Grenoble

Jamás elegí Francia como país adoptivo, pero parece que hasta el momento de este modo fue dispuesto.

Grenoble skyline

Después de toda una vida hay algo que no soy capaz de afrontar: pronunciar “gr” en francés. Así que me parece una cruel broma del destino que el 80% de las veces que llego a Francia, lo primero que tengo que decir en la terminal de autobuses del aeropuerto sea: “Bonjour, aller et retour à GRenoble, s’il vous plaît

Jean Jaures

Desde Lyon, lo más cómodo para llegar a la ciudad es, desde luego este autobús (sale uno cada hora). Para moverse por Grenoble, hay autobuses, pero sobre todo una gran mayoría usa la bicicleta porque es prácticamente una ciudad plana, hay carriles bici, está muy bien pensado (La primera vez que fui a Grenoble fue en el 2008 y creo que era la primera vez que volvía a coger una bicicleta desde que tenía 12 años)

grotes de marin

lo que me gusta de Grenoble es que tiene la fisonomía de una ciudad y no de un pueblo” esto lo dijo el señor Stendhal (que nació aquí) Me pareció especialmente curioso porque es justo lo mismo que yo pensaba de Grenoble antes de saber que ya parecía así 2 siglos antes . Y que conste que si no fuese por su universidad esto no sería más que un pueblo encajonado entre los Alpes, pero aún así tiene un aire de ciudad que no se lo quita nadie. A pesar de que no es muy grande.

Jardin de ville Grenoble

Su centro empezaría en la place de Victor Hugo, y aunque pasear por ella no se diferencia en mucho de pasear por cualquier otra ciudad francesa, ya que todas tienden a compartir desarrollo arquitectónico, lo que me tiene engancha de ella son dos o tres rincones con un encanto especial:

El primero se trata de un detalle sin más, en la zona peatonal que está al lado de la place Victor Hugo. Se trata del rincón que hacen la fuente con los edificios pintados en colores pasteles entre tanto restaurante con sus típicos neones rojos y verdes (Siempre he compartido la inquietud, junto con otros españoles, de por qué los franceses iluminan los restaurantes familiares de la misma manera que en España se iluminana los puticlub de carretera)

Grenoble

De aquí girando a la derecha está el jardin de ville rodeado de una bonita verja, otro sitio bien agradable. Y justo pasado el kiosco de música que está en el centro del parque, al lado de la entrada al teleférico para la bastilla, se encuentra una plaza de arena donde está la mejor crêperie de las que he estado, 100% normanda.

Siguiendo la estrecha calle que justo hay en esa pequeña plaza, hacia el Este, se llega a otro de lo lugares que más me gustan. Es la plaza del Tribunal ( o bautizada por la comunidad de españoles como la plaza de Jebediah Sprinfield por la estatua de bronce que tiene en el centro, jeje) Es con diferencia el rincón más coqueto de la ciudad y muy recogido, con el gótico palacio de justicia a un lado, al otro la iglesia igualmente gótica de Saint André y completamente rodeada por edificios repletos de bares en sus bajos con sus correspondientes terracitas.

place victor hugo Grenoble

Otro de mis rincones preferidos se encuentra saliendo todo recto hacia la plaza donde está el mercado cubierto (y a partir de aquí comienza el barrió argelino con los mejores kebabs, bares y fiestas)

Su cercanía a Italia se deja sentir en todo momento, al otro lado del Isère se encuentran lo que bautizamos con el nombre de las “pizzerias mafiosas”. Y es que se trata de una interminable hilera de casas al lado del río con pizzerias. ¡No os podéis imaginar el número de pizzerias juntas! una detrás de otra que hay. Y encima, sospechosamente, todas tienen prácticamente la misma carta con los mismos precios (lo que ha dado pié a todas las conjeturas que llevaron a su mote) Aun así se come muy bien en cualquiera de ellas, simplemente siéntese en la primera que vea aunque esté vacía.

Centro de Grenoble

El paisaje que rodea Grenoble es muy impactante, ya que se encuentra rodeado por todas partes de altas montañas (el macizo del Vercors, la Chamrousse, la Chartreuse, les Écrins) Esto hace que llegue a ser condenadamente fría en invierno (aún recuerdo el día que llegué con -16ºC) o terriblemente caliente en verano.

La antigua bastilla domina desde la mitad de la montaña toda la ciudad. Se trata de la antigua prisión construida por Vauban en el XVII, y hoy uno de los principales atractivos turísticos de la ciudad al que le han puesto para subir un teleférico con unas bolitas de cristal (muy monas para ver desde fuera, y no tan monas desde dentro si se tiene vértigo)

place du tribunal Grenoble

Pero también se puede ir andando desde el final de la avenida Jean Jaures. Al lado de la rotonda se entra a un jardín y de allí sale un sendero que va subiendo entre terrazas ajardinadas, restos de la antigua muralla de la fortificación, torreones (realmente merece más la pena que subir directamente pues se ven más partes) Arriba del todo, queda el gran patio y un restaurante. Quizás la antigua prisión decepciona un poco, pero las vistas son impresionantes. A veces en el macizo que va a Ginebra se puede ver el Mont Blanc, pero normalmente hay una nube perpetua.

Pizzerias del Isere

Aquí no acaba el camino se puede seguir subiendo hasta las cuevas de Mandrin, que fueron usadas por el ejército de Napoleón como defensa natural (Esto me enteré porque había una escuela de niños el día que yo fuí a verlas).

En fin, que en general, no es que sea una ciudad con miles de sitios que ver, como cualquier otra parte de la région del Isère. Lo que en toda la región gana son los paisajes más que los puntos turísticos. Pero es un sitio agradable y sobre todo tiene muuuchiisima oferta gastronómica, así que es un buen lugar para pasar la noche.

De camino a la bastilla

Quizás debo de comentar también que aunque el visitante temporal piense que es una ciudad bonita y agradable y aunque jamás se tope con nada, lo cierto es que engaña mucho, es una ciudad peligrosa. Desde mi experiencia es peligrosa, y por más que pasées y deambules por sus calles no veras jamás nada que te parezca especialmente peligroso, sospechoso o extraño, pero los tiroteos se suceden todos los meses.

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La Grave-La Meije

prod_photo1_111Yo estaba trabajando (que quede claro). Aunque eso es decir poco, tenía dos experimentos en dos líneas en el ESRF. Traduciéndolo trabajábamos rotándonos en los experimentos 24 horas con tan solo unas 4 horas para dormir. Como dato anecdótico, en la residencia de investigadores, donde todas las habitaciones están decoradas con los carteles de publicidad turística francesa de la belle époque, en  mi cuarto estaba el de La Grave-La Meije.

Después de 5 días en ese plan, el sábado por la tarde y mi jefa (claro esto solo lo pueden hacer los jefes) entró y nos dijo a mi compañera Ana y a mi: “poned los ordenadores con una macro de unas horas que vamos a salir”

Ante nuestro asombro ella no tenía en mente el tradicional “paseito para desconectar” por la ciudad de Grenoble. Fuimos directamente a la gare y alquilamos un coche.

No teníamos mapas, ni siquiera una idea de dónde ir, pero os voy a contar una cosa de esta región de Francia. No tiene muchos puntos turísticos que visitar, pero lo que si que tiene son cantidad de parques naturales. Y como mi jefa es una muy buena aficionada al esquí, en seguida puso rumbo al corazón del parque nacional des Écrins.

A unos 50km de Grenoble  y como por arte de magia llegamos a un lago de la alta montaña, el Lac du Chambon.

lac du chambon

No sé si eran las horas metidas en el anillo de hormigón pero… bastante impresionante. A pesar de que tan solo se trata de una presa enorme en la vallée de la Romanche, el lago tiene ese color azul clarito-grisáceo tan característico de los lagos que vienen del deshielo de glaciares.

Está rodeado de montañas alpinas (todas ellas pistas de esquí en invierno) desde donde bajan en forma de cascadas miles de arroyos al río. Y a lo lejos, al ser pleno septiembre, se distinguía con mucha claridad los glaciares de La Meije.

Justo al lado de la carretera, hay un panel de información enorme, y allí leímos que cerca se encontraba el pueblo de La Grave-La Meije (curiosa esta costumbre francesa de poner al lado del nombre del pueblo la montaña más cercana) que tenía el honor de encontrarse dentro de la lista de los pueblos más bonitos de Francia.

Llegamos al pueblo pero… era imposible concentrarse en el pueblo, nuestras cabezas miraban en dirección contraria hacia el cielo. Porque allí estaba la imponente Meije con sus 3985m, con el blanco/azul de sus cuatro glaciares resplandeciendo bajo el sol.

Eglise de la grave

Haciendo un esfuerzo nos centramos en el pueblo, había que descubrir por qué es de los más bonitos de Francia. El pueblo original se encuentra en promontorio rocoso que antiguamente estaba fortificado y en la cima del penacho se encarama la iglesia.

La avenida principal no aporta nada nuevo, aunque sean casas decoradas con maderita y flores, en definitiva, los típicos hoteles de montaña que se encuentran cerca de las estaciones de esquí. Mientras subíamos descubrimos que las casas no eran precisamente bonitas. Se notaba que era un pueblo antiguo pero los negros tejados de pizarra habían dado paso a la uralita y la piedra había sido recubierta de yeso… en general es un pueblo de montaña normal y corriente.

Llegamos arriba, a la iglesia. Para entrar hay que pasar por el cementerio, donde todas y cada una de las tumbas tienen un corazón de metal con el nombre y la fecha. Al ser en un espacio limitado, si quitan la tumba el corazón se pone en un muro donde hay un montón de ellos. Había tumbas muy antiguas de 1800, un montón de muertos de la segunda guerra mundial y curiosamente muchos niños.

cimentiere de la grave

El cementerio es como un balcón de nuevo a la Meije. Con los campos de sembrado alrededor de la ladera en forma de pequeños escalones en las montañas más bajas.

Al entrar en la iglesia se nos abrió la boca de lo claramente románica que era. Es un claro ejemplo del románico lombardo del siglo XI y muy bonita por cierto. Justo al lado hay otra capilla La chapelle des Pénitants blancs, y las tres cosas juntas (la iglesia, la capilla y el cementerio) en ese entorno formaban como parte de un cuadro precioso, con las montañas y los glaciares rodeándolas.

Bajamos de nuevo puesto que desde un principio habíamos descubierto qué era lo que hace a La Grave ser uno de los pueblos más bonitos de Francia, La Meije, y decidimos coger el teleférico que sube hasta 3200m donde se encuentra la estación de esquí de La Meije. Desde esta estación se puede llegar a la estación de esquí de Deux Alpes. La ida y vuelta en el teleférico, hasta el final fueron unos 19€ y desde el pueblo se organizan paseos por los glaciares y a una cueva de hielo.

La grave-la Meije

A tanto no nos dio tiempo, (a parte de que el teleférico estaba a punto de hacer su último viaje de vuelta) Pero mientras miraba La Meije, me impresionaba cada vez más… casi 4000m de altura, y la vista de los glaciares me imponía bastante, y sentí esa sensación de reto.