Møre og Romsdal (Åndalsnes-Oppdal)

En esta etapa del viaje por la región de Møre og Romsdal, nos despedimos de los fjordos y decidimos volver por el interior muy montañoso. Nuestro camino se dirigía hacia Åndalsnes pero para llegar hasta allí teníamos que coger un ferry, podíamos hacerlo en el mismo Geiranger y recorrer todo el fjordo en plan minicrucero, o más adelante en Eidsdal un trayecto de media hora a un precio mucho más asequible (que es por lo que optamos) y fue el único ferry que cogimos hasta Valldal.

Valldal

Siguiendo el camino hacia Åndalsnes, a unos 80km de Geiranger, nos encontramos uno de estos puntos de interés que no nos esperábamos. Al salir de una curva, cerca de Valldal, paramos porque había uno señalado, pero sin saber lo que indicaba. Nos encontramos con una preciosa garganta, se llama Gudbrandsjuvet. Este pequeño pueblo, asombrosamente poblado de dragoneras, se encuentra rodeado por el parque natural Trafjorden-Reindalen. Por primera vez veíamos los ríos caudalosos recorriendo los bosques antes de caer a los fjordos.

El espectáculo está servido, es realmente bonita pues por un lado ves el río con sus rápidos pero luego cae en cascada y han hecho una pasarela para visitarla. Entre las vallas nos acercamos lo que pudimos para poder verla mejor. Es impresionante ver la cantidad de agua y la fuerza con la que pasa entre las rocas. La carretera sigue el curso de un río que baja formando rápidos. Hablando de los ríos, no vimos a nadie pescando salmones… la chunga llegó a la conclusión de que lo del salmón de Noruega es leyenda urbana. En este pueblo nos detuvimos bastante tiempo. Aunque no había nada realmente fuera de lo normal dentro de los estándares de paisaje en Noruega, todo era bastante bonito, quizá fuese que se acercaba el final del viaje que hacía que nos entretuviésemos con todo.

Hago aquí una especial mención a las dragoneras que nos acompañaron durante todo el viaje. Estas plantas de jardín eran muy apreciadas por los noruegos hace muchos años y han llegado ha adornar casi todos los jardines (en efecto aquí las casas no tienen vayas, aunque no lo he mencionado hasta ahora) pero, con el tiempo se dieron cuenta de que habían empezado a crecer como mala hierba por todo el país. En el camino te podrás encontrar con campos enteros llenos de las coloridas flores en distintos tonos de morado

Åndalsnes

Después el paisaje que sigue tiene un gran cambio pues empezamos a subir un puerto de montaña adentrándonos en el parque natural Romsdalen ladnskapsvernområde. Se trata de un círculo de montañas impresionantes en el corazón de Møre og Romsdal. Al igual que en Djupvatnet, nos encontramos la carretera nevada con un metro y medio de nieve apilado (nos llegaron a contar que en invierno se forman verdaderas paredes de nieve y suelen cortar la carretera).

Pese a todas las indicaciones que nos fuimos encontrando de paso de renos, alces y demás, los únicos amiguitos que  hicimos por el camino fueron un montón de ovejitas que nos cruzamos en lo alto del puerto. Iban por mitad de la carretera sin pastor, así que nos tuvimos que armar de paciencia.

Aquí en lo alto también paramos para disfrutar del paisaje rodeados de montañas nevadas con varios picos espectaculares: Kongen, Biskopen, Donninga, etc., alguno de los cuales es una auténtica pared con mucha nieve. El motivo de subir hasta aquí es la bajada por la Trollstigen (escalera de trolls) Se trata de una carretera serpenteante que con 11 horquillas, baja  desde Stigrøra (a 858m de altitud) una pared con una inclinación de más del 70% por la que caen varias cascadas.

Por la cara norte, la carretera sortea con un puente de piedra natural, la catarata Stigfossen por la que pasas por detrás. La vista del valle por el que discurre la carretera es un auténtico lujo. Y justo a sus pies se encuentra el pueblo de Åndalsnes donde desemboca el río Rauma en el principio del fjordo de Romdalsfjord pobladísimo de caravanas de turistas que vienen solo a disfrutar de la carretera.

Oppdal

Finalmente encaminamos nuestra vuelta a Trondheim dirigiéndonos por el interior hacia Oppdal. La idea original era poder parar en Lesja para ver iglesias medievales vikingas, nos hubiera hecho ilusión pero no teníamos mucho tiempo (España jugaba la final de la eurocopa incluso tuvimos que prohibir a ruperta que hiciese fotos para poder llegar a tiempo para ver el partido).

Empezamos a pasar puertos y montañas hasta la ciudad de Oppdal. Esta zona interior es muy montañosa y B. contaba que suele ir a esquiar cuando está en Trondheim ya que está rodeado de pistas de esquí, aunque también contaba que varias noches tuvo que dormir en el coche porque a pesar de llevar ruedas especiales de invierno la carretera era inpracticable en invierno con metros y metros de nieve. La parada allí fue breve y no puedo contar mucho de las casitas desperdigadas que formaban el pueblo, probablemente todas destinadas a típico lugar de esquiadores. Volvimos a nuestro punto de partida.

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Lisse

A veces sucede que uno sabe cosas y no es capaz de recordar de donde lo aprendió. Pues eso me ocurre a mi con los campos de tulipanes. Contrario a lo que uno pueda llegar a pensar, no toda Holanda son campos de tulipanes, éstos se encuentran en una estrecha franja hacia el mar entre las ciudades de Leiden y Haarlem. Y si miráis en un mapa entre estas dos ciudades destaca una única pequeñita, Lisse.

No sé cómo, yo sabía que había que ir a la región de Lisse para verlos, es allí donde están concentrados .

Ya era el 1 de mayo y se me había olvidado por completo que los campos de tulipanes estaban a dos horas de mi casa en coche. Mis padres vinieron a verme y entonces se me ocurrió que era una buena opción, que les encantaría (sobre todo a mi padre que le gusta mucho el campo y las plantas) y a mi también me hacía ilusión. Pero había estado haciendo muy buen tiempo por estos lugares tan al norte aquel año (hacia sol, lo juro) así que llegábamos un poco tarde (pero no demasiado), los campos andaban a medio gas muchos ya no tenían flores.

Lo que hicimos fue una vez pasada la Haya dejamos la autopista y nos fuimos aproximando a Lisse por las carreteras secundarias. Y así, sin más misterio fue como pasábamos por delante de interminables campos de tulipanes, jacintos y  narcisos. La mayoría de ellos ya sin flores, pero también por muchos otros muy coloridos que iban cambiando del amarillo al rosa pasando por el blanco y el rojo.

Había más personas haciendo lo mismo que nosotros, cuando veías un campo especialmente bonito, solo había que apartar el coche un poco de la carretera y bajarse para dar una vueltecita. Aunque al final sí que le pillamos el truquillo a lo de las carreteras secundarias, disfrutando no solo de las flores sino también de las granjas, las iglesias de picos altos de los pueblos que se veían a lo lejos, algún que otro molino y la carretera paralela para bicicletas… al principio íbamos un pelin despistadillos ¿iremos bien? ¿nos habremos equivocado? ¿veremos algo? y sin proponérnoslo acabamos en el parque Keukenhof.

Luego me he enterado que antes toda esa región era boscosa, y fue talandose para hacer los campos de flores salvo el bosque de Keukenhof donde ahora lo que hay es un parque floral con, no solo tulipanes sino muchas flores más. Es un parque enorme y bonito. Yo en la vida había oído hablar de él pero es muy famoso. De hecho mucha gente aprovecha para ir desde Amsterdam a pasar el día. Pero repito que nosotros llegamos sin tener ni idea.

Además para los aficionados a la jardinería por las carreteras venden bulbos de tulipanes, jacintos y narcisos. Mi padre compró pero ninguno de los que plantó salieron (como el predijo) y es que los bulbos hay que comprarlos y sembrarlos en otoño, no en primavera. Si los compráis fuera de temporada hay que guardarlos a la sombra y secos para que no germinen todo ese tiempo.

Comer, comimos en el mismo Lisse, un pueblo muy bonito, muy muy muy chiquitin, (muy holandés como decía mi mami) Nos dió la bienvenida por el sur con un molino verde (moderno eso sí) y de casas residenciales en las afueras llegamos a su centro con todas las casitas de ladrillo oscuro (hasta la iglesia) con sus tejaditos puntiagudos de dos aguas negro-grisáceo de pizarra. Pero estaba bastante desierto, quizás porque fuese domingo pero no había ni un alma en la calle.

****UPDATED****

En mi último viaje con Alfo volví a ir el 1 de mayo. Este año por el contrario había hecho mucho frío y las flores estaban empezando a salir. Le enseñé el procedimiento de salir de las carreteras principales he incluso de seguir las acequias para visitar los campos (el mismo que había utilizado con mis padres) y volvió a ser un éxito.

Descubriendo la Haute Vienne por la ruta de Ricardo Corazón de León

La ruta de Ricardo Corazón de León la trazan una serie de ciudades fortificadas y castillos que recorren de norte (Etagnac) al sur-oeste (Arnac-Pompadour) toda el departamento de la Haute Vienne. Unos 180 km en total que discurren por carreteras (secundarias).

Nosotras tan solo hicimos el tramo que va desde Rochechouart a Etagnac y no porque conociésemos la existencia de la ruta, sino porque conocíamos la existencia de los castillos. Lo cual me da pie a explicarles como organizamos en mi grupo de amigos los viajes… imaginensé que, como en esta ocasión, va a un lugar del mundo (sobre todo alejado de los circuitos turísticos) y no sabe muy bien qué ver por allí.

Pues bien para planear posibles excursiones cerca del destino cogemos google maps, ponemos fotos y vamos mirando que pinta tienen los sitios (cutre, si, pero muy efectivo)

El caso es que ya estábamos allí en ruta y vimos muchos carteles de “route Richard Coeur de Lion

Bueeeno, pensamos, aqui ponen nombre a cualquier cosa ¿será el camino que cogió para las cruzadas? pues por esa regla de tres toda europa debería de estar con rutas… Aaaaaaaaaaay amigo, es que nos faltaba en ese momento un poquito de historia.

Ricardo Corazón de León fue hijo de Eleonor de Aquitania, así que cuando en 1189 subió al trono, no solo fue monarca de Inglaterra sino también duque de la Normandía y de la Aquitania, lo cual le colocaba por encima del rey de Francia. Así que con el paso del tiempo aunque fueron aliados, al final entraron en guerra por los dos territorios, y Ricardo decidió llevar la guerra al Limousin ya que el Vizconde del Limousin era su vasallo. Pero al presionarle el rey francés y un pequeño lio con un tesoro de un castillo que se quedó Ricardo el caso es que le traicionó y Ricardo Corazón de León murió aquí, en el castillo de Chalus. (No me digan que no es una buena historia, tiene guerras, odio, traición, robo y muerte y todo eso pasó por los castillines de por aquí, eso sí no hay nada explicativo, los deberes hay que traérselos hechos desde casa).

Rochechouart

Para empezar nuestro regreso desde el Limousin salimos de Peyrahout hacia Rochechouart. En un principio no habíamos decidido ir aunque habíamos visto las fotos del château. Pero duarante nuestra estancia nos contaron la historia del castillo y la curiosidad fue la que nos llevó.

Se llama Rochechuart que traducido del francés antiguo, significa la roca caída. Y es que se construyó donde había caído un meteorito, con roca de meteorito. Es más, el crater que dejó está justo al lado del castillo (claro ahora lleno de arbolitos, no es algo muy dramático de ver porque la erosión y la naturaleza han ido borrando las huellas, pero sin embargo es un cráter bastante grande, el meteorito más grande que cayó en Europa)

Hay bastantes senderos para recorrer el cráter en la réserve naturelle de l’Astroblème de Rochechuart-Chassenon . justo al lado del castillo hay un panel de madera con las posibles caminatas por “le pays de la metéorite”. Pero fueron más allá, y es que las piedras con las que se construyó el castillo fortificado en el siglo X fueron sacadas del meteorito (claro que luego en el siglo XV fue un poco reconstruido para darle un estilo renacentista) Ahora es un museo de arte contemporáneo, hay que atravesar todo el pueblo y se llega a la gran explanada del castillo donde se puede aparcar perfectamente, y luego pasas gratuitamente. Nosotras visitamos el patio y los jardines porque luego fuimos a dar una vueltecita por el pueblo. Es mono, como todos los de esta región con las casitas de piedra blanquecina con un toque anaranjado (no sé que tipo de piedra sera parece arenosa, pero es típica de todos los pueblos que pasamos) y la iglesia de Saint Sauveur, es del siglo IX aunque fue sufriendo transformaciones es un ejemplo de arte románico. Pero lo realmente especial que tiene esta pequeña iglesia es el campanario, ¡fijaos en el campanario! (imposible no hacerlo si lo veis) Es una torre octogonal que termina en un tejado ¡helicoidal!, igual que las columnas del patio del castillo. Me he informado y es algo arquitectonicamente extraño, al parecer circulan muchas leyendas alrededor del campanario.

Chassenon

Nuestro viaje siguió hasta Chassenon antes conocido como Cassinomagus, famoso por los yacimientos romanos (si, sé que ésto en particular no tiene mucho que ver con Ricardo Corazón de León) y en general el pueblo tampoco tiene mucho para ver, pero sigue en plena reserva natural.

La entrada a los yacimientos nos pareció desorbitadamente cara para lo que había. Lo que se conserva en mejor estado son las termas romanas del siglo I, quedan restos de los suelos, muros de hasta cinco metros, el sistema de calefacción y estatuas, pero bueno que unas termas a la larga son unas piscinas y los canales de calefacción vamos. Además quedan algunos restos de un templo y un teatro. En general no es nada grandioso, sobre todo comparado con los restos que hay en ciudades españolas y o italianas y sobre todo no vale ese precio.

Etagnac

Finalmente pusimos rumbo hacia Etagnac, que se encuentra en el límite ya en el departamento de la Charentes. En el camino pillamos a un camion/monstruo de éstos que recogen la paja de los campos de cereales, los 5 km que separan un lugar de otro los recorrimos no por encima de 15km/h así que se nos hizo eterno.  En ese momento no sabíamos que teníamos prisa, pero esto trastocó un poco el resto de nuestro viaje.

En Etagnac nos esperaba otro castillo medieval, este realmente antiguo. El castillo fortificado de La Rochebrune, que data de la primera cruzada. Está sobre un foso que todavía tiene agua, consta de cuatro torreones, y sus muros tienen dos metros de espesor. Pese a que en el todavía viven los descendientes del general d’etagn se puede visitar (aunque cuando nosotras llegamos ya estaba cerrado) al parecer en su interior todas las salas tienen decoración estilo primer imperio y es bastante bonito. Los jardines, en los que sí que estuvimos, también son del primer imperio y hay una granja muy antigua que también data del siglo X.

Côte d’Opale

En todas las universidades hay una asociación que se dedica a pasear a los erasmus un poco. El primer viaje que hicimos desde Lille (que al parecer es un clásico de esta asociación en concreto) fue al canal de la Mancha (a la parte comprendida entre Boulogne sur mer y Calais) que entra dentro del Parc Naturel régional des caps d’Opale.

Wissant:

Nuestro recorrido por la costa empezo en el pintoresco pueblo pesquero de Wissant, que al estar situado entre los cabos: cap blanc nez y cap gris nez. Se ha convertido en un destino especial para los amantes de los deportes acuaticos, está todo el pueblo lleno de las roulottes de los surfistas. Tanto cap Blanc Nez como cap Gris Nez son conocidos por su emplazamiento ventoso, convirtiendo la playa de Wissant, que une los dos acantilados con unos 12 km de largo y que es de arena fina, en una especie de “Tarifa del Norte”.

El mar del norte de Francia es un mar de color gris, si, el agua es gris, quizás por eso a la costa francesa la terminaron llamando así, côte d’opale (la costa de ópalo). Esta parte de la costa es famosa por los bonitos acantilados que hay en los cabos de Blanc Nez y Gris Nez. y entre ellos dos se extiende la bahía de Wissant, con una gran playa de arena fina muy lisa y sin dunas y llena de tablas de machotes, que a pesar del frío se disponían a coger olas.

Desde aquí, los días despejados se pueden ver los acantilados ingleses. Es más, todo el mundo juraba que veía la costa Inglesa pero yo no solo no la ví, es que ni la intuí y eso que llevaba las gafas puestas.

Dado que no íbamos preparados para bañarnos y la cima del cap Gris Nez era lo que quedaba más cercano, decidimos subir y disfrutar más del paisaje. Todo está cubierto por una pradera de césped (muy bonita porque contrasta con el blanco de los acantilados y el gris del mar) pero realmente realmente es una zona por donde bate el viento muy fuerte, mucho más aún que en la playa (todos en las fotos salimos con una “preciosa melena al viento”).

Esta zona fue muy bombardeada en la segunda guerra mundial, justo alrededor del faro se encuentran varios bunqueres, baterías antiaéreas, y muchos muchos cráteres de bombas donde algunos arbolitos intentan crecer un poco más protegidos del viento. El bonito paseo por los acantilados se extiende, yo creo que hasta la misma Boulogne sur mer atravesando los montes de Boulogne. Pero resistir el viento, el frío y sobre todo la lluvia (ya que se puso a llover en algún momento) no entraba en nuestros planes, así que decidimos proseguir un poco más motorizados hasta el siguiente pueblo en la ruta cogiendo la carretera secundaria (D490).

Wimereux:

Wimereux es el pueblo donde paramos para comer aquel día, y aunque precisamente en este momento del día se puso a llover, realmente es un pueblo muy bonito. Creo haber leído en alguna parte que fue Napoleón en sus guerras contra Inglaterra quien mandó construir aquí un puerto y luego el pueblo creció posteriormente. Lo cierto es que hoy en día está lleno de casitas burguesas, realmente preciosas que combinan diferentes colores pasteles algunos con las características vigas de madera “fachwerk” en las fachadas. Eso sí, con un estilo moderno no medieval. Tiene el encanto de “aquel lugar de vacaciones de la gente acomodada del siglo pasado”.

Pero mucho no lo disfrutamos la verdad, más bien intentábamos protegernos de la lluvia en algún portal, localizar un sitio donde comprar unas cocacolas y hacernos unos bocatas (no sé porqué nos recuerdo a la chunga y a mi haciendonos unos bocatas de lomo, que algún familiar trajo de España, y pelando unos huevos duros que habíamos cocinado para la ocasión; es muy curiosa la alimentación cuando eres erasmus). Además pues como ya he mencionado, se trata más bien de un pueblo de veraneo (así que fuera de temporada estaba realmente sin un alma por las calles).

Finalmente partimos para Boulogne sur mer, con idea de ir al acuario pero eso ya lo verán en otra entrada.