Poffertjes

Estabamos en Delft cuando Leyre pronunció este extraño nombre y dijo que ella solo lo comía una vez al año, en el día de la reina, que debíamos hacerlo. A Enrique se le iluminó la cara y dijo que él lo comía más veces al año. Alfo y yo no comprendíamos.

poffertjes 1

Son como unas mini-tortitas muy chiquititas que hacen en puestos callejeros. Les echan azúcar por encima y un pedazo de mantequilla gordo, y claro para coger las tortitas tienes que coger con el tenedor un trozo de mantequilla y metértelo en la boca sin más, y piensas ¡oh Dios las calorías!

Esa fue la exacta y correctísima descripción de Leyre. Os voy a decir que yo no soy chica de mantequilla. Pero la curiosidad pudo más que el remilgo y al día siguiente entre los miles de puestos de poffertjes que poblaban las abarrotadas calles de Amsterdam el día de la reina probé una docena… ¡¡¡MALDIGO A LEYRE!!! Desde ese día hasta el día que abandoné Holanda TOOOOOODOS los días comí mi ración de poffertjes que te la hacen en el acto.

poffertjes 2

Se trata de un dulce tradicional de la cocina holandesa elaborado con una masa similar a las de las tortitas: 1 Huevo, 1 vaso de leche, levadura, 125gr de harina de trigo y la misma cantidad de sarraceno, pero son mucho más dulces. Se hacen en una sartén especial que tiene circulitos del tamaño del poffertje untada en mantequilla y se les va dando la vuelta con un tenedor antes de que la cara se haya hecho para que el interior tenga una masa muy suave y esponjosa.

Por último se sirven espolvoreados de azúcar glas y un gran gran gran pedazo de mantequilla que se va derritiendo lentamente con el calor de la masa recién hecha, y así es mucho más facil de comer. Como supondréis esta mantequilla es de gran calidad y muy rica, para poder comer tal cual con el tenedor.

Gofres

He viajado mucho pero me he descentrado con el blog. Para abrir boca, nunca mejor dicho, voy a hablaros de los gofres, que con solo mencionar su nombre te viene a la cabeza el maravilloso olor que desprenden.

La palabra gofre viene del holandés wafel que el francés tomó como gaufre. Aunque hoy en día sean un show para turistas, se venden en puestos callejeros y se encuentran en los supermercados, se trata de un postre con mucha solera que se remonta a la cocina medieval (me da a mí que por esa época probablemente no fuese postre) Su nombre proviene de la plancha de hierros que se usaba para cocinarlos (y que le daban esa estructura de cuadraditos a la masa) el wafer.

Hay tres tipos de gofres (que yo haya probado) muy diferentes entre ellos.

1) Gofre bruselense:

Encabeza la lista el gofre bruselense (o belga) que es el que, al menos en España, encontraréis fácilmente en el supermercado. Son unos perfectos rectángulos con 20 cruces que se hacen a partir de una masa ligera más bien líquida.

gofre bruselense

La mayor parte de las recetas que he encontrado (es la que suele hacer casi todo el mundo) lleva una mezcla de harina, sal, azúcar y huevos batidos a la que se le añade líquido (generalmente leche y mantequilla fundida)  No se les suele echar levadura (si acaso un sobrecito royal) pero si mucha mantequilla que les de consistencia.

Al meterlos en la gofrera queda la masa crujiente por fuera, pero como la masa no es excesivamente dulce, se les añade tradicionalmente azúcar glaseada. Y la tradición acaba ahí, pero claro la gente innova y poco a poco se fueron complicando con frutas, nata, chocolate… He de reconocer que aunque suenen apetitosos no son los que me gustan.

2) Gofre de Lieja:

Mi preferido por excelencia es el gofre de Lieja, aunque belga también, es diferente.

gaufre de lieja

Fue inventado por un cocinero de Lieja en el siglo XVIII. Es mucho más pequeño, dulce y denso. Lo que le distingue es su masa que no es líquida. Se tiene que hacer una bola de masa que contiene pequeños trozos de azúcar perlado que le dan el punto crocante. Para ello la masa hay que fermentarla durante dos horas con harina de panadería (no sobre de royal).

Una vez cocinado no tiene esquinas ni ninguna forma que no sea la de la masa tal y como cae a la gofrera. Siempre se sirven y comen calientes. Si los encontráis en el supermercado pensad que están pre-cocinados hay que calentarlos un poco para servirlos.

Un ejemplo de receta que he encontrado es: 165g harina, 1 huevo, 40g de azúcar, 30g de mantequilla derretida, un vaso de leche y la levadura. Se amasa todo durante 15 minutos hasta obtener una pasta lisa y nada pegajosa. Después se le añaden las bolitas de azúcar perlado (cuidando que se distribuyan bien por toda la masa) y se deja reposar.

gofre con caramelo

Los gofres de Lieja se sirven sin ningún acompañamiento. Y aquí viene el gran desconcierto al que se somete al turista. En muchos puestos en Bélgica encontraréis que venden los gofres de Lieja (y no los de Bruselas) con la fiesta de nata, chocolate, frutas… Bueno cada uno tiene su gusto, de hecho yo que soy super golosa éstos me los como con caramelo por encima. Pero aviso que son muy dulces de por sí y con todo ese jolgorio por encima pueden empachar.

3) Gofre holandés: Por último, está el gofre holandés, completamente distinto de los dos primeros.

Stroopwafel

También se le conoce por los nombres de stroopwafel o lakemans, y se trata de una especialidad de Gouda donde se inventaron en 1784. Al parecer un panadero mezcló restos de migas y especias con sirope de caramelo y luego cogió un gofre lo partió por la mitad una vez calentado, y lo untó con esa mezcla. Esto hace que se trate de dos gofres muy finos y redondeados (con cuadritos muy pequeños) unidos entre sí por una especie de melaza.

La masa es similar a la de los gofres bruselenses pero usando azúcar moreno y canela. Lo realmente difícil e importante es la melaza que tienen en el interior. Yo he probado hacerlos con varias cosas pero no he conseguido el resultado deseado. Desde luego no es caramelo a secas, sino azúcar moreno con mantequilla (a modo de toffee).

comiendo gauffres en den boch

Son tan dulces que no se les echa absolutamente nada por encima, se comen a modo de galleta y es muy frecuente encontrarlos en el super y panaderías.

Ginjinha

Cuando ya creías saber mucho de un país va y te sorprende. Portugal me sorprendió hace unos días con la ginjinha o simplemente ginja que es un licor de guindas.

Ginjinha

La bebida es típica lisboeta pero curiosamente lo inventó un cura gallego que maceraba las guindas en aguardiente con azúcar y canela. La receta sigue manteniéndose tradicional.

La tienda que hay en largo de São Domingos en Lisboa fue la primera tienda que abrió, en el 1840, para vender este licor casero. Es un local chiquitito lleno de botellas de ginja con un pequeño mostrador donde te sirven un chupito en vaso de plástico para tomar en la calle. El suelo está extremadamente pegajoso.

Es simplemente un lugar tradicional donde tomar una bebida tradicional donde según la hora del día se forman grandes colas y grupitos de bebedores alrededor de sus pequeñas puertas.

El líquido tiene un color rubí y sabe a cerezas intensamente. Se sirve con las guindas en el fondo del vaso (Eva y yo nos las comimos al final pero están agrias y saben mucho a alcohol). También se nota que es licor porque es muy dulce y no es tan alcohólico como un aguardiente, se pude tomar bien un trago sin que te “queme” el esófago. En muchas tascas vimos como la gente lo tomaba después de la comida estilo digestivo.

Fuera de Lisboa son muy famosas la ginja de Obidos y la de Alcobaça. La base es la misma pero el tiempo de elaboración, la madurez del fruto que se usa varían.

Rösti

“La mejor forma de comer patatas” ponía en un cartel grande, escrito en alemán a la entrada de un restaurante de Berna. Y estoy completamente de acuerdo con ese cartel, tan solo imaginaros la cara de felicidad de mi hija de un año cuando, después de comerse el suyo vió que yo sacaba dos más de la sartén.

Cuando os hayáis cansado de la fondue y la raclette, un plato típicamente bernés (bueno de toda la suiza germana y hoy en día muchos lo consideran el plato nacional suizo) son los röstis, aunque no por ello menos contundentes.

Es un plato muy simple, que os voy a contar como lo preparo yo, se trata de una especie de galleta hecha a base de patatas cortadas como las patatas paja que hago al vapor una vez cortadas, (también se pueden poner 10 minutillos al microondas para ir más rápido). Luego se fríen a fuego suuper lento en mantequilla de la siguiente forma: primero pongo una capa de patatas, luego una buena capa de queso y condimento, bien sea bacon o jamón cocido o champiñones (hay que ser generosos con lo que lleve dentro que le da mucho saborcito), y luego por encima otra capita de patatas. Hay que dejarla tiempo en el fuego de forma que queda una costra doradita y crujientita por los dos lados. A esta galleta se le pueden añadir todos los condimentos que se desee, hoy en día la especie de tortilla que forma el rösti se sirve como guarnición para cualquier tipo de carne o verdura. En todos los sitios en los que he estado he visto que es cuestión de echarle imaginación: champiñones, jamón (de Parma normalmente), salmón ahumado, salchichas, y un laaaaaaaguisimo etc

La primera vez que los probé curiosamente fue en Francia, en Estrasburgo, y no en Suiza, cuando fuimos de congreso y a mi jefe no le apetecía comer en un alemán así que escogimos el de al lado Le Caquelon (lo escogimos por azar, solo veíamos a un montón de gente sentada con una sartencita y de algo a base de… yo lo identifiqué como cebolla pero luego tuve la agradable sorpresa de descubrir que eran patatas) Creo que solo yo y J. nos conseguimos terminar la sartencita donde las sirven de lo grandes y contundentes que son los platos.

Desde entonces nació mi pasión por ellos, y creo que el más delicioso que he comido fue en el ambientadísimo Le Mazot de Berna. Es un restaurante muy curioso muy curioso ya que por dentro está decorado como una casita de campo, todo revestido de madera roja con sus hornos de pan, etc. Pese a que nos pidieron que nos cambiasemos dos veces de mesa, se portaron fenomenal con nosotros.

También estuve en un local muy famoso en Basilea; el restaurante Hasenburg (Chateau Lapin). Como sitio no tiene desperdicio y os lo recomiendo si estáis por la ciudad. Nada más entrar pensé que me había equivocado y que era un club de caballeros: entrada con ropero y una espesa cortina de terciopelo como segunda puerta. Una vez dentro había mesas corridas, estilo alemán (y todo hombres mayores) y allí que me sentaron con unos aficionados (completamente borrachos) del Basel que esa noche jugaba. Me “invitaron” a cantar con ellos canciones (de las que no entendía apenas nada) De comer pedi un litro de cerveza y un rösti con foi, que es la especialidad de la casa. Pero por desgracia, pese al ambientazo del local, la comida no me gustó tanto. La mía en concreto estaba demasiado mantecosa.

Moules frites

Los moules frites son un plato típico en Bélgica y por extensión, el norte de Francia. Pero al igual que no sólo en Normandía hay crêperies, en general en muchas brasseries de Francia es fácil encontrarlo.

Recuerdo el día que llegué a Lille, salí de la gare Lille-Flandres y me encontré rodeada de brasseries con grandes letreros anunciando “Moules frites“. Mentalmente hice traducción literal y pensé “argggg mejillones fritos ¿¿cómo puede ser eso el plato típico??

Días después me enteré de que frites tenía relación con las patatas fritas, así que me volví a imaginar unos mejillones de lata con patatas fritas, y la imagen a mi estómago le resultó aun más impactante.

Sinceramente, los mejillones no son lo mío (o más bien no eran lo mío) Los consideraba cosas insulsas y chiclosas, así que pasaron dos meses hasta que mi madre vino a verme y fue ella la que si que se animó a probarlos. Yo aproveché y me armé de valor.

El veredicto de una persona a la que no le gustaban los mejillones es, que los moules frites son una delicatessen.

Están riquísimos y son muy muy sabrosos. Aunque la base del plato sea muy simple, mejillones cocidos, parte de la idea del plato es jugar con los diferentes sabores que se les puede dar. No se trata de simples mejillones al vapor. En su cocción se incluyen hierbas, puerros, especies, ajo, cerveza (normalmente de la propia brasserie), mantequilla, todo depende del sabor que se les quiera dar, hay miles de combinaciones diferentes.

Además en la cacerola donde los sirven queda la salsita de la cocción que permite la perversidad de mojar las patatas en ella, mi preferida es la de crema con ajo.

No tiene mucho más misterio, es un plato muy simple como pueden ver. Para comerlos, la idea es que la cáscara del primer mejillón que comes se use como pinza para ir sacando los demás mejillones de sus cáscaras y de vez en cuando se mojan las patatas en la salsita. Todo eso acompañado con buena cerveza.

Cuando se convierte en algo realmente importante y grande es el día de la grand braderie en Lille. Ese día todo el mundo come moules frites y las cáscaras de los mejillones se amontonan en las puertas de los restaurantes para ver quien consigue la pila más grande.