Bordeando el Adriático

El verano de 2008 era el primer verano como trabajadores, encima yo estaba en plena crisis post-erasmus y el plan de vacaciones era unos días en Galicia.

Toda mi vida he pasado el mes de agosto en Galicia, me parece un lugar genial pero en otras circunstancias… en ese momento me sentía desgraciadisima, cuando quería estar como mínimo en Katmandú que mis únicos 10 días de vacaciones serían en Galicia. Después de llorar a mis amigos conseguí arrastrar en mi desesperación a Mary y en menos de una mañana de messenger ya teníamos tres planes alternativos.

¿por qué Croacia?

Bueno pues en realidad yo quería convencer a Mary para irnos a Georgia de vacaciones. Ella consiguió convencerme de que era una pena ir hasta el Cáucaso sin haber estado antes en Estambul. Propuso Croacia como plan estrella del verano. Su hermana acababa de estar, mis compañeros del trabajo habían ido… era el destino de moda. Croacia es Mediterráneo puro, mar (porque playas como tales no existen), pinos, ruinas romanas, tranquilos pueblos, pescadito y calor. Y relativamente barato, ya que el viaje programado con tan poco tiempo nos salió por un total de 800€ (incluído billetes de avión, alquiler de furgoneta, alojamiento y comida)

Que conste que nos costó formar un grupo, básicamente los problemas eran de días de vacaciones y dinero, por eso teníamos los otros dos planes alternativos. Al final éramos 6 (perfecto) y alquilamos una Mercedes Vito en el aeropuerto de Venecia. El primer problema fue que resultó ser automático (nunca habíamos conducido un coche automático ninguno … luego, es cierto que es el mecanismo del chupete, pero hasta que conseguimos quitar el freno de mano no fue nada fácil)

Ejem, realmente ese fue el segundo problema que nos encontramos, porque el primero fue que con la compañía que alquilamos en teoría no se podía sacar de Italia. El seguro solo cubria este país ya que antiguamente para cricular por Croacia los coches necesitaban tarjeta verde, no creo que esto sea ahora necesario, ya que este coche ni siquiera en teoría lo podíamos llevar a Eslovenia que es de la unión europea. El caso es que no sé por qué lo vimos venir, en el aeropuerto lo primero que nos preguntaron era que a dónde íbamos e instintivamente contestamos que al norte de Italia, aún así nos repitieron como 200 veces que no lo podíamos sacar ni a Eslovenia ni a Croacia (nos va el riesgo).

El plan de viaje fue muy muy discutido ya que había muchas cosas que ver en esos 11 días, pero después de lanzarnos varias puñaladas todos quedamos contentos (al menos cada uno vería una de las cosas que pretendía ver)

Nuestra primera parada era Trogir. Para ello primero había que atravesar Eslovenia y para circular allí compramos la vignete en una gasolinera de Trieste, luego para quitarla del cristal sufrimos (porque como en teoría el coche no lo podíamos sacar de Italia)

Una vez en Croacia cogimos directamente la autopista de peaje (muy barata) aunque antes paramos en Rijeka para tener kunas (el mejor sitio donde encontramos el cambio en todo el viaje) Solo nos quedó espanzurrarnos en el coche viendo el largo atardecer en el Adriático. Las montañas adquieren un color azul-morado precioso. Suelo leer antes de ir a un sitio algún libro que esté ambientado en dicho lugar, esta vez escogí “La dama del sudario” de Bram Stoker en principio parece chocante una novela gótica ambientada en un lugar playero y tan soleado hasta que ves esas montañas y lo comprendes.

Después de un día en Trogir fuimos a Split, y de Split a Dubrovnik con paradita en la playa de Promajna a la que llegamos por casualidad. En la perla del Adriático donde estuvimos tres días, paramos de hacer turismo intenso, dedicamos uno de los días a un día entero de relax en la isla de Lokrum (porque no todo va a ser cultural). Retomamos el intrepidante viaje subiendo hacia el parque nacional de Plitvice (muy discutido por los conductores porque nos alejaba mucho de la ruta de la costa, pero solo ver las fotos sabíamos que tenía que merecer la pena verlo) con una pequeña parada en los lagos Bacina y en Zadar (que a mi particularmente me dejó muy buen sabor de boca). Hacia el final del viaje, dedicamos unos cuantos días en la turística península de Istria. Por más turística que fuese, sin embargo, para esta parte del viaje no reservamos ningún alojamiento, sino que según veíamos el anuncio de “sobes” en el camino parábamos a preguntar. Disfrutamos del gran ambiente de los pequeños pueblos mediterráneos de Porec, Rovinj y Pula. Definitivamente, esta parte es mucho más turística que el resto (sobre todo turismo italiano) y se refleja en todo, las carreteras de peaje por ejemplo son extremadamente más caras que en el resto del país.

Antes de entrar en Italia, como teníamos tiempo de sobra para llegar a Venecia, paramos a pasar la mañana en Piran un pueblecito costero de Eslovenia.

A punto de devolver la furgoneta, y ya en Italia, pasaron dos cosas curiosas, una que por un macro-accidente cerraron la autopista. Emi que había dicho “yo me encargo de los mapas”, NO tenia mapa de Italia, así que nos vimos perdidos en mitad de Italia sin saber cómo llegar hasta Venecia. La segunda es que empezó a salir un humo rarísimo del coche, todos los coches nos pitaban, el caso es que luego paró tan de pronto como había comenzado (y nosotros solo pensábamos ufff menos mal que ya estamos en Italia).

El broche final a nuestro viaje fueron los días que pasamos en la encantadora Venecia (y donde, por cierto, más de uno lamentó el no habernos dejado ni a mirar postales en Dubrovnik) Es una de esas ciudades de las que antes de ir estaba dispuesta a enamorarme y no me defraudó en ningún momento, encontré en ella justo lo que esperaba encontrar tal y cómo me la imaginaba.

En general, aunque al principio tuvimos nuestros encuentros en la organización, el viaje fue toda una delicia de recorrido. Creo que los 6 estuvimos siempre de acuerdo que han sido unas de las grandes vacaciones de nuestra vida.

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