon) en las lámparas y las rejas.

Más posteriormente, en el XIX, se le añadieron jardines y terrazas, y hasta una rosaleda que suele competir en concursos de flores.

abadia narbona

Y sé que os va a sonar un poco friki pero cuanto más oigan hablar de la región, más irán conociendo a este personaje. Pues en aquel momento de la visita no recuerdo que lo mencionasen, pero preparando esta entrada me volví a topar con él. Sii, por eso este sitio conserva y transmite ese gran aire del medievo único, y es que resulta que en 1843 Viollet-le-duc se preocupó por proteger y restaurar este lugar al que consideraba una joya del arte cistercense.

La Grave-La Meije

prod_photo1_111Yo estaba trabajando (que quede claro). Aunque eso es decir poco, tenía dos experimentos en dos líneas en el ESRF. Traduciéndolo trabajábamos rotándonos en los experimentos 24 horas con tan solo unas 4 horas para dormir. Como dato anecdótico, en la residencia de investigadores, donde todas las habitaciones están decoradas con los carteles de publicidad turística francesa de la belle époque, en  mi cuarto estaba el de La Grave-La Meije.

Después de 5 días en ese plan, el sábado por la tarde y mi jefa (claro esto solo lo pueden hacer los jefes) entró y nos dijo a mi compañera Ana y a mi: “poned los ordenadores con una macro de unas horas que vamos a salir”

Ante nuestro asombro ella no tenía en mente el tradicional “paseito para desconectar” por la ciudad de Grenoble. Fuimos directamente a la gare y alquilamos un coche.

No teníamos mapas, ni siquiera una idea de dónde ir, pero os voy a contar una cosa de esta región de Francia. No tiene muchos puntos turísticos que visitar, pero lo que si que tiene son cantidad de parques naturales. Y como mi jefa es una muy buena aficionada al esquí, en seguida puso rumbo al corazón del parque nacional des Écrins.

A unos 50km de Grenoble  y como por arte de magia llegamos a un lago de la alta montaña, el Lac du Chambon.

lac du chambon

No sé si eran las horas metidas en el anillo de hormigón pero… bastante impresionante. A pesar de que tan solo se trata de una presa enorme en la vallée de la Romanche, el lago tiene ese color azul clarito-grisáceo tan característico de los lagos que vienen del deshielo de glaciares.

Está rodeado de montañas alpinas (todas ellas pistas de esquí en invierno) desde donde bajan en forma de cascadas miles de arroyos al río. Y a lo lejos, al ser pleno septiembre, se distinguía con mucha claridad los glaciares de La Meije.

Justo al lado de la carretera, hay un panel de información enorme, y allí leímos que cerca se encontraba el pueblo de La Grave-La Meije (curiosa esta costumbre francesa de poner al lado del nombre del pueblo la montaña más cercana) que tenía el honor de encontrarse dentro de la lista de los pueblos más bonitos de Francia.

Llegamos al pueblo pero… era imposible concentrarse en el pueblo, nuestras cabezas miraban en dirección contraria hacia el cielo. Porque allí estaba la imponente Meije con sus 3985m, con el blanco/azul de sus cuatro glaciares resplandeciendo bajo el sol.

Eglise de la grave

Haciendo un esfuerzo nos centramos en el pueblo, había que descubrir por qué es de los más bonitos de Francia. El pueblo original se encuentra en promontorio rocoso que antiguamente estaba fortificado y en la cima del penacho se encarama la iglesia.

La avenida principal no aporta nada nuevo, aunque sean casas decoradas con maderita y flores, en definitiva, los típicos hoteles de montaña que se encuentran cerca de las estaciones de esquí. Mientras subíamos descubrimos que las casas no eran precisamente bonitas. Se notaba que era un pueblo antiguo pero los negros tejados de pizarra habían dado paso a la uralita y la piedra había sido recubierta de yeso… en general es un pueblo de montaña normal y corriente.

Llegamos arriba, a la iglesia. Para entrar hay que pasar por el cementerio, donde todas y cada una de las tumbas tienen un corazón de metal con el nombre y la fecha. Al ser en un espacio limitado, si quitan la tumba el corazón se pone en un muro donde hay un montón de ellos. Había tumbas muy antiguas de 1800, un montón de muertos de la segunda guerra mundial y curiosamente muchos niños.

cimentiere de la grave

El cementerio es como un balcón de nuevo a la Meije. Con los campos de sembrado alrededor de la ladera en forma de pequeños escalones en las montañas más bajas.

Al entrar en la iglesia se nos abrió la boca de lo claramente románica que era. Es un claro ejemplo del románico lombardo del siglo XI y muy bonita por cierto. Justo al lado hay otra capilla La chapelle des Pénitants blancs, y las tres cosas juntas (la iglesia, la capilla y el cementerio) en ese entorno formaban como parte de un cuadro precioso, con las montañas y los glaciares rodeándolas.

Bajamos de nuevo puesto que desde un principio habíamos descubierto qué era lo que hace a La Grave ser uno de los pueblos más bonitos de Francia, La Meije, y decidimos coger el teleférico que sube hasta 3200m donde se encuentra la estación de esquí de La Meije. Desde esta estación se puede llegar a la estación de esquí de Deux Alpes. La ida y vuelta en el teleférico, hasta el final fueron unos 19€ y desde el pueblo se organizan paseos por los glaciares y a una cueva de hielo.

La grave-la Meije

A tanto no nos dio tiempo, (a parte de que el teleférico estaba a punto de hacer su último viaje de vuelta) Pero mientras miraba La Meije, me impresionaba cada vez más… casi 4000m de altura, y la vista de los glaciares me imponía bastante, y sentí esa sensación de reto.

Peyrahout

Dudo mucho que este sitio aparezca en ninguna guía de Francia ya que se trata de una pequeña aldea en el departamento de la Haute Vienne.

Peyrahout palacio

Pero las vueltas que da la vida, hasta alli fuimos con el propósito principal de MARUJEAR. Mi amiga Yu volvia a tener problemas con su familia que le estaba concertando un segundo matrimonio del que se quería volver a escapar y fuimos a visitarla. Coincidió que ese verano estaba cuidando en su residencia del campo a una abuelita octogenaria y la señora, muy amablemente, nos invitó a ir.

Allí era en medio de la nada, nuestras indicaciones al salir de España eran “en fait il est un tout petit village même pas un village; juste un quatre ou enviros de maison enssemble… c’est vrai régardez sur google maps” y que nuestro único punto de referencia que SI aparecía en el mapa era Sain Junien.

Antiguas cuadras

Llegamos y sobre la carretera Yu nos hizo señales para que girásemos.

Cual no sería nuestra sorpresa cuando nos encontramos cara a cara con un palacio en mitad del campo. Claro, nos hicimos ilusiones “ala que bien se lo monta la viejecita” Pero según atravesábamos la verja nos volvió a hacer indicaciones de girar (que pena). Así llegamos a una pequeña casita de piedra y madera encantadora. Con su establo lleno de burritos, ovejitas, su pajar, las vigas de madera retorcida, completamente decorada como una casa de campo antigua. Decir que estábamos emocionadas era poco, a todo el mundo le llamábamos diciendo que estábamos en la casita de Heidi.

burritos

Después de instalarnos, según cenábamos ya nos enteramos que efectivamente todo pertenecía a la familia. Todo era de los terrenos del palacete pero que como ya no se usaba parte de las cuadras (sip, estábamos durmiendo en las cuadras) se había reconvertido en casita y allí nos habían instalado para que estuviésemos cómodas nosotras solas.

Incluso el granero en la parte de atrás mucho más alejado del palacio, una casa enorme, la habían convertido en una enorme casa rural (gîte de France, os dejo el enlace por si alguien se anima, la finca es increible y alrededor solo hay campo).

Antiguas cuadras

Podeis imaginaros cómo se rieron cuando se enteraron que habíamos llevado sacos de dormir, la respuesta fue risas, cara de horror y oír a la dueña decir “Dios mío pero que imagen tienen en el exterior de la campiña del limousin

En cuanto a nuestros anfitriones todos parecían sacados de una novela de época, la abuelita (para nosotras Mme Robert), nos contó sus anécdotas de jovencita y de cuando viajo durante todo un año sola por europa en coche…. nos la imaginábamos como una francesa descocada y liberada de la Belle Epoque, viajando con el sombrerito medio caído y una botella de wisky.

Patio

Su hija era una neo hippie de éstas que compra todo biológico, prefiere morirse de dolor antes que operarse o tomar analgésicos, enganchada a varias organizaciones de salvar burritos, salvar labreles, etc y estaba encantada de tener en su casa a gente tan multicultural aunque probablemente fuésemos los únicos no franceses que han pisado su casa en siglos (jejeje de éstos ya me he encontrado muchos en francia).

El hijo era todo un personaje, tan solo hay una palabra que le puede describir; sibarita. Las conversaciones con él solo se centraban en gastronomía, fiestas regionales, hoteles caros y coleccionaba antiguedades.

casas de javerdat

En cuanto a nuestra estancia más idílica imposible, si alguna vez se han imaginado la vida en Francia, descubrí que no es atribuible a Paris sino a este tipo de vida que se lleva en el campo: Paté de canard del bueno, desayunos con Brioches, las barras de mantequilla en la mesa para ir cortando, el queso de cabra mas tierno, un grand cru bordelais para las comidas, cerveza lillois, las ensaladas con la lechuga sin cortar y vinagreta de mostaza, conejo con receta secreta, perdices rellenas de mostaza, verduritas recién cogidas de la huerta.

Todo ésto rodeadas de bosques de castaños, robles y ovejitas (nos han contado que la mejor época para ir es otoño donde los colores son preciosos)