Maastricht

De casualidad en un mapa, era la ciudad más “grande” y a mano para pasar una noche. Pero de ella no sabíamos mucho antes de llegar, tan solo que fue donde se firmó ese famoso tratado de la Unión Europea. No me esperaba, desde luego, que resultase ser la primera ciudad de Holanda que realmente me gustó hasta la fecha (luego hice un viaje más exclusivo para conocer Holanda), y es por eso le tengo un cariño especial.

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Maastricht está sorprendentemente al sur de los Países Bajos, en una esquinita. Tan pegada a Bélgica que hasta parece que tiene cierta influencia francesa. Desde luego, tiene una atmósfera especial y diferente del resto del país.

Nos alojamos en el albergue stayokay que está justo en el río Mosa (lleno de cristaleras y enorme, muy tranquilo y limpio donde además nos dieron un mapa y nos explicaron qué ver en la ciudad) Aparcamos en un gran aparcamiento que hay justo al lado (lo cierto es que fue muy sencillo aparcar, que era algo que teníamos miedo)

La ciudad está dividida en dos por el río, en lMaastricht coblestonesa orilla en la que se situaba el albergue está el casco más antiguo y medieval de la ciudad y al otro lado una ciudad más moderna.

La misma noche que llegamos nos internamos en la ciudad vieja para llegar casi por inercia al ayuntamiento (stadhuis) del siglo XV, muy interesante, sobre su fachada se estaba proyectando una animación de la historia de la ciudad, holanda y la unión Europea. Acabamos con un poco de fresco pero encantados con la suerte que habíamos tenido y conociendo bastante más la historia de lo que íbamos a ver al día siguiente.

Al día siguiente, empezamos nuestro paseo por los parques que forman el cinturón verde que rodea la muralla medieval de la ciudad antigua (muy recomendable si hace bueno) De esta forma pudimos admirar la fortificación que antaño rodeaba la ciudad. Ha dos bastiones que tienen interés histórico “Hoge Fronten” en el noroeste y el “Waldek” en el parque que lleva su nombre al suroeste. Estas murallas, junto con los pasillos subterráneos están a veces abiertos al público. Recorriéndolos yo me imaginaba lo que debía haber sido atacar este fuerte, ya que las paredes interiores del bastión siguen llenas de armas listas para atacar.

Stadhuis Maastricht

Luego nos metimos a callejear a lo largo de estrechas y deslumbrantes calles adoquinadas, para admirar las elegantes casas de los siglos XVI y XVII, maravillosamente decoradas con colores vivos pintados y ventanas con flores. Con ellas conviven construcciones romanas y torres, paredes y puertas medievales.

Hay varias plazas en el centro de la ciudad, cada una de las cuales vale la pena visitar. Pasando por la puerta principal de la ciudad adornada con dos torreones, llegamos a Onze Lieuwe Vrouweplein, la plaza más popular. La Basílica medieval que está a su lado tiene una pequeña capilla con una enorme virgen dorada. De aquí al ayuntamiento se llega rápidamente todo recto. En la plaza del ayuntamiento, una vez a la luz del día, lo que más nos llamó la atención fueron las estatuas que hay.

Vrijthof Maastricht

Otra plaza que hay que visitar es Vrijthof, un lugar rodeado de árboles y terrazas. En ella se puede disfrutar del skyline más conocido de Maastricht, con las basilicas de Sint-Janskerk y San Servaaskerk (la más antigua de Holanda), y la casa

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de la guardia “Militaire Hoofdwacht”. A partir de este punto, ya veréis que todo se vuelve una gran zona comercial con mucho ajetreo, en la que se pueden distinguir algunas perlitas arquitectonicas escondidas como el Dinghuis (donde por cierto está la oficina de información y turismo) o el begijnhof (ya sabeis que soy super fan).

Por desgracia no tuvimos mucho más tiempo para cruzar el Mosa y descubrir la parte mas moderna de la ciudad pero creo que nos llevamos un buen sabor de la ciudad. Definitivamente pondría Maastricht en un puesto alto de la lista de lugares a visitar cuando se esté en Benelux o Alemania. Está entre los mejores cuando se trata de mezclar lo nuevo y lo viejo en una hermosa gama de historia y el color.

 

Ruta por las abadías flamencas

Quiero aclarar que la idea y planificación de este viaje es obra de Alfo. Habíamos pasado medio mes recorriendo Chile y no bien nos incorporamos a nuestros respectivos trabajos decidimos volver a irnos. Era un momento perfecto porque se acercaba el “puente de mayo” que fácilmente podíamos unir con “el día de la reina” en Holanda.  Yo simplemente llené los huecos con “puntos turísticos”

ruta abadias belgas

¿Por qué esta ruta?

Nuestra pasión por la cerveza es algo que disfrutamos y compartimos juntos desde el día que nos conocimos. Él en seguida se unió al grupo de amigos que con sana envidia quieren una repetición de mi anterior viaje por las abadías wallonas (tal y como vaticiné). Así que me propuso una continuación con una ruta por las abadías productoras de cerveza flamencas.

campos de tulipanes

Lo más difícil parecía que iba a ser conseguir billetes de avión con tan poco tiempo (a un precio razonable) pero hicimos uso de nuestros puntos aéreos para viajar en bussines de Madrid a Bruselas.

Los dos primeros días los pasamos en Bruselas, en un hotelito al lado de la gare central. Entre otras cosas porque Alfo había vivido durante una temporada y me quería enseñar la ciudad con sus ojos. Allí quedé con una amiga que al enterarse del motivo del viaje, nos informó que ese fin de semana se celebraba una feria de la cerveza en Lovaina.

Iglesia

Al día siguiente, domingo, alquilamos un coche para los 7 días que duraría nuestra excursión (la única sucursal de AVIS abierta en domingo está en el aeropuerto)

Ese día tuvimos mala suerte (bueno sabíamos que la íbamos a tener) Lo dedicamos a recorrer braseries comerciales, que al ser domingo estaban cerradas. En todas ellas se puede concretar una cita, solo que las que nos daban no nos cuadraban con los horarios de las abadías. Pero os voy a dejar la lista de pueblos por los que pasamos. Algunas de estas braseries nos las encontramos por “sorpresa” en el camino mientras íbamos hacia Affligem.

braserie de cantillon

Nos encontramos con Breendonk, delicioso pueblecito hijo de la Duvel. El siguiente, entre carreteras comarcales, fue Steenhuffel donde está La Palm (de las pocas cervecerías que hacen roja flamenca, en vías de desaparecer) Pasamos por el bosque de Buggenhout hasta llegar al pueblo, donde queríamos visitar la boostels que hace la kwak y nuestra querida y adorada tripel karmeliet. Todo esto fue recompensado con creces con nuestra visita a la abadía de Affligem.

Esa tarde pusimos rumbo a las afueras de Lovaina y disfrutamos como críos en el Zytos festival donde todas las cervezas belgas estaban presentes (y fue como haber hecho la visita de todas las braseries anteriores, porque catamos, nos contaron, escuchamos, aprendimos…)

Kinderdijk

Al día siguiente pusimos rumbo a tierras holandesas y antes de salir visitamos la abadía de Westmalle. Llegamos a Delft donde Leire y Suco nos acogieron en su casa y nos llevaron esa noche de fiesta a La Haya para celebrar koninginnenach. Para el koninginnedag habíamos reservado un hotel en Amsterdam (otro de los puntos difíciles de  la planificación) Empalmamos Madrugamos para llegar temprano a la capital y poder aparcar (muchos pensaron que jamás lo conseguiríamos)

Dado que la visita en la trappe la teníamos reservada para el 2 de mayo (y el 1 todas las abadías iban a estar cerradas) decidimos dedicarlo a “turismo por holanda” Visitamos VoledamEdam, Marken… incluso la curiosidad ingenieril nos llevó a tomar autopista hacia el norte para recorrer el gran dique desde Den Oever.

Begijnhof

En vez de cruzar hasta el otro lado volvimos sobre nuestros pasos y llegamos a Haarlem sin alojamiento (porque hasta aquí llegó la logística de nuestro viaje, a partir de este punto sabíamos qué abadías visitaríamos cada día pero para dormir cogíamos el mapa y según mirábamos allí acabábamos)

Os aviso que Haarlem es una ciudad terrible para entrar con coche (gana el segundo puesto después de Berna) y encima no encontrábamos hoteles a las afueras de la ciudad. Acabamos durmiendo encima de un restaurante chino (carísimo y muy cutre)

Marken

Esa mañana salimos hacia Tilburg por los campos de tulipanes que pueblan la zona entre Haarlem y Leiden pero a mitad de camino (tan extasiados estábamos) nos dimos cuenta de que no llegaríamos a la Trappe. Llamamos por teléfono y cambiamos la reserva (tuvimos suerte ya que ese día la visita solo era en flamenco). Para rellenar lo que quedaba del día con más turismo fuimos a Kinderdijk.

Esa noche dormimos en un hotel de carretera. Descubrimos los maravillosos Van der valks. Nos fijamos el día anterior que en las autopistas había esta cadena de hoteles, que supusimos similares a los formula1 o étap en Francia. Paramos para preguntar precios y al verlo todo TAN lujoso pensamos que nos habíamos equivocado. Pero no, por 60€ la noche teníamos dormitorio de 4 estrellas.

La trappe

La mañana del día siguiente la dedicamos a pasear por ‘s-Hertogenbosch (vimos el nombre en el mapa y no pudimos evitar ir a ver una ciudad que empezaba por apostrofe) Para llegar por la tarde a la Trappe a las afueras de Tilburg. De la visita a la Trappe fuiemos a Achel de nuevo en Bélgica.

Esa noche decidimos ir a Lovaina que era lo que mejor nos quedaba para las horas que eran. Allí localizamos un Ibis y vivimos una situación más típica de zoco que de hotel. Preguntamos el precio, nos dijeron “90 €” así que contestamos “bueno gracias, pero no es lo que buscamos” y nos dimos la vuelta para salir. Entonces nos llamó la chica y preguntó “¿cuanto quieren pagar?” reconocimos que estábamos buscando algo entorno a 60€ y ella nos contestó “se lo dejo en 59€” ¡!

Westvleteren

Nuestro último día quedaba lo más difícil. Llegar a la abadía de Westvleteren en la otra punta del país, probar una de las posiblemente mejores cervezas del mundo y volver a tiempo al aeropuerto de Bruselas.

Yo entiendo que turísticamente es una ruta difícil, porque o te gusta mucho la cerveza o hay lugares que es imposible que llamen tu atención. Además ¿qué personas pasan delante de Gante sin pararse, solo con el propósito de ir a una abadía? La respuesta es, dos personas que han vivido una parte de su vida a menos de 20min de esta ciudad.

Lovaina

Por otra parte constatamos, de nuevo, que los albergues situados al lado de las abadías son restaurantes con muy buena calidad y reputación. Siempre estaba llenos de gente fuese cual fuese el día de la semana.

Eindhoven

Se acercaban las vacaciones de Toussaint (unos 9 días de vacaciones) y ya que estábamos lejos de casa a todos se nos había abierto el afán explorador. El problema es que poco a poco la gente se fue animando y cuando nos dimos cuenta eramos 15 personas dispuestos a irnos donde fuese. Como casi nadie quería encargarse de la organización de semejante viaje (normal) ésta se quedo en trazar un círculo en el mapa de Europa.

El primer día el trayecto que pensábamos hacer era LilleBerlin, sobre el mapa esto son unos 800km, así que planeamos una parada al medio día que coincidiría con nuestro paso por Eindhoven.

Nuestro principal reto fue llegar hasta allí, dado que teníamos mapa de Alemania ¡pero no del Benelux! (esto se debía a que por Bélgica pasabamos más de la mitad de nuestra vida y nos lo conocíamos) Como no, fomento en Bélgica no existe, las peores carreteras y los peores atascos de mi vida los he vivido en este país. Y como no podía ser de otra forma al llegar a Amberes nos encontramos en un macro atasco. En fin intentando salir de él de pronto nos encontramos dirección Rotterdam (en un alarde de geografía alguien se dio cuenta de que íbamos hacia la costa).

En una gasolinera, un holandés super amable y super preocupado por nosotros (tanto más cuando el nos hablaba en inglés y nosotros instintivamente contestábamos en francés aunque no quisiésemos) nos dio un mapa y nos puso por el buen camino, y pese a ser el único coche que se perdió, fuimos los primeros en llegar.

Eindhoven es una típica ciudad holandesa, quien haya estado en Holanda me comprenderá esta expresión, pues se trata de una ciudad con todos los elementos que solo he encontrado en Holanda; Todo lleno de bicicletas aparcadas en las aceras, el pavimento rojo de los carriles bici, extensas zonas peatonales en el centro, una iglesia de ladrillo rojo con campanario hiper-picudo. Hacia las afueras, y no tan afueras, predominan los edificios modernos de cristales espejados estilo oficinas, que le dan un toque a la ciudad.

Es una ciudad bastante moderna y feucha en su centro, sobre todo por las casas estilo prefabricadas. Por un lado fue reconstruida después de la segunda guerra mundial pero es que antes de ello, era una ciudad industrial. Así que el pequeño paseo que vimos no nos aportaba nada, salvo que sí era cierto que había mucha gente en las calles lo que la convertía en un sitio muy animado.

Esperamos a los demás en el Markt (la plaza mayor) rodeada de callejuelas peatonales que estuvimos explorando mientras. Todas ellas con casas de estilo prefabricado que se encuentra uno tanto en alemania (y que me parece que dan un ambiente tristísimo a las ciudades) pero con mucho ajetreo de gente. Por estas calles del centro la aglomeración de tiendas es grande, algo necesario para nosotros ya que como parada logística nos pensábamos abastecer de bebida, comida para 9 días y 15 personas, y alguno que otro quería pasarse por un coffee shop.

Realmente no estuvimos mucho tiempo para disfrutar de la ciudad, pero tiempo después me he enterado que viene a ser como una ciudad de conexión ya que existe un aeropuerto low cost. Relamente tiene unos edificios modernos algunos interesantes, y varios museos. Me parece que es un lugar bueno para vivir sin embargo.

Ruta por las abadías wallonas

Cuando por primera vez se me ocurrió la posibilidad de hacer este viaje, lo esbocé con sus paradas sus tiempos y su viabilidad, me emocioné muchísimo. De pronto me hacía más ilusión que viajar, como haría dos semanas después, a Marrakech. Incluso se me aparecían los rostros (llenos de envidia) de personas que sabía que les encantaría haberlo hecho. Desgraciadamente en aquel momento vino una temible y mortal ola de frío por toda Europa, que dejó las temperaturas por Bélgica en unos -10ºC con lo cual imposible hacer nada de turismo.

Un año después, al enterarme de que Fu no había ido nunca a Bélgica y conociéndole como gran amante de la cerveza se decretó que este viaje había que realizarlo sí o sí.

¿Por qué esta ruta?

Se trataba de mezclar el turismo con la gastronomía, en concreto la cerveza belga. Más en concreto la cerveza trapense. Este tipo de cerveza tiene una denominación de origen, Trappiste. Solo se otorga si se sigue elaborando en los mismos monasterios trapenses, bajo el control de los monjes y sus beneficios se destinan a caridad.

En total en el mundo solo hay siete cervezas que lo ostentan que son 3 de Flandes: Westmalle, Westvleteren y Achel (estas las dejamos para otra aventura por las abadías flamencas); 3 en Wallonia: Chimay, Rochefort y Orval y una en Holanda: Trappe. Estas cervezas son generalmente turbias, de muy alta fermentación y deben ser preparadas respetando los criterios definidos por la asociación Trapista Internacional si quieren poder mostrar el logo “Authentic trappist product

Para cervezas que no reúnen estos requisitos se creó otra calificación que es la cerveza de abadía. En este grupo entran, tanto cervezas braseadas en las abadías por los monjes o licencias que comunidades monacales han pasado a alguna brasserie (como Leffe, Grimbergen, Affligen)

Obviamente todas las abadías no podíamos visitar, y teníamos en cuenta que algunas no aportarían nada a nuestro viaje por no tratarse de lugares especiales. Nos centramos en la región wallona y en el camino añadimos algunas cervezas de abadía y algunas brasseries tradicionales:

Volamos a Charleroi con ryanair (por el precio de 23€ ida y vuelta) y allí alquilamos un coche. Según aterrizamos a las 9 de la mañana nos encaminamos, por la N53, hacia el pueblo de Chimay. Después desandamos nuestros pasos para coger la N50 camino a Francia y visitamos Tournai. En esta ciudad no hay ninguna abadía pero cerca, en Pipaix, se encuentra la brasserie Dubuisson una brasserie tradicional belga que habíamos pensado visitar. Pasamos un par de días en Lille, donde no solo visitamos a amigos y familiares sino que también estuvimos en una brasserie tradicional para catar la cerveza del norte de Francia, nos dirigimos a la bellisima ciudad de Dinant donde ni más ni menos que se encuentra nuestra señora de Leffe. Nuestro camino este día siguió atravesando las Árdenas para visitar las abadías de Rochefort y Orval.

Dado que estábamos muy cerca de Luxemburgo nuestro viaje a partir de este punto se tornó un poco más turístico y nos encaminamos hacia el ducado, visitando pequeñas ciudades que parecían sacadas de cuentos. Como no sitio en el albergue de La ciudad de Luxemburgo decidimos pasar dos noches en el albergue de Larochette en medio del bosque. Tuvimos que acercarnos a Trier (3 veces por diferentes motivos) y después nos dedicamos a disfrutar de las pequeñas joyas de la suiza luxemburguesa Echternach y Vianden. Cuando nos dirigíamos para pasar nuestra última noche en un albergue en Maastricht, en el camino antes de salir del ducado, divisamos Clervaux y tuvimos que parar para verlo. Después de un día en la ciudad holandesa volvimos a Bélgica para finalizar el viaje, visitando de propina Hoegaarden donde se encuentra la abadía que da nombre a la cerveza.

En nuestro viaje no solo visitábamos las abadías sino que obviamente hacíamos cata conveniente de la cerveza del lugar. Para ello en casi todas las abadías al lado se encuentra un albergue. Estos albergues aunque modernizados, son tan antiguos como las propias abadías ya que la tradición cuenta que se hacía queso y cerveza para alimentar a los peregrinos y si se fijan todos los sitios por donde pasamos son lugares del camino de Santiago belga.

Lisse

A veces sucede que uno sabe cosas y no es capaz de recordar de donde lo aprendió. Pues eso me ocurre a mi con los campos de tulipanes. Contrario a lo que uno pueda llegar a pensar, no toda Holanda son campos de tulipanes, éstos se encuentran en una estrecha franja hacia el mar entre las ciudades de Leiden y Haarlem. Y si miráis en un mapa entre estas dos ciudades destaca una única pequeñita, Lisse.

No sé cómo, yo sabía que había que ir a la región de Lisse para verlos, es allí donde están concentrados .

Ya era el 1 de mayo y se me había olvidado por completo que los campos de tulipanes estaban a dos horas de mi casa en coche. Mis padres vinieron a verme y entonces se me ocurrió que era una buena opción, que les encantaría (sobre todo a mi padre que le gusta mucho el campo y las plantas) y a mi también me hacía ilusión. Pero había estado haciendo muy buen tiempo por estos lugares tan al norte aquel año (hacia sol, lo juro) así que llegábamos un poco tarde (pero no demasiado), los campos andaban a medio gas muchos ya no tenían flores.

Lo que hicimos fue una vez pasada la Haya dejamos la autopista y nos fuimos aproximando a Lisse por las carreteras secundarias. Y así, sin más misterio fue como pasábamos por delante de interminables campos de tulipanes, jacintos y  narcisos. La mayoría de ellos ya sin flores, pero también por muchos otros muy coloridos que iban cambiando del amarillo al rosa pasando por el blanco y el rojo.

Había más personas haciendo lo mismo que nosotros, cuando veías un campo especialmente bonito, solo había que apartar el coche un poco de la carretera y bajarse para dar una vueltecita. Aunque al final sí que le pillamos el truquillo a lo de las carreteras secundarias, disfrutando no solo de las flores sino también de las granjas, las iglesias de picos altos de los pueblos que se veían a lo lejos, algún que otro molino y la carretera paralela para bicicletas… al principio íbamos un pelin despistadillos ¿iremos bien? ¿nos habremos equivocado? ¿veremos algo? y sin proponérnoslo acabamos en el parque Keukenhof.

Luego me he enterado que antes toda esa región era boscosa, y fue talandose para hacer los campos de flores salvo el bosque de Keukenhof donde ahora lo que hay es un parque floral con, no solo tulipanes sino muchas flores más. Es un parque enorme y bonito. Yo en la vida había oído hablar de él pero es muy famoso. De hecho mucha gente aprovecha para ir desde Amsterdam a pasar el día. Pero repito que nosotros llegamos sin tener ni idea.

Además para los aficionados a la jardinería por las carreteras venden bulbos de tulipanes, jacintos y narcisos. Mi padre compró pero ninguno de los que plantó salieron (como el predijo) y es que los bulbos hay que comprarlos y sembrarlos en otoño, no en primavera. Si los compráis fuera de temporada hay que guardarlos a la sombra y secos para que no germinen todo ese tiempo.

Comer, comimos en el mismo Lisse, un pueblo muy bonito, muy muy muy chiquitin, (muy holandés como decía mi mami) Nos dió la bienvenida por el sur con un molino verde (moderno eso sí) y de casas residenciales en las afueras llegamos a su centro con todas las casitas de ladrillo oscuro (hasta la iglesia) con sus tejaditos puntiagudos de dos aguas negro-grisáceo de pizarra. Pero estaba bastante desierto, quizás porque fuese domingo pero no había ni un alma en la calle.

****UPDATED****

En mi último viaje con Alfo volví a ir el 1 de mayo. Este año por el contrario había hecho mucho frío y las flores estaban empezando a salir. Le enseñé el procedimiento de salir de las carreteras principales he incluso de seguir las acequias para visitar los campos (el mismo que había utilizado con mis padres) y volvió a ser un éxito.

Amsterdam

Hablando de ciudades feas, Amsterdam está en los primeros puestos en mi particular “top ten” de las peores ciudades en las que he estado. Y no solo la acuso de fea, sino también de impersonal (aunque siempre digo que de gustos no hay nada escrito, para hacerse una idea tienes que ir y ver) He estado en varias ocasiones, con lluvia (que eso nunca anima), con sol de mayo (que lo ves todo diferente), con frío… Eso si, no deja de ser un clásico, entre mis amigos resulta que el 75% de los interrailes pasan por ella.

Para el recién llegado, lo que llama más la atención son los canales y las casas de ladrillo (desde las que datan desde el s.XVII, muchas ellas declaradas monumento histórico aunque se usen como residencias, hasta algunas super modernas del s.XX) Es bonito si, pero en cualquier ciudad holandesa te puedes encontrar el mismo paisaje urbano con mucha más personalidad y gracia que en Amsterdam.
Por cierto que aunque yo no me suelo quejar de mi orientación en esta ciudad si que me resultó un poco difícil, los canales están dispuestos como una tela de araña con el centro en la plaza Dam.

En el centro lo más característico es la plaza Dam y cerca de ella el palacio real (se supone que es la parte más monumental de la ciudad pero no me pareció muy grandioso que digamos). Otra cosa que si no bonita, si que llamó mi atención fueron los diques, merece la pena pasarse y sentir como el mar está por encima de ti. Y por último el mercado de flores, siempre tendré que dar gracias de haber encontrado mi planta carnívora allí. Me compré una Sarracenia que me ahorró durante un año una cantidad de dinero en matamosquitos (y se puso enorme) eso sí yo no sé si vas allí en avión si puedes llevárte algo que no sean semillas (siempre fui en coche desde Lille).

¿Qué hacer en Amsterdam, sobre todo si llueve?, pues hay dos alternativas (ambas las probamos) 1 coffee shops, 2 museos. De ambos hay a cientos, los primeros algunos muy bonitos, con buen ambiente  y distribuidos por toda la ciudad, los segundos siempre caros y sin ningún descuento para estudiantes. Fuimos a ver la casa de Anna Frank en la zona oeste de la ciudad, aunque cuando hice el curso de alemán ya me dijo una compañera que desilusionaba mucho. Y si, un poco si desilusiona pues hay pocas cosas originales y si ya se ha leído el diario no aporta nada nuevo. Eso sí en la última parte imposible no sentirse conmovido (el recorrido por la casa va contando como fue la vida en el anexo según se cuenta en el diario, así que termina con fotos de los campos de concentración donde murieron).

También fuimos a la fábrica de Heineken, que les voy a decir, me han gustado mucho más las visitas a las fábricas de cerveza pequeñitas y tradicionales donde de verdad ves que se hace cerveza (como en una bodega de vino) que a esta especie de “museo turístico de como se hacía/hace una cerveza”. Respecto al arte están el Rijskmuseum y el museo Van Gogh (Seguro que hay más pero estos son los más famosos, están cerca del Vondelpark) realmente solo he entrado en el Van Gogh (los precios son altos). Un museo en el que realmente nos lo pasamos muy bien (que no me guste la ciudad no quiere decir que no me lo pasara bien) pues fue el museo del sexo cerca de la plaza Dam, la mayor parte consiste en fotos muy antiguas algo así como “todo lo que nunca se atrevió a pensar del sexo de sus bisabuelos”.

He dejado para lo último el famoso barrio rojo. La primera vez que fuimos a Amsterdam después de dar muchas vueltas a la ciudad preguntamos a una señora ¿donde está el barrio rojo? Nos contestó enfadada que hoy en día todo Amsterdam eran drogas y sexo. Y si ya he dicho que los coffee shops andan por todo Amsterdam, ahora digo que mejor evitar los de cerca del barrio rojo porque son más caros y están más llenos. Se encuentra al este de la plaza Dam (es fácil de encontrar realmente) y hombre es curioso y te ríes un rato entras en miles de sex shops a cotillear… (hasta llevé a mis padres por allí una vez y andaban alucinados)

Bueno creo que aquí acaba mi resumen, no es una ciudad grandiosa y es poco llamativa, si es cierto que tiene mucha subcultura pero aunque te pueda llamar la atención un poco siempre acabas permaneciendo ajeno (la fiesta tampoco es muy dada al desfase, después de todo esto es Europa), es una ciudad muy impersonal en general. Por cierto, una última recomendación “cuidado al pagar en los supermercados, por lo general no se acepta visa”

Toussaint

Según se acercaban nuestras primeras vacaciones (Toussaint el 1 de noviembre) aumentaban nuestras probabilidades de explorar zonas de Europa que en esos momentos estaban más cercanas a nosotros entonces. El comienzo del viaje fue cuando Mario dijo “yo quiero ir a Alemania ¿alguien se apunta?” Nos apuntamos 15. (Mary siempre dice que deberíamos poner en el CV experiencia en organización de grandes grupos)

Aunque no lo parezca la organización de este viaje no fue muy compleja. Cogimos un mapa de Europa y trazamos un circulo según la gente iba haciendo comentarios:

“A Berlín, yo tengo ganas de ver Berlín” (decretó Mario)
“hombre claro no podemos pasar sin Berlín
“oye y ya que pasemos por Holanda paramos un momentín y así compro en un coffee pa’l viaje, mirad Eindhoven pilla de camino” (esto seguro que fue Moe)
“Ey ey mirad Praga, tios que está al lado de Berlín” (la verdad es que a Laia no le costó esfuerzo persuadirnos)
“ok, y bajamos a Munich
“pues me ha dicho la Rubi que tenemos que ver Salzburgo, y la carretera que tenemos que coger pasa por ahí, y Füssen que está a media hora” (esta fue mi gran aportación al viaje aprovechando la sabiduría de la rubi que estuvo haciendo interrail por ahí)
“¿Y Stuttgart, mi prima me ha dicho que merece la pena?” (Isa lo intentó)
“eeeh, no se si os habéis dado cuenta de que tenemos 9 días y tenemos que volver a Lille
“pues mira, paramos en Estrasburgo
“Me ha dicho JP. Que ellos volvieron de Estrasburgo una vez por Luxemburgo a menos de 2 horas, 3 si os queréis ahorrar el peaje y vais a través de la Lorraine”

Aunque os parezca mentira, esa fue toda la planificación del viaje. Alquilamos 3 cangoos que salieron muy bien de precio (200 euros los 10 días cada) en Europcar. En una tarde Laia y yo nos dedicamos a reservar albergues, para 15 personas, 2 noches en Berlin, 3 en Praga, 1 en Munich (y Estrasburgo, pensamos, ya nos apañaremos que volvemos a estar en casa) Nuestro presupuesto era MUY bajo, ninguna de las noches pasó de los 12€ por cabeza.

La gente me mira con perplejidad y asombro cuando cuento que no he hecho nunca un interrail. Siempre lo he querido hacer, pero nadie me quiso acompañar nunca, una vez un ex me llegó a decir que es que estaba ya muy mayor para esas cosas (tenía 21 años y yo 18 asi que le creí… hasta que yo cumpli 21 y desde entonces siempre me reí de él por semejante comentario) Este viaje a sido lo más parecido a un interrail solo que con coches y no en tren.

No llevábamos guías, ni miramos nada un poco antes por internet. Íbamos a los puestos de postales para ver las cosas turísticas que debíamos encontrar por la ciudad, era como una búsqueda del tesoro. Lo más divertido era llegar a las ciudades y sin tener plano, localizar la calle del albergue (y en ocasiones ni siquiera teníamos el nombre de la calle del albergue) operación que acabamos dominando con asombrosa maestría.

La gran sorpresa nos la llevamos al llegar a Praga donde, una noche caminando, nos encontramos con la banda de l’école centrale de Lille. Estaba tocando por las calles pidiendo y así se subvencionaban un poco el viaje. Estuvimos charlando un poco con ellos, y nos contaron que los días anteriores, al igual que nosotros, habían estado en Berlín. Pero mayor sorpresa aún fue cuando después de estar cómodamente instalados en el albergue de Munich, ¡aparecieron en el albergue! Estaban haciendo exactamente el mismo viaje que nosotros. Esa noche montamos una gran fiesta en el bar del albergue, ellos tocaban y nosotros bailábamos encima de las mesas (los demás huéspedes, nos miraban al principio con cara asustada)

Con Europcar finalmente quedamos descontentos ya que todo fueron pegas desde el primer momento, para los siguientes viajes alquilamos en otros sitios desde entonces. Entre las incidencias del viaje empezamos por estar a punto de no poder salir por el lío con las tarjetas de crédito. Cada conductor tenía que poner su tarjeta y no podía ser otra persona (he alquilado coches hasta en Canadá sin este tipo de problemas) Por suerte cuando ya creíamos que no saldríamos Cesc se levantó de la cama y vino a salvarnos. Había un coche con algún problema porque siendo iguales los tres, uno consumia mucho más que los demás. Al devolverlos nos cobraron un plus por algo y tuvimos que reclamar más tarde.

El viaje también empezó mal para mi, el mismo día de la salida empecé a sentirme muy mal. A la altura de Amberes, había perdido por completo la voz y a la altura de Hannover ya no podía conducir más, tenía 38 de fiebre que me acompañaron los tres días siguientes. Fue un duro comienzo que se agravó con las primeras nieves en europa aquel año. Quizás por eso me agradaron mucho más las ciudades que visitamos al final del viaje cuando ya me recuperé.

Además descubrimos un principio desconocido de la termodinámica; con los idiomas se trabaja a volumen constante, no importa que antes supieses defenderte en 4 idiomas, al estar en Francia y llenarlo todo con el francés pierdes la capacidad de expresarte en algo que no sea francés (incluso en tu lengua materna)