Trieste

Hay cosas que en la vida te llegan por sorpresa, como por ejemplo llegar a un lugar y que no haya camas para todos una noche. Así nos pasó en Ljubljana, y tuvimos que pensar un plan B. El plan B consistió en mirar un mapa y elegir una ciudad suficientemente grande conectada por tren. Con no mucho acierto elegimos Trieste.

Bien ya nos lo había avisado nuestro amigo Lev pero ya se conoce, la rivalidad con los italianos… Después de meses sin sol queríamos conocer el Adriático, un poco de mar en mayo nos lo estaba pidiendo el cuerpo y creímos que para empezar sería fácil llegar.

Son muchas las personas que buscan información de como viajar desde Trieste como punto de partida a sus vecinas Eslovenia y Croacia. La conexión con Eslovenia no es nada buena, es más aquí en Italia se dice que cualquier otro punto de Italia está mucho mejor conectado con los balcanes que la ciudad de Trieste que por algún extraño motivo, aún estando tan cerca, es como si se encontrase a años luz.

Realmente no hay ningún tren LjubljanaTrieste, la línea que va hacia Venecia para en Villa Opicina y de allí hay que ir en autobús a Trieste y no es nada intuitivo donde está la parada. Por suerte hice “amigos” en el tren y un hombre nos ayudó y nos llevo hasta la parada, mientras nos informaba de historia de la región y de como odiaban a los italianos. Los autobuses podían estar sacados de cualquier película de los años 50.

Trieste está en el mar justo detrás de una colina, así que el autobús baja desde lo alto de la colina, con lo que se tiene una vista muy bonita de la ciudad y el mar (merece la pena coger el autobus y subir hasta el mirador que hay en la cima). También se ve un extraño edificio en forma de cubo extremadamente horrible que yo creo que fascina a todo el mundo por su fealdad.

Por el camino Moe, en un rudimentario italiano, se informó gracias a unas agradables señoras de qué era lo que teníamos que ver en la ciudad, pero antes tendríamos que llegar hasta el albergue que se encontraba en via Miramare. Traduciré, el albergue de Trieste no es que esté a las afueras de Trieste, es que Trieste terminó unos cuantos km antes. Y no solo es que esté lejos, sino que cierran al medio día y por la noche, así que hay que estar de vuelta antes de las 12 y el último autobús tampoco te acerca hasta él, sino que te deja a las afueras de Trieste (el puerto) y tienes que ir andando hasta el final.

Pero el sitio en sí compensa la lejanía, el albergue es una casita preciosa con un patio enorme y un bonito emparrado lleno de flores moradas. Justo al lado empieza el parque nacional y se encuentra el Castillo de Miramare. Allí teníamos que pasar dos días esperando a Cesc que había perdido el dni el día que volamos a Ljubljana y acordamos que cogería un avión a Venecia.

Lo primero que hicimos fue ir directos al agua (estaba congeladiiiisima, tanto, que nos cortamos con las rocas del fondo sin sentir el dolor hasta salir) Justo enfrente del albergue hay una especie de chiringuito con unas rocas lisitas geniales para tumbarse y con escaleritas hacia el agua. Supongo que en temporada alta, esto funcionará como una especie de playa privada, pero a nosotros no nos pusieron pegas. De todas formas a ambos lados hay más “playa” totalmente pública.

La visita al cercano parque natural con el castillo la dejamos para el día siguiente en el que madrugamos y dimos un paseo hasta el Castello. Se encuentra rodeado por un maravilloso jardín en el que recomiendo pasear y descubrir sus todos sus rincones pues alterna bosque bien cerrado con floridos parterres de formas geométricas y distintas terrazas en plan palaciego. El castillo de 1850 perteneció a Maximiliano de Habsburgo, se alza con su piedra blanca reluciente en una pequeña punta con lo que le convierte en un balcón precioso al mar. En su interior hay ahora un museo histórico que en seguida, aun siendo temprano por la mañana, se llena de autobuses.

Al centro de Trieste nos acercamos varias veces, siempre caminando por la vía Miramare y recorriendo toda la costa, hasta llegar a la estación de tren donde nos encaminábamos por paseo marítimo.

Lo primero que nos encontramos, aunque no sea muy impactante pero creo que es muy característico de la ciudad, es su canal principal. A ambos lados hay muchas barquitas en el agua y terrazas en los bordes y al fondo la iglesia de San Antonio, en plan renacentista con columnata y bóveda, y justo a mitad del canal una estatua de James Joyce que vivió aquí durante 16 años.

Después de disfrutar del atardecer en el paseo marítimo, fuimos a la gran piazza dell’unita d’italia donde se encuentra el ayuntamiento y una gran cantidad de cafeterías y bares a su alrededor, de forma que a la tarde siguiente hicimos lo que ya es una tradición cuando se va a este país. Sentarse en la terraza de la plaza para simplemente ver el tiempo pasar, disfrutando de un café, viendo el ir y venir de la gente.

Subimos hasta el castillo de San Giusto, donde se encuentran el castillo (que según L. y S. que entraron no merecía tanto la pena) la catedral y unas ruinas de termas romanas en la misma plaza desde donde también se tiene una gran vista de la plaza dell’unita. Están en lo alto de una colina en el que han hecho un parque muy especial. La noche de nuestra llegada estuvimos dando vueltas por las callejuelas de la ciudad hasta llegar a él pero no nos dimos cuenta, solo nos impactó el gran túnel que lo atraviesa y lo iluminada que estaba una fuente, no especialmente bonita (la colina tiene de pronto un gran corte por el que bajan unas escaleras hasta la plaza Goldoni, importante sitio a tener en cuenta porque es donde se coge el bus nocturno) Ya una vez por la mañana bajamos del castillo pero no por el corte en la roca sino por el parque (mas suavemente) y vimos que estaba lleno como de lápidas. No es un cementerio en sí, pero son lápidas conmemorativas de muertos, por eso se llama el parque de la remembranza. A sus pies por el lado más norte de la ciudad se encuentran las ruinas, bastante bien conservadas, de la parte del anfiteatro de un antiguo teatro romano.

Temo que poco más tengo que decir de Trieste, salvo que es más bien el típico lugar para ir de vacaciones de veraneo, no es que tenga cosas maravillosamente bellas, no es un lugar especialmente para ir a hacer turismo, sino que se respiraba ese ambiente del “sitio al que vas con tus padres en verano.

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Ese pequeño país llamado Eslovenia

Es que si alguien me hubiese dicho que estaría aquí, no le hubiese creído” era la frase que una y otra vez repetían todos mis amigos durante el viaje. En aquel año, a todo el mundo que contábamos dónde nos íbamos de viaje nos preguntaban ¿Y eso es Europa? a lo que yo respondía “si, y hasta tienen euros“. La pequeña Eslovenia ahora se ha vuelto un poco más conocida (o al menos eso quiero creer)

¿Por qué Eslovenia?

Eslovenia se puso en mi punto de mira muy tempranamente en mi carrera viajera, justo el verano del año anterior, el del 2006. Por aquel entonces un a migo solía salir a la montaña con una pequeña empresa de internet, a tu aire (ahora ha crecido mucho). En el verano de 2006 como al principio nadie se animaba a un viaje de fin de curso estuve tentada, por no ir sola a apuntarme al viaje para subir al Triglav que esta empresa montaba. Al final la vida da sus vueltas. Resulta que no fui ese verano, pero en el mes de septiembre conocí a Lev, un esloveno que estudiaba lo mismo que yo y nos hicimos muy amigos.

Eslovenia es un país que siempre recomiendo a todo el mundo que me pregunta por destinos. En 20 km cuadrados, combina pueblos 100% mediterráneos, con la alta montaña de los Alpes Julianos, pequeñas ciudades de marcado caracter eslavo y una red de kilométricas cuevas, con grandes colinas de viñedos. Después de todo lo que he visto es un país que me sigue enamorando y del que creo que jamás me cansaría. Rebosa naturaleza, como podría ser Suiza o Noruega, solo que aquí te transmité un no sé qué mucho más salvaje y en estado puro que en esos otros dos países.

Para llegar hasta allí compramos billetes de Charleroi a Ljubljana con la low cost Wizzair (que funciona francamente bien) Durante el vuelo me impresionaron mucho los Alpes ya que el avión desciende y sobrevuelas las montañas prácticamente al lado, se ven tan cercanas… Además es que hasta entonces no había visto los Alpes de cerca.

Pasamos dos noches en Lujbljana pero justo un día no teníamos alojamiento así que nos fuimos en tren hasta Trieste (realmente podríamos habernos ido a cualquier otro sitio, pero lo elegimos mirando con google ciudades medio grandes con albergue) Después de esta escapada a Italia volvimos a Ljubljana, al mismo albergue en el que estuvimos las primeras noches, ya para el resto de nuestra estancia. El albergue estaba bien, era muy curioso porque a la vez era albergue y gimnasio.Estaba un poco alejado del centro, pero por las mañanas nos movíamos en autobús y por las noches (grandes noches en Metelkova) llamábamos a un taxi. El albergue que cogimos en Trieste, estaba realmente lejos de la ciudad pero sobre todo tenía unos horarios de pesadilla.

Lo que hicimos fue usar la pequeña capital como punto de partida de excursiones de un día. Aprovechamos y fuimos a Postojna, en la misma linea de tren que va a Venecia, para ver las cuevas. En autobús fuimos hasta el parque nacional del Triglav y visitamos Bohinj y Bled, ambos sacados de cuento de hadas. Incluso nos atrevimos con una caminata y subimos Smarna Gora, una montaña cercana a Ljubljana donde, en su cima, se encuentra un antiguo monasterio. Y ya que habíamos llegado hasta aquí muchos no pudieron resistir la tentación de ir hasta Zagerb, yo creo que en ese momento de nuestras vidas, la capital croata era con diferencia lo más exótico en nuestro haber.