Tournai

TournaiAún recuerdo con cariño la primera vez que me acerqué a Tournai, sería el mes de Julio y casi todos los erasmus habían regresado a sus casas. Solo quedábamos los que habíamos encontrado un stage y estábamos trabajando. En una de estas pequeñas reuniones que solíamos hacer para no sentir que nos habíamos quedado de pronto tan solos, mi amigo Xavi me contó que tenía muchas ganas de ir a Tournai antes de irse definitivamente, que estando tan cerca de un sitio patrimonio de la humanidad sería una pena no verlo. Y era cierto, como a Charleroi volaba Ryanair, pues casi todos íbamos y veníamos en el tren desde la ciudad belga hasta Lille y siempre parábamos en Tournai.

Incluso desde la pequeña estación se podían ver los cuatro torreones de la catedral.

torreones desde el palacio episicopal

Así pues uno de los desagradables días de aquel ¿verano? (íbamos con abrigos y muertos de frío) decidimos bajar del tren en la primera parada (que no nos llevó ni 15 minutos) y explorar por una vez la pequeña ciudad que siempre veíamos a lo lejos y que tanto prometía entre los campos de cultivos que la rodeaban por todas partes, como un oasis en medio de la nada pero en tiempos de los romanos tuvo un pasado prestigioso.

belfroi de Tournai

Aquella primera vez nos acompañó el cielo gris belga, más típico que su cerveza. Así que me sorprendió mucho descubrir el cálido color ladrillo de sus calles a la luz del atardecer la segunda vez que estuve en nuestra ruta por las abadías Wallonas.

Dado que se trata de una ciudad pequeñita se puede visitar en medio día, así que nos dedicamos a vagabundear.

Hay que entender que es una de las ciudades más antiguas de Bélgica y en varias ocasiones un punto importante y estratégico, sobre todo durante la edad media. Por aquí pasaron romanos, españoles, ingleses, franceses.

notre dame de tournai

Se extiende a lo largo del río Escada que la divide en dos partes casi iguales. De la estación de tren fuimos por la rue Royale guiándonos por las 5 torres de su vasta catedral que domina toda la ciudad y es el emblema de la ciudad, con diferencia. Nuestra señora de Tournai es impresionante, su silueta con las cinco torres en forma de cruz y diferentes entre sí, sus proporciones, su piedra gris-azulada… realmente única. Además que refleja muy bien todas las variaciones de estilos medievales que van del románico de la nave (se empezó a construir en el siglo XII) hasta el gótico del coro. Es definitivamente bella. Por dentro jamás os la imaginaríais, es muy amplia con una gran  nave central rectangular adornada con grandes arcadas. Sus proporciones gigantescas producen un efecto impresionante. Bien es cierto que cuando la visitamos estaban en plena restauración y aunque los andamios no son bonitos sí que merece la pena entrar para entender toda la restauración que están llevando acabo.

San quintin

El palacio episcopal está justamente pegado a ella. Se trata de una mansión en típico ladrillo que la verdad no me llamó mucho la atención. Y en esa misma placita se levanta el belfroi de la ciudad. El belfroi también forma parte del patrimonio de la UNESCO. Aunque no es desde luego de los más altos que haya visto en Bélgica (quizás porque es de los más viejos, del siglo XII) me parece de los más bonitos. Es delicado, con una piedra gris clara, formas redondeadas y cinco tejaditos puntiagudos de teja negra coronados por dragones dorados.

grand place tournai

El belfroi hace esquina entre la entrada trasera de la catedral y la Grand Place. Esta grand place es bastante abierta y en ella encontramos las típicas casas gremiales belgas con sus tejaditos en escalera y fachadas de ladrillo rojo. En un lado, al igual que en la grand place de Bruselas,  resalta el gris y dorado edificio renacentista del Le halle aux drapes (el mercado de telas). En otra esquina se levanta la iglesia de St. Quentin con su tejado rojo, entramos en su capilla circular donde tiene una tumba coronada por la estatua de plata de notre dame de la treille.

calles de tournai

Esta grand place me gusta mucho porque normalmente está adornada con maceteros llenos de flores que la hacen super bonita en cualquier época.

Es hacia el otro lado donde se encuentra el barrio de l’hôtel de ville, con grandes jardines edificios más neoclásicos y alguno de sus museos.

Seguimos callejeando sin rumbo y nos sorprendimos encontrando muchas viejas iglesias pequeñas repartidas por la ciudad (todas de los siglos XII y XIII). También nos sorprendió encontrar varios restos de antiguas fortificaciones medievales, murallas y al llegar al río el Pont des Trous, una puerta de agua vestigio de la arquitectura militar. Formaba parte de la segunda muralla comunal que defendía la entrada a Tournai por el Escada. Por aquí pasamos al otro lado de la ciudad para vagabundear un poco más y dirigirnos ya de vuelta al tren en nuestra corta visita.

casas gremiales tournai

Tournai es una de las siete maravillas de bélgica. Como ya mencioné cuando hablé de la joya de Dinant, tristemente la gente se limita en sus viajes por Bélgica a Brujas y Gante y se olvidan de estas dos maravillas wallonas. Tournai nada tiene que envidiar a la regia Gante. Es una belleza de ciudad pequeña y manejable pero con un ambiente tremendo. Hay universidad, está llena de vida y es muy animada.

El salto del Huilohuilo

Esta es, probablemente, la caminata que hace todo el mundo que viene a la reserva de Huilohuilo. No íbamos a ser menos ya que da su nombre al bosque.

Salto del huilohuilo

Pero para nosotros por si sola se quedaba demasiado corta. Apenas es un paseíto de media horita a través del bosque donde se pueden observar las cascadas del río Huilohuilo y el Puma. Y el único “esfuerzo” que hay que hacer es subir una escalera de madera.

Por eso fuimos a informarnos en la entrada, un portalón a la salida de Neltume en el camino a Puerto Fuy. La chica que nos atendió nos dijo que el sendero del río Truful (que después de leer la información de los diferentes senderos es el que más nos gustó) justo acababa por donde pasaba el camino hacia los saltos del Huilohuilo y del Puma. Que era un sinsentido que pagásemos por los dos, ya que una vez allí nadie podría comprobar qué hacíamos o dejábamos de hacer, si habíamos pagado o no. Así que muy amablemente no solo nos cobró únicamente la entrada para ir al Truful sino que además nos animó a acercarnos hasta las cascadas.

canelos y coigues

Como decía en mi anterior entrada aunque ella no nos lo hubiese mencionado al ir terminando el sendero del río Truful nos encontramos con unas señales de madera en el camino que ponían “salto del Puma” y el ruido era tan atronador que seguramente nos hubiésemos acercado a ver de qué se trataba.

Salto del puma

Este camino era bastante diferente al del sendero del río Truful, se trataba de un camino muy amplio y bien marcado, señalizado con flechas de madera dónde las enormes raíces de los altos coigues y canelos salvaban “a modo de escalera natural” cualquier mínimo desnivel que pudiese existir y bordea el acantilado que da al río Fuy. El bosque que nos rodeaba, sin embargo era igual de exuberante  y no había perdido ni un ápice de su esplendor aunque claramente estábamos en una parte mucho más transitada.

descansando huilohuilo

Lo primero que hicimos fue bajar las escaleras de madera, que bajan verticalmente casi 80 metros, hasta la laguna dónde cae el río. Este salto es el conocido como Huilohuilo. El estruendo de los casi 40m de caida era realmente ensordecedor y es porque el río es grande (en mapuche se repite la palabra para indicar que algo es grande de ahí su nombre) Bajamos hasta la misma laguna y luego escalamos algunas rocas para sentarnos en la sombra a disfrutar un rato del hipnotismo de aquella bonita cascada. Aunque en realidad no hay que complicarse tanto haciendo el cabra. Si bajas hay unos “asientos” en la piedra, nada más acabar la escalera en los que uno civilizadamente puede recrearse. Y para los super vagos ni siquiera hay que bajar la escalera, desde arriba hay un mirador bastante bueno.

sendero del huilohuilo

Después subimos de nuevo y continuamos por el sendero siguiendo el acantilado, hasta el salto del Puma. Pero hemos de reconocer que éste otro salto nos decepcionó un poco. No se puede bajar, tan solo hay un mirador. Pero la vegetación había crecido tantísimo que apenas se podía ver algo escudriñando entre el verde… y en el único claro en el que parecía verse algo había una lápida conmemorativa de una chica que se murió allí. Una pena.

Volvimos por el mismo sendero hasta el gran portalón del parque. Os vuelvo a confirmar que este trozo es super familiar, en el paseo algunos árboles están con carteles informativos para aprender a identificarlos y es un sitio bonito. Eso sí, sigo recomendando que se combine con el sendero del Truful si uno quiere la experiencia de quedarse maravillado al completo. Los dos juntos hacen un camino bonito y sencillo a la par que divertido por sus múltiples escaleritas de madera. Y sobre todo se disfruta no solo del denso y asombroso bosque que rodea estos dos ríos sino también de uno mucho más húmedo y frondoso.

salto del huilohuilo desde mirador

Si, seguro que estáis pensando que podría haber contado todo esto en la entrada anterior pero no me podía resistir a poneros más y más fotos de este lugar tan TAN impresionante.

Sendero del río Truful

Dentro de la reserva natural de huilohuilo, optamos por hacer el sendero del río Truful. Según los folletos que nos encontramos en el recinto el paseo es de unos abordables 3.5km y muy llano, apenas un desnivel de 100m. El precio 5000 pesos chilenos.

prado al pie del volcan

Fuimos en coche desde los edificios de la reserva hasta casi la entrada a Neltume donde nos encontramos con otro portalón (estilo Jurassic Park) Allí aparcamos.

tramos de escaleras huilohuilo

Le explicamos a la chica de la entrada lo que queríamos hacer, nos cobró y nos señaló con la mano por dónde empezaba el camino y cuáles eran las señales que teníamos que seguir (un pollo fluorescente).

Pasamos delante de un parque infantil que hay al lado del portalón y localizamos el sendero que empieza con un camino poco marcado, salvo por los pollos que usan de señalización. Este camino empieza atravesando una llanura de pasto seco con inmejorables vistas del volcán Mocho-Choshuenco. En ella pastaban miles de bandurrias estaban muy cerca y no paraban de piar de esa forma tan curiosa suya (yo hasta este viaje no las conocía y me siguen pareciendo unos animalitos la mar de curiosos) Según andábamos miles de saltamontes se apartaban a nuestro paso. Nos dirigimos en línea recta hacia el volcán que exhibía sus helados glaciares en pleno otoño.

rio Truful

El sendero gira a la derecha al llegar a los árboles y se adentra en un bosque denso. La pisada del camino, en este primer tramo de bosque seguía igual de poco trazada que en el pasto y de pronto nos encontramos que el camino se cortaba atravesado por un grandísimo tajo de tierra que cruzaba todo el bosque. Como si una buldócer acabase de pasar para hacer una carretera. Se nota que estaba recién hecho y poco previsto porque tuvimos que reptar un poco por el tajo, atravesar la carretera y por fin volvimos a encontrar el camino al otro lado, esta vez con escaleras de madera por las bajamos.

bosque humedo templado

A pesar de que bajamos un poco, todavía no llegamos al río sino que lo fuimos remontando paralelamente a la orilla pero a cierta distancia a través del denso bosque, mucho más denso que el bosque superior que habíamos dejado atrás. En esta maraña de troncos empezamos a ver miles de copihues rojos colgando de entre las copas. Hasta Elise y Pancho se sorprendieron porque aunque sea la flor típica de Chile es muy difícil de criar (era la primera vez que Elise en 20 años la veía) En este bosque había muchísimos que brillaban con un flamante rojo entre el verdor del bosque húmedo templado, que por cierto no dejaba de sorprendernos. Las copas de coigues y canelos se encontraban a decenas de metros por encima de nuestras cabezas, la espesura y el verdor eran incomparables.

tajo en mitad del camino

Por fin descendimos hasta el río y empezamos a seguir la corriente a cierta altura desde su rivera, no hay pasarela pero sí una valla de madera para no caerse, ya que la orilla es inexistente. Pasado medio kilómetro, en el que fuimos descendiendo río abajo por la orilla, nos encontramos con una escalera de madera por la que subimos y parecía que momentáneamente nos alejaríamos definitivamente del Truful.

Pero de pronto las pasarelas de madera volvían a bajar, en un descenso muy vertical en el que aproveché para resbalarme en la madera mojada y darme un buen culetazo, hasta llegar a la parte más bonita de este bosque.

copihues

No había llovido la noche de antes y sin embargo todo estaba empapado de rocío. Por los troncos, suelos y paredes asomaban sin cesar algunas fexias (pocas) pero también mucho mucho líquenes, paraguitas y pompones. Finalmente el camino se adentraba en la sombra más profunda de los fríos arrayanes rojos. El camino iba totalmente pegado a la pared de piedra de la rivera derecha del río donde crecía un auténtico jardín de cintas que la acolchaban por completo y entre una arboleda tan densa que el sol no podía pasar. Estaba muy oscuro, vamos.

Paralelos a esta pared fuimos subiendo poco a poco por una pendiente moderada alejándonos del río. El bosque empezó a clarear hasta una curva a la derecha donde el camino pasó a ser una huella en la que apenas cabía una persona entre la pared y la valla de madera que en todo momento nos acompañó.

Cuando el camino por fin se ensanchó decidimos sentarnos en el forraje marrón del suelo del bosque a comer  nuestros bocatas pero: ¡¡ojo, cuidado con las tarántulas!! Nos encontramos alguna por el camino (cosa que nos emocionó bastante) pero el problema no son las mordeduras sino que dejan unos pelitos urticantes por donde andan…

bosque húmedo templado

Al final notamos como la pendiente se hacía menor (aunque en general, salvo los tramos de escaleras, el sendero es muy llano) y el camino se aleja definitivamente del río, el bosque dejó de ser tan húmedo y frondoso cambiando por completo. El suelo, lleno de raíces, hace como una escalera natural que te lleva hasta los últimos metros del camino.

tarantulas huilohuilo

Pero al llegar a este punto en vez de volver a la salida hicimos caso a las recomendaciones de la chica de la puerta que nos dijo que el sendero del Truful terminaba justo donde empieza el sendero a los saltos del Huilohuilo y el Puma. Aunque si no nos lo hubiese dicho el gran estruendo que se oía hubiese podido con nuestra curiosidad.

inmenso bosque huilohuiloUPDATED:

Vale que según escribí esta entrada me limité demasiado a los datos más técnicos del paseo y apenas os he comentado lo muuucho que me gustó. Pero es que me dejó sin habla este bosque tan profundo. Solo tenéis que mirar las fotos, en especial esta última, para ver la inmensidad a la que intento referirme pobremente y lo sobrecogedor del paisaje (porque una imagen vale más que mil palabras)

 

Huilohuilo

En realidad no suelo publicar este tipo de entrada, en general me limito a comentar brevemente dónde me alojé y si me gustó o no. Pero creo que en este caso puede abrir un interesante debate, sobre todo por los sentimientos contradictorios que a todos nos quedaron de este lugar.

Volcán Mocho

Huilohuilo es una reserva privada en la región de los lagos, a los pies del volcán Mocho Choshuenco. Para llegar hasta allí hay que ir al lago Panguipulli (un sitio espectacular, aunque ya había anochecido paramos el coche) A partir de aquí sale una pista de tierra hasta el pequeño pueblo de Neltume (esa misma noche en este camino pinchamos una de las ruedas del todoterreno) Justo pasado Neltume, empieza la reserva. Los sitios para alojarse se encuentran a lo largo del camino hasta Puerto Fuy donde se coge el ferry que atraviesa el lago Pirehueico hasta Argentina.

lago Panguipulli

Los lugares para alojarse de la reserva son, construcciones con diseños expectaculares de cuento. Además el año que fuimos acababan de ganar un premio mundial de sostenibilidad ecológica. Sus joyas son el baobab spa (al que le han cambiado el nombre por Nothofagus) donde estuvimos pero no alojados, y justo al lado el pequeñito pero moniiiisimo lodge de la montaña mágica (parece grande en las fotos pero es muy pequeñito). He comprobado los precios y veo que los han bajado muuuchoo (cumpliéndose mis perspectivas para el lugar) ahora están por 150$ la noche pero el año en el que fuimos rondaban los 3baobab spa00$-500$. Pero descubrimos que no era un sitio exclusivo y que tenían alojamientos bonitos y especiales para todos los rangos de precios, así que nos decantamos por el canopy village. Es más tengo que añadir que elegimos ir a Huilohuilo porque a todos nos gustaba mucho además la idea de un alojamiento sostenible.

Ese día salimos tarde de Ancud así que llamamos para informar que llegaríamos tarde. Nos dijeron que no pasaba nada, que podríamos llegar a cualquier hora, que fuéramos al spa y desde allí nos atenderían. Así hicimos, una hora después seguía la recepcionista intentando contactar con la mucama del canopy village. Nos dijeron que estaba avisada, llamaron al guarda para que fuese a despertarla, el guarda dijo que este episodio ya se había repetido varias veces que habría que hablar con su superiora… Al principio aprovechamos para estar por el spa (ir al bar, al baño, quedarnos con la boca abierta…) pero estábamos muy cansados, queríamos canopy villagedescansar y nos tenían allí esperando. Al final el guarda nos llevó hasta el canopy village, la mucama estaba recién levantada y super enfadada. Nos dijo que la habían avisado pero que no le pagaban para eso. Imaginaros nuestra cara, cansados y encima echándonos una regañina por algo que no era culpa nuestra (le dijimos que habíamos llamado y que nos contestaron que no habría ningún problema)

El alojamiento muy justito (bueno pero esto no entra dentro de mi principal motivo de queja) Lo surrealista es que la luz se había ido. Nadie nos avisó ni nos dio ninguna explicación. ¡El frío que pasamos sin calefacción! y ¡nos tuvimos que duchar a oscuras! Nos sentimos como huéspedes de segunda categoría. Yo he estado en lugares baratos, incluso cutres pero nunca, nunca jamás me habían tratado TAN mal.

Así que mientras que los chicos se fueron a Neltume a vulcanizar la rueda, nosotras fuimos a poner una reclamación.

canopy village

No tienen hojas de reclamaciones. Puedes escribir en el libro de visitas.

El número de quejas era asombroso, y no solo del canopy village (que todos escribían lo mismo, la sensación de ser clientes de segunda categoría), sino también muchas quejas de los super lodges. Y leyéndolas poco a poco se dejaba entrever el motivo principal, la reserva será muy eco-sostenible pero poco humanitaria. El sueldo de los empleados debe de ser demasiado mínimo y muchos usan a los clientes para quejarse por ellos.

Neltume

Momentos más tarde aprendimos cómo funciona la reserva. En resumen es un macro parque de atracciones con una política agresiva al más puro estilo estadounidense (con puertas a lo Jurassic Park incluidas) Hay que pagar por absolutamente todo, aunque hayas estado alojado dentro. Lo único es que si te has alojado puedes “comprar” una pulserita que te hace un ligero descuento en las actividades (imaginaros las reclamaciones de los que gastaban 300$ la noche encima tener que pagar por cada caminata del parque) Aquí nos encontramos con otra forma de actuar, disuadir al cliente de que gaste dinero que solo va a reportar a la empresa. El chico nos dijo que nos colásemos en el canopy village de nuevo que allí teníamos el criadero de jabalíes y ciervos y el museo de los volcanes (que nos informó no merecía la pena)

criadero de ciervos y jabalis

Volvimos a pasar por las puertas a lo jurassic park y estuvimos buscando los animalitos, que como vaticinamos no aparecieron porque sabiendo un poco de hábitos en la naturaleza, ciervos y jabalíes son animales vespertinos (bien que les habíamos oido durante la noche eso sí). De hecho parafraseábamos la película riéndonos “¿Y cree usted señor Hammond que se verán animales en su parque de animales?

Hacia Puerto Fuy (que nos acercamos porque los paisajes son impresionantes) tienen montado hasta una fábrica de cerveza y un “mercadillo artesano” que tiene una pinta de ser una tienda de souvernirs super fake. Luego volvimos a Neltume, donde está la otra parte de la reserva sin atracciones, para hacer rutas a pie. Solo pagamos por el sendero del Truful porque la chica de la entrada dijo que solo pagásemos una que total ella no iba a poder comprobar si hacíamos luego la del salto del Huilohuilo o no (Misma actuación, si la empresa no cuida de los trabajadores, para qué se van a preocupar ellos por la empresa)

puerto fuy

Que yo no digo que no haya que pagar, porque el negocio está montado para ganar dinero y los senderos y bosques hay que mantenerlos ¿pero por cada caminata que hagas? eso es excesivo (ojo que hablo de las caminatas por tu cuenta y no de las atracciones que tienen montadas). Funcionaría mejor pagando una entrada en plan parque natural.

Mi reflexión final… Fueron los paisajes más bonitos del viaje. ¿Recomendaría ir a huilohuilo? creo que sí, pero recomendaría que se alojasen en el pequeño pueblo de Neltume. Un pueblo de cuatro casas estilo far far west, donde hay cabañas y varios tipos de alojamiento.

senderos huilohuilo

¿Tiene futuro una reserva privada como Huilohuilo en un país como Chile? Es un país que es un parque natural tras otro, así que disfrutar del bosque templado patagónico es relativamente sencillo, lo que quiero decir es un sistio muy muy bonito, pero no el único. Por otra parte, su política de desarrollo sostenible falla y mucho en el lado humano y está montado como un negocio muy agresivo. En un país como Chile que ya de por sí se paga poco a los trabajadores en la hostelería esto puede hacer que el negocio falle. En su día le pronostiqué 5 años más si siguen con esta mala política.

Portofino

En un no tan perdido rincón de la Liguria, de improviso me topé con el pequeño pueblo de Portofino. De pronto y aunque sabía a dónde iba, allí estaba escondido, enterrado entre los mediterráneos árboles que cubren frondosamente el parque natural que lleva su nombre.

Panoramica portofino

Tengo que avisaros de que es otro de los peores lugares del mundo para ir con coche, nosotros fuimos desde Santa Margherita Ligure. En la carretera que serpentea por el parque natural empezamos a ver carteles luminosos con el tiempo estimado hasta Portofino y cantidad de plazas libres. Era invierno pero pronto nos hicimos a la idea de una cola monumental en verano esperando para entrar.

Bahia de portofino

Y en efecto, el pueblo es tan pequeño que no se puede circular, incluso la carretera muere aquí. La carretera es tan estrecha que por supuesto no se puede dejar el coche en ninguna parte, tan solo en el ÚNICO aparcamiento de pago del pueblo…. a 15€ (si, si han leído bien 15€) la hora. Nosotros al menos aparcamos allí sin problemas, pero no podíamos dejar de pensar en verano, en una cola tremenda de coches esperando que haya un sitio libre en este pequeño atraco de aparcamiento.

Portofino castel brown

De todas formas, el pueblo es maravilloso, alargado en forma de arco a lo largo de una recogida bahía. Es pequeña, protegida por el monte Portofino que se levanta suavemente sobre el mar formando acantilados durante unos tres kilómetros hasta Punta del Capo. Un auténtico puerto natural, muy chiquitito, repleto de barquitos pesqueros (y lujosos yates en simbiosis).

portofino cementerioEl pueblo en sí, es muy pequeño, unas cuatro calles aledañas al puerto, con casitas apiladas en forma de puzle llenas de colorido. En el s.XVII construyeron una fortaleza que ahora se conoce como el Castillo Brown (la compró un ministro inglés) y por supuesto muy italiano, son cuatro calles con tres iglesias. Con lo pequeño que es dentro del pueblo están la Iglesia de san Martín y el oratorio de la asunción (ambos del sXII) pero  fuera del pueblo, recorriendo un paseo por el promontorio que merece mucho la pena, se llega a la iglesia de San Jorge.

Este camino es totalmente imprescindible, yendo hacia el faro se suben las colinas para llegar a un grandísimo mirador en la misma plaza de la iglesia. Es el mejor lugar para ver el pequeño puerto en todo su esplendor, el entramado de casitas color pastel y las enormes villas entre las colinas más lejanas.

No hay que engañarse, Portofino es un sitio bellísimo como una joya, pero totalmente cosmopolita y burgués. Los barquitos pesqueros tan solo adornan el pequeño puerto, cerca rondan los grandes yates. Las casas de pescadores albergan tiendas de Dior (en un pueblo de no más de 70 habitantes) Es más llegué a conocer, tiempo después, a una italiana que trabajaba haciendo punto en una tienda de recuerdos del pueblo. Solo trabajaba 6 meses al año y ganaba una cantidad de dinero ingente por vender pañitos de cocina, para dueños de yates.

CAbo San jorge

Por más que la cabra que llevo dentro me lleve a la aventura, a veces me sale el lado burgués de gato. El del tomarte un café en uno de los puertos más caros del mundo, el de por un momento no caminar campo a través por un bosque sino verlo desde un cómodo mirador. Portofino es así, tiene una atmósfera mágica de cuento que te transporta. No me malinterpreten, no es un falso pueblo pesquero para turistas. Simplemente dejó de ser pesquero hace tiempo cuando las mayores celebridades del siglo XIX y XX empezaron a pasar por aquí y está completamente cuidado al milímetro, sería más bien como un cuadro preservado en el tiempo. Y te enamora (aunque tu presupuesto solo te dé para unas horas de aparcamiento)

Parque natural portofino

El parque natural que lo rodea por completo es difícil de describir, simplemente es muy bonito. Es un bosque mediterráneo (con pinos, olivos, retama…) muy frondoso que lo ocupa todo, hasta los mismísimos acantilados y el mar. Desde el pueblo salen miles de caminos que lo atraviesan (con apenas dificultad para caminar) Lo ideal es acercarse caminando hasta la abadía de San Fruttuoso o bucear en verano. Pero he de reconoceros que a 15€ la hora, no dejamos pasar demasiado tiempo.

Mónaco ville

Mónaco Ville es la originaria y antigua ciudad de Mónaco y hoy en día uno de sus distritos administrativos. Me pareció curioso cuando un día me explicaron que no hay que confundirla con la capital de Mónaco porque es una ciudad estado por sí mismo, todo ello es capital y no solo un trocito.

Monaco ville

Totalmente fortificado y encaramado a una roca viene a ser el casco antiguo entre todos esos rascacielos que escalan el acantilado (solo que como se ven de arriba abajo no te dan ese aspecto de ciudad vertical que realmente es, como pude comprobar en mi paseo por Montecarlo)

catedral de monaco

Entre sus murallas, que aún se conservan intactas, se encuentra el palacio de los príncipes de Mónaco. Su historia es realmente fascinante (perteneció a la corona española casi todo el s. XVI) y sin dudas debió de ser muy bella como ciudad, situada como un nido de águila y extendiéndose hacia el Mar Mediterráneo. Pero hoy en día, a causa de la especulación inmobiliaria han “ganado terreno” al mar construyendo y construyendo en todas direcciones. El resultado es que el antiguo casco histórico cuidado de piedra, con sus calles peatonales y casitas ocres al más puro estilo italiano, se ve rodeado por una jungla de cemento con la mayor densidad de inmuebles por habitante.

La explanada que hay enfrente del palacio es el principal punto turístico de la ciudad de Mónaco, creo que hay un cambio de guardia en el palacio, pero por las mañanas. No llegué a verlo porque llegamos más tarde. Al lado del palacio está la catedral, de estilo románico-bizantino. Otro punto especialmente turístico ya que contiene los restos de algunos príncipes, como efectivamente los de la Grace Kelly.

Pero sinceramente todo esto me aburría, como me aburrió el país en sí. Me seguía pareciendo una especie de “Disneyland”.

monaco ville

Lo que sí que me gustó fue visitar el famoso Museo oceanográfico de Mónaco. Lo fundó el mismísimo Jacques-Yves Cousteau (que os recuerdo era vecino de Mentón a unos escasos km) Si te gusta la navegación o cosas relacionadas con el mar, éste es tu sitio. Está en un fastuoso edificio sobre un falso promontorio rocoso que, como no, mira al mar. Lo más fascinante, y a lo que dediqué horas fue a los grandíiiisimos acuarios llenos de fauna marina del Mediterráneo. ¡y también tropicales! han reconstruido un arrecife de coral en uno de ellos. La exposición es muy dinámica, llena de historias de exploración y miles de curiosidades.

 

Saint Jean de Luz

La primera vez, se puede decir que literalmente me tropecé con Saint Jean de Luz. Buscábamos un Carrefour antes de cruzar la frontera con España para comprar (más) cerveza del Norte. Fueron los anuncios de la carretera los que nos llevaron a este pequeño pueblo del país vasco francés.

Saint Jean de Luz

Después de satisfacer nuestras compras, nos dimos de bruces con su puerto pesquero y solo nos salió un “ooooooooooh

Plaza louis XIV

Probablemente, Biarritz a no más de 15 km se lleve la fama, pero el encanto de San Jean de Luz es inigualable. Así que volví, y volveré, es uno de esos sitios recurrentes. Recuerdo la última vez que dije que iba y Elise, que de niña veraneaba en él, me decía desde el otro lado del planeta “¡ooh, qué envidia! ¡qué recuerdos! ¡y esa playa tan larga…!

El pueblo es exactamente igual de exótico que su  nombre, mitad francés mitad castellano, tiene un rústico y entrañable aire marinero pero probablemente sea uno de los puertos más elegante de Francia. Todo es armonioso, precioso y colorido, las casas decoradas al estilo vasco combinan vigas rojas, azules o incluso verdes. Desde el puerto hasta las callecitas estrechas que llevan al mar. Desde los cafés a las innumerables terrazas bajo los plátanos de sombra de los paseos y hasta los restaurantes más refinados.

paseo maritimo Saint Jean

Aparcar el coche, lo suelo hacer en el Carrefour que está fuera del casco antiguo en una sucesión de típicas urbanizaciones veraniegas feúchas, pero a un tiro de piedra del antiguo puerto pesquero. Aquí empieza la escollera con la que se protege todo el pueblo. Es una delicia para sentarse a mirar el mar, ver quien viene y quien va y reflexionar. Al lado de estos almacenes pesqueros y la antigua lonja está la señorial plaza de Luís XIV, flanqueada por el palacete de Louis XIV (desconozco si de verdad se alojó allí para su matrimonio) y antiguos secaderos de pimientos. La plaza en sí está llena de terracitas de los bares de alrededor, rodeando un kiosco de música en su centro. Es un lugar genial de por sí, pero es que Saint Jean de luz está repleto de este tipo de rinconcitos.

playa saint jean

De la plaza sale el paseo marítimo directamente. Da a la enorme y larguíiiiisima playa de arena fina. La primera vez que la vi, no me la esperaba, me quedé con la boca abierta. El pueblo se abre como un abanico alrededor de esta playa con los edificios más bonitos justo en primera línea de playa. Las antiguas casas señoriales están unidas al paseo marítimo con puentecitos de madera pintada con colores. El paseo recorre todo el pueblo y al final se puede tomar un camino que sigue la bahía hasta las colinas, siempre verdes de la Punta de Santa Bárbara.

Rue gambetta saint jean

Un intrincado enjambre de pequeñas callejuelas se extiende detrás de esta primera línea de playa hasta la calle Gambetta, todas ellas con la arquitectura típica del País Vasco francés, repletas de casitas blancas. Es una calle peatonal que atraviesa el pueblo de un lado a otro llena de tiendas. En verano, de cada una sale un toldo de colores para dar sombra, siempre repleta de gente. Se mezclan en ellas tiendas de recuerdos, de ropa y sobre todo de delicatesen (pasteles, chocolate, productos típicos…) y sobre todo ¡los Macarons! Llegaron a Francia por la inciativa de Adam un pastelero de Saint Jean de Luz que los hizo para la boda de Luís XIV con la infata española.

Macaron saint jean

De vuelta a la plaza Luís XIV en la misma Gambetta se encuentra la pequeña y viejita iglesia de piedra de Saint Jean Baptiste ¡Por alguna razón la eligió el rey Luís XIV para celebrar su matrimonio en 1660!

Antiguo puerto pesquero Saint Jean

Es un pueblo pequeñito que se recorre andando de punta a punta enseguida, pero esta tan cuidado, en sus restaurantes se come tan bien y el paisaje del mar y las colinas que le rodean es tan bonito. Es un sitio único.