Bagnaia

¡Dios mío! … y me llevé las manos a la cabeza.

Bagnaia

Me acababa de bajar de un tren de madera (si de madera) que había llegado con 20min de retraso, no había sido capaz de salir de la estación de Viterbo porque no conseguía arrancar. Habíamos atravesado una gran cantidad de huertos y campos con cerezos en flor por un camino con un solo raíl hasta llegar a aquel … ¿apeadero? Miré el pueblo y las casas que me rodeaban, dudo que encuentren en el mundo un pueblo más pueblo que esto, y me asaltó la duda: ¿Podré salir de aquí? (no es la primera vez que me pasaría el llegar a un sitio y no poder volver)

Era un sábado por la tarde al medio día y la plaza principal no presentaba un aspecto mejor, tan solo dos viejecitos sentados a la sombra de la terraza del bar del pueblo que me miraban (llevaba un vestido amarillo con mallas y chaqueta azul, hace falta mucho menos de esto en Italia para que te fichen como extranjero).

Bagnaia

Desde la parada del tren crucé un puente sobre un río completamente seco para llegar al pueblo al otro lado del cañón. Se llega por este puente (no hay otro acceso al pueblo) a la plaza principal. Como todos los pueblos de esta zona, Bagnaia se encuentra en un penacho de una profundísima garganta.

Lo primero que llamó mi atención (a parte del aspecto 100% típico pueblo italiano) fue el palacio de la logia. Fijaros atentamente, a pesar de su aspecto de edificio que parece que se va a derrumbar de un momento a otro por el acantilado, en la terraza de las columnatas veréis unos frescos asombrosos.

Villa Lante

En la historia Bagnaia apenas hubiese pasado como conocida por sus termas (Bagno, como las que pululan por toda la Tuscia) sino fuese porque en el siglo XV fue elegida como residencia de verano por los cardenales de Viterbo. Pero resultó que el castillo que había dentro de los muros era para su gusto “demasiado modesto” con lo que fue dividida en dos partes.

A la izquierda se encuentra la città di dentro, se trata de la antigua ciudad medieval de dentro de la muralla cuya puerta está en el torreón del reloj y da a la plaza del castillo (del castillo en sí no queda nada, sólo el torreón del reloj, y la plaza es una plaza más de cuatro casas) Más allá si se quiere, siguiendo las callejuelas que culebrean entre casas de piedra muy antiguas, se llega al palacio que ahora es el ayuntamiento.

Villa lante

Pero lo realmente asombroso de este pueblo se encuentra a la derecha. En el 1471 se empezó a construir la città di fuori y verán que tres calles semiparalelas salen de la plaza principal, por cualquiera de ellas llegaran a un pequeño paraíso escondido:

Villa Lante:

Esta villa es realmente un pequeño paraíso y encima fuera del turismo masivo de Villa D’Este o Aldobrandini. El precio de la entrada también esta lejano al de éstas últimas siendo tan solo 2 euros.

Villa Lante

Para empezar no se trata de un gran palacio sino que son dos pequeños casinos (casitas de campo) prácticamente gemelos uno en frente del otro, aunque se construyeron en diferentes épocas. En la parte baja ambos tienen unas grandes arcadas acristaladas decorados con frescos muy recargados y en la planta superior se encuentran los pisos nobles.

Pero el principal motivo de su fama se debe a los jardines, que la han llevado a ser una de las más conocidas villas ajardinadas del siglo XVI italiano especialmente por sus fuentes y cascadas.

Casino de villa lante

Para respetar y realzar la simetría, todo el jardín y las fuentes presentan perfectas figuras geométricas. Desde la entrada principal se ve de frente los dos casinos y delante de ellos, a la izquierda una compleja fuente con avenidas, varios surtidores y esculturas que es la más grande de la villa.

En cada lateral de las casas hay parterres al estilo francés con diferentes geometrías y justo entre los dos edificios hay un laberinto.

A partir de este punto La villa  asciende escalonada en terrazas que permiten tener una perspectiva diferente desde cada fuente (y normalmente cada fuente posee una o varias cascadas de forma que nunca se pierde el rumor del agua cuando se pasea) Si se mira hacia abajo se ve al fondo el antiguo pueblo de Bagnaia, en su tiempo la diferencia entre el jardín y el pueblo (que se ve en todo momento) debió de ser mucho más grande que la que existe ahora.

Villa Lante

En la parte final se encontrarán un paseo de columnas que llevan a dos Belvederes en forma de kioskos de jardín cuadrados y entre ellos un estanque con 6 cascadas que caen desde los mismos muros de la villa, esta parte es menos simétrica y más asalvajada.

Los terrenos adyacentes a la villa, y antes parte de los jardines también son un gran parque público con árboles y césped donde también se encuentran numerosas fuentes curiosas y espectaculares.

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Siena

Era de mis últimos días en Italia y después de todo, de los tres sitios que me propuse visitar no iba a ir a ninguno. Esa mañana no me apetecía nada salir de mi capa pero me obligué a coger el tren hasta el corazón de la Toscana.

Tiempo después hablando de Siena, me impactó que una amiga dijese exactamente lo mismo que pensé mientras paseaba por la ciudad “Dios como se me parece a cualquier ciudad de Castilla“. Y eso que yo paseaba como distraída con la mente en otras cosas, sintiéndome completamente una extraña.

Todo lo que vaís a leer a continuación hablará sobre el gótico a rebosar, duecento que no tiene nada que ver con Castilla. Pero cuando caminaba por ella no podía dejar de pensar que curiosamente era como si me encontrase en algún lugar de la mancha.

Llegar hasta la ciudad incluye un recorrido por los paisajes más bonitos de la campiña toscana. Para empezar cada vez que vean una foto en algún catálogo de viajes sobre la Toscana verán una foto de Siena, ya que es puro medievo y puro arte.

Desde la estación, que se encuentra abajo del todo, hay que subir hasta el centro de la ciudad (la bajada la hice andando pero subir en autobús). Nada más pasar por una de las puertas de la ciudad supe que había llegado y me bajé para encontrarme ni más ni menos que con una carrera de ferraris. Pero si ya de por sí era alucinante algunos de los coches que corrían eran piezas de colección antiquísimos, los organizaban por años y competían según su categoría.

Lo primero que consiguió captar mi atención fueron las fachadas del palacio Salimbeni y la del más antiguo, el palazzo Tolomei, puro duecento con un estilo gótico inconfundible. Y en seguida en todas las plazas empezaron a surgir las estatuas de la loba (pues cuenta la leyenda que Siena la fundó uno de los hijos de Remo huyendo de Rómulo).

Yo iba por la buena dirección pero apenas había visto unos cuantos palazzos estaba como ansiosa por llegar a la piazza del Campo, pero no la encontraba. Me parecía que la ciudad era un laberinto adoquinado muy complejo. Cerca de las arcadas de la logia, allí encontré una especie de escaleras que bajaban por un pasadizo

¡¡Oh!! se me abrió la boca. Realmente no me la esperaba tan espléndida y tan escondida. Ante mí tenía una plaza inmensa y vacía de la que nacen miles de callejones estrechos que no ves dónde van, pues los altos edificios de piedra la encierran. Es como el centro del laberinto que es la ciudad.

Lo que más llamó a mi curiosidad es que el suelo enladrillado cae en pendiente lo que acentúa más la forma de abanico que de por sí tiene. Y llamó mi atención porque sabía que aquí se celebra una famosa carrera de caballos (el Palio) así que nunca me imaginé que fuese una plaza en cuesta.

En un lado descansa el no menos impresionante palazzo pubblico. Un señor edificio gótico del s.XIV cuya torre cuadrada y almenada, rompe los esquemas de Siena con sus 90m a modo de faro. Para llegar a lo alto (visita obligada) hay que enfrentarse a una subida un poco claustrofóbica de unos 400 escalones. Además dentro del palazzo se encuentra el museo cívico, donde hay salas decoradas al estilo de la época, la que más me gustó fue la del mapamundi.

En el caso en el que consigan apartar la vista del imponente palacio (excelente telón de fondo por cierto para imaginarse los tejemanejes entre los Borgia y los Borghese aunque la ciudad fue mucho más importante en la edad media que en el renacimiento), en el extremo opuesto al palacio, se encuentra la fuente Gaia, una fuente esculpida en mármol de principios del renacimiento de la época en la que era rival de su vecina Florencia.

Después de dejar la plaza empecé a callejear otra vez perdida entre este estilo de calle que define a Siena, con edificios altos de ladrillo y palacetes góticos dispersos que conservan aún las estructuras metálicas donde se ponían las antorchas antiguamente, conectados los unos con los otros por medio de arcos y puentes secretos.

Llevaba yo lo que Helsa ha definido como mi turismo salvaje de llegar a una ciudad sin mapa ni guía y callejear hasta ir descubriendo todos sus secretos pero finalmente tuve que ir a información y turismo para hacerme con un mapa. El caso es que, aparte de visitar el interior de algún que otro palazzo, sabía a donde me quería dirigir: hacia la catedral. Está en una pequeña placita pero de nuevo con una entrada un tanto escondida.

La catedral, es increíble del suelo al techo. Lo tiene todo, el exterior gótico como la de Orvieto. De hecho a la de Siena se la considera como una de las obras maestras del gótico italiano, aunque posee algunos toques románicos como, sobre todo, el campanario. Pero su interior directamente deja sin habla (yo no estaba preparada para ver lo que me esperaba en el interior).

El interior del duomo, está profusamente decorado como la de Pisa. La nave central, rayada al igual que el campanile, sostenida por enormes arcos de medio punto, esconde unos techos llenos de pinturas, y sobre todo, los mosaicos en mármoles de colores del suelo, son 56 representaciones del antiguo testamento.

En un edificio separado, como no, cuya entrada encontré dando un rodeo completo a la catedral, se encuentra el baptisterio. Un edificio de forma octogonal, como casi todos los que he tenido la ocasión de visitar, donde del suelo al techo no hay ni un centímetro sin estar decorado con pinturas o mosaicos, vamos otro lugar para pasarse un rato contemplando y descubriendo detalles.

Anexada al otro lado de la plaza, como cerrando el cuadrado, se encuentra la ampliación de la catedral, que no se llegó a terminar, pero es un buen sitio para volver a subirse y tener Siena a tus pies. (Esto es como otra parte más del laberinto que no paraba de desconcertarme)

Por fin cuando ya me disponía a irme de la ciudad, entre el entramado de calles de uno de los barrios completamente engalanado con sus escudos y banderas (debía ser el que había ganado el Palio el año anterior) vi a lo lejos recortada la figura de la basílica di San Francesco.

La curiosidad pudo a mi pereza y allí que fui enfrentándome de nuevo al laberinto y guiándome de vez en cuando por arcos que asoman al precipicio, ya que la basílica se encuentra en lo alto de otra colina. Siena se construyó sobre tres colinas que confluyen en la piazza del Campo.

Después de la catedral, obviamente, es el templo más importante. Fue construida en el Siglo XIII pero después de un incendio en 1655 fue reconstruido a tal y como la vemos ahora. Más que nada sorprende su tamaño, la nave es muy grande y luminosa lo que contrasta con su origen románico. Además la universidad de Siena es muy antigua, data de 1240 y dentro de las dependencias monacales hay parte de la facultad a la que se accede por el viejo claustro que tiene mucho encanto.

P.d. Gracias a mi amiga María que ha cedido algunas fotos para esta entrada, de un viaje que ella hizo posteriormente a la ciudad.

A la riviera italiana

Mi amigo Luis vivía en Freiburg (el alemán no confundir con el Friburgo suizo). El caso es que llegó el frío y en Alemania es obligatorio circular con ruedas de invierno… (lo de las ruedas de invierno es un concepto que en España no tenemos)

Para que no le multasen decidió volver con el coche en diciembre y para no hacerlo solo, me convenció de que le acompañase. Ya que estábamos (y éste es de los que se lían tan fácilmente para viajar como yo) decidimos pasar unos días recorriendo la riviera italiana.

¿por qué la riviera italiana?

Pues eran pueblos de pescadores, pero si toda la jet set se acabó rindiendo a su encanto para pasar las vacaciones (en ninguno faltará una tienda de Dior) ¡cómo un simple mortal puede no enamorarse!.

Así que el puente de diciembre quedamos en Basilea (hasta donde volé con easyjet) y desde allí empezamos nuestro recorrido rumbo al sur.

El aeropuerto, es un pequeño caos. Tiene tres salidas (a Francia, Suiza o Alemania) y se les habían acabado los francos suizos en las oficinas de cambio. De todas maneras el autobús para llegar a la estanción de tren, cerca del centro se puede pagar en euros.

Como yo no conocía la ciudad pasé allí un día entero. Me alojé en el Jugendherberge que creo que es el youth hostel  más caro que he pagado (¡35€!) Con muy buenas instalaciones, que no valen ese precio por noche no obstante.

Para circular por las autopistas suizas hay que comprar una vignete en gasolineras (30€) que sirve para todo un año (es muy cómodo si se piensa viajar varias veces por el país). El estado de las carreteras era nuestro principal miedo. Hasta entonces no había habido ninguna ola de frío pero en Suiza también son obligatorias las ruedas de invierno. Después de cruzar varias llamadas con María que vive allí permanentemente, decidimos coger el tunel de San Gotardo que atraviesa los Alpes. Si es cierto que todo estaba nevado, pero la carretera totalmente despejada y solo había retenciones en sentido contrario. En el tunel solo hay un carril por cada sentido y es bastante normal tener graaandes retenciones.

El paisaje de esta carretera es espectacular, pequeños pueblecitos en laderas realmente inclinadas a los pies de montañas realmente grandes y blancas. Pura postal suiza. Pero pasado Sant Gothard llegamos a la región del Ticino que nos decepcionó. En 3 horas cruzamos toda Suiza. Pensábamos parar en Bellinzona o Lugano, solo que ninguno nos resultó especialmente atractivo. Así que directamente cruzamos la frontera y nos instalamos en Como para el resto del día.

Riviera Italiana

De Como nuestra siguiente parada fué Bérgamo ciudad recomendada por todo el mundo. Acabamos en el hostal fragolino. Es un curioso hostal llevado por una española, en la parte baja de la ciudad (pese a estar cerca de la estación nos costó encontrar, eso sí se aparca muy bien en sus alrededores). Tienes que quedar con ella a una hora para que te de las llaves porque se trata de una casa, así que no hay recepción. Pero no os podéis creer lo increiblemente acogedor que es.

Después de pasar menos tiempo del que nos hubiese gustado en Bérgamo dejamos Lombardía para dedicarnos a la Liguria en exclusiva. ¡Claro que todo el mundo nos preguntaba que por qué no íbamos a Cinque terre! Haber bajado hasta allí habría sido un viaje muy poco realista para el tiempo que disponíamos.

No les voy a engañar, la región es sorprendentemente cara. Pensábamos tener Génova como centro de pequeñas excursiones pero el sitio con alojamiento más barato sin embargo, lo encontramos en Santa Margherita Ligure. Esto solo fue posible porque era temporada baja, y el hotel Park suisse estaba a un cuarto de su precio. Se trata de un hotel completamente antiguo polvoriento y destartalado con decoración estilo “el resplandor” por el que no comprendo como alguien puede llegar a pagar el precio normal de la habitación.

Desde el pequeño pueblo por supuesto estuvimos en el parque natural de Portofino, que antes de partir yo consideraba que sería la perla del viaje, y también fuimos a Génova. Sin palabras Génova, fue la auténtica ganadora.

Ya en nuestro viaje de vuelta tuvimos la suerte de parar en Finale Ligure, otra gran sorpresa (sinceramente, todos los sitios que visitamos hasta este punto increibles, fue un viaje en el que pasábamos de un lugar bello a otro de encontrar cosas sorprendentes cada kilómetro que recorríamos, es normal que haya tanta gente enamorada de la riviera italiana)

Pasamos la frontera a Francia, donde decidimos pasar la noche en Menton, uno de tantos pueblos de la costa azul donde más o menos encontramos un buen precio (sigue siendo un lugar caríiiisimo) Estando tan cerca de Mónaco nos hizo ilusión pasar antes de que anocheciera por la ciudad estado. Eso sí decepción total, es un “disneyland” y absolutamente nada que ver con la calidad de los sitios que llevábamos visitando hasta entonces. Antes de que se hiciese muy tarde pasamos por Niza para comprar cervezas francesas y llevarlas a España.

El último día fue el gran viaje. No paramos, solo nos turnábamos para conducir desde Menton hasta Madrid. 1300km, muuuchos peajes (unos 60€ diria yo pero no recuerdo exactamente) unas 12 horas de viaje… solo apto para auténticos amantes de la conducción.

Fiori di zucchini

Recientemente descubrí algo que no sabía ni que se solía comer, y menos que se tratara de un plato típico italiano (existe algo más allá de la pasta) Además está riquíiiiisimo.

Las flores de zucchini (calabacín) y zucca (calabaza) son un plato muy delicado y exquisito. De normal se venden en el mercado en Italia. Las flores deben de estar muy frescas, ligeramente abiertas y se tienen que consumir en el día. Al limpiarlas hay que tener mucho cuidado de no romperlas y quitarle los pistilos antes de prepararlas.

Hay dos maneras de hacerlas (según te posiciones geográficamente) en el norte de Italia, lo normal es rebozarlas en una masa y freírlas. La pasta normalmente se hace con agua/leche/cerveza harina y huevo (vamos una masa muy tipo tempura) en la que luego se mojan las flores. Hay que procurar que quede una capita de masa pero chiquitita y ligera y no en forma de pan y luego freírlas en aceite caliente hasta que queden crujientes.

En el sur de Italia sin embargo antes de rebozarlas dentro de la flor se mete mozzarella y una anchoa (esto es lo típico pero hay otros rellenos, la cosa es experimentar). Luego se reboza igual y se fríe.

Viterbo

Apenas pensaba pasar un par de horas visitando Viterbo, mi idea era ir a las termas y darme una vueltecita antes por el pueblo. Nada más pisarlo supe que tenía que volver y dedicarle más tiempo.

La historia de esta ciudad se remonta a los tiempos etruscos pero realmente fue muy importante en todo el mundo cuando cayó en poder de los papas en el 1100. Cuando el papado se trasladó a Orvieto, y más adelante a Avignon la ciudad empezó a decaer (también ayudó mucho la peste negra que lo asoló en un par de ocasiones)

Flanqueado por una muralla, que aún conserva en pie muchos de los imponentes torreones sobriamente cuadrados, se encuentra uno de los pueblos medievales mejor conservados de Italia. Aunque la ciudad haya crecido, se siguen conservando perfectamente sus intrincadas callejuelas góticas con las casas amontonadas (las curiosas cassapontes que son casas que se conectan por el segundo piso haciendo un puente sobre las calles)

Entré por porta fiorentina y fui pasando por una serie interminable de plazas con fuentes y mucho encanto hasta llegar a la plaza del Plebiscito. Aquí se encuentra el ayuntamiento y un curioso museo de arte etrusco, donde desde sus jardines se puede contemplar la parte baja de la ciudad y en frente la gran iglesia de santa Rosa con su gran cúpula, a la que son muy devotos aquí con fiesta popular y mucha parafernalia.

Realmente en la ciudad hay varias iglesias diseminadas, merecen mucho la pena todas (como la pequeña franciscana en la subida al palacio papal escondida en su tan agradable plaza). Sobre todo pasearse sin perder detalle de los escudos que abundan por sus fachadas y desde luego hay que ir al barrio de San Pellegrino apoyado en la muralla. En el es donde se guarda todo el esplendor medieval de la ciudad, realmente lleno de recovecos que explorar.

Definitivamente lo más famoso de la ciudad es el palacio papal justo al lado de la catedral, y me fue difícil encontrarlo (tuve que consultar uno de los muchos planos que hay en la ciudad) para llegar a esta plaza hay que cruzar un puente que salva el precipicio, flanqueado por dos suntuosos palacios de los Farnese enraizados en el acantilado. Allí está a la izquierda la pequeña catedral y luego el gran palacio al que se accede por la escalinata cruzando la arcada gótica y entrando en el patio interior con las vistas más vertiginosas de Viterbo ya que está sobre un penacho por encima de toda la ciudad.

De la catedral de San Lorenzo, aunque es románica se nota que se ha reconstruido muchas veces. Su interior contrasta mucho con el campanario que tiene un estilo más renacentista, mezcla las franjas de mármol blanco y verde. Pero lo realmente bonito de ella es el interior. El techo conserva todas las vigas de madera y un pequeño artesonado, hasta está decorado. El suelo, le sigue a la par y está todo hecho de mosaicos de mármol (el estilo al parecer se llama cosmatesco y era típico de la Lazio en la edad media)

Pese a todo esto, el mayor reclamo turístico que tiene ¡incluso mencionadas por Dante en su Divina Comedia! son sus termas.

Era mi cumpleaños y Ravi me preguntó que cómo pensaba celebrarlo. ¡Claro que lo había pensado! En menos de un mes viviendo es imposible no enterarse.

Había oído hablar de unas termas que había a las afueras de Viterbo y le dije que me gustaría que me llevase. Le encantó la idea, incluso estuvimos viendo la posibilidad de ir a las termas de Saturnia en Toscana, pero al final con la cantidad de trabajo que tenía fuimos a las termas de Bulicame que son las más cercanas a Roma (a hora y media de trayecto. A Viterbo hay trenes frecuentes desde Roma Ostiense, pero no a las termas que están a un par de kilómetros de la ciudad).

Hay dos tipos de termas; unas que pertenecen a un hotel que son las termas dei Papi (por cierto a las del hotel sí que se puede ir en transporte público desde Roma, sale de porta flaminio un autobús que llega directamente al hotel) y las públicas. Antes la entrada era gratuita pero ahora hay que pagar un poquito. Pese a que muchos protestan yo creo que simplemente han mejorado las instalaciones, porque antes la gente iba a cualquier hora por la noche bebían y lo dejaban un poco mal.

Las termas no son muy espectaculares a lo que paisaje se refiere, simplemente es una piscina. De un lado brota agua a 55ºC y según te alejas el agua se enfría, así que tu te puedes ir hasta la temperatura que te gusta. Además hay una fuente de agua fría para refrescarse, con el plus de que se trata ni más ni menos que de una fuente romana.

Os he de transmitir el consejo que me dió mi jefe en Frascati: “Haces bien en ir ahora que hace frío, la gente espera a ir a las termas cuando hace calor pero entonces es insoportable y no puedes meterte en el agua

Orvieto

En los últimos días del invierno, con el olor de las mimosas vaticinando la primavera, decidí escaparme a este pueblo en un rincón de la Umbría.

Desde Roma, en tren hay dos formas de llegar la rápida y la lenta. Pero realmente para media hora de diferencia y el precio es justo la mitad si se coge el regional.

Como todos los pueblos de la zona, se encuentra encaramado a un acantilado impresionante, rodeada de una imponente muralla. Desde la estación hay que subir en funicular (con el mismo billete puedes coger el bus que va a la plaza del duomo) Pero merece más la pena ir todo recto por la viale del corso. Una ciudad se conoce pateándola, es la única forma, y en concreto esta merece la pena simplemente pasearse por sus calles, admirar sus casitas y no perder detalle de los palazzos e incluso ¡una torre mudejar!. Además que se trata de un pueblo llenísimo de tiendas artesanales (aquí compré mis famosísimos pendientes de Lupin III que todavía hoy la gente me para por la calle para preguntarme por ellos)

Es muy turístico, su belleza realmente lo merece, y muy muy bien organizado para el turista (de verdad, en pocos sitios del mundo he estado que pongan todo tan fácil). No hay que traerse nada estudiado de casa, solo ir al Ufficio de infromazioni turistiche, que está justo enfrente del duomo. Dan mapas con un recorrido para seguir por la ciudad muy completo y bien explicado. Solo hay que ponerse a andar y uno no se perderá nada.

Justo al lado de la oficina está la caseta donde se anuncian las excursiones guiadas (en varios idiomas) bajo tierra. A decir verdad, como lo vi todo tan turístico (no me lo había esperado así) en un principio me pareció que quizás sería una atracción más de relleno, sin ningún tipo de interés. Gran error.

Desde luego la catedral de 1290. La fachada principal, me pareció más bonita que la de Siena por ejemplo, aunque no su interior, que recuerda más a la de Florencia por su total simplicidad, ya que la mayor parte de los tesoros además se encuentran en el museo. De todas maneras era la primera vez que veía una catedral de ese estilo gótico italiano de la fachada, junto con el estilo ya renacentista que mezcla franjas intercaladas de mármol blanco y verde.

Me puse a explorar la ciudad siguiendo las recomendaciones del mapa. Pasé por unas cuantas callejuelas e iglesias, y en general me estaba pareciendo todo muy bonito pero desde luego no extraordinario, hasta que llegué a lo que sería la parte medieval de la ciudad (en concreto la vista desde la muralla de la ciudad muy cerca del pozo de la cava) Ahí empezó a ponerse realmente interesante el paisaje y unos minutos después Orvieto pasó de ser para mí de una ciudad mona a una ciudad super interesante.

Callejeé entre iglesias, casonas y palacios hasta llegar al pozo de la cava y entré. A estas alturas no recuerdo qué era exactamente lo que me esperaba, no mucho, quizás un simple pozo. Lo que descubrí me encantó, bodegas, antiguas habitaciones de un pueblo subterráneo como las que se encuentran por la Cappadocia. Me emocioné tanto, que nada más salir fui corriendo al Ufficio para apuntarme a una de las excursiones guiadas de la ciudad subterránea.

La ciudad fue evolucionando a través de los siglos. A las faldas de la montaña se asentaron los etruscos que poco a poco fueron excavando galerías en la piedra. En la edad media estas galerías subterráneas fueron habitadas quedando por todas partes restos muy bien conservados y poco a poco la ciudad fue saliendo al exterior en lo alto de los acantilados donde en el renacimiento se construyeron la mayor parte de los edificios emblemáticos que nos han llegado hoy en día.

Es como si se hubiesen conservado restos de la ciudad guardados como en burbujas de tiempo a través de la historia. No paraba de recordarme la novela “Neverwhere” de Neil Gaiman, tranportada a la Italia rural claro.

Desde allí, siguiendo el trazado del mapa llegué hasta el punto de  “Necrópolis etrusca” Bien, ese punto está fuera de la muralla, es decir, que hay que bajar el precipicio. Y yo bajaba, y bajaba, pero ni rastro de la necrópolis. Bueno no es fácil llegar, hay que bajar hasta la carretera y desde allí seguir un camino de piedra que lleva a un chalet. Si, a una casa que parece una casa privada.

La necrópolis, otro lugar que me fascinó y no dejo de recomendar a quien vaya. Para empezar no seáis tan ansiosos como yo que según me dieron la entrada fui directa a la excavación. En la casa hay una explicación detallada de la historia de la excavación, de los hallazgos… sino irán un poco a ciegas por el sitio. He de reconocer que disfruté como una niña del lugar para mí solita, pude vagabundear por las tumbas y explorar todos sus rincones realmente me sentí como una Indiana Jones.

Por otra parte remarcar que el pozo de San Patricio no tiene tanto que ver con la ciudad antigua, sino con su importancia en el renacimiento. En la edad media Orvieto era una ciudad estado libre muy poderosa que se desvaneció entre las guerras de poder internas entre Güelfos y Gibelinos. De ahí pasó a ser parte de los Estados Vaticanos. Fueron los papas los que construyeron esta obra de ingeniería militar pensada para que la ciudad pudiese tener agua potable en caso de asedio. La idea es muy buena, es un sitio curioso con una arquitectura bonita, dos escaleras de caracol enfrentadas suficientemente espaciadas para que burros pudiesen andar por ellas. Pero la entrada me parece excesivamente cara para lo que es.

Caserta

¿Ni idea verdad? yo tampoco lo había oído en mi vida. No obstante absolutamente todos hemos visto Caserta. ¿Y eso? pues “La amenaza fantasma” “El ataque de los clones” “Misión imposible III” “El código Da Vinci” “Ángeles y Demonios” y una larga ristra de películas italianas. Si, yo también estaba bastante asombrada cuando, una tarde en La Feltrinelli, me descubrí leyendo esto en un pequeño recuadrito en la guía Lonely Planet de la Campania explicando que era uno de los lugares imposibles de perderse.

Con semejante recomendación y llenísima de curiosidad (¿extraño no? un sitio del que nunca has oído hablar pero al parecer has visto repetidamente), en una hora llegué a Caserta en tren desde Roma. El pueblo en sí, no es nada, simplemente una urbe que fue desarrollándose alrededor, lo importante es la regia. Ha sido uno de los grandes descubrimientos de mi estancia en Italia, un lugar muy interesante, con mucho encanto y … desconocido para el turismo.

Resultó que Carlos III (si si, el mismo, yo siempre creí que sucedió a su padre Felipe V en el trono, pero no fue así, al menos no tan directo) mientras su hermanastro era rey de España, él era el Virrey de Nápoles y las dos Sicilias. Decidió que el reino de Nápoles necesitaba un buen palacio y mejor protegido, concretamente el palacio real está en una situación muy poco estratégica como habrán podido comprobar si han viajado allí. Así que se fue unos kilómetros al interior y mando construir la regia de Caserta, que viene a ser a Nápoles lo que Versailles es a Paris.

Creo que llegué bastante tempranito y no había nadie (luego a la salida la cola era tremenda) Se puede entrar a la regia o solo a los jardines (2€ la entrada), siendo fin de semana, un montón de italianos vienen para pasar el día con la bicicleta, hacer pic-nic, pasear al perro… He de decir que nadie me pidió nunca la entrada durante mi recorrido por el palacio, luego para entrar a los jardines si.

Desde la fachada entre Barroca y Neoclásica, al palacio real se entra por el interior de una galería que atraviesa todo el edificio hasta el principio de los jardines. Las dimensiones son impresionantes, creo de hecho que se trata del edificio más grande que se construyó en Europa en esa época, y consta de unas 1200 estancias. Entre los arcos de la galería se abren a cada lado cuatro patios iguales. Y justo en el centro se encuentra el vestíbulo para subir al palacio.

Bueno pues por este vestíbulo con su escalera de honor es la gran joya del palacio. Una increíble escalera de mármol blanco y rosa flanqueada por leones (todo muy regio) que lleva a otro vestíbulo superior. Este vestíbulo superior (centro exacto del palacio) me pareció realmente impresionante; sus columnas, dimensiones y decoración me causaron una sensación de vértigo (todas las escenas del palacio del planeta Naboo están grabadas aquí). Justo en este punto se encuentra una capilla (justo en el día que fuí en la capilla estaban rodando una escena de alguna película) y se empieza el recorrido por los demás apartamentos.

El recorrido por el palacio es enorme. Me gustó mucho, sobre todo si te gusta encontrarte estancias decoradas con el estilo de la época. Os recomiendo fijaros en los mosaicos con parqué del suelo, y la pintura de las paredes que también me pareció muy coqueta (y digo coqueta porque algunas estancias como la sala del trono son todo oro y esplendor, pero la mayoría de los apartamentos están decorados como si de una casita de muñecas se tratase)

Después me fui a ver los jardines, que son de proporciones aún más descomunales e insospechadas. A la entrada del jardín alquilan bicicletas para recorrerlos (que no sería tampoco mala idea) o caballos.

Cerca del palacío real, rodeándolo, se encuentra un jardín de estilo italiano con caminitos geométricos que recuerda a los de Bóvoli en Florencia y está cercado en los laterales por unos grandes árboles donde empieza el viejo bosque donde hay pequeños casinos (del estilo de villa Lante) y un estanque.

Realmente para un día de calor explorar las zonas a bajo los frondosos árboles del viejo bosque es lo más agradable pero si algún día vais a visitarlo, según se llega al parque, incluso antes de haber podido atravesar el jardín italiano en lo único que podreis pensar es en llegar al final del Passeggio.

El passeggio que hipnotiza al visitante, se trata ni más ni menos de una fuente de ¡3km de longitud! que baja desde la montaña hasta el palacio escalonada en varios niveles. Subiendo poco a poco, se pasa por diferentes terrazas con esculturas muy muy bonitas que adornan estanques, hasta llegar a la última. La fuente de Diana que se trata ni más ni menos que de una cascada de 80m.

Aquí arriba está la entrada para el jardín inglés, que empezó siendo un jardín botánico y también es muy agradable y fresquito. Durante todos los kilómetros del camino de subida no hay mucha sombra, salvo en los laterales pero no hay camino como tal bajo ellos.