Loch Duich

Sé que he estado un tiempo desaparecida: He estado viajando, cambiándome de casa, de trabajo, incluso de aficiones, cambios cambios cambios… Y por cierto me vuelvo a ir a Chile este domingo (se avecina otro silencio en el blog)

Maria entre pintas en escocia

Pero ¡¡sigo estando viva!! (y me ha hecho mucha ilusión los mensajes que me han ido llegando de que se me echaba de menos por aquí)

Mi inspiración este tiempo ha sido reemplazada por estrés, pero ayer después de mucho meditar la encontré agazapada detrás de unas fotos de un bonito rincón del noroeste de Escocia, en las Highlands al leer en un blog sobre lo difícil que es encontrar alojamiento y transporte público en la costa noroeste escocesa.

granjas escocesas

Al Loch Duich llegamos después de atravesar el Glen Affric durante cuatro días andando. Bajo un aguacero torrencial que aquel día no cesaba, nuestra idílica idea del lugar difería mucho de la realidad. Es decir es un grandísimo lago con salida al mar donde se sitúan puntos de interés turístico como Dornie o la isla de skye, así que pensábamos que sería nuestra gran vuelta a la civilización, que habría cientos de b&b donde elegir cama calentita sin problemas.

De los mapas de montañas que teníamos sabíamos que Morvich era un parque de caravanas donde acababa el camino. Nuestro pensamiento lógico fue: si hay parque de caravanas habrá un camping. Pero estaba lloviendo mucho así que lo que queríamos era un techo firme. De todas formas jamás vimos ese aparcamiento de caravanas, es más, andando llegamos hasta el primer “pueblo” del mapa Ault a’chruinn, donde encontramos al primer ser humano y por fin preguntamos.

Shieldbrigde

Los tres pueblos enclavados en este idílico y asilvestrado paisaje son Ault a’chruinn, Shielbridge y Ratagan, y descubrimos más tarde que cada uno se reparte una de las cosas indispensables (pubs, gasolinera y supermercado respectivamente). Entre ellos se puede ir andando sin problemas pero es difícil identificarlos porque no hay ni aglomeración de casas ni nada. Todo son granjas, dispersas que se extienden por todas partes.

Ratagan

Gracias a la adorable dueña del Jaco’bite que estaba cerrando en el momento que aparecimos nos enteramos de que en Ratagan sí que había un albergue y ¡¡llamó a una amiga suya!! para que nos llevase. Pero al llegar allí (a la mismísima orilla del lago, es un lugar muy bonito) vimos que era un sitio super pequeñito donde no había habitación para todos. La misma señora nos acercó a Shieldbrige donde, al lado de la gasolinera, se encuentra el camping.

5 sisters

Allí nos aposentamos para los siguientes, e increíblemente placenteros, 3 días. No era un alojamiento ideal, llevábamos toda la ropa mojada y seguía lloviendo (acabo de describir el verano escocés). Nos metimos en los baños del camping del que éramos los únicos clientes, nos dimos una merecida ducha de 2 horas con agua caliente, tendimos todo lo que pudimos para secarlo con el secador de manos. Gracias a nuestro Légolas danés del grupo, este último día, entre los bosques de abetos estuvimos cogiendo setas (las más ricas que he tomado en mi vida super mantequillosas) que cocinamos en los baños con los hornillos.

highlands

Esta imagen puede parecer muy penosa, pero si se compara con la supervivencia en los páramos cubiertos de brezo y campos sin árboles, era un gran cambio para nosotros (las midges seguían comiéndonos vivos en el camping).

Pub

Mejoró mucho más cuando decidimos volver esa tarde andando hasta Ault a’chruinn, a su segundo pub. Un lodge al pie del lago Duich, abierto casi las 24horas que fue desde el momento inmediato que pusimos el pie nuestro hogar para esos días. Y allí nos dedicamos a conocer a los parroquianos, porque de pronto estábamos en una película costumbrista. Todos los habitantes de las granjas se pasaban por este local a tomar pintas, y nosotros éramos lo más exótico que había pasado por allí en años. Siempre estábamos metidos en conversaciones del estilo ¿y de donde decís que sois? ¿Por qué habéis llegado hasta aquí andando? ¿que habéis pasado 4 días por los pantanos? ¿que en la vida has probado el whisky (dedicada a María y a mi por el camarero)? El panorama para nosotros no era menos exótico; allí llegaban y se ponían a tocar la gaita y tambores, entraban en el bar con perros, los cazadores con caza que luego se cocinaba… Y así pasaron nuestros días entre pintas, sticky toffee pudding, haggies, venado y pollo Balmoral (Sé que la fama de la cocina típica inglesa es de inexistente, pero en serio, tanto en Inverness como en estos pueblos comimos como en nuestra vida de rico)

loch duich

Shielbridge está al pie de las 5 sisters, una cadena montañosa que pretendíamos subir hasta que el tiempo se complicó. Así que decidimos que esta caminata la dejaríamos para otra ocasión de la vida, y nos dedicamos a llanear, los momentos en los que la lluvia nos daba un respiro, entre granjas, bosques de coníferas y la orilla del lago. María iba leyendo la guía en estos paseos, contando historias de batallas jacobitas que tuvieron lugar en estas tierras. Parecía que todo seguía igual de silvestre, salvo por las ovejitas de carita negra mezcladas con ciervos y ¡¡llamas!!

Aulta'chruinn

Esta fue la parte más agradable de las vacaciones ese frío verano en las Highlands. Ni turismo de aventuras ni turismo cultural. Algo más tirando al turismo que hacías en el pueblo de tus padres de caminatas diarias y bar.

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Inverness

Como en un buen libInvernessro, los viajes de aventura han de comenzar con acción. Así fue nuestra llegada a Inverness.

En teoría íbamos a llegar a Edimburgo para dos horas después coger un autobús hasta el norte. El problema empezó cuando el vuelo de easyjet se retrasó una hora en salir y media más para cuando habíamos aterrizado. Aterrizamos justo 5 minutos antes de que el autobús saliese.

Por suerte, mis padres estaban en Edimburgo aquel día y les dejamos las maletas. Por suerte unos amigos habían llegado desde Liverpool y ya nos esperaban en la estación de autobuses. Les llamamos para que convenciesen al conductor de esperarnos y Dani ,el más grande de todos, dijo, “ya me lo temía pero tranquilos que he comprado una botella de vino para sobornar al del autobús” Por suerte los taxistas de Edimburgo son la gente más encantadora y en seguida se movilizaron para meternos a todos en un par de taxis y llegar lo antes posible a Waverley.

victorian market

En la estación de tren dejamos a Angel y a mis padres con las maletas que usaríamos en la parte menos “salvajita” de nuestro viaje. Lo que iba a ser un placentero rato contándonos anécdotas fueron dos besos rápidos para salir corriendo cargados con las mochilas de travesía por toda la ciudad hasta llegar a la estación de autobuses (sudando y sin aliento) No haciendo honor a su fama de puntualidad (quizás porque esto es Escocia), 15 minutos después el autobús aún no había salido.

Por muy agotados que llegásemos, el hostel de Inverness está sin dudarlo entre los peores de los peores albergues en los que he estado. El precio era normalito, las sábanas olían fatal, no las habían cambiado en meses y estaban sucias, los colchones asquerosos, los baños mmm (recuerdo que no había luz)

Inverness principal

Una vez allí las primeras horas las dedicamos a hacer las compras para nuestra travesía (también billetes de tren futuros) y luego exploramos la ciudad.

No sabría decir qué es lo que falla en Inverness pero es una ciudad insulsa, ni siquiera podría decir que es fea. Simplemente no transmite nada.

La mayor parte de las casas del centro histórico son de piedra (la misma piedra caliza de la que está construido Edimburgo) así que tiene ese aspecto marrón-negruzco que te transporta inmediatamente al XIX en los tiempos más sombríos de la revolución industrial.

Inverness Walk

En frente de la estación de tren está un mercado victoriano lleno de tiendecitas (el edificio es medianamente más llamativo que el resto pero tampoco es para tanto) Claro, contrasta con los demás edificios de esa calle que está repleta de tiendas de montaña. Inverness se vende como la puerta a las Highlands así que muchos la usan como base para ir a otros sitios, como nosotros.

Cerca de allí se llega a la calle principal (que es peatonal) con miles de tiendas de tartanes, en plan souvenir.

Estando allí pensábamos en cómo su nombre, particularmente nos evocaba a algo así como ciudad muy al norte de invierno perpetuo. Pero realmente el nombre hace mención a que era la morrena de un glaciar que hoy en día se ha convertido en el río Ness que la recorre de sur a norte hasta su desembocadura (perlita de sabiduría de nuestro querido conductor privado de minibus al día siguiente)

castillo Inverness

Y todo sea dicho justo el paseo al lado del río, que es el gran camino que recorre todo el canal de caledonia desde Fort William, es la zona más bonita de la ciudad.

Dominando una orilla se encuentra en lo alto el castillo, no es un castillo extremadamente bonito ni viejo (creo que mayormente fue construido en 1847 y ahora se utiliza como juzgado) pero tener un castillito chiquitin siempre es un toque de distinción para la ciudad.

En la otra orilla se encuentran floridas cafeterias y una serie de iglesias todas interesantes que destacan en el horizonte de la ciudad con sus picudos campanarios. Aunque todo sea dicho no son para emocionarse mucho porque tampoco es que se trate de tesoros para tirar cohetes.

old high saint stephanOld high st Stephan está en un pequeñisimo montecito y se trata de la iglesia más antigua de la ciudad. A los demás les llamó la atención porque tiene el cementerio alrededor en el jardín como algo integrado en él (esto yo ya lo había visto en Noruega, no obstante no deja de impactar la familiaridad con la muerte) En 1746 fue usada como prisión para los jacobitas que fueron ejecutados en el cementerio.

Un poco antes en la misma orilla, se encuentra la St Columba High, que es una iglesia gótica de 1852, con vidrieras bonitas.

Ness bank chuch (que destaca más que el resto por su pose catedralicia) se construyó en un revaival decimonónico del gótico temprano, y no bastando con la arquitectura, al parecer existe una leyenda de que la mujer del arzobispo sospechosamente desapareció y cuentan que la asesinó y la emparedó en la iglesia (por muy insulsa que sea la ciudad yo creo que por solo tener semejante iglesia merece la pena ir y echar un vistazo). Justo en frente está la pequeña Inverness trinity chuch del 1800.

Por la noche subimos al montículo del castillo para ver las vistas desde allí. En ese momento Flavio y Mario decidieron intentar llegar hasta la desembocadura del río pero no pudieron, ya cerca del puerto hay una valla que no permite pasar más allá.

catedral inverness

Una cosa si que hay que reconocerle a Inverness y es que no comimos nada mal. Si, han leído bien. Pese a la terrible fama de la cocina inglesa (quizás porque esto es Escocia) en los pubs que pueblan la ciudad encontramos comida típica y bien cocinada (no como en Edimburgo) Allí descubrimos que los haggis no eran cosas tan horrorosas como nos habían descrito, platos de caza y el fantástico y maravilloso sticky toffee pudding. En cuanto a los pub tienen toque de queda a las 12, es decir que a esa hora o te quedas en el que estás o ya se te acabó la noche.

Glen Affric día 1; el valle del río Affric

Por fin empezaban nuestras vacaciones alternativas del todo. Recorrer durante 4 días sin toparnos con nada de civilización el parque natural del Valle del río Affric, Glen Affric.

Glen es la palabra gaelica que significa valle glaciar, es decir en forma de v. El Glen Affric se extiende desde Cannich (pueblo creado para los trabajadores de una compañía eléctrica) hasta Morvich (cuatro granjas un poco menos apartadas que el resto y un pub). En realidad es un camino que se hace en dos días pero en su interior pensábamos dar algunos rodeos y perdernos un poco (como viene siendo habitual en nosotros).

Para llegar hasta Cannich desde Inverness hay un servicio de autobuses pero el aparcamiento del Glen Affric está a 16km del pueblo. Así que llamamos a Ross minibuses y fuimos en un minibus por muy buen precio (éramos 10 personas). Nos alegramos un montón de hacerlo porque nos tocó un conductor super simpático que nos fue contando un montón de historias y anécdotas por el camino.

Nada más llegar, antes de bajarnos del autobús, nuestras bocas se abrieron y nuestras caras reflejaban una mezcla de espanto y asombro. Prometí que la crónica iba a empezar así:

Ante la avalancha de información en internet sobre las “temibles” midges, llegamos a la conclusión de que eran leyenda urbana. Pues no, no lo son, ahí estaban, nubes enteras de una especie de mosquito. Por mucho repelente que nos echamos nos picaron. Picaban en cualquier parte donde no tuvieses repelente (léase cuero cabelludo, o cuidado cuando vayas al baño…) A cualquier hora del día, según te detenías a echar una foto ahí que te rodeaba una nube (mientras andabas era soportable, cuando te parabas un infierno) Y las picaduras no picaban el primer día (bah, pero si no es nada solo una manchita roja…) Pues cuando ya a los dos días ni teníamos manchitas rojas a todos nos empezó a picar el cuerpo y donde había habido manchitas crecieron bultitos.

Serían poco más de las 11:30 cuando empezó nuestro camino, esta primera etapa iba a ser muy relajada de unos 16 km en llano hasta Alltbeithe.

Empezamos rodeando el Loch Beneveian y el Loch Affric por el lado sur. Normalmente se hace por el norte, donde se encuentra el Lodge Affric, una caseta de pescadores que habilitaron para bodas. Como estaba lloviendo el chauffer nos recomendó evitar el camino del norte más embarrado.

Esta primera parte del camino es realmente muy bonita, discurre por una pista forestal donde abunda el brezo morado y es la única zona donde quedan restos de bosque de pino caledonio (que como en todos los países europeos se fueron talando para mástiles de barcos y luego vigas para las minas) En frente teníamos la vista de los picos que conforman el glen y cómo los ríos abastecen a los lagos cayendo en forma de cascadas.

Pasados los lagos cruzamos el río Affric por el puente que hay en Athnamulloch (una especie de “poblado” donde principalmente viven los guardas forestales del parque) Seguimos paralelos a su curso por un camino solo para personas mucho más embarrado, no obstante bien cuidado.

Justo al término de los lagos el cambio de paisaje es radical. Pasamos a una interminable pradera verde que iba desde el río hasta las redondeadas cimas de las montañas (con unos toques rojizos que al día siguiente identificaríamos como nuestro “querido” musgo-esponja) además el camino discurría más por la ladera de la montaña así que pudimos acercarnos a una de las muchas cascadas y pasar un buen rato.

Ya fuese por que nos veíamos con fuerzas, porque el nivel de aventura estaba este día bajo, porque fuese un camino fácil y sin desnivel, etc el caso es que la falta de dificultad física y técnica nos hizo avanzar muy rápido pese a los kilos que cargábamos en nuestras mochilas. Aunque habíamos calculado que tardaríamos más de cuatro horas a las 16:00 ya habíamos llegado a Alltbeithe que es donde se encuentra el único Youth Hostel del mundo al que solo se puede llegar andando. No teníamos necesidad de agua caliente, ni comodidades (sobre todo cuando habíamos ido a buscar aventura y no habíamos tenido un día muy “emocionante”) así que decidimos acampar. Lo único que no se puede acampar cerca del hostal “los clientes no pueden ver las tiendas”

Avanzamos hasta la bifurcación del río por los valles Fiunnglean y Gleann Gnìomhaidh y allí encontramos un lugar increíble para plantar las 5 tiendas. Fue tan fácil que ahora sabemos que fue pura suerte encontrarlo a la primera.

Este día nos enfrentamos a otro problema; la lluvia. No paraba de llover a intervalos, así que cuando dejaba de llover aprovechábamos para montar las tiendas, preparar la comida, salir a dar un paseo, discutir la ruta del día siguiente, y mientras esperábamos dentro de las tiendas a que parase de llover.

Esa noche tuvimos a nuestro primer visitante, me desperté con ganas de ir al baño cuando oí como cuando un perro se sacude el agua… la verdad pensé que era un zorro y que nos debíamos ir despidiendo de la comida de nuestras mochilas cuando me dí cuenta de que ya no oia nada. Así que salí con el frontal y de pronto vi frente a mi a un ciervo que había bajado a beber al río. Era un macho, como los que vimos que acababan de cazar en el hostel. Y me sentí más animalito que nunca, no paraba de mirarle mientras me alejaba de él desconfiadamente para poder ir al baño, y el no paraba de mirarme desconfiadamente para poder beber tranquilo.

Glen Affric día 2; la furia de Sgurr Nan Ceathramhnan

Teníamos muchas ideas, pero teníamos que elegir. Así que decidimos que teníamos que ir campo a través (pensábamos hacerlo en algún momento y ya vimos, en un pequeño paseo de reconocimiento la tarde anterior que el terreno fuera del camino era realmente complicado) También hacer un poco de desnivel para probar el estado del grupo.

Como destino fijamos las cascadas de Glomach pero en vez de hacer los casi 20 km de camino que nos quedaban, subiríamos al Sgurr nan Ceathramhnan a 970m seguiríamos la cuerda del macizo hacia el norte y bajaríamos por la cuenca del Allt Coire-Lochain.

Nos encontrábamos a 200m y habíamos acampado justo en la falda del Sgurr nan Caethreamhnan, así que decidimos subir por la garganta del Allt Beithe Garbh.

La subida tenía bastante desnivel porque en unos 2 km subimos 700m, pero pudimos disfrutar de unas increíbles vistas de todo el valle del río Affric con las Five Sisters al sur-oeste.

A nuestra derecha caían las cascadas que se iban formando en la garganta, con un ruido relajante que animaba a seguir y a disfrutar de la naturaleza. En todo momento desde una distancia prudencial nos vigilaba una gran manada de ciervos. El paisaje no es en plan bosquecito mono, sino naturaleza salvaje y dura. Indicaba tanta lucha por la supervivencia como la que nosotros estábamos librando en Caethreamhnan.

A parte del desnivel, otra dificultad más era el terreno. Estaba por un lado el musgo rojo que se comportaba como una esponja absorviendo todo el agua que podía, estaban las zanjas de agua, las zonas donde se habían formado minipantanos, y en general todo el suelo era agua y barro. El mejor camino, de hecho, era siempre escoger donde hubiese más desnivel pues era lo más seco.

Entonces todavía teníamos los pies secos. Como las botas eran buenas no teníamos miedo de mojarnos a no ser que nos hundiésemos (al final todos en algún momento metimos el pié en una zanja de agua hasta la ingle, y suerte que ninguno se torciese el tobillo en una de esas). El musgo escurría, el barro también.

En la subida se pueden diferenciar dos tramos, un primer plano hasta una pequeña plataforma a 750m donde hay una serie de charcas con una pendiente media, y los últimos 200m mucho más pronunciados que subimos haciendo zigzag.

Cuando ya estábamos casi arriba del todo, algunos empezamos a sentirnos inseguros, consultamos el mapa varias veces y aunque no llovía (el cielo nos había dado una tregua toda la mañana) nos pusimos toda la ropa de agua. Justo en la cima de la montaña había una nube, y la verdad nos temíamos que hubiese mucha niebla.

Pues bien, en la cima había niebla que no permitía ver más allá de cinco metros. Y también una tormenta increíble, con un viento muy muy fuerte. La lluvia intensa dolía de lo fuerte que caía. Estábamos en medio de una nube, de una de esas nubes que veíamos enganchadas en las montañas (aunque en ese momento no lo sabíamos, creíamos que al pasar a la cara norte teníamos realmente mal tiempo).

Ir por la cuerda hacia el norte se convirtió en algo inviable así que decidimos bajar. La bajada era igual que la subida 700m de desnivel en muy pocos km, con mal terreno y la tormenta. Pasó lo inevitable, las chicas entramos en histeria (el vértigo era insoportable) y los tíos se pusieron agresivos. Todos nos chillamos mientras bajábamos, todos acabamos con las botas caladas. Y de pronto, la nube se fue, la habíamos pasado y estábamos en un valle, no muy seguros de cual porque el mapa se había mojado tanto que preferíamos no tocarlo mucho hasta que se secase.

Decidimos seguir las cascadas que bajaban a otro valle y pronto vimos una cadena de lagos. El más grande que quedaba a nuestra izquierda era el Loch A’Bhealaich, el siguiente el Loch Gaorsaic y el río que seguíamos el Allt Thill Easaich caía en forma de cascada al Loch Thuill Easaich.

Significaba dos cosas, que sabíamos donde estábamos y que no estábamos tan lejos de donde habíamos pensado llegar. Aún así nos dimos cuenta de que mucho más no podríamos seguir, el grupo estaba desmoronado (tanto en ánimo como en condición física) el camino era muy penoso y todos teníamos los pies calados.

Elegimos la mitad de la ladera para ir en paralelo a la cadena de 3 lagos que forma el río Abhainn Gaorsaic con la idea de avanzar lo más lejos posible, ya que en un giro a la izquierda del río se transformaría en las famosas cataratas de Glomach y en ese mismo punto pero a la derecha saldría un camino que iba a un “pueblo” llamado Carnach.

En este punto del camino fue cuando A. Mary y yo tuvimos nuestro encontronazo con las arenas pantanosas. En general todo era pantanoso, a veces metías el pie y era agua, otras veces las hierbas te aguantaban. Vimos a A. parado al otro lado de un trozo grande de barro (no muy diferente a otros) y nos dijo medio muerto “tened cuidado me acabo de caer aquí

Según metí yo el pie noté como el barro empezaba a chuparte para dentro, y me tire hacía adelante, con mucho cuidado de no moverme, sino solo desplazar el peso de mi cuerpo, para agarrarme a la hierba y salir. No bien acababa de salir oigo a Mary gritar. ¡También se había metido! Es tal y como lo cuentan, cuanto más te mueves más te chupa hacia adentro. Al final sacamos a Mary tirandole de los hombros porque ella ya ni siquiera podía sacar el pié sin que se le quedase la bota dentro del lodo.

Como se imaginarán el terreno no pintaba nada bien para acampar, absolutamente todo estaba empapado (sobre todo por causa de ese musgo rojo) y aunque muchos tenían la esperanza de encontrar algo mejor si seguíamos andando (cosa que al día siguiente nos dimos cuenta de que nunca hubiésemos encontrado nada mejor) decidimos parar de andar y ponernos a buscar un sitio para acampar (cosa que nos llevó un par de horas).

Y aún teníamos que enfrentarnos a otro problemilla. Según habíamos pasado la montaña y ya estábamos todos relajándonos bajo el sol Gallerto rebuscaba en su mochila y nos dijo:
Ohoh, chicos tengo que deciros una cosa, que he perdido los palos de la tienda en la tormenta

Para repartir peso, habíamos separado los palos de las lonas, y se habían perdido los palos de una de las tiendas de tres personas. Tiempo después Gallerto reconoció que nos tomamos la noticia con mucha deportividad. Andaba muerto de miedo cuando nos lo confesó pensando que le mataríamos.

Tuvimos que reestructurarnos, de forma que acabamos cinco personas durmiendo en una tienda de tres (el resto de las noches) Por supuesto yo era una de esas cinco afortunadas y esa noche la pase bastante mal. Entre que habíamos acampado encima de los maravillosos musgos rojos, teníamos la psicosis de si la tienda aguantaría el agua de debajo o calaría, las midges estando acampados en pleno pantano nos estaban matando, ¡¡¡y que eramos cinco en un espacio de tres!!!

Una de las veces que me desperté esa noche presa de la claustrofobia, junto con Belén, esta vez si que pillamos a un zorro que no paraba de gruñir, eso si, no consiguió nuestra comida.

Glen Affric día 3; Carnach y las cataratas de Glomach

Abrí los ojos con incredulidad… había sobrevivido a la primera noche con 5 en una tienda de 3. Todo sea dicho, me levante 3 veces presa del pánico con claustrofobia y queriendo salir gritando de la tienda…

Al final la verdad es que salimos gritando y corriendo de la tienda pero no fue por la claustrofobia, no serian mas de las 7 cuando todos nos dimos cuenta de que las midges, que hacía una hora estaban fuera esperándonos, habían descubierto un agujerito en la pared lateral de la tienda y empezaron a meterse dentro.

Llega un momento que no es que piquen, sino que molestan. Cada vez que calentabas algo para comer, o cuando hablabas comías más midges que otra cosa (no estaba mal por otra parte la cantidad de proteínas que nos aportaban) En los glen no vimos muchos pájaros, de hecho era sorprendente los pocos pájaros que había. Pero lo que si que había para aburrir eran ranitas, cada vez que pisabas salían un montón de ranitas que suponemos se deben de nutrir a base de midges.

Fue tempranito cuando desmontamos nuestro campamento para embarcarnos en la ruta más bonita con diferencia. Podríamos haber ido directamente a las cascadas de Glomach, estaban al lado, pero decidimos que necesitábamos un camino. La tarde anterior descubrimos las rodadas de un coche, supusimos que iría hasta Carnach (el “pueblo” más cercano) y las seguimos hasta coger el sendero a Carnach que discurre por el río Allt Coire Easaich.

Bien, camino había, pero lo seguimos paralelamente haciendo todos los esfuerzos posibles por no meternos en el, porque si el terreno (que seguía siendo el mismo terreno pantanoso) era malo, el camino era peor. Todo el agua había ido a parar a él, estaba al lado del Loch lon Mhurchaidh y del río. Era prácticamente imposible andar por él. Lo bueno era que estas praderas estaban plagadas de arándanos (échabamos de menos la fruta)

Hasta que llegamos a las cascadas de del río. Aquí el camino mejoro. Según dejábamos el pantanoso Glen Gaorsaic que tantos quebraderos de cabeza nos había dado para descender al Srath Duilleach, pasamos del rojo del musgo de los pantanos, a una suave pradera verde con una increible cascada, un camino seco y razonablemente bueno (Salvo en algunas torrenteras que la lluvia se había llevado por delante prácticamente la pared y tuvimos que arrastrarnos un poquito con cuidado de no despeñarnos para continuar) Hicimos un desnivel de unos 300m espectacular hasta Carnach.

Carnach era nuestro símbolo de civilización, todavía no sé muy bien que algunos en el grupo esperaban. Yo después de mucho investigar sabía que no había pueblo como tal (¿quizás tres casas?)

Pues ni eso, Canach era tan solo una casa y restos de lo que en tiempo fuera un pueblo de pastores completamente destruido (quizás en una de tantas guerras de religión que asediaron el país) Pero sobre todo Carnach es el Loch Leitreach. No llegamos a un pueblo civilizado como algunos querían pero sí que llegamos a un lugar maravilloso encajonado entre las montañas. El tiempo estaba precioso. Todos nos descalzamos para que se secaran los calcetines y botas, disfrutamos del sol como lagartos y de una tranquila y opípara comida sin prisas (y milagro, sin midges).

Con muchisima pena dejamos este lugar inigualable para subir a las cascadas, simplemente íbamos a volver a subir lo que habíamos bajado pero por la garganta siguiente.

Durante unos minutos rodeamos el Loch Leitreach por la derecha cogiendo una pista forestal, y luego tomamos un camino a la izquierda que nos subía otra vez al glen Gaorsaic por otra garganta donde se encontraban las cascadas más grandes de escocia. En esta zona hay muchas parcelas con pinos y otro tipo de árboles totalmente valladas, al final de mucho pensarlo creemos que son campos de explotación maderera.

Dejando atrás estos reductos de árboles nos preparamos para subir por uno de los caminos más bonitos de los que jamás hayamos estado. En esta garganta predominaban helechos gigantes que nos llegaban por los hombros.

Aunque las fotos no hagan justicia a la pobre cascada de Glomach, que estaba tan encañonada que apenas se veía su salto, el camino es espectacular. En muchos momentos tuve la sensación de que estaba en la búsqueda de King Kong en una selva tropical, mínimo nos sentíamos a lo Indiana Jones.

El camino sube desde la profundidad del valle hasta los 400m desde los que cae la cascada y luego se aproxima a ella poco a poco horizontalmente de forma que vas por un estrecho camino justo por el desfiladero.

Una vez arriba, como el tiempo era bueno, me fui al río Abhainn Gaorsaic y me bañé en el agua de deshielo (habían pasado casi cuatro días sin un aseo algo más que gatuno y lo necesitaba pese al frío). Sin peligro porque aunque la caída en unos metros era considerable apenas tenía rápidos ni aguas turbulentas. Mientras los demás jugaban a ver quien se asomaba más a la cascada y hacía la mejor foto, y otros empezaban a buscar lugar para las tiendas.

Para los que se han despistado con tanto nombre, volvíamos a estar exactamente en el mismo valle que la noche anterior, en una zona completamente pantanosa infectada de agua y de midges pero en las montañas de enfrente.

Intentando evitar estas molestias decidimos seguir andando un rato más y subir hasta una zona ventosa como las montañas Bealach Na Sroine. Es cierto, no había midges y además había un arroyo de agua, pero el frío que hacía era horrible. Las chicas en seguida nos retiramos a las tiendas, y los que se quedaron descubrieron con horror que al cesar el viento las midges reaparecieron muy voraces. (Así que el día acabó como empezó gritando)

Glen Affric día 4; Morvich de vuelta a la civilización

Al abrir los ojos por la mañana yo creo que a todos nos llegaron los gritos de ALERTA de nuestro sexto sentido (y el del oído claro) Desde no sé que hora (probablemente la mayor parte de la noche) estaba lloviendo, pero bien.

A pesar de seguir siendo 5 en la misma tienda aguantamos  hasta que A. llegó desde su tienda gritando que llevaba toda la mañana bajando la presión y que eso significaría que no pararía de llover y que podría agravarse. Bueno Mary y yo abrimos la tienda repetidas veces para ver si las nubes estaban altas o estábamos dentro de una nube. Y es que estábamos en la cima de una montaña y no queríamos que nos ocurriese lo que nos pasó en el Sgurr Nan Caethramhnan.

Quedamos que en 45 minutos recogeríamos el campamento fuese como fuese y nos pondríamos a andar… y bueno pues a las 10:30 los únicos que habíamos recogido todo y estábamos esperando eramos nosotros 5… los demás estaban cada uno en su tienda pidiendo 5 minutos más (en realidad 15 minutos más)

Como siempre que hay condiciones extremas el equilibrio del grupo se puso a flor de piel (este viaje hubiese sido un buen experimento psicológico al respecto) así que nos pusimos a gritar que nos íbamos, que íbamos a Morvich.

En un principio habíamos pensado acampar un día más pero realmente el tiempo era malo así que decidimos encaminarnos cuanto antes hasta Shieldbridge donde sabíamos que había un camping. Aunque con la lluvia la gente empezó a soñar secreta, y no tan secretamente con algún bed&breckfast.

Por supuesto hubo cruces de gritos sobre si había que esperarse a pesar del frío por solidaridad pero me alegre irme. Primero porque había sido incluso la primera de mi tienda en salir y llevaba como 30 min. bajo la lluvia. Y segundo porque luego nos enteramos que mientras nosotros eficazmente recogimos, los demás se pusieron tranquilamente a hacerse el desayuno continental (es fácil pensar en la solidaridad mientras desayunas pero el que se está helando es el que está fuera)

Pusimos el paso marcheta para que nos pudiesen coger por el camino, pero esta etapa era sencilla, tan solo consistía en seguir el camino que baja desde las cimas del Bealach Na Sroine hasta el bosque. En este tramo el camino estaba sorprendentemente bien cuidado pero bien sea por la lluvia intensa o por el cambio de paisaje no me pareció nada emocionante. Lo habían reforzado con piedras en algunos tramos para evitar el encharcamiento y practicamente iba suavemente cuesta abajo (aunque después de 3 días con la mochila yo ya ni sabía como llevarla) Justo antes de llegar a la única zona arbolada el resto del grupo nos alcanzó con Belén abriendo la marcha.

En el bosque (a parte de calmar nuestro temor ante el posible ataque de midges ya que seguía lloviendo a cantaros) nos cruzamos con un par de grupos que se dirigían hacia las cascadas y cambiamos el camino por una gran pista forestal que nos llevaba de nuevo al camino que atraviesa el Glen Affric.

Por parte de Dani y su hermano Alberto hubo intentos de que nos parásemos a comer, pero aun siendo cierto que apenas habíamos comido (los de la tienda de 5 ni siquiera habíamos desayunado) el tiempo era tan terrible que no permitía que parásemos. Lo único que sí que nos premitimos fue coger setas, que Jeppe, nuestro légolas danés particular identificó como comestibles. Esa misma tarde no nos arrepentimos, las mejores setas que he comido en mi vida era como de mantequilla.

Para acortar nuestro camino, nos metimos atravesando una finca, por un paso para ganado. Este paso estaba especialmente concebido, de forma que nosotros con nuestras mochilas abultábamos lo que una vaca, y más de uno tuvo problemas para pasar. Pero después ya estábamos en la pista asfaltada que nos enviaba de camino a Morvich, y es cierto, todos soñábamos con un pub, o algo similar, con comida caliente etc…. y bromeábamos con lo de a lo mejor era como Carnach

Al llegar a Morvich empezó a cundir cierto desconcierto, atravesamos una y otra y otra granja de ovejitas (con la carita negra y la lana blanca), con una granja de ciervos (si, si muy curiosa), incluso con granjas de llamas…. pero eso es lo que había granjas. Así que decidimos encaminarnos siguiendo la carretera hacia Shieldbridge donde sabíamos que había un camping.

Pero el camino era realmente pesado, ni siquiera podíamos para de comer porque la lluvia estaba racheada con viento y no es lo cansado que estuvieses, sino el ánimo tan bajo que te dejaba. En Aultachruine cuando ya íbamos a coger la A87 encontramos un pub, el Jaco’bite, y allí la mujer se apiadó de nosotros, aunque ya estaba cerrado, nos dijeron que nos hacían cafés y quien quisiese podía entrar al baño.

Era pronto para acabar con nuestro raid, pero la llamada de la civilización fue más fuerte, quizás en otras condiciones hubiésemos aguantado un poco más, pero somos domingueros, domingueros profesionales (quizás después de estas vacaciones domingueros un poco extremos) y a partir del Jaco’bite nuestro viaje cambió. Aunque no por ello dejamos de descubrir cosas sorprendentes en estas tres pequeñas poblaciones del Loch Duich, pero esas ya son otras historias que os contaré otro día.

Drumnadrochit

En nuestro día libre antes de nuestra Gran travesía, decidimos disfrutar un poco de Inverness. Pero claro no podíamos irnos de Escocia sin ver el Lago Ness. Así que Nacho miró horarios de autobuses y aprovechamos una tarde para ir a Urquhart Castle. No todos los autobuses paran allí, algunos solo paran en Drumnadrochit y habría que ir andando hasta el castillo (de hecho nosotros hicimos la vuelta andando son unos escasos 45 min)

La dificultad está en pronunciar el nombre del castillo más o menos de forma correcta en inglés y que el conductor del autobús te entienda. Superado eso, en seguida ves donde te tienes que bajar ya que la primera parada sería el pueblo de Drumnadrochit y la siguiente el castillo (que desde la carretera se ve presidiendo todo el lago)

Por desgracia la valla que lo rodea (y el aparcamiento) están muuuy lejos del castillo. Si se quiere disfrutar del lugar, más allá del paisaje de las Highlands hay que entrar y pagar. ¿Si merece la pena entrar? ya lo creo pero … ¡¡Con diferencia me pareció el precio más excesivo de todos!!

Aunque no hay referencias de ninguna fortificación en este enclave hasta el VI, el castillo fue construido en el 460. Hoy en día solo quedan las ruinas del mismo, desde que en el 1692 lo destruyeron los ingleses para evitar que cayera en el poder de los jacobitas. Se encuentra justo a orillas del lago Ness de forma que su muralla se extiende a lo largo del mismo y son el mejor lugar para admirar el paisaje.

Queda en pie un gran torreón de 5 plantas en el lado norte de todo lo demás hay que hacerse a la idea usando la imaginación. Antes de llegar a la pradera donde se extiende el castillo hay que bajar a un pozo y desde allí se sale a una macro tienda de recuerdos donde también te ponen un video con la historia de la fortificación (yo supongo que esto es para justificar lo exagerado del precio de la entrada) Desde este centro de visitantes salen dos caminos, muy bien cuidados, en los que se exponen antiguas armas de asalto y llega hasta el foso del castillo por donde se entra por el puente levadizo.

Cuando literalmente nos echaron de Urquhart Castle, porque cerraron, decidimos hacer el paseo hasta el pueblo. Es una bonita senda de arena entre campos cercados donde las ovejitas pastan sobre la manta de césped que cubre todas las suaves colinas. Al andar nos saltaban algunas ranitas, quien nos iba a decir que en dos días estaríamos hasta las narices de las ranitas. La senda se aleja del lago y se va hacia el valle donde se encuentra el pequeño pueblo de Drumnadrochit dentro de un remanso que hace el lago Ness hacia el interior.

El pueblo realmente son seis casas (seis bed&breakfast en concreto, donde mis padres durmieron en uno que no tenía ni ducha) y como no, su pub correspondiente donde lo primero que hicimos fue sentarnos y tomar unas cervezas. Realmente repito que es muy chiquitín, aunque bonito y típicamente escocés, con más bien pocas cosas que ver y hacer. En un pequeño jardín hay una reconstrucción del castillo hecha con arbustos y flores (una auténtica obra de arte de la jardinería, pero nada realmente asombroso que merezca la pena el viaje hasta aquí). Tiene un centro de interpretación del Lago Ness a la entrada del pueblo, reconocible por el monstruo que tiene en la entrada (pura propaganda turística) y por supuesto el lago que es por lo que sí que merece la pena. Además de la principal atracción que es el castillo de Drumnadrochit que desde el pueblo no se puede divisar por estar situado en un valle donde el lago hace una entrada

Con nuestro chofer, al día siguiente, estuvimos hablando sobre la leyenda. Él nos contó que una vez creyó ver al monstruo, pero luego se dio cuenta de que no podía ser. Lo que ocurre, nos  contaba, es que es un lago realmente grande y en ocasiones tiene olas, entonces puedes estar tranquilamente en los bosques que rodean las orillas y sin que haya pasado ningún barco te encuentras con movimiento sospechoso en el agua.