Portofino

En un no tan perdido rincón de la Liguria, de improviso me topé con el pequeño pueblo de Portofino. De pronto y aunque sabía a dónde iba, allí estaba escondido, enterrado entre los mediterráneos árboles que cubren frondosamente el parque natural que lleva su nombre.

Panoramica portofino

Tengo que avisaros de que es otro de los peores lugares del mundo para ir con coche, nosotros fuimos desde Santa Margherita Ligure. En la carretera que serpentea por el parque natural empezamos a ver carteles luminosos con el tiempo estimado hasta Portofino y cantidad de plazas libres. Era invierno pero pronto nos hicimos a la idea de una cola monumental en verano esperando para entrar.

Bahia de portofino

Y en efecto, el pueblo es tan pequeño que no se puede circular, incluso la carretera muere aquí. La carretera es tan estrecha que por supuesto no se puede dejar el coche en ninguna parte, tan solo en el ÚNICO aparcamiento de pago del pueblo…. a 15€ (si, si han leído bien 15€) la hora. Nosotros al menos aparcamos allí sin problemas, pero no podíamos dejar de pensar en verano, en una cola tremenda de coches esperando que haya un sitio libre en este pequeño atraco de aparcamiento.

Portofino castel brown

De todas formas, el pueblo es maravilloso, alargado en forma de arco a lo largo de una recogida bahía. Es pequeña, protegida por el monte Portofino que se levanta suavemente sobre el mar formando acantilados durante unos tres kilómetros hasta Punta del Capo. Un auténtico puerto natural, muy chiquitito, repleto de barquitos pesqueros (y lujosos yates en simbiosis).

portofino cementerioEl pueblo en sí, es muy pequeño, unas cuatro calles aledañas al puerto, con casitas apiladas en forma de puzle llenas de colorido. En el s.XVII construyeron una fortaleza que ahora se conoce como el Castillo Brown (la compró un ministro inglés) y por supuesto muy italiano, son cuatro calles con tres iglesias. Con lo pequeño que es dentro del pueblo están la Iglesia de san Martín y el oratorio de la asunción (ambos del sXII) pero  fuera del pueblo, recorriendo un paseo por el promontorio que merece mucho la pena, se llega a la iglesia de San Jorge.

Este camino es totalmente imprescindible, yendo hacia el faro se suben las colinas para llegar a un grandísimo mirador en la misma plaza de la iglesia. Es el mejor lugar para ver el pequeño puerto en todo su esplendor, el entramado de casitas color pastel y las enormes villas entre las colinas más lejanas.

No hay que engañarse, Portofino es un sitio bellísimo como una joya, pero totalmente cosmopolita y burgués. Los barquitos pesqueros tan solo adornan el pequeño puerto, cerca rondan los grandes yates. Las casas de pescadores albergan tiendas de Dior (en un pueblo de no más de 70 habitantes) Es más llegué a conocer, tiempo después, a una italiana que trabajaba haciendo punto en una tienda de recuerdos del pueblo. Solo trabajaba 6 meses al año y ganaba una cantidad de dinero ingente por vender pañitos de cocina, para dueños de yates.

CAbo San jorge

Por más que la cabra que llevo dentro me lleve a la aventura, a veces me sale el lado burgués de gato. El del tomarte un café en uno de los puertos más caros del mundo, el de por un momento no caminar campo a través por un bosque sino verlo desde un cómodo mirador. Portofino es así, tiene una atmósfera mágica de cuento que te transporta. No me malinterpreten, no es un falso pueblo pesquero para turistas. Simplemente dejó de ser pesquero hace tiempo cuando las mayores celebridades del siglo XIX y XX empezaron a pasar por aquí y está completamente cuidado al milímetro, sería más bien como un cuadro preservado en el tiempo. Y te enamora (aunque tu presupuesto solo te dé para unas horas de aparcamiento)

Parque natural portofino

El parque natural que lo rodea por completo es difícil de describir, simplemente es muy bonito. Es un bosque mediterráneo (con pinos, olivos, retama…) muy frondoso que lo ocupa todo, hasta los mismísimos acantilados y el mar. Desde el pueblo salen miles de caminos que lo atraviesan (con apenas dificultad para caminar) Lo ideal es acercarse caminando hasta la abadía de San Fruttuoso o bucear en verano. Pero he de reconoceros que a 15€ la hora, no dejamos pasar demasiado tiempo.

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A la riviera italiana

Mi amigo Luis vivía en Freiburg (el alemán no confundir con el Friburgo suizo). El caso es que llegó el frío y en Alemania es obligatorio circular con ruedas de invierno… (lo de las ruedas de invierno es un concepto que en España no tenemos)

Para que no le multasen decidió volver con el coche en diciembre y para no hacerlo solo, me convenció de que le acompañase. Ya que estábamos (y éste es de los que se lían tan fácilmente para viajar como yo) decidimos pasar unos días recorriendo la riviera italiana.

¿por qué la riviera italiana?

Pues eran pueblos de pescadores, pero si toda la jet set se acabó rindiendo a su encanto para pasar las vacaciones (en ninguno faltará una tienda de Dior) ¡cómo un simple mortal puede no enamorarse!.

Así que el puente de diciembre quedamos en Basilea (hasta donde volé con easyjet) y desde allí empezamos nuestro recorrido rumbo al sur.

El aeropuerto, es un pequeño caos. Tiene tres salidas (a Francia, Suiza o Alemania) y se les habían acabado los francos suizos en las oficinas de cambio. De todas maneras el autobús para llegar a la estanción de tren, cerca del centro se puede pagar en euros.

Como yo no conocía la ciudad pasé allí un día entero. Me alojé en el Jugendherberge que creo que es el youth hostel  más caro que he pagado (¡35€!) Con muy buenas instalaciones, que no valen ese precio por noche no obstante.

Para circular por las autopistas suizas hay que comprar una vignete en gasolineras (30€) que sirve para todo un año (es muy cómodo si se piensa viajar varias veces por el país). El estado de las carreteras era nuestro principal miedo. Hasta entonces no había habido ninguna ola de frío pero en Suiza también son obligatorias las ruedas de invierno. Después de cruzar varias llamadas con María que vive allí permanentemente, decidimos coger el tunel de San Gotardo que atraviesa los Alpes. Si es cierto que todo estaba nevado, pero la carretera totalmente despejada y solo había retenciones en sentido contrario. En el tunel solo hay un carril por cada sentido y es bastante normal tener graaandes retenciones.

El paisaje de esta carretera es espectacular, pequeños pueblecitos en laderas realmente inclinadas a los pies de montañas realmente grandes y blancas. Pura postal suiza. Pero pasado Sant Gothard llegamos a la región del Ticino que nos decepcionó. En 3 horas cruzamos toda Suiza. Pensábamos parar en Bellinzona o Lugano, solo que ninguno nos resultó especialmente atractivo. Así que directamente cruzamos la frontera y nos instalamos en Como para el resto del día.

Riviera Italiana

De Como nuestra siguiente parada fué Bérgamo ciudad recomendada por todo el mundo. Acabamos en el hostal fragolino. Es un curioso hostal llevado por una española, en la parte baja de la ciudad (pese a estar cerca de la estación nos costó encontrar, eso sí se aparca muy bien en sus alrededores). Tienes que quedar con ella a una hora para que te de las llaves porque se trata de una casa, así que no hay recepción. Pero no os podéis creer lo increiblemente acogedor que es.

Después de pasar menos tiempo del que nos hubiese gustado en Bérgamo dejamos Lombardía para dedicarnos a la Liguria en exclusiva. ¡Claro que todo el mundo nos preguntaba que por qué no íbamos a Cinque terre! Haber bajado hasta allí habría sido un viaje muy poco realista para el tiempo que disponíamos.

No les voy a engañar, la región es sorprendentemente cara. Pensábamos tener Génova como centro de pequeñas excursiones pero el sitio con alojamiento más barato sin embargo, lo encontramos en Santa Margherita Ligure. Esto solo fue posible porque era temporada baja, y el hotel Park suisse estaba a un cuarto de su precio. Se trata de un hotel completamente antiguo polvoriento y destartalado con decoración estilo “el resplandor” por el que no comprendo como alguien puede llegar a pagar el precio normal de la habitación.

Desde el pequeño pueblo por supuesto estuvimos en el parque natural de Portofino, que antes de partir yo consideraba que sería la perla del viaje, y también fuimos a Génova. Sin palabras Génova, fue la auténtica ganadora.

Ya en nuestro viaje de vuelta tuvimos la suerte de parar en Finale Ligure, otra gran sorpresa (sinceramente, todos los sitios que visitamos hasta este punto increibles, fue un viaje en el que pasábamos de un lugar bello a otro de encontrar cosas sorprendentes cada kilómetro que recorríamos, es normal que haya tanta gente enamorada de la riviera italiana)

Pasamos la frontera a Francia, donde decidimos pasar la noche en Menton, uno de tantos pueblos de la costa azul donde más o menos encontramos un buen precio (sigue siendo un lugar caríiiisimo) Estando tan cerca de Mónaco nos hizo ilusión pasar antes de que anocheciera por la ciudad estado. Eso sí decepción total, es un “disneyland” y absolutamente nada que ver con la calidad de los sitios que llevábamos visitando hasta entonces. Antes de que se hiciese muy tarde pasamos por Niza para comprar cervezas francesas y llevarlas a España.

El último día fue el gran viaje. No paramos, solo nos turnábamos para conducir desde Menton hasta Madrid. 1300km, muuuchos peajes (unos 60€ diria yo pero no recuerdo exactamente) unas 12 horas de viaje… solo apto para auténticos amantes de la conducción.