viajando a la Francia profunda (el país de los Cátaros)

A dos semanas de la semana santa de 2011 Mary y yo pensamos que igual podríamos irnos de viaje (que ocurrencia, no sé por qué no se nos habría ocurrido antes) Como no teníamos mucho tiempo ni ganas de organizar algo complejo, decidimos irnos a lo fácil. Coger el coche hasta el Languedoc en Francia.

¿Por qué el Languedoc-Rosellón?

Bueno en principio era elegir una zona del sur de Francia. Puesto que paso tanto tiempo allí, para mi es como viajar por casa por lo tanto no tengo necesidad de planear absolutamente nada. Como ya le dije a Mary, me muero por visitar la Dordoña, pero se la había prometido a la chunga y me parecía mal no hacerlo con ella. Así que la siguiente pregunta que me hizo fue “¿Y has estado en Carcassonne?“… también me moría de ganas por ver Carcassonne.

Los cátaros fueron los seguidores de un movimiento religioso que se propagó por Europa Occidental a mediados del siglo X,  especialmente en el Languedoc, donde contaba con la protección de algunos señores feudales vasallos de la corona de Aragón. Obviamente su poder creció y la iglesia católica les declaró una cruzada en el 1209 donde mataron a la mayoría. Quedaron en pié una serie de ciudades fortificadas, castillos y pueblos que hoy en día se conservan en toda esta zona del sur de Francia, dejando constancia de una historia interesante.

Dado que el viaje desde Madrid ya suponían muchos kilómetros, nos propusimos que una vez llegadas, realizaríamos pequeños viajes pero sin abarcar mucho. De esta manera como podréis ver, visitamos intensamente muchos sitios de una una pequeña región sin desplazarnos demasiado.

Aunque nuestra primera idea era que según estuviésemos en carretera ya veríamos, en esos mismos 30 minutos de conversación una rápida búsqueda por internet nos llevó a Malves en Minervois un pequeño pueblo cerca de Carcassonne que cuenta con un albergue a buen precio. Así que decidimos convertirlo en centro de todas nuestras pequeñas excursiones y allí reservamos para casi todos los días (mandándoles un mail) de forma que lo usamos como campamento base.

El sitio se encuentra en frente del castillo, en lo que serían las antiguas caballerizas. En frente del castillo hay sitio para aparcar pero callejear por el pueblo con el coche requiere un nivel avanzado de pericia. Y lo único decir que estábamos prácticamente solas, entre que no debían de tener reservas y que faltaba poco tiempo no nos pidieron ni un adelanto ni nada.

El primer día lo pasamos en la carretera (en la gincana que tiene montada fomento en la A-2). Paramos solo en Figueras, donde justo de nuevo, el día antes de salir miramos en internet y una rápida búsqueda nos dio una gran oferta del Hotel Empordà por 35€ las dos.

Así que nuestro primer día de realmente disfrutar del viaje fue al siguiente donde, nada más pasar la frontera cogimos, en Perpignan, la N116 que nos llevaría hasta la fortificada Villefranche de Conflent y más adelante al pequeño pueblo de Casteil encajonado, con su hermosa abadía en los Pirineos bajo la sombra del pico de Canigou. Caída ya la tarde fuimos directas a Carcassonne disfrutando de una carretera que en pocos kilómetros había pasado de alta montaña a estanques de agua llenos de regatistas, para más adelante convertirse en grandes prados de viñedos.

Nuestro pueblito estaba bien, y el alojamiento, salvo la pequeña pega de que el único bar lo cerraban a las 20:00 con lo que para salir teníamos que ir a Carcassonne. Los días siguientes los dedicamos a explorar los miles de castillos cátaros que pueblan los alrededores, pasando por un montón de ellos (Peyrepertuse, Quéribus, Puilaurens, Puivert) y también saltándonos muchos en nuestra particular Ruta de los castillos Cátaros .

En nuestro deambular por carreteras secundarias francesas acabamos en Foix, pero demasiado tarde para disfrutar de las cuevas, por las que teníamos mucho interés y con muy mal tiempo. Así que nos propusimos encontrar un carrefour para comprar lo de siempre, cerveza del norte de Francia… Acabamos descubriendo que en Carcassonne no hay carrefour. La búsqueda nos llevó hasta Mirepoix, donde tampoco hay carrefour, pero es un pueblo precioso que no esperábamos que nos gustase y compensó con creces el sin sabor que nos acababa de dejar Foix.

Finalmente fue en Narbona encontramos el carrefour que necesitábamos y de camino las abadías más bonitas; la de Fontfroide y la de Lagrasse.

Después de esos cuatro días por el Rosellón no queríamos despedirnos de Francia sin ver el mar, así que bajamos un poquito hasta el colorido Collioure. Al entrar en el pueblo mediterráneo nos encontramos con un gran atasco de visitantes (luego por la tarde estaba más tranquilo) así que en la misma carretera que baja nos alojamos sobre la marcha en el hotel Ambeille. Por la tarde nos permitimos investigar una rutita por la côte vermeille.

De este viaje nos quedamos con las miles de pegas que encontramos a las guías Lonely planet, tanto la del Languedoc-Roussillon como la de walking in France (o será que nos hemos vuelto unas expertas) Nuestro amor por el vino y los quesos que nos acompañó por donde fuésemos (solo que el vino nos teníamos que ir turnando para conducir). Y Castillos muchos castillos (salvo que nos gustaron muchísimo más las abadías).

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