Ruta a los pilones

Entre los pueblos de Cabezuela del Valle y el Jerte se encuentra el Parque regional de la garganta del infierno. Esta zona es realmente popular en febrero, cuando con el principio de la primavera viene la floración de los cerezos.

En el parque hay multitud de caminos para recorrer entre suaves prados llenos de huertos con cerezos, todos ellos muy asequibles y para hacer en familia. El que nosotros escogimos para hacer es la ruta hasta los pilones, y fue a principios de mayo. La cantidad de gente que lo hace (al menos ese fin de semana que tampoco destacaba de cualquier otro) es increíble, tanto, que puede llegar a agobiar.

El camino arranca del camping de Cabezuela del Valle (Carlos V) Nada más comenzar, y fuera del centro de interpretación, se encontraba un guarda que nos proporcionó un mapa con la ruta, aunque el sendero esta muy bien señalizado en todo momento. Nos explicó, además, la posibilidad de volver por la pista forestal, que sale a mano izquierda del sendero.

Comenzamos ascendiendo entre castaños y robles de forma que aunque el día no era muy caluroso siempre íbamos a la sombra, haciéndose más llevadero. Esta no muy dura ascensión dura hasta llegar a la pista forestal (de nuevo) que se sigue durante un pequeño tramo para volver a dejarla cogiendo otro sendero que sale ascendiendo hacia nuestra izquierda (en todo momento indicado por hitos blancos con rayas amarillas muy fáciles de seguir). Desde aquí ya habremos ganado la altura suficiente para empezar a apreciar las vistas sobre los demás valles.

La senda se vuelve más horizontal y recorriendo el frondoso bosque de robles nos llevó hasta una gran piedra a nuestra izquierda, desde donde poder observar una excelente vista panorámica del Chorrero de la Virgen, un increíble salto de agua que en estas fechas estaba impresionante. En este punto existe la posibilidad de subir al mirador del Chorrero de la Virgen (hacia la izquierda) pero nosotros seguimos hacia la derecha avanzando junto a una alambrada (y preguntándonos cual sería el camino para subir hasta el salto de agua) hasta abandornar el sendero por un camino de piedras que nos recordaba a una calzada romana que baja pronunciadamente hasta un puente para cruzar el río.

Al llegar al río, cruzamos el puente y subimos unas escalinatas ancladas en las piedras desde las que recorrimos los pilones. No me los esperaba, y es que se trata de un tramo del río donde la erosión de la roca ha creado unas grandes pozas de distintos tamaños. Seguimos remontando el río por su cauce, saltando de roca en roca, hasta llegar a donde se estrecha donde nos encontramos otro puente. Allí, encima de las rocas (ya que el tiempo era fresco y no podíamos disfrutar de ningún baño) tomamos unos bocatas que habíamos llevado.

Esta vez en vez de recorrer el mismo camino, cogimos el camino forestal hasta el mirador del chorrero de la Virgen (una especie de quiosco de madera) Mientras disfrutábamos de las plantas del bajo bosque que estaban todas en flor en esta época, sin dejar la pista forestal, bajamos suavemente y antes de girar a la izquierda que nos dejaría de nuevo en el centro de interpretación, tomamos un gran sendero a la derecha que nos encaminó hasta el pueblo del Jerte. Una vez allí, tomamos un café y aprovechamos que los cerezos estaban cargados con sus primerísimo frutos para comprar cerezas directamente a la gente que las cogía en ese mismo instante.

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