El salto del Huilohuilo

Esta es, probablemente, la caminata que hace todo el mundo que viene a la reserva de Huilohuilo. No íbamos a ser menos ya que da su nombre al bosque.

Salto del huilohuilo

Pero para nosotros por si sola se quedaba demasiado corta. Apenas es un paseíto de media horita a través del bosque donde se pueden observar las cascadas del río Huilohuilo y el Puma. Y el único “esfuerzo” que hay que hacer es subir una escalera de madera.

Por eso fuimos a informarnos en la entrada, un portalón a la salida de Neltume en el camino a Puerto Fuy. La chica que nos atendió nos dijo que el sendero del río Truful (que después de leer la información de los diferentes senderos es el que más nos gustó) justo acababa por donde pasaba el camino hacia los saltos del Huilohuilo y del Puma. Que era un sinsentido que pagásemos por los dos, ya que una vez allí nadie podría comprobar qué hacíamos o dejábamos de hacer, si habíamos pagado o no. Así que muy amablemente no solo nos cobró únicamente la entrada para ir al Truful sino que además nos animó a acercarnos hasta las cascadas.

canelos y coigues

Como decía en mi anterior entrada aunque ella no nos lo hubiese mencionado al ir terminando el sendero del río Truful nos encontramos con unas señales de madera en el camino que ponían “salto del Puma” y el ruido era tan atronador que seguramente nos hubiésemos acercado a ver de qué se trataba.

Salto del puma

Este camino era bastante diferente al del sendero del río Truful, se trataba de un camino muy amplio y bien marcado, señalizado con flechas de madera dónde las enormes raíces de los altos coigues y canelos salvaban “a modo de escalera natural” cualquier mínimo desnivel que pudiese existir y bordea el acantilado que da al río Fuy. El bosque que nos rodeaba, sin embargo era igual de exuberante  y no había perdido ni un ápice de su esplendor aunque claramente estábamos en una parte mucho más transitada.

descansando huilohuilo

Lo primero que hicimos fue bajar las escaleras de madera, que bajan verticalmente casi 80 metros, hasta la laguna dónde cae el río. Este salto es el conocido como Huilohuilo. El estruendo de los casi 40m de caida era realmente ensordecedor y es porque el río es grande (en mapuche se repite la palabra para indicar que algo es grande de ahí su nombre) Bajamos hasta la misma laguna y luego escalamos algunas rocas para sentarnos en la sombra a disfrutar un rato del hipnotismo de aquella bonita cascada. Aunque en realidad no hay que complicarse tanto haciendo el cabra. Si bajas hay unos “asientos” en la piedra, nada más acabar la escalera en los que uno civilizadamente puede recrearse. Y para los super vagos ni siquiera hay que bajar la escalera, desde arriba hay un mirador bastante bueno.

sendero del huilohuilo

Después subimos de nuevo y continuamos por el sendero siguiendo el acantilado, hasta el salto del Puma. Pero hemos de reconocer que éste otro salto nos decepcionó un poco. No se puede bajar, tan solo hay un mirador. Pero la vegetación había crecido tantísimo que apenas se podía ver algo escudriñando entre el verde… y en el único claro en el que parecía verse algo había una lápida conmemorativa de una chica que se murió allí. Una pena.

Volvimos por el mismo sendero hasta el gran portalón del parque. Os vuelvo a confirmar que este trozo es super familiar, en el paseo algunos árboles están con carteles informativos para aprender a identificarlos y es un sitio bonito. Eso sí, sigo recomendando que se combine con el sendero del Truful si uno quiere la experiencia de quedarse maravillado al completo. Los dos juntos hacen un camino bonito y sencillo a la par que divertido por sus múltiples escaleritas de madera. Y sobre todo se disfruta no solo del denso y asombroso bosque que rodea estos dos ríos sino también de uno mucho más húmedo y frondoso.

salto del huilohuilo desde mirador

Si, seguro que estáis pensando que podría haber contado todo esto en la entrada anterior pero no me podía resistir a poneros más y más fotos de este lugar tan TAN impresionante.

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Sendero del río Truful

Dentro de la reserva natural de huilohuilo, optamos por hacer el sendero del río Truful. Según los folletos que nos encontramos en el recinto el paseo es de unos abordables 3.5km y muy llano, apenas un desnivel de 100m. El precio 5000 pesos chilenos.

prado al pie del volcan

Fuimos en coche desde los edificios de la reserva hasta casi la entrada a Neltume donde nos encontramos con otro portalón (estilo Jurassic Park) Allí aparcamos.

tramos de escaleras huilohuilo

Le explicamos a la chica de la entrada lo que queríamos hacer, nos cobró y nos señaló con la mano por dónde empezaba el camino y cuáles eran las señales que teníamos que seguir (un pollo fluorescente).

Pasamos delante de un parque infantil que hay al lado del portalón y localizamos el sendero que empieza con un camino poco marcado, salvo por los pollos que usan de señalización. Este camino empieza atravesando una llanura de pasto seco con inmejorables vistas del volcán Mocho-Choshuenco. En ella pastaban miles de bandurrias estaban muy cerca y no paraban de piar de esa forma tan curiosa suya (yo hasta este viaje no las conocía y me siguen pareciendo unos animalitos la mar de curiosos) Según andábamos miles de saltamontes se apartaban a nuestro paso. Nos dirigimos en línea recta hacia el volcán que exhibía sus helados glaciares en pleno otoño.

rio Truful

El sendero gira a la derecha al llegar a los árboles y se adentra en un bosque denso. La pisada del camino, en este primer tramo de bosque seguía igual de poco trazada que en el pasto y de pronto nos encontramos que el camino se cortaba atravesado por un grandísimo tajo de tierra que cruzaba todo el bosque. Como si una buldócer acabase de pasar para hacer una carretera. Se nota que estaba recién hecho y poco previsto porque tuvimos que reptar un poco por el tajo, atravesar la carretera y por fin volvimos a encontrar el camino al otro lado, esta vez con escaleras de madera por las bajamos.

bosque humedo templado

A pesar de que bajamos un poco, todavía no llegamos al río sino que lo fuimos remontando paralelamente a la orilla pero a cierta distancia a través del denso bosque, mucho más denso que el bosque superior que habíamos dejado atrás. En esta maraña de troncos empezamos a ver miles de copihues rojos colgando de entre las copas. Hasta Elise y Pancho se sorprendieron porque aunque sea la flor típica de Chile es muy difícil de criar (era la primera vez que Elise en 20 años la veía) En este bosque había muchísimos que brillaban con un flamante rojo entre el verdor del bosque húmedo templado, que por cierto no dejaba de sorprendernos. Las copas de coigues y canelos se encontraban a decenas de metros por encima de nuestras cabezas, la espesura y el verdor eran incomparables.

tajo en mitad del camino

Por fin descendimos hasta el río y empezamos a seguir la corriente a cierta altura desde su rivera, no hay pasarela pero sí una valla de madera para no caerse, ya que la orilla es inexistente. Pasado medio kilómetro, en el que fuimos descendiendo río abajo por la orilla, nos encontramos con una escalera de madera por la que subimos y parecía que momentáneamente nos alejaríamos definitivamente del Truful.

Pero de pronto las pasarelas de madera volvían a bajar, en un descenso muy vertical en el que aproveché para resbalarme en la madera mojada y darme un buen culetazo, hasta llegar a la parte más bonita de este bosque.

copihues

No había llovido la noche de antes y sin embargo todo estaba empapado de rocío. Por los troncos, suelos y paredes asomaban sin cesar algunas fexias (pocas) pero también mucho mucho líquenes, paraguitas y pompones. Finalmente el camino se adentraba en la sombra más profunda de los fríos arrayanes rojos. El camino iba totalmente pegado a la pared de piedra de la rivera derecha del río donde crecía un auténtico jardín de cintas que la acolchaban por completo y entre una arboleda tan densa que el sol no podía pasar. Estaba muy oscuro, vamos.

Paralelos a esta pared fuimos subiendo poco a poco por una pendiente moderada alejándonos del río. El bosque empezó a clarear hasta una curva a la derecha donde el camino pasó a ser una huella en la que apenas cabía una persona entre la pared y la valla de madera que en todo momento nos acompañó.

Cuando el camino por fin se ensanchó decidimos sentarnos en el forraje marrón del suelo del bosque a comer  nuestros bocatas pero: ¡¡ojo, cuidado con las tarántulas!! Nos encontramos alguna por el camino (cosa que nos emocionó bastante) pero el problema no son las mordeduras sino que dejan unos pelitos urticantes por donde andan…

bosque húmedo templado

Al final notamos como la pendiente se hacía menor (aunque en general, salvo los tramos de escaleras, el sendero es muy llano) y el camino se aleja definitivamente del río, el bosque dejó de ser tan húmedo y frondoso cambiando por completo. El suelo, lleno de raíces, hace como una escalera natural que te lleva hasta los últimos metros del camino.

tarantulas huilohuilo

Pero al llegar a este punto en vez de volver a la salida hicimos caso a las recomendaciones de la chica de la puerta que nos dijo que el sendero del Truful terminaba justo donde empieza el sendero a los saltos del Huilohuilo y el Puma. Aunque si no nos lo hubiese dicho el gran estruendo que se oía hubiese podido con nuestra curiosidad.

inmenso bosque huilohuiloUPDATED:

Vale que según escribí esta entrada me limité demasiado a los datos más técnicos del paseo y apenas os he comentado lo muuucho que me gustó. Pero es que me dejó sin habla este bosque tan profundo. Solo tenéis que mirar las fotos, en especial esta última, para ver la inmensidad a la que intento referirme pobremente y lo sobrecogedor del paisaje (porque una imagen vale más que mil palabras)

 

Valparaíso

colinas valparaiso

No sé qué me pasó con esta ciudad. Supongo que como todos, había oído maravillas de ella, gente enamoradísima de sus calles, su color y su arte callejero. Sin embargo, la primera vez que estuve; fui, vi y me dije a mi misma “pufff pues no es para tanto, original sí, pero parece un gran poblado de chabolas” Como algo que en su día fue bello y hoy está en plena decadencia.

cerro alegre

Pero volví a ir otra vez, e incluso una tercera y me di cuenta de cómo habían cambiado mis sentimientos. La segunda vez me descubrí a mí misma deseando llegar, anticipando el momento en que la autopista que va desde Santiago desciende abruptamente. En ese instante el Pacífico se abre a los pies de las montañas repletas de coloridas casitas de uralita.

La tercera vez, se podía decir que de verdad soy una enamorada de sus polvorientas y laberínticas calles.

Creo que es la ciudad más distintiva e intrigante de Chile (Quizás de toda Sudamérica, porque ahora cada vez que me encuentro una colorida ciudad portuaria en este continente inevitablemente pienso con cierta nostalgia “como Valparaíso“)

cerro carcel

Se encuentra literalmente esparcida sobre un anfiteatro de colinas que contornan la gran bahía hasta Viña del Mar. Lo más impactante es justamente eso, la fila de casas que como en un caótico y colorido laberinto caen hacia abajo por las colinas hasta una pequeña franja de tierra antes del mar donde se sitúa el gran puerto.

ascensores valparaiso

Como son muy pocas las calles que llegan hasta lo alto de estas pendientes, a parte de una surtida población de escaleras hay antiguos ascensores de madera que te pueden llevar hasta los mejores miradores.

cerro concepcion

Abajo está lo que sería el barrio del puerto, una serie de calles paralelas con la costa. Se extiende desde la entrada de la ciudad, donde hicieron el nuevo y terriblemente feo congreso de Chile (es impactante de lo feo que es), hasta el cerro Santo Domingo. Es a los pies de este cerro donde se encuentra la parte “más pintoresca” del barrio que no se parece en nada a los de las colinas. Aquí no hay coloridas casas, sino que se mezclan feos y modernos bloques con elegantes casas coloniales reconstruidas, incluso la pobreza parece que se hace más evidente. De todas formas es el mejor lugar para empezar la exploración; ir a la Plaza de Sotomayor donde está la marina, el puerto y el ascensor “El peral” que sube hasta el cerro Alegre.

pinturas valparaiso

O por la Plaza Victoria, donde se encuentra la catedral de Valparaíso. No es que sea muy especial, pero me parece un lugar agradable. Además que cerca de esta plaza empiezan a asomarse las grandes casonas coloniales y se encuentra, en la calle Condell, la casa de comidas J.Cruz, un lugar de visita obligatoria. Era una antigua casa de carabineros donde solo sirven chorrillana. Tuvimos que esperar una buena cola para entrar pero es un lugar tan especial y único (a parte que la chorrillana esta increíblemente buena)

Cerro Santo Domingo

Esta plaza se encuentra a los pies de los cerros Cárcel y Yungay que están rematados en lo alto por un verde y frondoso cementerio. La última vez que visité estos cerros, aunque mucho menos conocidos, me parecieron realmente muy bonitos y nos divertimos un montón callejeando y descubriendo sus pintadas en las hiper-coloridas casas.

pasaje tempelman

El secreto para descubrir el laberíntico Valparaíso es: patear, patear y patear.

Cerros Alegre y Concepción son los más turísticos y conocidos. Siempre he aparcado en ellos el coche sin problemas, sin ser zona de pago, tanto en temporada alta en verano (Febrero) como fuera de temporada (Abril o Noviembre).

cerro concepcion

Por estas dos colinas se extienden los barrios residenciales en un entramado de calles y pequeñas avenidas decoradas con casas elegantes, pintadas de forma brillante y con tiendas de todo tipo de artistas en sus bajos. Algunas mansiones aristocráticas penden elegantemente en los precipicios de las colinas. Crecieron como enclave de los inmigrantes Valparaíso, especialmente ingleses y su influencia se puede ver en muchas casas adornadas con maderas en la fachada.

Desde la parte baja de la ciudad hay dos puntos de acceso, el ascensor de la Concepción (escondida cerca de la torre del reloj Turri en la calle Prat, al que se entra por una puerta muy estrechita) que te sube hasta el Paseo Gervasoni. Y el ascensor el peral, al lado de los tribunales de justicia en la plaza Sotomallor que asciende hasta el cerro Alegre por el paseo Yugoslavo, uno de los miradores de la ciudad.

pinturas valparaiso

Lo  que normalmente hago cuando voy, es andar entre los dos ascensores caminando por estrechas calles y escondidos pasadizos. Visito una y otra vez los lugares más entrañables de estos cerros como la verde iglesia luterana en lo alto del cerro entre despejadas avenidas de casas arco iris, nuestra heladería de confianza, la pequeña y blanquita iglesia anglicana, el pasaje Templeman, el pasaje Bavestrello (el de las hormiguitas en cada escalón) Cada rincón tiene algo que descubrir, hay pintadas en cada esquina, fachada, poste, cuadro de luz, cada tienda tiene un tesoro para tentarte.

pinturas valparaiso

Más a las afueras se nota que las casas de los cerros no están tan cuidadas y remodeladas para convertirlas en hostalitos para turistas. Se extiende un Valparaíso más de sus habitantes pero no por ello exento del colorido, las surrealistas pinturas y los perros de sus calles, lugares maravillosos para seguir errando y descubriendo sus pequeños rincones. En mi segundo viaje descubrí el cerro Polanco, donde está el ascensor Polanco, muy diferente a los funiculares de los otros cerros. Incluso también conduje el coche sin ningún rumbo por los cerros más altos y alejados disfrutando de las mejores vistas de pájaro de la ciudad.

pinturas valparaiso

O el cerro Bellavista, al que me llevaron en mi primera visita y hasta la tercera no he sabido cómo volver hasta él.  Se encuentra por encima del cerro Yunguay y no siendo tan colorido como los otros de los que he hablado es visita obligada. Entre sus vertiginosas bajadas y subidas se esconde (aunque está bien indicada con carteles, la casa está escondida) la casa de Pablo Neruda. La Sebastiana es la casa, de las tres del poeta, que más me ha gustado con diferencia. Esta casa la compartían él y Matilde Urrutia con unos artistas y cada rincón es una maravilla. Hasta que no la visité no me había imaginado lo importante que es poner una barra de bar en una casa, o tener un carrusel en el salón, por no hablar de las vistas al Pacífico.

Cerro polanco

Si le das una oportunidad, Valparaíso te robará el corazón.

Cerro del Cristo Redentor

El título de la entrada también podría ser: cómo subir a un 4000 sin apenas esfuerzo.

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La primera vez que oímos de él fue visitando Mendoza. Y es que resulta que se trata de toda una institución turística en los Andes. La historia se remonta a principios del siglo XX cuando Argentina y Chile casi llegan a una guerra por temas fronterizos. La iglesia intervino y se fijó la frontera entre ambos países en la línea de aguas que hace la cordillera.

Para conmemorarlo, en el paso de Uspallata, al pie del cerro Santa Elena, se erigió una estatua de bronce de un cristo. En la mañana del día 13 de marzo de 1904, los ministros de Relaciones Exteriores de Argentina y Chile, junto a otras autoridades, inauguraron este monumento (una mole de 7m)  que constituye un símbolo de amistad argentino-chilena.

Subida por el camino chileno

La subida se hace por un camino desde el poblado de Las Cuevas en el lado argentino. Es inconfundible porque es el pueblo que está justo antes del peaje del túnel. Se trata de cuatro casas de alta montaña, donde vivirán unas 20 personas pero sobre todo llama la atención desde la carretera por el arco con dos torreones (imitando un estilo suizo)

Pero nosotros no lo sabíamos así que pagamos el peaje (y allí preguntamos). No nos quedó otra que cruzar el túnel. Al llegar al otro lado, antes de llegar a la aduana, dimos media vuelta y empezamos a subir por el mucho menos transitado y más peligroso camino chileno.

disfrutando del camino

Hay un cartelito que indica que la subida hay que hacerla en todoterreno bajo tu propio riesgo. Nosotros llevábamos un pequeñito Hyundai que se comportó como un campeón.

El camino es solo accesible en el verano, cuando no nieva, ya que se trata de roca y grava en medio del grandioso paisaje de la cordillera. Antiguamente, antes de la construcción del túnel, era conocido como el paso Bermejo, obligado entre las poblaciones de Uspallata y Los Andes. De hecho en época de San Martín y O’Higgins ésta era la ruta para cruzar con las huestes (vimos una plaquita debajo del cristo con el recordatorio)

glaciar del hombre cojo

Desafiando el zigzag de las curvas cerradas, mi vértigo pese a estar al volante, la cornisa y el abundante material suelto, llegamos hasta los 3854m donde está la explanada en la que se encuentra el Cristo, junto a un barracón del ejército. Las vistas de la subida nos dejaron con la boca abierta, son impactantes. Según te elevas te sientes rodeado de picos y picos escarpados, en algunos de ellos se veían glaciares, en la inmensidad de ese paisaje te sientes realmente pequeñito.

cerro cristo redentor

Bueno llegamos a la base del Cristo, aparcamos el coche en la explanada, intentamos salir y… pues a 3800m el viento es terrible. Justo al lado del barracón, un chamizo con plásticos anunciaba “chocolate caliente” Como apenas podíamos entendernos gritando, nos metimos en el chamizo para combatir el frío (y eso que íbamos bien preparados para la montaña) La estampa era surrealista. Un curtido viejecito llevaba el negocio donde vendía todo tipo de cosas (cristos, piedras, vírgenes, más cristos…) y el chocolate o té caliente con un alfajor “de regalo” (en realidad él dice que te regala el alfajor, lo cierto es que lo vende al mismo precio que lo venden en Uspallata, pero te regala el té o chocolate)  Y junto a él dos chicas jovencitas, intentando mantener el tipo con ropa nada de montaña, pantalones ajustados, blusas…

cerro santa elena

a éstas“, nos contó señalándolas, “las contrato para la temporada alta” “yo me quedo aquí hasta que cae la primera nevada, entonces ya recojo” “ayudé a montar el chamizo de los militares de aquí al lado” “yo me he subido todas estas montañas, en media hora llegáis al cerro de Santa Elena

Y poco a poco, nos metimos en una animada charla con él, hasta que nos fuimos al coche. Yo andaba enfadada ese día, me daba rabia no haber tenido un día de montaña de verdad así que de pronto dije en voz alta “¿Y si subimos al cerro?

cima cerro santa elena

Creí que Alfo e Isra me mandarían a freír espárragos (bueno Isra lo hizo) pero Alfo se animó. No sé si fue por darme un capricho, pero a día de hoy los tres estamos de acuerdo en que fue lo mejor que pudimos hacer.

Como nos explicó el viejecito, justo de la espalda de la estatua del Cristo Redentor (hacia el sur) salía un sendero bien marcado y muy empinado que subía al cerro de Santa Elena (cuyo punto más alto es 4200m) Al observar el cerro desde el monumento parece ser un itinerario relativamente fácil, lo que resulta engañoso ya que la trepada es empinada y la arena muy resbaladiza. Después de un desnivel de unos 300m, el camino se vuelve más rocoso. Va por la cresta de la montaña y en muchos puntos hay puestas cuerdas (para asegurarse en invierno) Lo cierto es que a partir de este  punto estás por encima de todo, andando por la cuerda, en la inmensidad de las montañas (y mi vértigo apareció más fuerte que nunca)

vistas desde el cerro

Enfrente teníamos el cerro Tolosa con su glaciar del hombre cojo, justo detrás el Aconcagua sobresalía con su nube en la cima, hacia el Este estaba el escarpado cerro Navarro, y a nuestros pies la zigzagueante carretera de bajada. El paisaje en ese momento era insuperable, nos hipnotizaba el cambio de color en las montañas. Y estando allí, con el mundo casi a nuestros pies, empezó la primera nevada del año.

En realidad me pareció un camino muy practicable sin nieve pero en invierno debe de ser muy complejo y con tramos de escalada.

camino argentino de bajada

Para bajar lo hicimos por el lado argentino esta vez, hasta Las Cuevas y mucho mejor. Se nota que los coches suben y bajan por este lado con mucha más frecuencia y estos 7 km de camino están mucho más pisados.

Ruta de los Moais

Moais hay también en Hanga Roa y a los pies del Terevaka, pero sin duda los 30km del camino de la costa sur que unen la ciudad con la playa de Anakena es el camino más impresionante de toda la isla.

Ahu Vinapu

El primer altar (ahu), es el ahu vinapu muy cercano a Hanga Roa, de hecho está detrás del aeropuerto. Desde la avenida Hotu Matu’a se coge el camino de la costa sur, que es un camino sin asfaltar, de tierra aplastada pero buena y se puede hacer sin necesidad de 4×4. Para llegar al Ahu Vinapu hay que girar en los contenedores de aceite y de allí veremos un letrerito desde el que se puede ir atravesando el pasto hasta la costa andando.

Ahu Vinapu II

En Vinapu hay en realidad dos ahus, pero los moais están en el suelo. De uno solo se ve una gran redondeada cabecita. De todas maneras lo curioso de estas estructuras es que algunos ahus muestran una forma de construcción muy trabajada similar a la de los Incas donde los bloques de piedra encajan en forma de puzzle sin huecos entre ellas. Curiosamente aunque otros ahus tengan un trabajo en piedra más pobre el Ahu de Vinapu es de los más antiguos que se construyeron.

Ahu Akahanga

Yendo hacia el sur por la ruta de la costa el siguiente ahu que no esncontramos es Vaihu, donde 8 altísimas estatuas están boca abajo, también en algún momento cayeron a causa de terremotos o tsunamis. Sus sombreros también están esparcidos a lo largo de la costa. El paisaje es impactante porque la isla es un páramo verde al frente las olas del mar rompen en los acantilados y los moais caídos en el suelo y rotos hacen que sea desolador.

3km más allá está el ahu Akahanga que presenta la misma estampa impactante y triste de los moais caídos. Según la leyenda este ahu sería en el que está enterrado Hotu Matu’a. Y por último nos encontramos con el ahu Hanga Te Tenga donde se encuentra el moai más alto con 9.94m que se llegó a poner en una plataforma en la isla.

Rano raraku en el interior

Para seguir con la ruta nos alejamos de la carretera de la costa y cogimos el camino de los moais para subir al Rano Raraku. Este cono volcánico es el segundo sitio protegido del parque nacional Rapa Nui (nosotros pagamos la entrada en el Rano Kao y te sirve para visitar los dos sitios, solo tienes que enseñarla). En esta mina de roca volcánica fue donde casi todas las figuras de la isla se produjeron. Fueron talladas una a una de la roca de las laderas interiores del volcán.

Según dejamos el coche nos pusimos a andar por el sendero de la izquierda casi cubierto por los arbustos. Va directamente al Rano, el lago dentro del cráter. Un sitio precioso de tierra roja, rodeado de juncos que además impacta al mirar sus laderas y ver pequeñas cabezas redondeadas que lo pueblan como si de setas se tratase. En estas partes de la ladera los moais se tallaban en la roca, casi todos están enterrados y a medio terminar. Impresionantes.

Rano raraku

Después desandamos el camino y nos dirigimos por el otro camino hacia el sur. Allí me emocioné y empecé a corretear como una niña pequeña llena de asombro. Vi miles de enormes cabezas sobresaliendo de la tierra como tulipanes. Son realmente moais finalizados que probablemente llevaban al exterior de la cantera para luego,  más tarde, transportarlos a los altares. En algunos de ellos hay tallados tatuajes, joyas, incluso barcos europeos. Entre todas estas tallas se encuentran algunas todavía sin extraer de la roca a medio tallar, como el moai más grande, llamado el gigante de 20 metros (que hubiese sido imposible poner de pie)

cantera de moais Rano raraku

La gran pregunta que uno se hace es ¿si ya tenían tantos tallados, cómo es que cambiaron de religión? Se dice que ellos mismos veían que no se mantenían en pie, que se caían por terremotos. Hasta los primeros europeos que llegaron vieron cómo dejaron de levantar moais de piedras y cambiaron a madera…. pero tenían tantos ya hechos… y abandonaron la cantera…

El este de este camino culmina en el moai arrodillado, el Moai Tukuturi, en roca roja. Mucho más antiguo que los demás, muestra cómo al principio les tallaban arrodillados pero debían ser más frágiles. Desde este punto la isla te da su visión más bonita, a lo lejos en el mar rompiendo en los altos y áridos acantilados, el impresionante Ahu tongariki.

moais rano raraku

Volviendo a coger la carretera hacia el sur llegamos a los 15 moais colosales que forman el Ahu Tongariki. Estos moais se cayeron de la plataforma en 1960 por un tsunami. En el 88 el arqueólogo Claudio Cristino (al que tuve ocasión de conocer) reconstruyó el ahu. El mismo reconoció que le quedó un pelín grande y se nota, los 15 están bien asentados pero el altar parece que le sobra de un lado. Pero es colosal en todos sus sentidos, 15 moais juntos en pie (algunos enormes) y se nota que cada uno representa a una persona, unos son más gorditos, otros más altos, otros más fuertes, incluso los rasgos, las narices, la cara…

Ahu tongariki desde rano raraku

En nuestro recorrido nos saltamos la verde península de poike en forma de tortuga (yo creo que más bien de camello) Según Pancho el lugar es genial para caminar durante unas 4 horas y descubrir sus cuevas. La carretera para sortear la península se mete hacia el interior y se dirige directamente hacia las playas de Ovahe y Anakena.

los 15 de tongariki

Pero antes de llegar a las playas hay que parar y bajar hacia la costa andando en la bahía de La pérouse (está indicado) En este sitio se encuentra el ahu Te Pito Kura con su gran Paro, otro de los moais más altos que se llegaron a poner en pie en un altar en la isla. A la izquierda del ahu hay 5 piedras redondas, magnéticas, donde la gente va a pedir deseos. NO se trata de ninguna antiguedad, esas piedras las puso un artista allí no hace mucho. A Elise le habían encargado un deseo, pero nadie nos había contado cómo exactamente se tenía que pedir el deseo. Así que me puse a bailar el baile del pollo, que desde luego sería una forma de pedir deseos más al estilo de la isla (oye se cumplieron)

camino costa sur

Termas Geométricas

El penúltimo día de nuestro viaje decidimos dedicarlo al placer de no hacer nada. Echamos unos libros y un bañador al coche y fuimos de termas.

termas geometricas

A unas dos horas de Pucón se llega al pequeño pueblo de Coñaripe. Atravesamos el pueblo, lleno de autocares, para coger un camino que se adentra en el Parque Nacional Villarrica, hacia la misma falda del volcán Villarrica.

No es difícil llegar, pero está sin asfaltar por lo que hay que ir lento, con cuidado de las piedras grandes y el ripio suelto (Además de las curvas cerradas, que yo andaba al volante del todoterreno diciendo “no me creo que por aquí pasen autobuses”)

termas geometricas 2

El paisaje, según nos adentramos en el parque natural es muy bonito. A lo largo del camino nos encontramos con bosques de grandes coihues y robles, algunas granjas y mucha niebla que ese día bajaba del volcán.

plano termas geometricasEste camino se conoce como el camino de la salud ya que hay varios recintos termales, a 14 km de Coñaripe se encuenran las  Termas Vergara, luego las Termas del Rincón y 3 km más adelante, las de Termas Geométricas

Pancho, que es un enamorado de ellas, nos dijo que desde luego son las más impactantes que valen el precio que se paga por entrar en ellas (18000 pesos) La entrada es cara comparada con las de otros recintos de la zona (la región de los volcanes, lógicamente está llena de termas) Pero los servicios son muy buenos. Al llegar nos dieron un candado para la taquilla, pulsera para guardar las llaves y toallas.

Su nombre se debe al arquitecto Germán del Sol que diseñó el conjunto de 20 piscinas de diferentes formas geométricas unidas por pasarelas de madera roja. Las piscinas se van adentrando por el fondo de una quebrada donde fluyen aguas termales. Y es que lo que realmente impacta, es la arquitectura, el cuidado y mimo que tienen, el que se trata de un espacio al aire libre completamente integrado en el paisaje.

termas geometricas 3

De la tierra salen estas afloraciones de entre 60 y 80ºC Pero son canalizadas a las piscinas mezclándolas con agua fría del río y las cascadas, así controlan la temperatura. Solo abren una piscina si el agua está entre 37-41 grados. Y según la temperatura exterior lo llenan todo de niebla con un olor sulfuroso, debido a que están calentadas por el magma volcánico.

Nada más entrar te ves embriagado por la gigantesca vegetación que crece al calor del agua. Los paseos están repletos de enormes nalcas, chilcos y  helechos. Los vapores del agua se elevan entre las estrechas paredes del cañón y vuelve a caer en forma de gotas condensadas en las hojas de las plantas que las forran.

Además te acompaña en todo momento el relajante rumor del agua que baja por el río, el estruendo de las tres cascadas que  caen por la quebrada (la última fantástica en el fondo marcando el final de las Termas) e incluso el murmullo del agua en las canalizaciones recubiertas de madera para que no haya ningún impacto visual.

piscina la roca

Como ya he mencionado la temperatura de las piscinas varía, sobre todo según la temperatura exterior, y está marcada con un cartelito a la entrada de cada piscina. Las que están a más de 41ºC las tienen cerradas (aunque vimos a gente meterse dentro a las bravas)

Según se entra hay una piscina (de las más grandes) que es la que más mola, se llama “los niños” porque siempre está llena de niños y en ella el agua tiene un gradiente de 10ºC a 40ºC. Pero no nos metimos, porque estaba llena.

Piscina AnaMaría

Casi todas son piscinas pequeñitas, por lo que hay que elegir una para estar cómodos, nosotros en nuestra búsqueda de piscina para 5 empezamos por la “Texaco” que estaba a 40º. Hay que reconocer que para comenzar esto fue DEMASIADO caliente. Así que después de probar la pequeña “La taza” de 39º y meternos varias veces en los 10º de la cascada chica, Isra localizo la piscina “Flotante” que estaba a unos gustosíisimos 37º y ahí nos tiramos horas. Después el tiempo cambió y empezó a llover, así que muchas piscinas que estaban cerradas abrieron con el cartel de 41º. Entonces si que empezamos a disfrutar del agua más caliente. El vapor subía a toda velocidad y nos metimos en la “Pablo” recién abierta a 41º

termas geometricas 4

No se puede entrar con comida pero la cafeteria es buena y no cara, como al principio pensábamos. Como todas las instalaciones es de madera y en el centro tiene un fogón hecho con restos de una tina recubierta con piedras. Recomiendo sobre todo el quiche de verduras que tienen (riquísimo y raciones generosas) mientras se disfruta un poco de la lectura.

Ancud

San Carlos de Ancud es uno de los pueblos más grandes del archipiélago de Chiloé, pero de los menos turísticos. Se sitúa en el extremo norte, de forma que es la primera población que uno encuentra según sale del ferry que desde Puerto Montt lleva a la isla.

Ancud

El paseo en ferry apenas dura 30 minutos y cada cuarto de hora hay un barco. Lo aprovechamos para enfrentarnos al viento y gozar en este pequeño mar interior, de una gran cantidad de especies marinas que se pueden divisar. Desde pingüinos hasta delfines pasando por pelícanos y otras aves.

Bahia de ancud

Muertos de  hambre, a las 16h llegamos a Ancud donde rezábamos por encontrar algo abierto para comer. Y otra cosa no, pero ya os digo que la mejor comida, riquísima y super bien de precio, la encontramos en este rincón chilota: Curanto al hoyo, pastel de jaiba, ostras (estupendas y baratísimas) Todo un festín que no pudimos evitar repetir a los pocos días.

La ciudad se fundó en 1765 como fortaleza. De hecho restos de la fortaleza aún quedan dominando la bahía, convertidos en museo. Está construida sobre una serie de colinas que dominan la bahía que se extiende al norte. Pasamos por varias iglesias de madera (conté como unas 4 en el camino) mientras recorríamos sus desparramadas y destartaladas calles con casas de madera despintada.

Ostras

Desde luego tiene un aspecto típico marinero, más aún cuando nos dirigimos hasta el puerto pesquero en una punta de la bahía. Desde el puerto se tiene la mejor panorámica de la ciudad gracias a la costanera Avenida Salvador Allende. Es una calle con varios monumentos y parques que recorre toda la bahía.

Allí encontramos nuestro restaurante favorito abierto casi 24 horas, (la pincoya) al lado del mercado artesanal abarrotado de puestos con lana y madera.

Bahia de Ancud

No sé como describírselo, pero el clima lluvioso, la bruma, el puerto, era todo como parte de un embrujo. De pronto las leyendas de la mitología típica de la isla se iban fraguando en nosotros. Las dos veces que estuve en Ancud me sentí como parte de una novela ¿será por ese influjo romántico de los sitios costeros?. Me pregunté cómo sería pasar un invierno.

Islotes Puñihuil 2

A menos de 20 km del pueblo, siguiendo la carretera que va hacia el océano se llega a una playa entre granjas y marismas de esta isla que es un 80% espeso bosque inexplorado. El camino supongo que de aquí a un tiempo estará por completo asfaltado, pero hasta ahora solo parcialmente. La carretera no va a ninguna parte que no sea la misma playa. En ella se levantan los islotes de Puñihuil, declarados monumento nacional. Es un área protegida de tres impresionantes islotes muy cercanos a la orilla donde anidan todos los años pingüinos (de Magallanes y Humboldt) de diciembre a marzo.

Islotes Puñihuil

Hay que avanzar con el coche un poquito por la arena y dejarlo bajo un palafito reconvertido en restaurante.  Al lado se levanta el chamizo de madera de la fundación alemana Otway. Esta fundación desarrolló el proyecto de conservación natural de las pingüineras, no permitiendo el desembarco en los islotes. Son los propios pescadores los que navegan y guían alrededor de los islotes vírgenes en pleno océano, intentando no molestar a los animales. Aunque encontré que eran mucho más osados que en el Parque Nacional Pan de Azúcar y se acercaban mucho más (a algunos lobos marinos con crías se les notaba incómodos por nuestra cercanía)

Como ya he dicho los pingüinos anidan de diciembre a marzo, acababan de irse justo la semana anterior a nuestra llegada (la última de marzo). Así que tuvimos mucha suerte y vimos a alguno en el agua, aunque los impresionantes islotes, llenos (llenísimos) de las pequeñas cuevecitas donde hacían sus nidos estaban totalmente abandonados.

Lobos marinos 2

Pero desde luego no nos fuimos de vacío. En vez del paseo de cuarto de hora por los islotes cercanos, navegamos mar a dentro hasta otros islotes repletos de lobos de mar. La única palabra que lo describe es ASOMBROSO. Comenzamos a rodear el islote y divisamos a cientos de lobos marinos que descansaban recostados sobre las grandes rocas muy cerca de nosotros. Tomaban pacientemente el sol, pescaban, nos miraban con curiosidad con esos grandes ojazos, oíamos sus extraños grititos… Como nos explicaron los pescadores compartían el lugar con ellos varios tipos de cormoranes como los imperiales (elegantes blancos y negros) o lile (con patas y cuello rojo), también vimos pelícanos y gansos.

Lobos marinos

Después volvimos por una franja de mar que da al Pacífico donde el agua creaba un extraño fenómeno. Al juntarse el océano con el mar interno se producían olas de 6 metros. Era increíble ver cómo, delante de nosotros, el mar crecía de repente y nos elevaba. Y fue en esta franja donde, entre cabecitas de lobos marinos pescando, vimos todo un espectáculo. Un albatros planeando. Es el pájaro con mayor envergadura y hasta que no veáis uno en directo no podréis haceros a la idea. Nos dejó a todos con la boca abierta.

Cormoranes

De vuelta con la barquita estuvimos un rato explorando los islotes Puñihuil. Estaban prácticamente vacíos de pingüinos pero sí que había mucha vegetación y otras aves criando. Además tuvimos el placer de disfrutar de las nutrias que se acercaban a la barca sin ningún miedo. De nuevo en la vida había visto animales en libertad tan cerca. Andaban pescando cangrejos y hasta se las podía oir mascarlos.

nutrias