Maastricht

De casualidad en un mapa, era la ciudad más “grande” y a mano para pasar una noche. Pero de ella no sabíamos mucho antes de llegar, tan solo que fue donde se firmó ese famoso tratado de la Unión Europea. No me esperaba, desde luego, que resultase ser la primera ciudad de Holanda que realmente me gustó hasta la fecha (luego hice un viaje más exclusivo para conocer Holanda), y es por eso le tengo un cariño especial.

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Maastricht está sorprendentemente al sur de los Países Bajos, en una esquinita. Tan pegada a Bélgica que hasta parece que tiene cierta influencia francesa. Desde luego, tiene una atmósfera especial y diferente del resto del país.

Nos alojamos en el albergue stayokay que está justo en el río Mosa (lleno de cristaleras y enorme, muy tranquilo y limpio donde además nos dieron un mapa y nos explicaron qué ver en la ciudad) Aparcamos en un gran aparcamiento que hay justo al lado (lo cierto es que fue muy sencillo aparcar, que era algo que teníamos miedo)

La ciudad está dividida en dos por el río, en lMaastricht coblestonesa orilla en la que se situaba el albergue está el casco más antiguo y medieval de la ciudad y al otro lado una ciudad más moderna.

La misma noche que llegamos nos internamos en la ciudad vieja para llegar casi por inercia al ayuntamiento (stadhuis) del siglo XV, muy interesante, sobre su fachada se estaba proyectando una animación de la historia de la ciudad, holanda y la unión Europea. Acabamos con un poco de fresco pero encantados con la suerte que habíamos tenido y conociendo bastante más la historia de lo que íbamos a ver al día siguiente.

Al día siguiente, empezamos nuestro paseo por los parques que forman el cinturón verde que rodea la muralla medieval de la ciudad antigua (muy recomendable si hace bueno) De esta forma pudimos admirar la fortificación que antaño rodeaba la ciudad. Ha dos bastiones que tienen interés histórico “Hoge Fronten” en el noroeste y el “Waldek” en el parque que lleva su nombre al suroeste. Estas murallas, junto con los pasillos subterráneos están a veces abiertos al público. Recorriéndolos yo me imaginaba lo que debía haber sido atacar este fuerte, ya que las paredes interiores del bastión siguen llenas de armas listas para atacar.

Stadhuis Maastricht

Luego nos metimos a callejear a lo largo de estrechas y deslumbrantes calles adoquinadas, para admirar las elegantes casas de los siglos XVI y XVII, maravillosamente decoradas con colores vivos pintados y ventanas con flores. Con ellas conviven construcciones romanas y torres, paredes y puertas medievales.

Hay varias plazas en el centro de la ciudad, cada una de las cuales vale la pena visitar. Pasando por la puerta principal de la ciudad adornada con dos torreones, llegamos a Onze Lieuwe Vrouweplein, la plaza más popular. La Basílica medieval que está a su lado tiene una pequeña capilla con una enorme virgen dorada. De aquí al ayuntamiento se llega rápidamente todo recto. En la plaza del ayuntamiento, una vez a la luz del día, lo que más nos llamó la atención fueron las estatuas que hay.

Vrijthof Maastricht

Otra plaza que hay que visitar es Vrijthof, un lugar rodeado de árboles y terrazas. En ella se puede disfrutar del skyline más conocido de Maastricht, con las basilicas de Sint-Janskerk y San Servaaskerk (la más antigua de Holanda), y la casa

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de la guardia “Militaire Hoofdwacht”. A partir de este punto, ya veréis que todo se vuelve una gran zona comercial con mucho ajetreo, en la que se pueden distinguir algunas perlitas arquitectonicas escondidas como el Dinghuis (donde por cierto está la oficina de información y turismo) o el begijnhof (ya sabeis que soy super fan).

Por desgracia no tuvimos mucho más tiempo para cruzar el Mosa y descubrir la parte mas moderna de la ciudad pero creo que nos llevamos un buen sabor de la ciudad. Definitivamente pondría Maastricht en un puesto alto de la lista de lugares a visitar cuando se esté en Benelux o Alemania. Está entre los mejores cuando se trata de mezclar lo nuevo y lo viejo en una hermosa gama de historia y el color.

 

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Poffertjes

Estabamos en Delft cuando Leyre pronunció este extraño nombre y dijo que ella solo lo comía una vez al año, en el día de la reina, que debíamos hacerlo. A Enrique se le iluminó la cara y dijo que él lo comía más veces al año. Alfo y yo no comprendíamos.

poffertjes 1

Son como unas mini-tortitas muy chiquititas que hacen en puestos callejeros. Les echan azúcar por encima y un pedazo de mantequilla gordo, y claro para coger las tortitas tienes que coger con el tenedor un trozo de mantequilla y metértelo en la boca sin más, y piensas ¡oh Dios las calorías!

Esa fue la exacta y correctísima descripción de Leyre. Os voy a decir que yo no soy chica de mantequilla. Pero la curiosidad pudo más que el remilgo y al día siguiente entre los miles de puestos de poffertjes que poblaban las abarrotadas calles de Amsterdam el día de la reina probé una docena… ¡¡¡MALDIGO A LEYRE!!! Desde ese día hasta el día que abandoné Holanda TOOOOOODOS los días comí mi ración de poffertjes que te la hacen en el acto.

poffertjes 2

Se trata de un dulce tradicional de la cocina holandesa elaborado con una masa similar a las de las tortitas: 1 Huevo, 1 vaso de leche, levadura, 125gr de harina de trigo y la misma cantidad de sarraceno, pero son mucho más dulces. Se hacen en una sartén especial que tiene circulitos del tamaño del poffertje untada en mantequilla y se les va dando la vuelta con un tenedor antes de que la cara se haya hecho para que el interior tenga una masa muy suave y esponjosa.

Por último se sirven espolvoreados de azúcar glas y un gran gran gran pedazo de mantequilla que se va derritiendo lentamente con el calor de la masa recién hecha, y así es mucho más facil de comer. Como supondréis esta mantequilla es de gran calidad y muy rica, para poder comer tal cual con el tenedor.

Ruta por las abadías flamencas

Quiero aclarar que la idea y planificación de este viaje es obra de Alfo. Habíamos pasado medio mes recorriendo Chile y no bien nos incorporamos a nuestros respectivos trabajos decidimos volver a irnos. Era un momento perfecto porque se acercaba el “puente de mayo” que fácilmente podíamos unir con “el día de la reina” en Holanda.  Yo simplemente llené los huecos con “puntos turísticos”

ruta abadias belgas

¿Por qué esta ruta?

Nuestra pasión por la cerveza es algo que disfrutamos y compartimos juntos desde el día que nos conocimos. Él en seguida se unió al grupo de amigos que con sana envidia quieren una repetición de mi anterior viaje por las abadías wallonas (tal y como vaticiné). Así que me propuso una continuación con una ruta por las abadías productoras de cerveza flamencas.

campos de tulipanes

Lo más difícil parecía que iba a ser conseguir billetes de avión con tan poco tiempo (a un precio razonable) pero hicimos uso de nuestros puntos aéreos para viajar en bussines de Madrid a Bruselas.

Los dos primeros días los pasamos en Bruselas, en un hotelito al lado de la gare central. Entre otras cosas porque Alfo había vivido durante una temporada y me quería enseñar la ciudad con sus ojos. Allí quedé con una amiga que al enterarse del motivo del viaje, nos informó que ese fin de semana se celebraba una feria de la cerveza en Lovaina.

Iglesia

Al día siguiente, domingo, alquilamos un coche para los 7 días que duraría nuestra excursión (la única sucursal de AVIS abierta en domingo está en el aeropuerto)

Ese día tuvimos mala suerte (bueno sabíamos que la íbamos a tener) Lo dedicamos a recorrer braseries comerciales, que al ser domingo estaban cerradas. En todas ellas se puede concretar una cita, solo que las que nos daban no nos cuadraban con los horarios de las abadías. Pero os voy a dejar la lista de pueblos por los que pasamos. Algunas de estas braseries nos las encontramos por “sorpresa” en el camino mientras íbamos hacia Affligem.

braserie de cantillon

Nos encontramos con Breendonk, delicioso pueblecito hijo de la Duvel. El siguiente, entre carreteras comarcales, fue Steenhuffel donde está La Palm (de las pocas cervecerías que hacen roja flamenca, en vías de desaparecer) Pasamos por el bosque de Buggenhout hasta llegar al pueblo, donde queríamos visitar la boostels que hace la kwak y nuestra querida y adorada tripel karmeliet. Todo esto fue recompensado con creces con nuestra visita a la abadía de Affligem.

Esa tarde pusimos rumbo a las afueras de Lovaina y disfrutamos como críos en el Zytos festival donde todas las cervezas belgas estaban presentes (y fue como haber hecho la visita de todas las braseries anteriores, porque catamos, nos contaron, escuchamos, aprendimos…)

Kinderdijk

Al día siguiente pusimos rumbo a tierras holandesas y antes de salir visitamos la abadía de Westmalle. Llegamos a Delft donde Leire y Suco nos acogieron en su casa y nos llevaron esa noche de fiesta a La Haya para celebrar koninginnenach. Para el koninginnedag habíamos reservado un hotel en Amsterdam (otro de los puntos difíciles de  la planificación) Empalmamos Madrugamos para llegar temprano a la capital y poder aparcar (muchos pensaron que jamás lo conseguiríamos)

Dado que la visita en la trappe la teníamos reservada para el 2 de mayo (y el 1 todas las abadías iban a estar cerradas) decidimos dedicarlo a “turismo por holanda” Visitamos VoledamEdam, Marken… incluso la curiosidad ingenieril nos llevó a tomar autopista hacia el norte para recorrer el gran dique desde Den Oever.

Begijnhof

En vez de cruzar hasta el otro lado volvimos sobre nuestros pasos y llegamos a Haarlem sin alojamiento (porque hasta aquí llegó la logística de nuestro viaje, a partir de este punto sabíamos qué abadías visitaríamos cada día pero para dormir cogíamos el mapa y según mirábamos allí acabábamos)

Os aviso que Haarlem es una ciudad terrible para entrar con coche (gana el segundo puesto después de Berna) y encima no encontrábamos hoteles a las afueras de la ciudad. Acabamos durmiendo encima de un restaurante chino (carísimo y muy cutre)

Marken

Esa mañana salimos hacia Tilburg por los campos de tulipanes que pueblan la zona entre Haarlem y Leiden pero a mitad de camino (tan extasiados estábamos) nos dimos cuenta de que no llegaríamos a la Trappe. Llamamos por teléfono y cambiamos la reserva (tuvimos suerte ya que ese día la visita solo era en flamenco). Para rellenar lo que quedaba del día con más turismo fuimos a Kinderdijk.

Esa noche dormimos en un hotel de carretera. Descubrimos los maravillosos Van der valks. Nos fijamos el día anterior que en las autopistas había esta cadena de hoteles, que supusimos similares a los formula1 o étap en Francia. Paramos para preguntar precios y al verlo todo TAN lujoso pensamos que nos habíamos equivocado. Pero no, por 60€ la noche teníamos dormitorio de 4 estrellas.

La trappe

La mañana del día siguiente la dedicamos a pasear por ‘s-Hertogenbosch (vimos el nombre en el mapa y no pudimos evitar ir a ver una ciudad que empezaba por apostrofe) Para llegar por la tarde a la Trappe a las afueras de Tilburg. De la visita a la Trappe fuiemos a Achel de nuevo en Bélgica.

Esa noche decidimos ir a Lovaina que era lo que mejor nos quedaba para las horas que eran. Allí localizamos un Ibis y vivimos una situación más típica de zoco que de hotel. Preguntamos el precio, nos dijeron “90 €” así que contestamos “bueno gracias, pero no es lo que buscamos” y nos dimos la vuelta para salir. Entonces nos llamó la chica y preguntó “¿cuanto quieren pagar?” reconocimos que estábamos buscando algo entorno a 60€ y ella nos contestó “se lo dejo en 59€” ¡!

Westvleteren

Nuestro último día quedaba lo más difícil. Llegar a la abadía de Westvleteren en la otra punta del país, probar una de las posiblemente mejores cervezas del mundo y volver a tiempo al aeropuerto de Bruselas.

Yo entiendo que turísticamente es una ruta difícil, porque o te gusta mucho la cerveza o hay lugares que es imposible que llamen tu atención. Además ¿qué personas pasan delante de Gante sin pararse, solo con el propósito de ir a una abadía? La respuesta es, dos personas que han vivido una parte de su vida a menos de 20min de esta ciudad.

Lovaina

Por otra parte constatamos, de nuevo, que los albergues situados al lado de las abadías son restaurantes con muy buena calidad y reputación. Siempre estaba llenos de gente fuese cual fuese el día de la semana.

Gofres

He viajado mucho pero me he descentrado con el blog. Para abrir boca, nunca mejor dicho, voy a hablaros de los gofres, que con solo mencionar su nombre te viene a la cabeza el maravilloso olor que desprenden.

La palabra gofre viene del holandés wafel que el francés tomó como gaufre. Aunque hoy en día sean un show para turistas, se venden en puestos callejeros y se encuentran en los supermercados, se trata de un postre con mucha solera que se remonta a la cocina medieval (me da a mí que por esa época probablemente no fuese postre) Su nombre proviene de la plancha de hierros que se usaba para cocinarlos (y que le daban esa estructura de cuadraditos a la masa) el wafer.

Hay tres tipos de gofres (que yo haya probado) muy diferentes entre ellos.

1) Gofre bruselense:

Encabeza la lista el gofre bruselense (o belga) que es el que, al menos en España, encontraréis fácilmente en el supermercado. Son unos perfectos rectángulos con 20 cruces que se hacen a partir de una masa ligera más bien líquida.

gofre bruselense

La mayor parte de las recetas que he encontrado (es la que suele hacer casi todo el mundo) lleva una mezcla de harina, sal, azúcar y huevos batidos a la que se le añade líquido (generalmente leche y mantequilla fundida)  No se les suele echar levadura (si acaso un sobrecito royal) pero si mucha mantequilla que les de consistencia.

Al meterlos en la gofrera queda la masa crujiente por fuera, pero como la masa no es excesivamente dulce, se les añade tradicionalmente azúcar glaseada. Y la tradición acaba ahí, pero claro la gente innova y poco a poco se fueron complicando con frutas, nata, chocolate… He de reconocer que aunque suenen apetitosos no son los que me gustan.

2) Gofre de Lieja:

Mi preferido por excelencia es el gofre de Lieja, aunque belga también, es diferente.

gaufre de lieja

Fue inventado por un cocinero de Lieja en el siglo XVIII. Es mucho más pequeño, dulce y denso. Lo que le distingue es su masa que no es líquida. Se tiene que hacer una bola de masa que contiene pequeños trozos de azúcar perlado que le dan el punto crocante. Para ello la masa hay que fermentarla durante dos horas con harina de panadería (no sobre de royal).

Una vez cocinado no tiene esquinas ni ninguna forma que no sea la de la masa tal y como cae a la gofrera. Siempre se sirven y comen calientes. Si los encontráis en el supermercado pensad que están pre-cocinados hay que calentarlos un poco para servirlos.

Un ejemplo de receta que he encontrado es: 165g harina, 1 huevo, 40g de azúcar, 30g de mantequilla derretida, un vaso de leche y la levadura. Se amasa todo durante 15 minutos hasta obtener una pasta lisa y nada pegajosa. Después se le añaden las bolitas de azúcar perlado (cuidando que se distribuyan bien por toda la masa) y se deja reposar.

gofre con caramelo

Los gofres de Lieja se sirven sin ningún acompañamiento. Y aquí viene el gran desconcierto al que se somete al turista. En muchos puestos en Bélgica encontraréis que venden los gofres de Lieja (y no los de Bruselas) con la fiesta de nata, chocolate, frutas… Bueno cada uno tiene su gusto, de hecho yo que soy super golosa éstos me los como con caramelo por encima. Pero aviso que son muy dulces de por sí y con todo ese jolgorio por encima pueden empachar.

3) Gofre holandés: Por último, está el gofre holandés, completamente distinto de los dos primeros.

Stroopwafel

También se le conoce por los nombres de stroopwafel o lakemans, y se trata de una especialidad de Gouda donde se inventaron en 1784. Al parecer un panadero mezcló restos de migas y especias con sirope de caramelo y luego cogió un gofre lo partió por la mitad una vez calentado, y lo untó con esa mezcla. Esto hace que se trate de dos gofres muy finos y redondeados (con cuadritos muy pequeños) unidos entre sí por una especie de melaza.

La masa es similar a la de los gofres bruselenses pero usando azúcar moreno y canela. Lo realmente difícil e importante es la melaza que tienen en el interior. Yo he probado hacerlos con varias cosas pero no he conseguido el resultado deseado. Desde luego no es caramelo a secas, sino azúcar moreno con mantequilla (a modo de toffee).

comiendo gauffres en den boch

Son tan dulces que no se les echa absolutamente nada por encima, se comen a modo de galleta y es muy frecuente encontrarlos en el super y panaderías.

Eindhoven

Se acercaban las vacaciones de Toussaint (unos 9 días de vacaciones) y ya que estábamos lejos de casa a todos se nos había abierto el afán explorador. El problema es que poco a poco la gente se fue animando y cuando nos dimos cuenta eramos 15 personas dispuestos a irnos donde fuese. Como casi nadie quería encargarse de la organización de semejante viaje (normal) ésta se quedo en trazar un círculo en el mapa de Europa.

El primer día el trayecto que pensábamos hacer era LilleBerlin, sobre el mapa esto son unos 800km, así que planeamos una parada al medio día que coincidiría con nuestro paso por Eindhoven.

Nuestro principal reto fue llegar hasta allí, dado que teníamos mapa de Alemania ¡pero no del Benelux! (esto se debía a que por Bélgica pasabamos más de la mitad de nuestra vida y nos lo conocíamos) Como no, fomento en Bélgica no existe, las peores carreteras y los peores atascos de mi vida los he vivido en este país. Y como no podía ser de otra forma al llegar a Amberes nos encontramos en un macro atasco. En fin intentando salir de él de pronto nos encontramos dirección Rotterdam (en un alarde de geografía alguien se dio cuenta de que íbamos hacia la costa).

En una gasolinera, un holandés super amable y super preocupado por nosotros (tanto más cuando el nos hablaba en inglés y nosotros instintivamente contestábamos en francés aunque no quisiésemos) nos dio un mapa y nos puso por el buen camino, y pese a ser el único coche que se perdió, fuimos los primeros en llegar.

Eindhoven es una típica ciudad holandesa, quien haya estado en Holanda me comprenderá esta expresión, pues se trata de una ciudad con todos los elementos que solo he encontrado en Holanda; Todo lleno de bicicletas aparcadas en las aceras, el pavimento rojo de los carriles bici, extensas zonas peatonales en el centro, una iglesia de ladrillo rojo con campanario hiper-picudo. Hacia las afueras, y no tan afueras, predominan los edificios modernos de cristales espejados estilo oficinas, que le dan un toque a la ciudad.

Es una ciudad bastante moderna y feucha en su centro, sobre todo por las casas estilo prefabricadas. Por un lado fue reconstruida después de la segunda guerra mundial pero es que antes de ello, era una ciudad industrial. Así que el pequeño paseo que vimos no nos aportaba nada, salvo que sí era cierto que había mucha gente en las calles lo que la convertía en un sitio muy animado.

Esperamos a los demás en el Markt (la plaza mayor) rodeada de callejuelas peatonales que estuvimos explorando mientras. Todas ellas con casas de estilo prefabricado que se encuentra uno tanto en alemania (y que me parece que dan un ambiente tristísimo a las ciudades) pero con mucho ajetreo de gente. Por estas calles del centro la aglomeración de tiendas es grande, algo necesario para nosotros ya que como parada logística nos pensábamos abastecer de bebida, comida para 9 días y 15 personas, y alguno que otro quería pasarse por un coffee shop.

Realmente no estuvimos mucho tiempo para disfrutar de la ciudad, pero tiempo después me he enterado que viene a ser como una ciudad de conexión ya que existe un aeropuerto low cost. Relamente tiene unos edificios modernos algunos interesantes, y varios museos. Me parece que es un lugar bueno para vivir sin embargo.

Ruta por las abadías wallonas

Cuando por primera vez se me ocurrió la posibilidad de hacer este viaje, lo esbocé con sus paradas sus tiempos y su viabilidad, me emocioné muchísimo. De pronto me hacía más ilusión que viajar, como haría dos semanas después, a Marrakech. Incluso se me aparecían los rostros (llenos de envidia) de personas que sabía que les encantaría haberlo hecho. Desgraciadamente en aquel momento vino una temible y mortal ola de frío por toda Europa, que dejó las temperaturas por Bélgica en unos -10ºC con lo cual imposible hacer nada de turismo.

Un año después, al enterarme de que Fu no había ido nunca a Bélgica y conociéndole como gran amante de la cerveza se decretó que este viaje había que realizarlo sí o sí.

¿Por qué esta ruta?

Se trataba de mezclar el turismo con la gastronomía, en concreto la cerveza belga. Más en concreto la cerveza trapense. Este tipo de cerveza tiene una denominación de origen, Trappiste. Solo se otorga si se sigue elaborando en los mismos monasterios trapenses, bajo el control de los monjes y sus beneficios se destinan a caridad.

En total en el mundo solo hay siete cervezas que lo ostentan que son 3 de Flandes: Westmalle, Westvleteren y Achel (estas las dejamos para otra aventura por las abadías flamencas); 3 en Wallonia: Chimay, Rochefort y Orval y una en Holanda: Trappe. Estas cervezas son generalmente turbias, de muy alta fermentación y deben ser preparadas respetando los criterios definidos por la asociación Trapista Internacional si quieren poder mostrar el logo “Authentic trappist product

Para cervezas que no reúnen estos requisitos se creó otra calificación que es la cerveza de abadía. En este grupo entran, tanto cervezas braseadas en las abadías por los monjes o licencias que comunidades monacales han pasado a alguna brasserie (como Leffe, Grimbergen, Affligen)

Obviamente todas las abadías no podíamos visitar, y teníamos en cuenta que algunas no aportarían nada a nuestro viaje por no tratarse de lugares especiales. Nos centramos en la región wallona y en el camino añadimos algunas cervezas de abadía y algunas brasseries tradicionales:

Volamos a Charleroi con ryanair (por el precio de 23€ ida y vuelta) y allí alquilamos un coche. Según aterrizamos a las 9 de la mañana nos encaminamos, por la N53, hacia el pueblo de Chimay. Después desandamos nuestros pasos para coger la N50 camino a Francia y visitamos Tournai. En esta ciudad no hay ninguna abadía pero cerca, en Pipaix, se encuentra la brasserie Dubuisson una brasserie tradicional belga que habíamos pensado visitar. Pasamos un par de días en Lille, donde no solo visitamos a amigos y familiares sino que también estuvimos en una brasserie tradicional para catar la cerveza del norte de Francia, nos dirigimos a la bellisima ciudad de Dinant donde ni más ni menos que se encuentra nuestra señora de Leffe. Nuestro camino este día siguió atravesando las Árdenas para visitar las abadías de Rochefort y Orval.

Dado que estábamos muy cerca de Luxemburgo nuestro viaje a partir de este punto se tornó un poco más turístico y nos encaminamos hacia el ducado, visitando pequeñas ciudades que parecían sacadas de cuentos. Como no sitio en el albergue de La ciudad de Luxemburgo decidimos pasar dos noches en el albergue de Larochette en medio del bosque. Tuvimos que acercarnos a Trier (3 veces por diferentes motivos) y después nos dedicamos a disfrutar de las pequeñas joyas de la suiza luxemburguesa Echternach y Vianden. Cuando nos dirigíamos para pasar nuestra última noche en un albergue en Maastricht, en el camino antes de salir del ducado, divisamos Clervaux y tuvimos que parar para verlo. Después de un día en la ciudad holandesa volvimos a Bélgica para finalizar el viaje, visitando de propina Hoegaarden donde se encuentra la abadía que da nombre a la cerveza.

En nuestro viaje no solo visitábamos las abadías sino que obviamente hacíamos cata conveniente de la cerveza del lugar. Para ello en casi todas las abadías al lado se encuentra un albergue. Estos albergues aunque modernizados, son tan antiguos como las propias abadías ya que la tradición cuenta que se hacía queso y cerveza para alimentar a los peregrinos y si se fijan todos los sitios por donde pasamos son lugares del camino de Santiago belga.

Lisse

A veces sucede que uno sabe cosas y no es capaz de recordar de donde lo aprendió. Pues eso me ocurre a mi con los campos de tulipanes. Contrario a lo que uno pueda llegar a pensar, no toda Holanda son campos de tulipanes, éstos se encuentran en una estrecha franja hacia el mar entre las ciudades de Leiden y Haarlem. Y si miráis en un mapa entre estas dos ciudades destaca una única pequeñita, Lisse.

No sé cómo, yo sabía que había que ir a la región de Lisse para verlos, es allí donde están concentrados .

Ya era el 1 de mayo y se me había olvidado por completo que los campos de tulipanes estaban a dos horas de mi casa en coche. Mis padres vinieron a verme y entonces se me ocurrió que era una buena opción, que les encantaría (sobre todo a mi padre que le gusta mucho el campo y las plantas) y a mi también me hacía ilusión. Pero había estado haciendo muy buen tiempo por estos lugares tan al norte aquel año (hacia sol, lo juro) así que llegábamos un poco tarde (pero no demasiado), los campos andaban a medio gas muchos ya no tenían flores.

Lo que hicimos fue una vez pasada la Haya dejamos la autopista y nos fuimos aproximando a Lisse por las carreteras secundarias. Y así, sin más misterio fue como pasábamos por delante de interminables campos de tulipanes, jacintos y  narcisos. La mayoría de ellos ya sin flores, pero también por muchos otros muy coloridos que iban cambiando del amarillo al rosa pasando por el blanco y el rojo.

Había más personas haciendo lo mismo que nosotros, cuando veías un campo especialmente bonito, solo había que apartar el coche un poco de la carretera y bajarse para dar una vueltecita. Aunque al final sí que le pillamos el truquillo a lo de las carreteras secundarias, disfrutando no solo de las flores sino también de las granjas, las iglesias de picos altos de los pueblos que se veían a lo lejos, algún que otro molino y la carretera paralela para bicicletas… al principio íbamos un pelin despistadillos ¿iremos bien? ¿nos habremos equivocado? ¿veremos algo? y sin proponérnoslo acabamos en el parque Keukenhof.

Luego me he enterado que antes toda esa región era boscosa, y fue talandose para hacer los campos de flores salvo el bosque de Keukenhof donde ahora lo que hay es un parque floral con, no solo tulipanes sino muchas flores más. Es un parque enorme y bonito. Yo en la vida había oído hablar de él pero es muy famoso. De hecho mucha gente aprovecha para ir desde Amsterdam a pasar el día. Pero repito que nosotros llegamos sin tener ni idea.

Además para los aficionados a la jardinería por las carreteras venden bulbos de tulipanes, jacintos y narcisos. Mi padre compró pero ninguno de los que plantó salieron (como el predijo) y es que los bulbos hay que comprarlos y sembrarlos en otoño, no en primavera. Si los compráis fuera de temporada hay que guardarlos a la sombra y secos para que no germinen todo ese tiempo.

Comer, comimos en el mismo Lisse, un pueblo muy bonito, muy muy muy chiquitin, (muy holandés como decía mi mami) Nos dió la bienvenida por el sur con un molino verde (moderno eso sí) y de casas residenciales en las afueras llegamos a su centro con todas las casitas de ladrillo oscuro (hasta la iglesia) con sus tejaditos puntiagudos de dos aguas negro-grisáceo de pizarra. Pero estaba bastante desierto, quizás porque fuese domingo pero no había ni un alma en la calle.

****UPDATED****

En mi último viaje con Alfo volví a ir el 1 de mayo. Este año por el contrario había hecho mucho frío y las flores estaban empezando a salir. Le enseñé el procedimiento de salir de las carreteras principales he incluso de seguir las acequias para visitar los campos (el mismo que había utilizado con mis padres) y volvió a ser un éxito.