Seclin

Seclin es un pueblecin chiquitin del norte de Francia, de la región du Nord, muy cercano a Lille.

¿Cómo lo descubrimos? pues fui al sydicat d’initiative donde me dieron información de la región (y es que en Francia si hay algo que anunciar se anuncia a bombo y platillo, el turista despistado raramente va a tener problemas)

Un martes que no teníamos clases, montamos un grupito de expedición a los alrededores y decidimos ir hasta Seclin. Cogimos desde Lille el autobús 53 que nos dejo justo en la avenida principal de Seclin (al lado de la colegiata). Ojo, parece al ladito pero el camino es largo.

Voy a reconocer algo, fue cuando fui a escribir esta entrada que me enteré de algunas curiosidades históricas del pueblo, y a decir verdad, una vez que se saben lo hacen más interesante. Todavía hoy en día me sorprende la cantidad de cosas que llegamos a ver sin saber lo que veíamos.

Para visitar el norte hay que recordar que fue minero e industrial. Se hizo importante en el siglo XIX con la revolución industrial, ya que aquí se instaló la primera máquina de vapor y se dedicó al comercio de textiles que suministraba a Lille y París a través del canal que lo atraviesa. Su canal de agua fue cerrado en 1873 y con ello acabó el esplendor.

Según llegamos nos recibió la Colegiata de Saint-Piat del siglo XIII. Dentro están los restos de Saint Piat, un mártir del siglo III (aunque por su aspecto podría contener los restos de cualquier buen vampiro de novela). Se encuentran en la cripta debajo del coro, junto con un pozo cuya agua ha sido declarada capaz de sanar enfermos (¿?). Por fuera impresiona la torre del campanario, por lo tétrica que es.

Aunque en 1918, antes de abandonar la ciudad los alemanes la destruyeron y fundieron las campanas, fue reconstruida en 1927, así que cuando llegó 1944, los seclinois escondieron las campanas para que los alemanes no las vieran y las volvieron a montar después de la guerra.

Siguiendo la misma calle hacia abajo nos encontramos con el Parque de los Rosenberg- Aquí empezamos a animarnos, la verdad es que empezábamos a ver parques y jardines bonitos (en las fotos todo quedaba como si hubiésemos ido a Versailles, aunque tampoco era para tanto)

Justo en frente nos llamó la atención un precioso jardín francés que no es ni más ni menos que el jardín del hospital. Se puede visitar y es muy antiguo, se fundó por la condesa de Flandes en 1246. El complejo es grande, está distribuido en varios edificios con muchos patios y pórticos que ha servido de modelo para la edificación de otros edificios civiles en Lille (como la vieja bolsa) y lo más bonito que vimos en Seclin.

Justo detrás del hospital llegamos al canal, que es la entrada sur al parque de la Deûle y desde aquí parten numerosos paseos (se encuentran en un plano a la entrada del parque). El canal fue, en tiempos de la revolución industrial, el corazón económico e industrial de Seclin. Ahora es un sitio para alejarse de la ciudad donde los niños van a hacer sus clases de gimnasia (como era martes nos encontramos a varios colegios llevando allí a los chavales a hacer gimnasia)

Realmente en cuanto te encaminas por el canal sientes como si hubieses dejado atrás la civilización. Es un lugar muy silencioso rodeado por campos de cultivos y muy agradable para pasear. Después de haber torturado a la chunga suficientemente con un paseito, volvimos al pueblo para ver un monumento bastante extraño y pintoresco (fuimos a verlo porque al parecer los locales están muy orgullosos de él); la puerta de un cementerio. El portal del cementerio se construyó en el 1808 (sobreviviendo a la restauración en 1814-1830) Tiene forma de obelisco egipcio (lo mejor es que veais y juzgueis)

Mmm, sip un poco tétrico, en general va a juego con la colegiata de Saint-Piat. Aunque el día era precioso, después del recorrido nos sentamos a tomar un café en la avenida principal y contábamos que si nos encontrásemos con Drácula en ese momento no nos sorprendería lo más mínimo.

Y así es Seclin, no sabría describir todavía lo que pienso de él, aunque como ya he dicho aprecié mucho más todo lo que había visto después de conocer la historia que le seguía que por lo que vimos aquel día en si.

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Côte d’Opale

En todas las universidades hay una asociación que se dedica a pasear a los erasmus un poco. El primer viaje que hicimos desde Lille (que al parecer es un clásico de esta asociación en concreto) fue al canal de la Mancha (a la parte comprendida entre Boulogne sur mer y Calais) que entra dentro del Parc Naturel régional des caps d’Opale.

Wissant:

Nuestro recorrido por la costa empezo en el pintoresco pueblo pesquero de Wissant, que al estar situado entre los cabos: cap blanc nez y cap gris nez. Se ha convertido en un destino especial para los amantes de los deportes acuaticos, está todo el pueblo lleno de las roulottes de los surfistas. Tanto cap Blanc Nez como cap Gris Nez son conocidos por su emplazamiento ventoso, convirtiendo la playa de Wissant, que une los dos acantilados con unos 12 km de largo y que es de arena fina, en una especie de “Tarifa del Norte”.

El mar del norte de Francia es un mar de color gris, si, el agua es gris, quizás por eso a la costa francesa la terminaron llamando así, côte d’opale (la costa de ópalo). Esta parte de la costa es famosa por los bonitos acantilados que hay en los cabos de Blanc Nez y Gris Nez. y entre ellos dos se extiende la bahía de Wissant, con una gran playa de arena fina muy lisa y sin dunas y llena de tablas de machotes, que a pesar del frío se disponían a coger olas.

Desde aquí, los días despejados se pueden ver los acantilados ingleses. Es más, todo el mundo juraba que veía la costa Inglesa pero yo no solo no la ví, es que ni la intuí y eso que llevaba las gafas puestas.

Dado que no íbamos preparados para bañarnos y la cima del cap Gris Nez era lo que quedaba más cercano, decidimos subir y disfrutar más del paisaje. Todo está cubierto por una pradera de césped (muy bonita porque contrasta con el blanco de los acantilados y el gris del mar) pero realmente realmente es una zona por donde bate el viento muy fuerte, mucho más aún que en la playa (todos en las fotos salimos con una “preciosa melena al viento”).

Esta zona fue muy bombardeada en la segunda guerra mundial, justo alrededor del faro se encuentran varios bunqueres, baterías antiaéreas, y muchos muchos cráteres de bombas donde algunos arbolitos intentan crecer un poco más protegidos del viento. El bonito paseo por los acantilados se extiende, yo creo que hasta la misma Boulogne sur mer atravesando los montes de Boulogne. Pero resistir el viento, el frío y sobre todo la lluvia (ya que se puso a llover en algún momento) no entraba en nuestros planes, así que decidimos proseguir un poco más motorizados hasta el siguiente pueblo en la ruta cogiendo la carretera secundaria (D490).

Wimereux:

Wimereux es el pueblo donde paramos para comer aquel día, y aunque precisamente en este momento del día se puso a llover, realmente es un pueblo muy bonito. Creo haber leído en alguna parte que fue Napoleón en sus guerras contra Inglaterra quien mandó construir aquí un puerto y luego el pueblo creció posteriormente. Lo cierto es que hoy en día está lleno de casitas burguesas, realmente preciosas que combinan diferentes colores pasteles algunos con las características vigas de madera “fachwerk” en las fachadas. Eso sí, con un estilo moderno no medieval. Tiene el encanto de “aquel lugar de vacaciones de la gente acomodada del siglo pasado”.

Pero mucho no lo disfrutamos la verdad, más bien intentábamos protegernos de la lluvia en algún portal, localizar un sitio donde comprar unas cocacolas y hacernos unos bocatas (no sé porqué nos recuerdo a la chunga y a mi haciendonos unos bocatas de lomo, que algún familiar trajo de España, y pelando unos huevos duros que habíamos cocinado para la ocasión; es muy curiosa la alimentación cuando eres erasmus). Además pues como ya he mencionado, se trata más bien de un pueblo de veraneo (así que fuera de temporada estaba realmente sin un alma por las calles).

Finalmente partimos para Boulogne sur mer, con idea de ir al acuario pero eso ya lo verán en otra entrada.

el carnaval de Dunkerque

Dunkerque seria una ciudad del norte de Francia, del departamento du Nord, típicamente industrial. Conocida por sus playas de arena (las dunas de la côte d’opale) y con su correspondiente belfroi. Pero es realmente conocida por su Carnaval.

Estando viviendo en la región es casi imposible no enterarse cuando se celebra el carnaval, que consiste en una celebración continua durante casi todo el mes de Febrero según nos comentaron. Pero sobre todo, lo más importante es el fin de semana que se celebra el desfile principal. El día de antes, sin saber con qué nos íbamos a enfrentar, pensamos en cómo disfrazarnos… Como buenos erasmus siempre estábamos cortos de pelas y por aquel entonces Carrefour nos deleitaba con una oferta de cerveza Ottwailer. Así que compramos unas 10 cajas de 24 latas, unas bolsas de basura, cuerda y decidimos que al día siguiente nos convertiríamos en Caballeros Ottwailer.

Para moverse por la región (y sobre todo si es en grupos grandes) lo mejor es hacerlo con los billetes para grupos por 7€ ida y vuelta para el tren a Dunkerque desde Lille, la capital de la región, y sin problemas para los que ya no son 12-25. Habiendo vaciado las latas el día anterior, nos fuimos confeccionando los disfraces en el tren (el revisor asombrado al vernos bajar en la estación nos preguntó si en el trayecto nos habíamos bebido todo eso)

Bien, hay que dejar claro desde ya que nuestros disfraces distaban mucho de cómo hay que ir vestido a Dunkerque. Y es que aunque no nos habíamos enterado el disfraz es super típico y característico.  Consiste en vestirse de mujer con peluca, medias, vestido y abrigo todo lo más estridente posible y un paraguas o algún extraño objeto. Pero claro que ver 20 personas disfrazados de caballeros Ottwailer impresiona, tanto que muchos se hicieron fotos con nosotros y hasta un periodico local nos hizo una entrevista mientras desfilábamos.

El carnaval de Dunkerque no se parece a absolutamente ningún otro carnaval del mundo. Es un carnaval muy antiguo, parte del siglo XVII cuando esta época coincidía con la partida de los hombres para las campañas de pesca en Islandia. Se iban a la ropa vieja de las mujeres y se vestían de esa excéntrica manera para luego desfilar. Los pasacalles tienen cierta estructura: Se dividen en cortejos que se denominan Bandes y abren los desfiles las bandas de pescadores y los músicos vestidos de amarillos. En los márgenes del desfile están los Fuiguemans que llevan además de los objetos más originales su caña de pescar.

Al final de la tarde, después de recorrer las calles de la ciudad, todos llegamos a la plaza donde se encuentra el ayuntamiento y todo el mundo comienza a gritar “¡¡¡l’arenque l’arenque!!!” Al principio creímos que estábamos entendiéndolo mal: “¿están gritando arenques, arenques?” No hizo falta preguntar para salir de dudas. Efectivamente estábamos de cara al ayuntamiento gritando ¡arenques!, para que los tirasen desde el balcón. Cuando todavía pensábamos que lo habíamos entendido obviamente mal, salieron el alcalde y unos cuantos más y se pusieron a tirar arenques de verdad (luego la gente se los comía, estaban ahumados).

Aun faltaba tarde para coger el último tren de regreso, justo en otra plaza muy cerca del ayuntamiento, la plaza de Jean Bart (famoso corsario del que al parecer hay una pequeña estatua en la plaza)  donde seguía la fiesta con música y puestos con comida (típicos de fiesta de pueblo/barrio en cualquier lugar del mundo) Conocimos a más locales que nos dijeron que aún teníamos que aprender algo más del carnaval, El beso. Al parecer otra cosa típica es irse dando besos en la boca con todo el mundo sin hacer distinciones de sexo y edad lo cual es un detalle que te expliquen antes de sentirte acosado/a por una multitud de franceses intentando besarte.