Trondheim

Universidad de TrondheimTrondheim está donde Noruega se hace estrechita” Bea nos explicaba en Lille dónde quedaba esta (¿ciudad?)

Para Trondheim no usaríamos la palabra ciudad, sino más bien pueblo, sin embargo es la tercera ciudad de Noruega. La mayor parte de los edificios son casas de madera con lo cual la extensión es enorme y la verdad es que emana mucha paz y tranquilidad. Nos enamoró en nuestro paseo en taxi a las 6 de la mañana, desde la estación  hasta el barrio de Moholt donde nos esperaba Bea con el desayuno.

Moholt seria el campus de la universidad propiamente dicho pero es en sí una pequeña ciudad. Principalmente hay residencias para estudiantes. No son todas iguales, las hay para estudiantes, estudiantes casados, profesores… Por supuesto cuentan con sus propios supermercados (lo de los supermercados noruegos y como no pillar un buen catarro merece un post a parte), guarderías (es bastante normal tener hijos mientras estudias en la universidad, dentro de las aulas hasta hay salas para embarazadas), gimnasios…

El ultimo vikingo

Aunque hay facultades muy bonitas, hasta con pendulos de foucault en su interior, lo mas entrañable es el edificio antiguo de la universidad. Se encuentra en una gran colina asomado a Trondheim y dominando toda la ciudad. Es como un castillo, decorado como tal. Con unos salones impresionantes, escaleras con interminables pasamanos, pasillos con grandes arcadas, y aulas de exámenes dignos de un palacio con cortinas de terciopelo rojo.

Desde los antiguos edificios de la facultad nos encaminamos hacia el centro de la ciudad presidida por la catedral.

gaviotas

En el 997 el rey vikingo Olav Tryggvason fundó la ciudad con el nombre de Nidaros y fue capital de Noruega. Así que el edificio más importante es la catedral románica, de 1031. Tiene una arquitectura muy compacta y vidrieras muy bonitas y justo adosada a ella se encuentra el palacio del arzobispado, también de la época medieval, donde se muestran restos arqueológicos. Está rodeada del cementerio-parque (no hay ninguna separación entre el parque, la catedral y el cementerio las tumbas simplemente están allí, algunas increíblemente antiguas)

Existen otras muchas iglesias en el centro de la ciudad  pero si tengo que destacar alguna sería una protestante. Nosotros la bautizamos como “la azulita” al estar su exterior completamente decorado en blanco y azul. En el interior todo es madera muy cálida pero sobre todo:  Tiene UNA CAFETERIA DENTRO. Ojo no es cómo en Edimburgo o como en la que estuve en Nottingham, que han sido transformadas en cafeterías o teatros. No, lo curioso de ésta es que sigue siendo lugar de culto, pero mientras oyes misa te puedes tomar un café.

Catedral Nidaros

En el centro de la ciudad se encuentra una estatua del tal Olav y ésta es la zona más comercial y animada.

En la avenida del mismo nombre, fuimos hasta la casa de verano de los reyes, Stiftsgården. Se trata de un gran palacio amarillo con ventanas blancas con un estilo muy neoclásico. La combinación de colores que me recordaba a algunos de los palacetes del barrio de Malá Strana en Praga y sin embargo se trata de una construcción de madera (el palacio más grande de este material) En verdad Trondheim sufre un mal muy extendido en las ciudades Noruegas y es que al estar todo construido en madera se ha incendiado varias veces, claro.

Gamble brybo

Y bajando todo recto llegamos a la estación de trenes, y al lado el puerto donde abundan los típicos palafitos de maderita de colores enraizadas en el agua. Como estábamos ya cansados de nuestro paseo Bea propuso:

ya que estamos en el puerto mejor os voy a llevar a un típico bar de marineros que vais a flipar

Si alguna vez se imaginaron un bar de piratas típico de novela ese es el  Kafe Skuret. Está en el mismo puerto donde los barcos están anclados, y ojo a los parroquianos que lo frecuentan (Eso si, tomamos contacto con el precio del alcohol en Noruega que viene a ser una cerveza 12€).

Nedre bakklandet

A lo largo del río se encuentra una de las zonas más bonitas de la ciudad, las casas están construidas sobre el agua, apoyadas sobre unos pilares enormes que las aguantan a escasos metros del nivel del río (en concreto desde el antiguo puente de Gamble Bybro se tiene una vista preciosa del conjunto).

En este otro margen del río, más alejado del centro, está otro barrio precioso, el Nedre Bakklandet. Paseamos entre las casitas de madera de diferentes colores y bares muy curiosos (aquí descubrí algo que me llamó mucho la atención, también se quiere disfrutar de las terracitas de verano, pero como el tiempo no suele acompañar, en cada silla hay una mantita para echarse encima mientras te tomas algo)

Palafitos

Subiendo desde el Nedre Bakklandet llegamos hasta la fortaleza, Kristiansen Festning de 1651. Estratégicamente situada en una gran colina desde la que se domina toda la ciudad con unas vistas inmejorables de todo lo que la rodea, las montañas, el fjordo, y la islita en el medio donde está la cárcel (uno de los puntos más altos de la ciudad ya que desde aquí veíamos la universidad casi a la misma altura)

Es un simple fortín con un edificio blanco cuadrado donde se debía guardar la pólvora en el punto más alto de las suaves colinas de pradera. Se encuentra completamente rodeado de baterías entre las suaves lomas y fosas. Es un sitio muy agradable ya que todo está lleno de hierba y sitios para hacer pic-nic.

Fuerte de Trondheim

Para cenar (a la temprana hora de las 17h), nos fuimos hasta el Tyholt, una torre de comunicaciones de unos 120m de altura. En la planta de arriba hay un restaurante que va dando vueltas (1vuelta/hora) de forma que se puede disfrutar de una panorámica de toda la ciudad. Según nos contó Bea, antes era un restaurante caro, pero ahora tiene un precio razonable (precios noruegos de todas formas) y existe el menú de pizza que consiste en que te puedes comer toda la pizza que puedas mientras las van sacando.

Møre og Romsdal (Molde-Stryn)

Voy a intentar describiros el “road trip” que hicimos para recorrer los fjordos del norte. Møre og Romsdal es el condado de Noruega que estuvimos explorando durante tres días.

Sovatnet

Lo más importante era la filosofía del viaje. No se trata de llegar a ningún punto a contrarreloj, sino ir parando a los lados del camino cuando algo te llama la atención (el paisaje, un lago, una iglesia, un pueblecito pesquero).

En Noruega no hay que llevárselo todo muy estudiado ya que en la carretera encontrarás un simbolito (un cuadrado con cuatro espirales) que indica “vistas interesantes” Siempre que te encuentres uno hay que parar. Te encontraras un área de descanso al lado con sitio para aparcar, merendero y baños, y siempre algo impresionante que ver, nunca te decepcionará.

Halsa

Fjordo de Halsa

Con nuestro coche alquilado salimos de Trondheim por el estadio del Rosemborg para coger la E39. Salvo este pequeño primer tramo de autopista, las demás carreteras del resto del viaje no estuvieron muy transitadas, y no son lo que se dice buenas (son malísimas) La velocidad límite es de 80km/h (pero es que en España serían catalogadas como amarillas con suerte)

Halsafjord

El paisaje que predomina, y por muchas que sean las veces que se repita a lo largo del camino jamás te hartará es: lago o fjordo, montañita verde llena de abetos, y cascada correspondiente cayendo desde lo alto, con alguna que otra casita de madera o pueblecito pesquero.

Nuestra primera parada fue pasado Orkanger en el lago Sovatnet. Ahora en retrospectiva no es que se tratase del lago más bonito del viaje, pero como primera toma de contacto con el paisaje noruego mereció mucho la pena.

Halsafjord

Después el camino recorre todo un lado del Vijenfjorden hasta Halsa donde cogimos el primer ferry (20min para atravesar el Halsafjorden). Mientras esperábamos estuve andando por el muelle pensando en que había algo del paisaje que de una extraña forma me recordaba a Galicia. También notaba la exótica mezcla de olor a mar y montaña a la que tan poco estamos acostumbrados los mediterráneos.

Molde

De aquí seguimos hasta Molde donde cogeríamos el siguiente ferry. Antes de llegar a hay que pasar por un macro-puente (y hay otro peaje, en el que se paga por pasajero). Para ahorrarnos algo de dinero escondimos a la chunga con los abrigos (si, éramos estudiantes muy tirados en un viaje por Noruega que es un destino caro).

Molde (52)

Era la hora de comer e íbamos buscando los famosos letreros de las áreas de servicio. Había uno al lado de una iglesia, inmediatamente depués del puente, así que paramos. Cuando fuimos a buscar el merendero cual, no seria nuestra sorpresa al verlo en mitad del cementerio. Y así fue como comimos en un cementerio (pocas veces se puede contar semejante anécdota) pero estaba todo muy bien preparado con sus mesitas al lado de las lápidas (por cierto que longevos que son los noruegos, el 80% de los enterrados superaba los 100 años).

Molde es la capital del condado, si ya dudábamos de darle a Trondheim la categoría de ciudad aquí ni te cuento. No obstante tiene su propio miniaeropuerto.

Molde

Lo primero que Ruperta propuso fue en ir a un supermercado comprar pan de molde y hacernos una foto con el letrero del pueblo. Pero al final optamos por que Bea nos llevase a un sitio a las afueras del pueblo donde se extiende a orillas del fjordo de Romsdal una playa entre unas dunas enormes de hierba. Las vistas desde aquí de la cordillera montañosa que hay justo en frente son espectaculares. Eso sí ni nos atrevimos a meter el pie en el agua del Romsdalsfjord que luego más tarde recorreríamos.

Fjordo de Romsdal

Aunque cogimos varios ferrys aquel día, el trayecto por el Romsdalsfjord fue el más largo (40min) y uno de los fjordos más abiertos que vimos en el viaje.

Romsdalfjord

Este tipo de viaje es el ideal para el que no tiene dinero suficiente para recorrer los fjordos en un crucero. En los ferrys navegas por ellos exactamente igual, y por mucho menos precio.

Nosotros en los distintos trayectos íbamos a la cafetería y luego a la cubierta superior (bien abrigados eso si porque hay mucha brisa y es muy fría) Curiosamente muy poca gente lo hace, quizás porque realmente hace mucho frío incluso en verano. Pero en las cubiertas superiores hay sillas para sentarse y es exactamente igual que navegar en un barco entre las paredes de las montañas.

Fue en el Romsdalsfjord donde descubrí de repente que llevaba la boca abierta durante un buen rato admirando las montañas y el mar. Ell paisaje te dejará sin palabras. Lo que más nos impresionó fue el contraste de las montañas nevadas con el fjordo que es muy abierto, y que lucía todas las tonalidades de azul que uno se pueda imaginar.

Molde

A partir de Sjøholt la E39 sigue hacía la carretera del Atlántico para Kristiansund y Alesund pero, aunque ese debe de ser otro viaje fantástico no iba a ser el nuestro, nosotros nos desviamos por la rv650 hasta Lyabigda donde tomamos otro ferry hasta Stranda (10min) con el que cruzamos el Norddalsfjorden.

Stryn

Después de un tramo largo de carretera, pasando por un puerto de por medio, llegamos a Stryn tarde. Serian más o menos las 21h,  pero al ser pleno verano, 25 de junio, aunque el sol se ponía un poco (creo que 30min) la sensación de estar siempre de día era muy particular.

Storfjord

Me sorprendió este pequeño pueblecito al lado del rio Stryn, porque fue en el primero y único que vi una tienda de souvenirs y una especie de restaurante para comer.

En general la infraestructura turística no es muy grande, no hay hoteles, ni restaurantes. Nosotros sobrevivíamos en el camino comprando en los supermercados de los pueblos.

Stryn (18)

Para dormir esa noche elegimos el camping Mindresunde, un sitio encantador ubicado entre dos lagos a las afueras de Stryn (y rodeado de montañas desde las que puedes ver cascaditas que van a caer al lago). Alquilamos una de sus maravillosas cavins. Era una casita de madera super acogedora, en la que para entrar hay que descalzarse, y dentro tiene todo lo necesario para cocinar, calefacción, mantas y edredones.

Parque Nacional Jostedalsbreen

Jostedalsbreen 1La noche que pasamos en Stryn nos tocó la difícil decisión de por donde entraríamos al parque nacional del glaciar Jostedal: Jostedalsbreen, que se trata ni más ni menos que del glaciar más grande de Europa.

Desde Stryn hay dos posibles entradas, una a la parte más turística hasta la rama del glaciar que se llama Briskdalbreen que discurre por un camino lleno de encanto. Y otra menos impactante pero sin embargo llega a una parte del glaciar mucho más bonita (y menos transitada) Dado que después teníamos que ir a Geiranger, por motivos logísticos ganó la tradicional y turística. Por la mañana tiempo amenazaba con lluvia pero por suerte, al final solo se quedo en amenaza.

Fuimos hasta Loen cogiendo la carretera que bordea el Nordfjord. Es muy bonita porque va casi al ras del agua y a ambos lados tienes la pared vertical de las montañas.

Jostedalsbreen 2

Pasado Loen nos metimos hacia el interior de forma que, antes de llegar nos tuvimos que parar para contemplar el maravilloso y enorme lago Lovatnet y las cascadas que caen desde lo alto de las montañas hacia el lago a lo largo del valle. A lo lejos entre las montañas que encañonan este lago ya se pueden divisar algunos glaciares. En este mismo lago vimos unas cavins realmente muy bonitas para quedarse (de estas que tienen hasta hierbecita en el tejado, una pena que teníamos pensado pasar la noche en otro lugar).

Jostedalsbreen 3

Una vez en el parque, dejamos el coche en el aparcamiento (se paga para todo el día) e iniciamos el camino de subida al glaciar. Antes de empezar hay un cartelito de madera que estima más o menos el tiempo de subida hasta los diferentes puntos del camino, pero eso sí debe de estar estimado a velocidades de viejecito noruego machaca, porque nosotros tardamos un montón (también puede ser que fuésemos a paso de tortuga).

Briksdalbreen

En la entrada al parque además te ofrecen la posibilidad de coger un pequeño cochecito para subir un buen tramo del camino, y algunas posibles excursiones como un paseo en zodiac por el lago al que va a parar el Briskdal o caminata por el glaciar con guía.

Elegimos para subir el camino angosto, que es el original, dejando a la derecha carreterilla de tierra por la que suben los vehículos (por los que van los viejecitos ricos que vienen de los cruceros).

Jostedalsbreen 4A medida que fuimos ganando altura el glaciar va dejando ver toda su majestuosidad y ofreciendo sus colores blancos y azulados. Aunque no sólo hay que dejarse hipnotizar por el glaciar que se ve a lo lejos en todo el camino. Merece la pena mirar alrededor (hay muchos miradores para ello) y ver miles de cascadas entre la vegetación de las montañas.

Llegamos a la laguna de color verde esmeralda y la rodeamos para acercarnos al hielo. Para ello pasamos dos vayas que indican lo peligroso que es un glaciar y que a partir de ellas vamos por nuestra cuenta y riesgo y por fin pudimos ver semejante maravilla de cerca. Es realmente impresionante ver de cerca el glaciar ya que de lejos parece un montón de nieve aunque realmente está formado por trozos de hielo tan grades como una persona que tienen un color blanco azulado.

Me quedé realmetente con las ganas de realizar un paseo por el hielo (hay tantas cosas que aun nos quedan por ver… otra vez será). A pesar de todo nos sentamos durante un buen rato a contemplar y a meditar en silencio asomados a una especie de terraza que forman las piedras justo encima del lago, y por una apuesta tonta de éstas que se hacen por las noches con unos cuantos vasos de vodka me tocó quitarme la ropa y quedarme en bañador en medio del glaciar.

Jostedalsbreen 5

Después de un par de horas emprendimos el camino de regreso y esta vez lo hicimos por la carreterilla de tierra para no perdernos la gran cascada por la que baja el agua de éste lago. La carretera está dispuesta de tal forma que se cruza justo por la cascada, el camino pasa tan de cerca que el agua te salpica, es todo tan impresionante… la única pena es que aunque se trate de una de las mayores reservas de renos de Noruega, no vimos ni un bichito, eso sí nuestra amiga Bea nos dijo que es que se ven mucho más en otoño.

Jostedalsbreen 6

Regresamos por la misma carretera camino de vuelta al pequeño pueblo de Olden. Un pueblecito típico con algunas casitas de madera desperdigadas, muy pequeño. Tuvimos la suerte de localizar un super donde compramos comida y  aprovechando un merendero en zona estratégica, comimos contemplando las montañas completamente nevadas a pesar de ser verano, a las que nos íbamos a dirigir.

Geiranger

Geiranger es una pequeña localidad en la provincia de Møre og Romsdal, que por sí misma no diría nada. No sé cuantas personas vivirán, pero se compone de una iglesia chiquitina, 5 campings, varios hoteles y un puerto.

Es en este pequeño puerto donde acaba el Fjordo Geiranger, que forma parte del patrimonio de  la humanidad de la UNESCO desde el 2005 por considerarse uno de los lugares naturales más bellos del mundo.

Ocurre que tiene las paredes bastante verticales y muy altas, llegando hasta los 1000m. Lo que provoca una sensación de inmensidad y asombro. No es para menos, ya que normalmente en un fjordo se alcanza la misma altura que profundidad. Por eso llegan hasta el pequeño puerto cientos de cruceros y grandes transatlánticos diariamente.

Es el conjunto del brazo de mar, las paredes verticales, las montañas de Stryn que le rodean, las mágicas cascadas, las arboledas de las laderas y los picos nevados. Es un lugar único, uno de los paisajes más bellos.

Nosotros llegamos desde Stryn por la carretera 63.  Inmediatamente antes de llegar al pueblo, pasamos por una zona montañosa que a finales del mes de junio seguía muy nevada. Allí se encuentra el monte Dalsnibba (al que se hacen muchas excursiones desde Geiranger).

Al final no pudimos resistir la tentación de parar a jugar un rato con la nieve en pleno verano y como la filosofía del viaje era parar siempre que viesemos un sitio que nos apeteciese, pues paramos junto al lago Djupvatnet completamente helado. El hielo tenía además un precioso color azulado mientras el agua de algunos arroyos que se abrían paso en las montañas caía en forma de cascadas.

Pasado el macizo montañoso el fjordo se abre a tus pies. Por este lado del pueblo se encuentra el mirador Flydalsjavert, y es imprescindible subir hasta el.

Desde aquí se obtiene la mejor vista de la boca del fjordo y además está LA FOTO.  Si googleáis geiranger, encontrareis una famosa foto que hizo turismo de una persona sentada en el filo de una roca, con todo el fjordo debajo.

Pues bien, para hacersela hay que saltarse un par de vallas, el que corre más peligro realmente no es el que está posando, sino el que hace la foto, que se tiene que poner en un pequeño saliente del desfiladero. Por suerte (viva la temeridad) según llegábamos le pregunté a Bea:
Oye yo he visto unas fotos de aquí que sale la gente sentada en una roca…

Y dijo: “Si si, tranquilos que yo sé desde donde se hace esa foto. Mi padre lo preguntó en la oficina de información y turismo, le explicaron cómo llegar pero le recomendaron que no lo hiciese. Por supuesto, subimos saltamos las vallas y la hicimos

Como ya caía la tarde nos dedicamos a buscar sitio donde dormir. No teníamos nada reservado así que fuimos de camping en camping (hay un montón) preguntando si había cavins libres. Al final nos fuimos a una en el margen izquierdo del fjordo menos transitado.

El dueño del camping la verdad no inspiraba mucha confianza ¡era idéntico a Norman Bates!. Lo cual, la verdad, daba un poco de emoción al asunto. Pero a parte de las rarezas del pobre señor, el lugar resultó muy agradable.

Para empezar había algo gratis, no sabíamos muy bien qué (a tanto no había llegado nuestra comprensión del noruego) pero pronto lo descubrimos: ¡unos botecitos para remar por el fjordo!

En ese momento creo que todos vivimos el momento más bonito y nos dimos cuenta de que estábamos viendo algo realmente bello. Serían las 11 de la noche y el sol estaba aún bien alto (parecía mediodía) y estábamos en el medio del fjordo remando, veíamos las cascadas a un lado y al fondo el pueblecito, y hacia arriba girábamos la cabeza para ver el final de las enormes paredes y los picos de las montañas… da igual como lo intente describir, es un momento que hay que vivir.

Al dejar los botes en el embarcadero vimos una estrella de mar (guauuuuuuu peazo anecdota) Lo cierto es que en Noruega hay tanta agua, tanto lago, que no siempre sabes si estás al lado de un fjordo o de un lago, y por otro lado el agua del fjordo es tan tranquila que realmente tienes la sensación de estar en agua dulce y es muy difícil hacerse a la idea de que es realmente el mar.

Al día siguiente nos acercamos al pueblo. Es realmente tan pequeño que ni se nota la afluencia de turistas que supongo aprovechan el bajarse del barco para hacer múltiples excursiones. Para los amantes de los souvenires, aquí hay una tienda… jajaja esto parece una tontería pero en los sitios que estuve en Noruega no encontré más que ésta. Y además pensé “bueno en Oslo habrá más diversidad” pues no.

No nos queríamos ir del fjordo sin hacer la correspondiente visita a las cascadas de las 7 Hermanas. Resulta que nuestra siguiente parada era Andalsnes así que teníamos dos posibilidades, coger un ferry en el geiranger que sería como hacer el crucero por el fjordo, o un ferry en Eidsdal. Al final cogimos la segunda opción porque la primera sale muuuucho más cara. Pero no nos quedamos sin las Siete Hermanas. Según te alejas del pueblo por una carreterita que zigzaguea mucho hay un mirador justo donde el fjordo hace un codo. Desde allí se puede ver el velo de las cascadas con el tremendo salto que tienen.

Møre og Romsdal (Åndalsnes-Oppdal)

En esta etapa del viaje por la región de Møre og Romsdal, nos despedimos de los fjordos y decidimos volver por el interior muy montañoso. Nuestro camino se dirigía hacia Åndalsnes pero para llegar hasta allí teníamos que coger un ferry, podíamos hacerlo en el mismo Geiranger y recorrer todo el fjordo en plan minicrucero, o más adelante en Eidsdal un trayecto de media hora a un precio mucho más asequible (que es por lo que optamos) y fue el único ferry que cogimos hasta Valldal.

Valldal

Siguiendo el camino hacia Åndalsnes, a unos 80km de Geiranger, nos encontramos uno de estos puntos de interés que no nos esperábamos. Al salir de una curva, cerca de Valldal, paramos porque había uno señalado, pero sin saber lo que indicaba. Nos encontramos con una preciosa garganta, se llama Gudbrandsjuvet. Este pequeño pueblo, asombrosamente poblado de dragoneras, se encuentra rodeado por el parque natural Trafjorden-Reindalen. Por primera vez veíamos los ríos caudalosos recorriendo los bosques antes de caer a los fjordos.

El espectáculo está servido, es realmente bonita pues por un lado ves el río con sus rápidos pero luego cae en cascada y han hecho una pasarela para visitarla. Entre las vallas nos acercamos lo que pudimos para poder verla mejor. Es impresionante ver la cantidad de agua y la fuerza con la que pasa entre las rocas. La carretera sigue el curso de un río que baja formando rápidos. Hablando de los ríos, no vimos a nadie pescando salmones… la chunga llegó a la conclusión de que lo del salmón de Noruega es leyenda urbana. En este pueblo nos detuvimos bastante tiempo. Aunque no había nada realmente fuera de lo normal dentro de los estándares de paisaje en Noruega, todo era bastante bonito, quizá fuese que se acercaba el final del viaje que hacía que nos entretuviésemos con todo.

Hago aquí una especial mención a las dragoneras que nos acompañaron durante todo el viaje. Estas plantas de jardín eran muy apreciadas por los noruegos hace muchos años y han llegado ha adornar casi todos los jardines (en efecto aquí las casas no tienen vayas, aunque no lo he mencionado hasta ahora) pero, con el tiempo se dieron cuenta de que habían empezado a crecer como mala hierba por todo el país. En el camino te podrás encontrar con campos enteros llenos de las coloridas flores en distintos tonos de morado

Åndalsnes

Después el paisaje que sigue tiene un gran cambio pues empezamos a subir un puerto de montaña adentrándonos en el parque natural Romsdalen ladnskapsvernområde. Se trata de un círculo de montañas impresionantes en el corazón de Møre og Romsdal. Al igual que en Djupvatnet, nos encontramos la carretera nevada con un metro y medio de nieve apilado (nos llegaron a contar que en invierno se forman verdaderas paredes de nieve y suelen cortar la carretera).

Pese a todas las indicaciones que nos fuimos encontrando de paso de renos, alces y demás, los únicos amiguitos que  hicimos por el camino fueron un montón de ovejitas que nos cruzamos en lo alto del puerto. Iban por mitad de la carretera sin pastor, así que nos tuvimos que armar de paciencia.

Aquí en lo alto también paramos para disfrutar del paisaje rodeados de montañas nevadas con varios picos espectaculares: Kongen, Biskopen, Donninga, etc., alguno de los cuales es una auténtica pared con mucha nieve. El motivo de subir hasta aquí es la bajada por la Trollstigen (escalera de trolls) Se trata de una carretera serpenteante que con 11 horquillas, baja  desde Stigrøra (a 858m de altitud) una pared con una inclinación de más del 70% por la que caen varias cascadas.

Por la cara norte, la carretera sortea con un puente de piedra natural, la catarata Stigfossen por la que pasas por detrás. La vista del valle por el que discurre la carretera es un auténtico lujo. Y justo a sus pies se encuentra el pueblo de Åndalsnes donde desemboca el río Rauma en el principio del fjordo de Romdalsfjord pobladísimo de caravanas de turistas que vienen solo a disfrutar de la carretera.

Oppdal

Finalmente encaminamos nuestra vuelta a Trondheim dirigiéndonos por el interior hacia Oppdal. La idea original era poder parar en Lesja para ver iglesias medievales vikingas, nos hubiera hecho ilusión pero no teníamos mucho tiempo (España jugaba la final de la eurocopa incluso tuvimos que prohibir a ruperta que hiciese fotos para poder llegar a tiempo para ver el partido).

Empezamos a pasar puertos y montañas hasta la ciudad de Oppdal. Esta zona interior es muy montañosa y B. contaba que suele ir a esquiar cuando está en Trondheim ya que está rodeado de pistas de esquí, aunque también contaba que varias noches tuvo que dormir en el coche porque a pesar de llevar ruedas especiales de invierno la carretera era inpracticable en invierno con metros y metros de nieve. La parada allí fue breve y no puedo contar mucho de las casitas desperdigadas que formaban el pueblo, probablemente todas destinadas a típico lugar de esquiadores. Volvimos a nuestro punto de partida.

En los Fjordos

Hace 15 años uno de mis tíos, que es bastante viajado, me contó: “creo que puedo decir que he estado en muchas partes, y de todo lo que he visto lo que más me ha impactado fueron los fjordos noruegos y el Amazonas” Ahora que casi tengo 30, me puse a meditar una frase similar. Me temo que UN único lugar destaca entre todos, pero luego le siguen una laarga lista de sitios que no soy capaz de ordenar por prioridad, entre ellos Noruega y sus fjordos.

¿Por qué Noruega?

Pues desde que escuché a mi tío, siempre pensé: “de mayor iré” Pero jamás imaginé que iría tan pronto, sobre todo porque es caro. Creía que el viaje costaría una pequeña fortuna, con lo que tendría que esperar a tener un buen trabajo.

La realidad fue que en Lille conocimos a Bea. Una chica que vivía y trabajaba en Noruega pero su trabajo le obligaba a pasar 6 meses en Francia (y lo odiaba con todas sus ganas porque amaba Noruega) Yo ya os cuento al final de la película que lo estaréis imaginando; tras años de odiar el idioma, el país y todo lo relacionado se echó novio en Francia y ¿¿¿adivinad donde vive ahora??? El caso es que según nos despedimos nos pidió llorando que fuésemos a visitarla, porque sino no lo soportaría. Y a Lille vamos en peregrinación a verla todos los años, pero por supuesto también fuimos a Noruega.

No sé cómo lo hice, porque en aquel entonces todavía no conocía el skyscanner, pero haciendo una búsqueda de vuelos, apareció un precio. Se me abrieron los ojos como platos ¡¡25 euros ida y vuelta con Norwegian airlines a Oslo!! Recuerdo a la chunga y a Bea gritándome por teléfono “¡¡compra, compra!!” como si de la bolsa se tratase. Mi siguiente tarea fue pelearme con la página de trenes noruegos, porque Bea vivía en Trondheim. Pues esto tampoco fue caro, si se cogen con antelación existen unas tarifas que se llaman miniprix y es un precio muy económico. Cogimos dos trenes nocturnos, pues el recorrido es cerca de 7 horas, por 300 y creí que eran euros, pero son coronas noruegas que vienen a ser unos 50€.

Una cosa que me inquietó a la hora de comprar los billetes de tren, preguntaban cómo querías sacarlos; si recogerlos en taquilla, en máquina o que te los diese el conductor. ¿El conductor? Si el conductor. Puse que nos los diese el conductor porque nuestro avión aterrizaba y el tren salía 30 minutos más tarde de la misma estación del aeropuerto… ni se me ocurrió pensar que el vuelo podía llegar conretraso. Hasta que estábamos en Barajas y el vuelo empezó a retrasarse exactamente 30 minutos. Pues no sé cómo lo hicieron, pero nos sobró cuarto de hora para coger el tren, y el conductor se bajó nos preguntó el nombre, tenía nuestros billetes impresos.

Una vez en Trondheim dormíamos todos en la cocina (en un colchón inflable que tuvimos que hinchar a pulmón porque se nos había estropeado el hinchador) Para el fin de semana, aprovechando que en el gimnasio de Bea hacian un gran descuento en alquiler de coches, alquilamos uno para cuatro días y empezamos nuestro recorrido. “la cosa es así, esto consiste en ir tranquilo y parando cuando queramos, si alguien ve un bosque mono, un lago que le gusta, una iglesia, pues se para y la vemos

La ruta por los fjordos que nos hicimos, como podéis ver en el mapa no es la más habitual. La gente suele ir a Bergen y desde allí suben como mucho hasta Geiranger. Nosotros recorrimos los fjorodos del norte (Romsdalsfjord y Norddalsfjord), mucho menos visitados y bajamos por Molde hasta el parque nacional Jostedalsbreen. La bajada, hasta Stryn la hicimos atravesando todos los fjordos, cada dos por tres hay que coger un ferry, y en el fondo es como ir en un crucero.

La infraestructura hotelera en Noruega es muy pobre y si vais a hacer un viaje parecido olvidaos de buscar hoteles. Lo que está muy desarrollado son los campings. En todos hay cabañas de madera muy bien equipadas, con su aspiradora, calefacción, cocina… son increíbles. La primera noche fue en Stryn en una cabaña a los pies de un lago, todo el mundo que ha seguido mis consejos y ha llegado hasta ella siempre vuelve enamorado. La segunda noche la pasamos en Geiranger, no habíamos reservado nada con antelación pero fuimos camping por camping (ya verán que hay un montón) hasta que encontramos.

La vuelta a Trondheim, la hicimos por el interior, que es montañoso. Así tuvimos la oportunidad de pasar por puertos de montaña con metros y metros de nieve, era junio, y bajar el Trollstigen en Åndalsnes.

Nuestros últimos días los pasamos en Oslo a la vuelta. Pero la vuelta no fue fácil, resulta que la selección española ganó y nos pasamos toda la noche (con sol) celebrándolo. Cuando a las 6 de la mañana salía nuestro tren para la capital, Ruperta andaba completamente dormida y a nuestra amiga Bea casi le da algo.

El albergue de Oslo, el sentrumpensjonat, estaba cerca de la estación y muy céntrico. Quizás no sea la zona más bonita pero realmente nos impresionó la limpieza del local y la comodidad (era como estar en tu propia casa).

Para ir a Noruega hay que tener una cosa clara, como dijo Bea “Noruega es para que te guste el frío y la naturaleza” Y eso es lo que tiene Naturaleza en estado puro. Inmensos bosques, un montón de cascadas que caen de las montañas, ríos con rápidos (no vimos a nadie pescando salmón, la chunga dice desde entonces que es leyenda urbana), los glaciares… Me dio pena porque muchos “bichitos” no vimos, pero nos contaron que es más normal ver renos en otoño.

Oslo

Noruega es generalmente conocida por la belleza de sus paisajes, los fjordos, las montañas… pero su capital no es que se encuentre entre las maravillas del mundo. Es más, tanta gente me la puso tan mal, que cuando estuvimos nos pareció que exageraban mucho. Es cierto que no es un lugar precioso, pero tuvimos que reconocer que era mucho más bonito que algunos otros lugares donde ya habíamos estado (y que por algún extraño motivo a la gente le suelen encantar) como Amsterdam o Berlin.

Para empezar el hostel donde nos alojamos, al lado de la estación y de la céntrica y animada Karls Johans Gate, era genial, con amplias habitaciones, buenas camas y el paradigma de limpieza. Eso sí por la noche esta es la zona de putas, pero aún así se cena bien, y el ambiente no es muy sórdido.

Lo primero que hicimos fue bajar hasta el mar, y justo allí, en medio de tantos barcos de cruceros, estaba con su blanco resplandeciente el edificio de la ópera. Es bonito, muy curioso, se trata de un edificio blanco dentro del agua, al que se sube por sus propias paredes que son unas rampas ligeramente inclinadas. En ese día de verano, aprovechando el sol mucha gente estaba tumbada en estas paredes tomando el sol (y por supuesto les imitamos después del gran trayecto de tren que nos habíamos hecho).

Los edificios que le rodean no son bonitos sin embargo, en fin son los típicos edificios de ciudad, así que el subir a lo alto de la ópera pues no te da unas vistas bonitas, simplemente son vistas. Y hacia el mar se pueden ver las miles de islitas que hay antes de llegar a la capital.

Decidimos recorrer el puerto a todo lo largo, y aunque al principio, pasado el edificio de aduanas, solo estaban los grandes trasatlánticos de los cruceros, luego había un muelle donde un montón de gente se dedicaba a pescar, y el paisaje mejoró mucho. La vista del archipiélago de islas que hay al sur de la ciudad es más bonita. Había muchos veleros antiguos y a la derecha teníamos el castillo y fortaleza de Akershus en lo alto de la colina que le hace de jardín. Se trata de una construcción militar del siglo 1300, aunque el rey de Dinamarca luego la transformó en 1620 en una residencia renacentista. Está bastante bien conservada y en su interior a parte de visitar algunas habitaciones pues hay varios museos (lo cual no es una novedad, porque ya que como no tiene turísticamente hablando muchos puntos de interés lo que hizo esta ciudad es llenarse de museos, si lo que le gusta es el turismo cultural esta es su ciudad, tiene como para dos días solo visitando museos)

Siguiendo por este agradable paseo marítimo llegamos a la plaza del ayuntamiento de Oslo. Desde aquí están los embarcaderos para coger los ferrys que van a las islas, un montón de terracitas (por las que luego salimos por la noche pero solo a ver el ambiente, porque todo era carísimo, en Trondheim la cerveza mínimo 12€) y por supuesto el ayuntamiento en sí. Una mole de ladrillo rojo donde se entrega el premio Nobel de la paz todos los años y que se puede visitar. Sinceramente no, no es un edificio boníto, pero no le voy a negar que sí que es icónico.

Finalmente nos dirigimos hacia el palacio real, donde nos pasamos media tarde remoloneando en su parque para luego bajar por Karl Johans Gate (realmente sí que es la calle con más vidilla de la ciudad) y llegar a la catedral (muy poquita cosa), que fue por lo último por lo que pasamos a pesar de que estábamos durmiendo al lado. En este último paseo es donde se encuentran los sitios más bonitos de la ciudad, el parlamento, la universidad y el mismo palacio real, todo muy neoclásico y amarillito. En resumen no era una ciudad increíble pero sí que era agradable.

Pronto nos dimos cuenta de que la ciudad te sorprendía en cada esquina con alguna escultura, como si toda ella estuviese dedicada al arte moderno cual museo al aire libre. Fue aún más impresionante cuando fuimos al parque Vigeland (usamos el bus para llegar) Se trata de un parque que el ayuntamiento pidió a un escultor (el tal Vigeland en concreto) y se convirtió en una exposición permanente de sus obras. Todo son esculturas de hombres haciendo formas por todas partes, sobre todo lo más conocido es un monolito hecho con las figuras de 121 hombres desnudos. Es curioso y bonito, y en concreto nosotros nos lo pasamos muy bien imitando a cada una de las esculturas y haciéndonos fotos.

Bien es cierto que no le dedicamos el tiempo suficiente, aunque sea pequeñita, al menos hay que dedicarle tres días. Nos faltó, sobre todo, ir a las islitas que hay dejante de la ciudad en las que hay museos (hubiese sido muy bonito poder visitar el museo vikingo ya que durante nuestro viaje no pudimos ver la iglesia en Lesja) porque yo creo que lo de ir a visitar el trampolín olímpico de salto de esquí o el parque de atracciones no merece mucho la pena.

Pd. ¿cómo? ¿y no vas a hablar del grito? Históricamente este cuadro lleva colgado en mi cuarto desde que tenía 17 años. Me hubiese encantado ver una de las tres versiones del original, me hubiese encantado ir al museo de Munch pero después del robo los daños fueron irreparables y no se ha vuelto a exponer. Y no, tampoco nos dio tiempo a ir a ver la galería nacional Noruega donde hay otra de las versiones.