Saint Jean de Luz

La primera vez, se puede decir que literalmente me tropecé con Saint Jean de Luz. Buscábamos un Carrefour antes de cruzar la frontera con España para comprar (más) cerveza del Norte. Fueron los anuncios de la carretera los que nos llevaron a este pequeño pueblo del país vasco francés.

Saint Jean de Luz

Después de satisfacer nuestras compras, nos dimos de bruces con su puerto pesquero y solo nos salió un “ooooooooooh

Plaza louis XIV

Probablemente, Biarritz a no más de 15 km se lleve la fama, pero el encanto de San Jean de Luz es inigualable. Así que volví, y volveré, es uno de esos sitios recurrentes. Recuerdo la última vez que dije que iba y Elise, que de niña veraneaba en él, me decía desde el otro lado del planeta “¡ooh, qué envidia! ¡qué recuerdos! ¡y esa playa tan larga…!

El pueblo es exactamente igual de exótico que su  nombre, mitad francés mitad castellano, tiene un rústico y entrañable aire marinero pero probablemente sea uno de los puertos más elegante de Francia. Todo es armonioso, precioso y colorido, las casas decoradas al estilo vasco combinan vigas rojas, azules o incluso verdes. Desde el puerto hasta las callecitas estrechas que llevan al mar. Desde los cafés a las innumerables terrazas bajo los plátanos de sombra de los paseos y hasta los restaurantes más refinados.

paseo maritimo Saint Jean

Aparcar el coche, lo suelo hacer en el Carrefour que está fuera del casco antiguo en una sucesión de típicas urbanizaciones veraniegas feúchas, pero a un tiro de piedra del antiguo puerto pesquero. Aquí empieza la escollera con la que se protege todo el pueblo. Es una delicia para sentarse a mirar el mar, ver quien viene y quien va y reflexionar. Al lado de estos almacenes pesqueros y la antigua lonja está la señorial plaza de Luís XIV, flanqueada por el palacete de Louis XIV (desconozco si de verdad se alojó allí para su matrimonio) y antiguos secaderos de pimientos. La plaza en sí está llena de terracitas de los bares de alrededor, rodeando un kiosco de música en su centro. Es un lugar genial de por sí, pero es que Saint Jean de luz está repleto de este tipo de rinconcitos.

playa saint jean

De la plaza sale el paseo marítimo directamente. Da a la enorme y larguíiiiisima playa de arena fina. La primera vez que la vi, no me la esperaba, me quedé con la boca abierta. El pueblo se abre como un abanico alrededor de esta playa con los edificios más bonitos justo en primera línea de playa. Las antiguas casas señoriales están unidas al paseo marítimo con puentecitos de madera pintada con colores. El paseo recorre todo el pueblo y al final se puede tomar un camino que sigue la bahía hasta las colinas, siempre verdes de la Punta de Santa Bárbara.

Rue gambetta saint jean

Un intrincado enjambre de pequeñas callejuelas se extiende detrás de esta primera línea de playa hasta la calle Gambetta, todas ellas con la arquitectura típica del País Vasco francés, repletas de casitas blancas. Es una calle peatonal que atraviesa el pueblo de un lado a otro llena de tiendas. En verano, de cada una sale un toldo de colores para dar sombra, siempre repleta de gente. Se mezclan en ellas tiendas de recuerdos, de ropa y sobre todo de delicatesen (pasteles, chocolate, productos típicos…) y sobre todo ¡los Macarons! Llegaron a Francia por la inciativa de Adam un pastelero de Saint Jean de Luz que los hizo para la boda de Luís XIV con la infata española.

Macaron saint jean

De vuelta a la plaza Luís XIV en la misma Gambetta se encuentra la pequeña y viejita iglesia de piedra de Saint Jean Baptiste ¡Por alguna razón la eligió el rey Luís XIV para celebrar su matrimonio en 1660!

Antiguo puerto pesquero Saint Jean

Es un pueblo pequeñito que se recorre andando de punta a punta enseguida, pero esta tan cuidado, en sus restaurantes se come tan bien y el paisaje del mar y las colinas que le rodean es tan bonito. Es un sitio único.

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Dax

Realmente queríamos parar en Biarritz o Bayona, pero al tratarse del mes de julio, era plena temporada alta y no había nada libre. Después de mucho buscar a lo largo de nuestra ruta encontramos Dax.

De Dax en concreto mi guía de Francia ponía una foto con un frontón enorme (que por cierto lo vimos) y luego dos lineas.

Bueno es cierto que la guía no era muy optimista, pero la chunga buscó un poco y dijo: “al lado está Saint Paul lès Dax que tiene una iglesita mona (una iglesia románica de Saint Vicent que forma parte del camino de Santiago, mucho enamorado del románico viene hasta aquí solo para verla) y un lago que no pinta mal (bueno en el lago Christus era el pijerio extremo, campos de golf, casino, hoteles de aguas termales hiper-mega-pijos)”

Lo que nos ocurrió es que reservamos un hotel en Saint Paul lès Dax pero cuando llegamos ya no había recepcionista. La única forma de entrar a la habitación era que una máquina nos diese la clave y para ello necesitabamos tener una Carte Bleue, con cualquier otra tarjeta no funcionaba. Nos cobraron la habitación pero no podíamos entrar… Como la chunga era la que había reservado se dejó llevar por la ira.

Una vez encontramos alojamiento acorde con nuestro presupuesto, (realmente el mejor hotel de dos estrellas en el que he estado en Francia) decidimos explorar un poco la ciudad.

Sinceramente es deprimente. Se trata de uno de estos lugares de balnearios franceses que parece que todos los cortan y construyen con el mismo patrón optimizado para la tercera edad y reuniones de congresos. Dax es la quinta esencia del aburrimiento y la sosería. Por eso me sorprende cuando usando esta página de france-voyage (que recomiendo mucho ya que propone rutas por Francia según tus preferencias) pongas lo que pongas en la Aquitania, te harán pasar por Dax.

Pero a continuación os dejo con el relato de la chunga (con mis anotaciones):

En el puto pueblo ese de DAX nos querían chulear por todos los costados, grrrrrrrrrr… 1º nos dejan fuera del hotel y sin poder entrar (puta CARTE BLEUE GABACHA!!!!!!!!!!!!!)

Encima me cobran la noche aún así. Cuando conseguimos hostal alternativo e intentamos cenar, nos echan hasta del McDonalds ¡¡¡al que le faltaba supuestamente aún 25min pa cerrar!!!(imaginaros nuestra desesperación para rebajarnos a cenar en un McDonnals a las 23:00 de la noche en Francia) y muertas de hambre tenemos que pulular por una verbena de lo más choni donde acabamos con un crêpe que sabía a grasa.

Al estar muy cercano a España, las similitudes son asombrosas (incluida plaza de toros) y a la vez desconcertantemente diferentes. Un claro ejemplo era esta verbena. Era como cualquier fiesta de pueblo española, con su perrito piloto y sus coches de choque. Pero, a parte que habría cuatro gatos, sentíamos como que había algo raro, como si algo no encajase.

Pero lo mejor es pensar “da iguaaaaaaal, hay una cocktelería debajo del hotel y me la voy a pillar super gorrrrrrrrda” y al llegar ver que también la han cerrado!!! Entonces decidimos hacer algo de turismo nocturno, y resulta ser la ciudad más fea de toda Francia, eso sí, con muchos balnearios pa pijos!!Y pateamos en busca de una fuente famosa, que si echa agua termal bla bla… y cuando la encontramos yo cual gili meto la mano…

Dax resulta que es el primer destino termal en Francia, gracias a que está sobre una zona que eran lagos calientes (muy calientes). Ya en la época de la república romana la ciudad era conocida como Aquae Tarbellicae y se trataba el reuma. En el siglo XVII el mismo Mazarino iba por allí. Así que siempre se ha dedicado al turismo para reumatosos de lujo. No queda ningún rastro del pasado. Todo se derribó y se construyeron nuevos edificios.

Y ME QUEMO!!!!!! Porque la tía perra salía a una temperatura de 62º!! Claro, yo ya queriendo prender fuego a la puta comarca y la gata maricona de fondo “si sabías que sacaba agua caliente tú pa que vas y metes toda la manaza” con toda la razón del mundo, vale, pero no estaba yo para razonar!!! Jajajaja, me acuerdo del “Rocío, conduce mejor tú que si no yo me los llevo a todos por delante”. ¿Se nota cual de todos los sitio que hemos visitado es el que más me ha marcado? Jejeje.

Dune du Pyla

Esta es la historia de cómo un día encontramos un lugar simplemente exótico y fascinante sin tener ni siquiera que coger un avión.

¿Alguna vez habéis conducido por la carretera de las Landas? Es horroroso, la pesadilla de todo conductor, desde Bayona hasta Burdeos es una recta y a cada lado de la carretera hay pinos, pinos, pinos y pinos (el parque natural de las Landas). Y como un camión se ponga a adelantar a otro, atasco asegurado.

Teníamos que parar a comer con lo que podíamos elegir entre dos opciones: área de servicio o a la chunga se le iluminó una bombilla en la cabeza y dijo: “¿porque no nos desviamos 60km a Arcachon?””Bueno venga, ya que estamos, así vamos a la playa“”Oye he oído que por aquí hay unas dunas de arena no sé“”si y si no hay chiringuitos de playa pues nos vamos al pueblo que algo habrá

En resumen, cogimos el desvío hacia la bahía de Arcachon pero como habréis comprobado, mucha idea no teníamos.

Ya en la  A-660 leímos en un cartel Dune du Pyla.”Oye pues a lo mejor esa es la playa de las dunas ¿no?” “pues ala vamos primero a la playa y si no vamos para Arcachon

Según nos acercamos un poco más vimos un cartelito de estos marrones donde te ponen un dibujito si el sitio en cuestión tiene algo importante. Observamos el dibujito, nuestro cerebro tardo un rato en asimilarlo, nos miramos, volvimos a pensar en lo que acabábamos de ver y finalmente dije “pues será eso” y dijo la chunga “si: o son dunas que no han sabido pintar o es una montaña

Bueno pues llegamos al sitio. Todo muy bien indicado, hay un aparcamiento enorme para dejar el todo el día, así que sin agobios.

A todo esto habíamos ido todo el rato por entre el bosquecito de pinos y seguíamos bajo la sombra de los árboles. El sitio está muy bien, con muy buenas instalaciones, lo primero fuimos al baño (como siempre en Francia impecables) Yo nada más bajar del coche me desmayé y de di un sustito a Lidi que luego me tuvo que  llevar a rastras por el camino a través del bosque hacia la playa y de pronto se acabó el bosque y miramos hacia arriba ¡¡¡ERA UNA MONTAÑA!!!

Ambas habíamos visto fotos de “las dunas” y la sensación de profundidad es que no está nada bien conseguida, pero lo de abajo es un bosque y por encima de levanta LA duna. La cresta mide hasta 114m sobre el nivel del mar y cada año se desplaza unos 4 metros hacia el interior. Se trata de un auténtico montón de arena naranja que te deja con la boca abierta, en el que para ayudar a subir a la cima, han puesto una escalerita. Desde lo alto del todo el anaranjado contrasta con el azul del mar de un costado y el verde del bosque interminable de las Landas del otro.

El agua del mar se encuentra como a medio km de la cima de la duna, por eso la cantidad de gente que se ve no es demasiada, sin embargo la mayoría no se atreve a llegar hasta el mar y solo sube para tomar el sol en lo alto de la duna o pasear a lo largo de ella. En el mar se puede distinguir la bahía de Arcachon, los veleros y la gente que hace windsurf (ya que al tener tal cantidad de arena, retiene las olas pero hay mucho viento, sino este gigante no se hubiese podido formar) y justo debajo a la derecha de la duna, el palmeral del sitio balneario de Pyla sur mer.

Para comer no tuvimos que quebrarnos mucho la cabeza, ya he explicado lo bien que están las instalaciones. Hay varios restaurantes y bares para elegir (y no en plan trampa para turistas que es lo que parece, precios bien) con sus terrazas entre los pinos (creo que son instalaciones que sirven a varios campings de la zona) Además de varias tiendecitas que no solo venden souvenirs (curiosamente a la ida hacia la duna estaba tan mal que ni me había fijado)… pero ¡ay los pantalones que vendían en una!

De este precioso lugar a medias entre bosque y playa solo nos pudo despegar el que tuviésemos que estar a las 20:00 en Peyrahout.

Si os acercaís la palabra es relax, porque es un sitio para eso. Disfrutad del parque natural y pasad medio día como lagartos al sol en la duna, o paseando por el bosque y siempre podéis hacer lo que cláramente piensan y todos los niños hacen ¡Tirarse como una croqueta por la ladera de la duna!

Viajando a la Francia profunda (el Limousin)

En un principio iba a ir a ver, a Burdeos, a Yu, la china que fue mi coloc en Lille. Pero resultó que durante el mes de julio iba a cuidar de una abuelita octogenaria a una aldea perdida en el centro del Limousin profundo. C’est pas grave, si hay que ir se va.

El resultado fue un viaje de 2200km en compañía de la chunga (que siempre está dispuesta a prestarse para estas cosas) lleno de anécdotas y cosas curiosas (como prometía desde el comienzo)

Subimos lentamente por la A-1 haciendo paradita para comer en Lerma y directas a Pamplona donde nos esperaban amigos de erasmus con casa para acogernos.

Siendo 9 de julio, nos fuimos de fiesta de San Fermín (pero no hasta muy tarde) porque a la mañana siguiente fuimos a ver el encierro desde el balcón de la calle Estafeta de la tía de nuestros amigos. Habiendo dormido 4 horitas y desayunado a las 6 de la mañana, cogimos la carretera de la Landas en Francia.

Esta carretera es un infierno para cualquier conductor, se trata de una recta infinita de unos 200km donde solo hay pinos y pinos y pinos. El problema es que solo es de dos carriles y si a un camión se le ocurre adelantar a otro el atasco está asegurado. Hacia la hora de comer, depués de una breve meditación, nos desviamos 50km para paramos en Pyla sur mer (cerca de Arcachon) donde vimos La gran Duna de Arena (es como una montaña).

Y por fin llegamos al Limousin profundo: Peyrahout una aldea de un palacio y cuatro casas fue nuestro campamento base. Y lo de aldea de 4 casas no es una frase hecha, ya me lo avisó Yu “en fait il est un tout petit village même pas un village; juste un dix ou enviros de maison enssemble, je rigole pas regarde sur google maps“. Desde alli vimos Saint Junien con su colegiata (y su carrefour donde compramos cervecita del norte), el château de papi Maurice (fallecido marido de la octogenaria) en Mortemart, dolmenes y menhires esparcidos por Les monts de Blond, el gran castillo de Rochefoucauld, ovejas, burritos, el château de Rochechuart al lado del cráter que dejo el meteorito que da nombre al pueblo y donde cogimos la ruta de Ricardo Corazón de León (estos franceses ponen nombre a cualquier cosa) que nos llevó a las termas de Chassenon y al castillo de Rochebrune en Etagnac.

De vuelta de nuestra idílica estancia de en la Francia profunda, nos encontramos cara a cara con Dax (donde casi la chunga decide hacer exterminio de franceses. Habíamos hecho una reserva en el étape de Saint Paul lès Dax al que llegamos pasadas las 20:00 (debido a la retención que sufrimos por un macro camión que recogía heno) La recepción ya no funcionaba y solo podías conseguir un código si tenías Carte Bleu. Sin poder entrar no nos quedó más remedio que buscar un sitio y acabamos en un pequeño hotel estupendo, aunque la ciudad no nos gustó en absoluto.

Para relajarnos al día siguiente de vuelta nos bañamos y tostamos en la elegante Biarritz. Volvimos a hacer paradita para comprar quesos y cosas mas perecederas, y fue por casualidad que llegamos a Saint Jean de luz que nos conquisto (como los ferrero-rocher)