Brujas (lo más visitado)

Brujas es una ciudad medieval preciosa. De hecho era, con diferencia, la ciudad más bonita que había en los alrededores cuando yo vivía en Lille. Así que todo aquel que venía a visitarme, quería ir allí (si contamos la vez que estuve de pequeña con mi tía Mimi … la habré visitado unas 8 veces) Tengo ya hasta recorrido favorito para cuando tengo que enseñársela.

Desde Lille, íbamos en la línea de tren que va a Oostende, y llegabas a la estación repletiiisima a más no poder de bicicletas (es una cosa que a todo el mundo sorprende de Brujas, pero en cuanto te vas al centro de la ciudad antigua lo comprendes)

Brujas es muy sencillo como urbe; un círculo donde el ayuntamiento está casi en su centro. Lo que se dice el coche, mejor dejarlo fuera de este círculo (también fui una vez con coche. No es difícil encontrar aparcamiento gratuito siempre que sea a las afueras del casco antiguo, y eso tampoco es que  suponga mucha distancia andando)

La ciudad está sacada de la Edad Media y transportada hasta nuestros días guardando todo su encanto romántico. En la edad media fue un importante centro comercial como otras ciudades europeas, ya que era el puerto donde todos los barcos con mercancías paraban.

Yendo desde la estación hacia el grote markt se pasa por delante de la catedral del salvador, la más antigua de la ciudad por cierto, donde uno puede irse habituando al ambiente gótico de la ciudad. En el interior me sorprendieron especialmente, aunque luego en Suiza vería más (pero aún así no dejan de sorprenderme y fascinarme) las tallas policromadas de santos, quizás por su aspecto de muñecos.

El grote markt es una gran plaza (llena de turísticas calesas para mi mala suerte) rodeada por las casas gremiales (las típicas del tejadito escalonado) alguna de ellas con fachadas realmente muy antigua (s. XIV) que ahora albergan restaurantes. En un lado el neo-gótico palacio provincial. Sinceramente a mí no me parece que sea lo más bonito de la ciudad, menos siendo del 1887 y tratando de parecerse tanto al ayuntamiento. Pero parece que sí que es lo más emblemático, al menos, sí de esta plaza ya que la domina entera. Y por último el belfroi a la derecha. Subir a sus 88m bien merece la pena por las vistas de la ciudad (como es una ciudad sin edificios de mucha altura, llegando a la primera planta del belfroi ya se tienen vistas realmente muy interesantes)

Saliendo de la plaza a la izquierda del belfroi se encuentra una pequeña plaza cuadrada conocida como el Burg donde hay tres tesoros: la basílica de la santa sangre, el ayuntamiento y un palacio realmente bonito (jamás adivinarían cual de los tres es la basílica y su interior es un lugar sorprendentemente recogido donde se encuentra la reliquia de la sangre).

Y saliendo de esta plaza por un túnel (señal inequívoca de que se va a llegar a algo realmente interesante), al sur empieza el enjambre de canales que se pueden recorrer en barcos que salen de la antigua casa del pescado, y las casitas medievales del barrio de Dijver que dan ese aire único e irrepetible a la ciudad.

Llegado este momento aprovecho para dar mi opinión, he oído hablar a mucha gente del título de “Venecias del Norte”, de hecho hasta he oído dárselo a ¡¡¡Amsterdam!!!. Si alguna ciudad mereciese ese título, sin duda, sería Brujas y ninguna otra.

Un poco más al sur-oeste encontramos la iglesia de Onze-Lieve-Vrouwekerk y unida a ella por un pasadizo el palacio episcopal. Sigo creyendo que la forma más bonita de encontrárselos es alejándose de las vías principales por donde suelen poner mercadillos y callejear hasta llegar al probablemente más fotografiado puente de la ciudad.

El pequeño pero coqueto puente de San Bonifacio cruza un pequeño canal  justo por la parte trasera de la catedral (allí se encuentra un pequeño jardincito con una estatua de Juan Luis Vives) y desde ahí lo más bonito es pasar a la plaza que hay delante del precioso palacio episcopal. Disfrutar del torreón forrado de yedra del Gruuthusemuseum (palacio del s.XV), los picudos tejados de pizarra y la trabajada fachada sacados de un cuento.

Bien en este punto he de reconocer que en ninguna de mis visitas he sido capaz de poder entrar en la Iglesia de Nuestra Señora de Brujas, siempre ha estado cerrada así que no les puedo dar pistas de cómo es en su interior y también que es el momento en el que siempre considero oportuno hacer una parada técnica para café/cerveza antes de continuar por el barrio del Walplein hacia el sur.

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Namur

Cumpliendo con todas las características de una ciudad belga, Namur es gris: con edificios grises, calles grises y cielo gris. Tal y como sentenció Romain. Pero es que es tanto así que cuando veíamos las fotos una vez vueltos de nuestra excursión, hasta nos sorprendimos del color apagado que tenían del que solo destacaba el rojo de los ladrillos.

Namur es la capital de Wallonia y una gran desconocida para el viajero. La capital adminitrativa es Lieja y podéis reíros lo que queráis, pero gracias a este dato enciclopédico gané una apuesta. Desde entonces un amigo, después de pagar en cervezas, me llama cariñosamente “mon Namur”

Aparcamos relativamente cerca del casco antiguo. Desde Lille hay línea de tren directa, pero ahora que somos trabajadores lillois estamos más motorizados (como hora y media de viaje). De todas formas dejamos el coche cerca de la estación, ya que el centro de la ciudad está reservada para los peatones y las bicicletas.

Coincidimos un sábado de mercado, así que las calles cercanas a la rue de Fer (la calle principal) también estaban cortadas al tráfico. Deambulamos bajando por la rue de Fer hacia el río, entre los puestos del mercadillo (como el de Wazemmes). La ciudad claramente tiene un estilo muy francés y en las casas, por lo tanto, predomina la piedra gris con los ladrillos rojos. Mientras andábamos un poco desorientados pensé que no se trataba, en absoluto, de una ciudad desagradable pero tampoco es que fuese bellísima.

Llegamos a la plaza de Armas que nos gustó mucho. Estaban ya colocados los puestos para el marché de Nöel, aunque todavía no lo habían abierto, por eso hacer una foto panorámica de la plaza era complejo. Pero a un lado se encuentra la torre del homenaje del siglo XI y junto a ella la antigua bolsa. Por el otro lado la plaza está rodeada de fascinantes residencias del siglo XVIII. Fue en esta plaza, en la esquina derecha, según se mire al río, con la rue du pont donde comimos, después de dar por finalizada nuestra jornada turística. Dejo señalada aquí esta típica brasserie (aunque ni recuerde el nombre) porque realmente comimos bien; desde la carbonade flamande que me pedí yo hasta el steak tartare de Laia.

De la place d’armes cruzamos por el puente y llegamos a donde confluyen el río Mosa con el Sambre. Justo en la confluencia se levanta la ciudadela. Desde tiempos celtas esto fue un asentamiento. Siempre se creyó que la ciudad tendría un gran interés comercial en Europa y por tanto había que protegerla. Aunque la ciudadela tiene muuchos siglos (partiendo de aquel castro celta) fueron los españoles los que le dieron la forma que tiene y finalmente el arquitecto militar Vauban en el 1692 remató los últimos detalles.

Realmente es muy bonita por varios motivos y es lo que hace que destaque la ciudad, porque sino no sería nada más que otra ciudad del norte. Visitarla andando lleva su tiempo (creedme que hacía -5º y por lo tanto andábamos rápido)  Hoy en día es un gran parque y en su interior se recorren de zonas puramente feudales a zonas de gran ingeniería militar. En la oficina de información y turismo nos dieron un plano y empezamos  por la larga “ruta de los panoramas” para conectarla con la “ruta maravillosa” a los pies de la fortificación.

Desde arriba las vistas son muy hermosas. Por un lado se extiende el casco antiguo de Namur, del que destaca la barroca catedral de Saint Aubin (del XVIII) Por fuera la fachada es muy bonita, muy barroco italiano quizás un poco deslucida porque está en medio de un aparcamiento. Pero el interior que uno normalmente esperaría toneladas de dorado, es de un sobrio y minimalista blanco.

Por el otro lado del fuerte tenemos la increíble rivera del Mosa. Namur, es una ciudad con encanto por el lugar donde está enclavada. Yo creo que el valle del Mosa es el paraje natural más bonito de todo Bélgica. Entre las pequeñas colinas, de bosques de hoja caduca sobresalen señoriales caserones ¡algunos de ellos con pequeños torreones y todo!

Ruta por las abadías wallonas

Cuando por primera vez se me ocurrió la posibilidad de hacer este viaje, lo esbocé con sus paradas sus tiempos y su viabilidad, me emocioné muchísimo. De pronto me hacía más ilusión que viajar, como haría dos semanas después, a Marrakech. Incluso se me aparecían los rostros (llenos de envidia) de personas que sabía que les encantaría haberlo hecho. Desgraciadamente en aquel momento vino una temible y mortal ola de frío por toda Europa, que dejó las temperaturas por Bélgica en unos -10ºC con lo cual imposible hacer nada de turismo.

Un año después, al enterarme de que Fu no había ido nunca a Bélgica y conociéndole como gran amante de la cerveza se decretó que este viaje había que realizarlo sí o sí.

¿Por qué esta ruta?

Se trataba de mezclar el turismo con la gastronomía, en concreto la cerveza belga. Más en concreto la cerveza trapense. Este tipo de cerveza tiene una denominación de origen, Trappiste. Solo se otorga si se sigue elaborando en los mismos monasterios trapenses, bajo el control de los monjes y sus beneficios se destinan a caridad.

En total en el mundo solo hay siete cervezas que lo ostentan que son 3 de Flandes: Westmalle, Westvleteren y Achel (estas las dejamos para otra aventura por las abadías flamencas); 3 en Wallonia: Chimay, Rochefort y Orval y una en Holanda: Trappe. Estas cervezas son generalmente turbias, de muy alta fermentación y deben ser preparadas respetando los criterios definidos por la asociación Trapista Internacional si quieren poder mostrar el logo “Authentic trappist product

Para cervezas que no reúnen estos requisitos se creó otra calificación que es la cerveza de abadía. En este grupo entran, tanto cervezas braseadas en las abadías por los monjes o licencias que comunidades monacales han pasado a alguna brasserie (como Leffe, Grimbergen, Affligen)

Obviamente todas las abadías no podíamos visitar, y teníamos en cuenta que algunas no aportarían nada a nuestro viaje por no tratarse de lugares especiales. Nos centramos en la región wallona y en el camino añadimos algunas cervezas de abadía y algunas brasseries tradicionales:

Volamos a Charleroi con ryanair (por el precio de 23€ ida y vuelta) y allí alquilamos un coche. Según aterrizamos a las 9 de la mañana nos encaminamos, por la N53, hacia el pueblo de Chimay. Después desandamos nuestros pasos para coger la N50 camino a Francia y visitamos Tournai. En esta ciudad no hay ninguna abadía pero cerca, en Pipaix, se encuentra la brasserie Dubuisson una brasserie tradicional belga que habíamos pensado visitar. Pasamos un par de días en Lille, donde no solo visitamos a amigos y familiares sino que también estuvimos en una brasserie tradicional para catar la cerveza del norte de Francia, nos dirigimos a la bellisima ciudad de Dinant donde ni más ni menos que se encuentra nuestra señora de Leffe. Nuestro camino este día siguió atravesando las Árdenas para visitar las abadías de Rochefort y Orval.

Dado que estábamos muy cerca de Luxemburgo nuestro viaje a partir de este punto se tornó un poco más turístico y nos encaminamos hacia el ducado, visitando pequeñas ciudades que parecían sacadas de cuentos. Como no sitio en el albergue de La ciudad de Luxemburgo decidimos pasar dos noches en el albergue de Larochette en medio del bosque. Tuvimos que acercarnos a Trier (3 veces por diferentes motivos) y después nos dedicamos a disfrutar de las pequeñas joyas de la suiza luxemburguesa Echternach y Vianden. Cuando nos dirigíamos para pasar nuestra última noche en un albergue en Maastricht, en el camino antes de salir del ducado, divisamos Clervaux y tuvimos que parar para verlo. Después de un día en la ciudad holandesa volvimos a Bélgica para finalizar el viaje, visitando de propina Hoegaarden donde se encuentra la abadía que da nombre a la cerveza.

En nuestro viaje no solo visitábamos las abadías sino que obviamente hacíamos cata conveniente de la cerveza del lugar. Para ello en casi todas las abadías al lado se encuentra un albergue. Estos albergues aunque modernizados, son tan antiguos como las propias abadías ya que la tradición cuenta que se hacía queso y cerveza para alimentar a los peregrinos y si se fijan todos los sitios por donde pasamos son lugares del camino de Santiago belga.

Amberes

Varias han sido las veces dejamos pasar la oportunidad de conocer la capital Flamenca, así que de una vez por todas nos convencimos de que pasase lo que pasase (incluso acostarnos a las 5 la noche de antes) iríamos ese sábado.

Conseguimos los billetes de tren desde la estación Lille Flandres justo 3 minutos antes de que partiese el tren. La línea de TER 1 se ramifica y unos trenes van hacia Brujas y Oostende y otros hacia Gante y Amberes (tened cuidado con los horarios). El trayecto desde Lille duraría cerca de 2horas.

La ciudad no es tan espectacular como Brujas o Gante, turisticamente hablando, el casco antiguo se reduce a la plaza del mercado y poco más. Pero sin embargo merece la pena el viaje. Nos sorprendió lo animadas y abarrotadas que encontramos las calles, el aire de gran ciudad que tiene y que, sin embargo, en Lille con más habitantes no existe.

La estación central es en sí un monumento para contemplar. Se trata de una vieja estación de tren neoclásica de 1905, desgraciadamente cuando fuimos su fachada estaba en obras. Para ir hasta el centro seguimos una sucesión de avenidas todo recto hasta el barrio con más encanto, su centro histórico, en la parte más cercana al puerto.

Pero nos costó salir de los alrededores de la estación. Se trata del barrio judío, uno de los centros principales de comercio del diamante. En una y otra acera solo hay una joyería tras otra. Se mezclan escaparates de último diseño con la joyería tradicional estilo caja fuerte. Lo dicho esta avenida la tardamos en recorrer cuatro chicas, no por lo grande que es sino por la cantidad de distracciones que encontramos en el camino, encima entre tienda y tienda teníamos además los puestecitos de gauffres de Lieja.

A partir de la Groenplaats, una plaza rectangular presidida por una estatua de Rubens, comienza la gran avenida peatonal Meir. En esta parte los edificios son los típicos burgueses del siglo XIX y empezamos a ver realmente el espíritu de la ciudad.

Según nos aproximamos al río, se empieza a divisar a lo lejos el torreón de la catedral gótica más grande del Benelux. Después de sortear un entramado de vías de tranvía increíble (sorprendente que no nos atropellaran) nos conseguimos acercar. La catedral de Nuestra Señora era el motivo principal por el que queríamos venir a Amberes. En su interior están dos trípticos de Rubens, que nació aquí. Tal fue nuestra suerte (más bien mala previsión) que la iglesia los sábados por la tarde está cerrada a las visitas. No obstante puedes entrar a la misa, que es lo que hicimos, para poder contemplarla por dentro.

Justo al lado, en una esquina se encuentra el Grote Markt, que es uno de los más impresionantes de Bélgica (más que el de Bruselas para mi gusto). En esta plaza mayor están el ayuntamiento y las casas gremiales con la típica estructura de tejados escalonados del siglo XVI, es un sitio precioso. En el centro hay una escultura que representa a Brabo, el romano que liberó el puerto de Amberes tras derrotar al gigante Antigoon le cortó la mano y la tiró al río Escada. (hand-werpen de donde deriva el nombre de la ciudad Antwerpen)

Proseguimos hasta llegar al río Escada, por el que transitan muchos barcos, haciendo que hoy en día Amberes siga siendo uno de los puertos más importantes de Europa. En él se estaba celebrando una regata de vela que pudimos ver durante un rato desde el museo marítimo (era otoño todos los arbolitos dorados en el paseo, y nosotras desde un castillo viendo los barquitos blancos en el río, realmente es apetecible).

El museo está en el castillo Steen, una de las pocas construcciones en piedra de la ciudad (que supongo que su existencia se remontará a nuestro Carlos I cuando todo esto era de España ya que es una construcción típica castellana, al igual que el castillo de Gante).

En frente del Steen tenemos todavía más casa gremiales que admirar como el Vleeshuis, un antiguo edificio de curiosa arquitectura que en su tiempo ejerció de sede del gremio de carniceros.

Después paseamos por el margen del río, lleno de esculturas de elefantes, buscando el túnel que te lleva a la otra orilla, pero que no conseguimos encontrar.

Para no desanimarnos, decidimos callejear un poco por lo que se conoce como el barrio de la moda donde se encuentran sorprendentes tiendas de diseño en moda y decoración muy chulas… después de todo no dejaba de ser una tarde de chicas.

Poco a poco nos fuimos acercando a Meir de nuevo, pasando por debajo de uno de los primeros rascacielos de Europa (me gustan especialmente esos rascacielos de principios de siglo, le suelen dar un aire decadente a las ciudades único) y llegando por un boulevard perpendicular a Meir visitamos la casa-museo de Rubens, un edificio que el propio pintor diseñó en 1611 en el más puro estilo italiano de la época.

De vuelta a la estación, vimos la ópera y la gente que en los cafés de los alrededores, muy arreglados tomaban algo esperando el inicio de la sesión. Empezamos a suspirar por un gauffre con tanto olor a azucar, entre tanta oferta no fue fácil decidirse, conozco a uno que en esta ciudad solo comió a base de ellos, uno en cada puesto. Aunque la chunga se puso un poco de morros, porque cerca del Steen había muchas terracitas y no nos animamos a tomar cerveza. Zuazua, B. y miau desde que nos bajamos del tren solo suspirábamos por un gauffre.

Bruselas

Si por algún motivo has llegado hasta Bruselas (Ryanair supongo, con sus viajes ultra baratos a Charleroi), la mejor recomendación que se me ocurre es que vayas a gare du midi y cojas cualquier tren a una de las múltiples ciudades preciosas que pueblan Bélgica. La vida es así, hay ciudades para el turismo y otras que no.

Lo más normal es que hayas oído hablar de su grand place como la más bonita del país. Si que es bonita si, pero el viaje solo por eso, no merece la pena. Repito, en Bélgica hay muchas otras ciudades con plazas y casas gremiales igual de bonitas a mi parecer.

En la grand place de Bruselas, como en las demás, se encuentra el ayuntamiento (es bonito y ha sido copiado en otras ciudades del mundo) con su belfroi del 1402. Está rodeada por muchos palacetes del XIX (la neogótica casa del rey es mi preferida) y por supuesto las casas gremiales, que son las más antiguas de la plaza. En Diciembre, se llena con los puestos del marché de Noël y un mercado de flores (alumbran con luces las fachadas al ritmo de múscia clásica, es curioso de ver).

Cerca de la grand place, está el famoso Manneken pis (famosa fuente en unaesquina de un niño meando, pero casi siempre está vestida) y justo en dirección opuesta se encuentra la fuente compañera Jeanneken pis (que se trata de una niña). En concreto ésta última se encuentra en la zona conocida como Ilot-Sacré donde se encuentran a patadas restaurantes de moules-frites y cervecerías.

En el peatonal barrio del Ilot creo que merece la pena visitar las galerias de Saint-Hubert. Al igual que en Milán, Nápoles, o Roma, se trata de una de las primeras galerías comerciales que se abrieron hacia mediados del XIX de estilo neo-renacentista. Es un lugar especialmente elegante, y en ella está una de mis bombonerías preferidas, la chocolatérie Neuhaus de 1857.

Hacia el Nor-oeste de la grand place se encuentra la plaza de Brouckère, de la que no queda nada de los fastos de antaño (como en casi toda la ciudad), con la bolsa, el palacio de la ópera y la iglesia de Sainte-Catherine como lugares “míticos” que visitar (puedes dedicarte a ver otras cosas que no será gran pérdida).

Hacia el sur encontramos el barrio del Sablon. Se supone que es un barrio más señorial, pero es igual de gris que el resto de la ciudad. Por aquí tenemos el palacio real (que se visita gratis en verano) y más al sur el palacio de justicia, que hace las veces de mirador de la ciudad. No hay mucho donde mirar, pero una vez entré dentro para resguardarme de la lluvia, y me pareció un sitio bastante impresionante, sobre todo algunas esculturas de más de 4 metros que hay en su interior. Curiosamente los abogados y jueces van vestidos con sus togas pero no se cambian dentro, sino que se les puede ver por la calle con las pelucas.

Finalmente al Este de la grand-place, pasado el ilot sacré, se encuentra la catedral. En sí no es gran cosa, gótica y nada despampanante, pero tiene la que yo creo que es, sin dudarlo, la vista más bonita de la ciudad.

Y del barrio real pasamos al barrio europeo (recomiendo ir en transporte publico, porque andando es una media hora. El barrio es bonito pues en esta avenida se suceden las grandes casonas de las embajadas pero como es normal que llueva, aviso por experiencia propia, que puedes acabar muy calado)

Merece la pena ir, allí están el arco del cinquantenaire y por supuesto el parlamento europeo, un lugar francamente curioso, un gran complejo de acero y vidrio de arquitectura vanguardista que se caracteriza por unir los diferentes edificios con un pasillo circular de cristal.

Otra zona curiosa (y típica, ya que como dijo mi hermano, “no quiero visitar iglesias que hay miles en toda Europa, quiero ver algo diferente“) se encuentra al final de la línea de metro 1b, y es el recinto de la exposición universal de 1958. Al igual que en Paris o Roma, donde se celebraron las exposiciones, los monumentos recuerdan a las construcciones fascistas (mi madre no paraba de comentarlo, pero yo creo que simplemente era la arquitectura de la época, y en estos sitios se conservó)

El atomium, que se construyó para esta exposición, es una reproducción de la celda unidad del hierro metálico y se va de bola en bola mediante ascensores y escaleras mecánicas. Dentro de él se siguen exhibiendo cosas de aquella exposición universal, desde coches hasta muñecas. Y justo al lado hay un pequeño parque donde en miniatura está representada toda Europa, el  parc recreatif minieurope, pero no es ni de lejos algo tan bonito como el pais dos pequeninos de Coimbra.

Vale y si por negocios uno acaba aquí (que es muy normal) y quiere darle un pase a la ciudad se preguntará por la vida nocturna … bien, … más bien nula si no se sabe donde buscar.

Mis padres vinieron a verme y aterrizaban en Bruselas a las 21:00 así que les dije que ya no había trenes. Y decía mi padre “¿Pero cómo una capital europea no va a tener trenes a partir de las 22:00?” bueno pues cuando llegaron comprobaron que por las calles no había ni un alma, todas los comercios cerrados, todos los restaurantes cerrados… “Bienvenidos a Europa” les dije.

Aunque lo cierto es que si por alguna razón vas a pasar una temporada de tu vida viviendo aquí descubrirás el complejo crisol cultural que hay en la ciudad que la hace bastante única. Y sobre todo si estás en affaires européenes, la fiesta será constante, en sitios privados con gente de todas las nacionalidades… todo un universo oculto bajo la capa de ciudad insulsa y gris.